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El policia vengado

Tardó años, pero finalmente se
hizo justicia en la muerte
del patrullero Jack Rea

Max Haines

El patrullero Jack Rea era uno de esos policías de carrera que todos admiran. Era mánager y director de la liga infantil de beisbol de North Sacramento y participaba activamente en otras actividades de la comunidad. Rea estaba casado y era padre de
cuatro niños.

El 2 de enero de 1954, el patrullero Rea, junto con otros tres oficiales, fueron llamados para capturar
a un ladrón que había sido visto merodeando
el depósito de la compañía cervecera Acme Brewing Co.

El gerente del depósito había pasado por el edificio para revisar una ventana abierta que vio al pasar cerca de allí. Una vez adentro, observó a un hombre que acechaba entre unas cajas. El gerente salió rápido de allí y llamó a la policía.

Los cuatro oficiales se acercaron al edificio. Dos cubrieron una entrada trasera, mientras que los demás se ubicaron en la entrada principal. Adentro, el hombre atrapado decidió salir del edificio y dispararle a cualquier cosa que se moviera.
El ladrón se escapó, pero no antes de abalear al patrullero Rea.

En poco tiempo toda el área estaba inundada de policías, quienes acordonaron esa sección de North Sacramento. Algunos ciudadanos dijeron haber visto al agresor.
Uno había visto a un hombre con un arma que corría por la acera. Este individuo le había dado una patada al perro del testigo mientras pasaba.

Un anciano, al escuchar la conmoción en la calle, había salido para revisar el estacionamiento de su casa. Mientras lo hacía, un hombre se acercó para preguntarle sobre una dirección. Instintivamente, el anciano supo que ése era el hombre involucrado en el tiroteo. Agarró con fuerza la chaqueta del maleante y recibió un fuerte golpe a un lado de la cabeza. En un instante, el hombre se había ido.

Dado que era muy posible que el agresor aún estuviera en el vecindario, más de 100 hogares fueron inspeccionados, pero no se pudo aprehender al fugitivo. De alguna forma había eludido el cordón de la policía y se escapó.

Entre tanto, llevaron a Jack Rea rápidamente al hospital, donde murió 16 horas después de ser herido.

Aunque el asesino no había sido capturado en la escena del crimen, dejó algunas pistas. Cerca del lugar donde el oficial fue abaleado, la policía recuperó una pistola calibre 22, una palanca y dos collares. Los collares fueron identificados por un vecino de la zona. Obviamente, el ladrón había planificado “trabajar” el área y luego pensó entrar en el depósito. La policía elaboró la hipótesis de que el hombre había arrojado el arma con la idea de que, si lo capturaban, no se la encontraran.

Gracias al número de serial, se determinó que la pistola era una de 24 que habían robado un mes atrás de una tienda de artículos deportivos en Santa Ana. Los ladrones no habían sido capturados, pero la policía tenía una lista de sospechosos.

El anciano que había forcejeado con el fugitivo, la noche del asesinato, recordaba que el perseguido tenía entre 20 y 30 años, medía cerca de 1,80 metros y pesaba unos 70 kilos.

Varias fotografías de los sospechosos del robo de las armas en Santa Ana se enviaron a North Sacramento, donde se las mostraron al testigo. Éste seleccionó una, la de Felipe Ruiz, quien creía que podía ser el asesino. Ruiz era un ladrón profesional que estaba en libertad condicional. De inmediato lo detuvieron y lo interrogaron, pero tenía una coartada que demostraba, sin lugar a dudas, que había estado en otro lugar la noche del crimen.

La exhaustiva investigación concluyó. Todas las pistas fueron verificadas una y otra vez, pero nada condujo a averiguar la identidad del asesino de Jack Rea.

Pasaron dos años. Otros crímenes graves ocurrieron y recibieron preferencia, por lo que la investigación del asesinato del policía pasó a segundo plano. No obstante, los compañeros de Rea nunca olvidaron el asesinato de su amigo. Respondían rápidamente a cualquier nueva información sobre el viejo caso.

