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Identidad equivocada

Kenneth siempre tenía miedo de ser capturado. Para aliviar su estrés, bebía demasiado. Mark Haines

Kenneth Miller, un ex veterano de Vietnam de 24 años, tuvo la increíble experiencia de escuchar a un jurado hallarlo culpable de un crimen que no cometió. Era una pesadilla.

En la tarde del 11 de junio de 1974, Janelle Kirby estaba sola en su apartamento en Fort Worth Texas, cuando un hombre blandiendo su pistola calibre .22 entró caminando. Le ordenó a Janelle que pusiera sus manos sobre su cama mientras él le ponía esposas en las muñecas. Janelle hizo una embestida desesperada por la pistola. El par se trenzó en una pelea. Janelle pateó un poco a su atacante mientras rodaban por el piso.

Finalmente, el hombre se soltó y se paró al lado de Janelle. Calmadamente, apuntó y empezó a disparar. Más allá de las horribles heridas, la aterrorizada mujer no perdió la conciencia. Observaba mientras el hombre hurgaba en su cartera y se iba. Luego se tambaleó hasta otro apartamento en busca de asistencia.

Esta destacable mujer estuvo entre la vida y la muerte durante una semana antes de comenzar a recuperarse gradualmente. Cuando estuvo lo suficientemente fuerte, la policía le mostró fotos. Dos meses y medio luego del ataque, ella escogió a Kenneth Miller como su atacante. No había ninguna duda en la mente de Janelle. Nunca olvidaría a ese hombre.

La policía detuvo a Kenneth Miller. Miller había servido con distinción en Vietnam. En el momento del arresto, trabajaba en una tienda de deportes. Había manejado armas casi toda su vida adulta. Ahora se encontraba acusado de homicidio culposo. Fue sentenciado sólo con la identificación de la víctima como testimonio.

Kenneth se paró en el estrado de los testigos y oyó el veredicto de culpabilidad. Estaba pasmado. De repente, salió bruscamente de la sala de la corte. Otra amiga, Dianne Opperman, lo dejó quedarse en su apartamento durante dos semanas. Durante ese tiempo supo que había sido sentenciado a 70 años de cárcel.

Kenneth se marchó. Viajó a Michigan, luego a Georgia. Todo el tiempo se mantuvo en contacto con Dianne Opperman. Diane, una secretaria legal, creía en la inocencia de Kenneth. Decidió unirse a él en su vida como fugitivo.

Con los ahorros totales de Diane, unos 1.000 dólares, la joven pareja intentó hacer una nueva vida. Viajaron a Flagstaff, Arizona, donde Dianne obtuvo un puesto en una firma legal. Kenneth fue contratado como mecánico por un gran taller, a pesar de saber muy poco sobre su nueva vocación. De todas formas aprendió rápidamente sobre el trabajo. Dianne y Kenneth eran apreciados por todos los que les conocían, incluyendo algunos oficiales de policía con los que socializaban. Durante un año, fueron relativamente felices.

Kenneth siempre tenía miedo de ser capturado. Para aliviar su estrés bebía. El más mínimo de los encuentros con la ley le causaba mucha ansiedad. Una multa de tránsito era razón suficiente para levantar todo y mudarse. Dianne y Kenneth intentaron California, volvieron a Flagstaff, y se mudaron de nuevo a Las Vegas, Nevada.

Pasaron los años. Dianne no tuvo muchos problemas para encontrar una buena posición en una firma legal en Las Vegas. Usando el alias de Allen McGinnis, Kenneth trabajaba duro, y terminó en el negocio de distribución de periódicos. Su salario creció a 50.000 dólares al año. Esto, sumado al sustancial ingreso de Dianne, les proporcionaba una vida más que cómoda. Se casaron y compraron una casa con piscina. Tenían dos carros y un camión pick up. En la superficie, los McGinnis habían alcanzado una buena vida, pero debajo de las posesiones materiales estaba el siempre presente peligro del descubrimiento. A pesar de que rara vez discutían el pasado, Kenneth se dio cuenta de que si era arrestado, su mujer podría ser inculpada por ser encubridora. Sí, era una buena vida, pero una muy frágil.

Tanto el padre como la madre de Kenneth murieron en Texas. El no se atrevió a ir a ninguno de los funerales. Frustrado y al límite, bebía más intensamente. El y Dianne peleaban con frecuencia. A veces la discusión llegaba a los gritos. Cuando Kenneth la golpeó, Dianne decidió pedir el divorcio. En 1983, ocho días luego de que abandonaran Texas, Dianne y Kenneth se divorciaron.

Sin Dianne, el mundo de Kenneth Miller se derrumbó. Su bebida le costó el trabajo, su buena casa y, eventualmente, sus tres vehículos. Con poco a qué aferrarse, Kenneth vagó por el sudoeste de Estados Unidos como un vagabundo.

Mientras tanto, en Texas, Leonard Schilling era un policía con una buena memoria. Nunca olvidó a Kenneth Miller, el hombre que él firmemente creía había disparado cinco tiros a la cabeza de Janelle Kirby. Cuando Schilling se convirtió en el coordinador del programa Crime Stoppers (Detenedores del crimen), puso el nombre y la foto de Kenneth en su lista de los diez más buscados. Como resultado, la foto de Kenneth y su descripción fueron ampliamente distribuidas en los periódicos, los almacenes, los correos y la TV. Una recompensa de 1.000 dólares se ofrecía por información que llevara a su arresto. El 9 de junio de 1986, Kenneth fue detenido y arrestado en una tienda de electrodomésticos en Las Vegas.

En Texas, Leonard Schilling se sentía feliz luego de haber podido ser esencial para el arresto del hombre que había intentado matar a Janelle Kirby hacía 12 años. La misma semana en la cual la captura de Kenneth fue una gran noticia en Texas, Len Schilling recibía una llamada telefónica anónima. Era desconcertante. La persona que llamaba dijo: "Miller no lo hizo. Busquen a William Ted Wilhoit en la Prisión Estatal de Huntsville".

A la mañana siguiente, Schilling excavó en el pasado de William Ted Wilhoit. No fue difícil. Wilhoit tenía un amplio registro de ofensas sexuales. También había vivido a unas pocas calles de Janelle Kirby en el momento del intento de asesinato. Además, su descripción física era sorprendentemente similar a la de Kenneth Miller. La identificación positiva de Janelle, hacía que Wilhoit fuera tan buen sospechoso como Kenneth Miller.

Wilhoit accedió a ser entrevistado con la certeza de que sería inmune al procesamiento. Bajo esta condición, confesó haber intentado matar 12 años antes. Wilhoit no dejó dudas en las mentes de los detectives y abogados que estuvieron presentes en este interrogatorio. Sorprendentemente, recordaba el contenido del apartamento de Kirby, su ropa y sus joyas.

No había dudas de que estaba diciendo la verdad. Naturalmente, aseguró que los cinco tiros se dispararon mientras peleaba con Janelle, más que cuando se paró al lado de la indefensa mujer. Wilhoit incluso recordaba la bala de eyección de la barata pistola calibre .22 que llevaba esa noche. Días después del ataque, la bala de eyección había sido hallada en la alfombra de Janelle y había sido entregada a la policía. La bala de eyección estuvo en una caja de evidencias durante 12 años. Ahora se convertía en la pieza de evidencia física más fuerte para relacionar a William Wilhoit con el ataque de Janelle Kirby.

Kenneth Miller fue devuelto a Texas y, a su debido tiempo, fue exonerado completamente de cualquier conexión con el crimen que lo forzó a llevar una vida de fugitivo durante 12 largos años. l

Ilustraciones: David Márquez

 
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