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Con buen pie

Demasiadas cosas recaen sobre los
pies, así que nada como estar pendiente
de ellos. Atiéndalos, consiéntalos y sobre todo oígalos. A fin de cuentas, es graciasa ellos que el mundo camina.

María Elisa Espinosa

Foto: Mónica Trejo

Los pies hablan, pero eso no es todo: ¡Hay que escucharlos! Su manera de comunicarse con la “torre de control” es, generalmente, avisando a través del dolor. Así que, cualquier señal es buena para saber que algo anda mal con estos auténticos sobrevivientes de nuestros continuos maltratos.

Pues es así: según estadísticas mundiales, más de 80 por ciento de la población sufre algún problema con los pies y no es que haga mucho por solucionarlos, o aminorarlos al menos. Aunque no son las únicas cifras que pueden doler como una patada en el trasero: según la Asociación Médica de Podología de los Estados Unidos, tres de cada cuatro personas tendrán problemas de pie en algún momento de sus vidas, número que se incrementa cuando se trata de hombres y mujeres de la tercera edad, individuos obesos y pacientes con diabetes.

En buena parte esto se debe al hecho de que los pies son una de las zonas más olvidadas del cuerpo. La naturaleza los hizo fuertes y resistentes por algo, pero tampoco es que se puede abusar de tanta nobleza, cosa que suelen alertar los médicos especialistas en la materia, al igual que advierten sobre la necesidad de prestarle atención y cuidados diarios muy específicos. Aunque suene extraño o sospechoso, estos profesionales quisieran ver menos atiborradas sus consultas con casos de dolencias que pudieron haberse evitado con un sencillo tratamiento y unas cuantas previsiones tomadas desde la propia casa, incluso algunas de ellas antes o después de calzarse:

Cuide el peso. La complejidad del pie (al estar compuesto por 26 huesos, 33 articulaciones, 107 ligamentos y 19 músculos) da cuenta de la importancia de no colocar sobre sí demasiada carga. Cuanto más peso soportan los pies, mayores probabilidades de sufrir problemas, desde molestias y dolores hasta ampollas y torceduras.

Espante el dolor. ¿Cómo? Pues haciendo ejercicios. Señalan los expertos que la mejor manera de bajar de peso es, además de comer menos, ejercitarse mucho más. Una buena opción es la caminata, y mucho mejor para sus pies, pues no solamente contribuye a reducir peso, sino que estimula la circulación y no hace trabajar tanto las articulaciones del pie, como sí lo propicia el correr o hacer ejercicios aeróbicos intensos.

Sea lo suficientemente aseado. No basta con enjuagarse  los pies con agua: el jabón (preferiblemente neutro y suave) también es importante. Igualmente es fundamental secarlos muy bien con una toalla, lo cual funge de exfoliador de callosidades, además de que garantiza que no salgan hongos. Luego de eso sólo resta aplicar talco (preferiblemente antimicótico) y, al menos una vez a la semana, una buena crema humectante que no contenga alcohol o perfume.

Más que una pedicure. Es recomendable visitar periódicamente al quiropedista, absteniéndose de manipular en casa callosidades y durezas. Pero no está de más un mantenimiento doméstico, entendiendo, eso sí, que las uñas deben cortarse en forma recta (no semicircular); luego de esto se puede untar una crema hidratante y masajear la cutícula.

Reconforte sus pies. Si su rutina le lleva a estar parado por mucho tiempo durante el día, permita que sus pies descansen al caer la noche; quítese los zapatos, ponga sus piernas en alto (esto ayuda a la circulación) y hágale un masaje a sus pies.

Piense en ellos. Como más de un podólogo ha dicho en el camino: “Compre para sus pies con la cabeza”. Esto se debe a que una de las causas más comunes del dolor de pies es el uso de zapatos inadecuados o que no calcen bien; así que a meditar y asesorarse bien se ha dicho. Por ejemplo: si los dedos quedan apretados dentro del calzado, descarte llevarse precisamente esos, pues está comprobado que por esta razón se pueden formar algo más que callos y ampollas. Esto es… ¡El temible juanete!

No sea pichirre. Si en éste, como en muchos casos, tiene que pagar más buscando anatomía, calidad y ergonomía, pues hágalo: sus pies se lo agradecerán.

Escoja medias adecuadas. Los especialistas recomiendan las que mezclan algodón y fibra sintética. Y la razón de esto, una vez más, es sencilla: hay alrededor de 250 mil glándulas sudoríparas en ambos pies (es decir, el equivalente a un cuarto de litro de sudor al día) y, tomando en cuenta que el material sintético evita que los pies permanezcan húmedos debido al sudor, su uso contribuye a evitar ampollas, grietas y a que surjan hongos.

Monitoree cada dolor. En los pies se manifiesta la mayoría de las enfermedades del ser humano, y como “espejo” de la salud que resultan ser, tienen que tomarse seriamente. Y no se exagera al decir esto: cualquier problema que se registre por debajo de los tobillos (como dolor, sensación de alfileres o adormecimiento, hinchazón, ampollas, grietas que no cierran o ausencia de vellos donde antes había) puede ser señal de una enfermedad como la diabetes, así como de alguna afección neurológica o de circulación. Así que, de sentir al menos una de estas dolencias, no dude en llamar a su médico. l 

 

mespinosa@eluniversal.com

Fuentes consultadas

www.dsalud.com
www.lindisima.com
www.segundajuventud.org

 

 

 

 

 
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