Cuando recibieron la llamada de un armero, de inmediato entrevistaron al hombre. Éste había recibido una pistola calibre 22 muy sucia y llena de barro para ser limpiada y recibir servicio. El armero había comparado el serial con una vieja lista de seriales de armas robadas. Sin duda, la pistola que tenía en sus manos era una de las 24 que habían robado de la tienda de artículos deportivos de Santa Ana.

El armero dio a los detectives el nombre del joven que le llevó el arma. Los detectives interrogaron al joven, quien dijo que su auto se había salido del camino y caído en una zona pantanosa; mientras él y su hermano intentaban retirar el vehículo, había encontrado el arma y la había llevado al armero.

Sorprendió a los oficiales cuando les dijo que había encontrado otras 12 pistolas, que les entregó. Explicó que había llevado una de las pistolas al armero, pensando que si no costaba mucho hacerle servicio, traería las otras con la idea de venderlas posteriormente.

La policía comprendió que los hermanos no tenían ningún vínculo con el asesinato. Los agentes pensaron que el asesino, consciente
de que la policía tenía una de las armas, había decidido deshacerse de las demás por si una de las pistolas era rastreada de algún modo.

Pasaron varios años más. En 1967, el departamento de policía de North Sacramento fue anexado al cuerpo de policía de la ciudad de Sacramento. En marzo de ese año, el departamento de policía recibió una llamada telefónica desde San José. Una pelea familiar terminó con una llamada a la policía en la que se mencionó al asesino del patrullero Rea.

Liskie Terrence Mabry y su esposa vivían unos pocos kilómetros al sur de San Francisco. La ex esposa de Mabry y su actual esposo también residían allí. Mabry y el esposo de su ex pareja había tenido una disputa, y terminó cuando la mujer llamó a la policía y dijo que Mabry era el asesino del patrullero Rea.

Los detectives interrogaron a la ex esposa de Mabry. Ella vivía con él por allá en 1954, cuando ocurrió el asesinato. La noche del crimen, Mabry le dijo que saldría para conseguir algo de dinero. Salieron juntos del apartamento y partieron en el auto de la familia. Él cargaba una palanca. Cerca de una hora después, mientras esperaba en el auto, ella escuchó un tiroteo. Se alejó en el vehículo, pero luego regresó y vio autos de la policía por todas partes. Después ella dio la vuelta y volvió a casa. Pero Mabry no regresó al apartamento sino hasta el día siguiente. Tenía la ropa sucia y se encontraba en un estado de agitación.

Le dijo a su mujer que le había disparado a un policía porque no podía escapar de ninguna otra forma. Al día siguiente, tanto el hombre como la mujer escucharon la radio todo el día. A Mabry le complacía que la descripción divulgada no coíncidía con él en lo más mínimo. Esa noche, el matrimonio salió de la ciudad.

La ex hijastra de Mabry también hizo una declaración a la policía que corroboraba la historia de su madre. Agregó que ella y su hermano salieron apresuradamente de la ciudad con su madre y su padrastro esa misma noche.

A lo largo de los años, Mabry los había amenazado con matarlos si contaban lo sucedido. Era la oportunidad que necesitaba la policía, pero querían más. Mabry tenía ahora 54 años y trabajaba reparando máquinas de escribir.

Tenía una larga lista de condenas en su pasado. Su ex hijastro tenía 24 años y era miembro de la Armada. Sólo tenía 11 años en el momento del asesinato, pero recordaba haber partido de la ciudad con su madre, hermana y padrastro. El ex hijastro de Mabry estuvo de acuerdo en ocultar un transmisor entre sus ropas y encontrarse con el presunto asesino. La policía le indicó al joven militar qué debía decir.

La reunión tuvo lugar y el joven le dijo a Mabry que el departamento de policía de Los Angeles estaba tratando de establecer contacto con él. Mabry mordió el anzuelo y habló sobre el asesinato. En julio de 1967, Mabry fue enjuiciado por el asesinato del patrullero Jack Rea. El jurado emitió un veredicto de culpabilidad por asesinato en primer grado.

El 15 de agosto, Mabry fue sentenciado a morir en la cámara de gas. Esta sentencia fue cambiada luego a cadena perpetua. En 1982, después de pasar 15 años tras las rejas, Mabry, entonces de 70, quedó en libertad bajo palabra. l

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
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