
otos: Reuters / CHARLES PLATIAU
Durante la Semana de la Moda de París los desfiles de la firma Chanel son el acontecimiento más esperado. En esta ocasión le tocó el honor al Grand Palais, uno de los lugares emblemáticos de París. La idea era poder recibir al mayor número de personas posible: todos quieren estar presentes en el gran espectáculo, todos quieren saber, todos quieren descubrir que novedad tiene preparado un Karl Lagerfeld que construye carruseles o chaquetas gigantes en medio de sus escenarios.
Esta vez, el telón de fondo era una reproducción a pequeña escala de la mítica tienda de la maison en el número 31 de la rue Cambon en la que una retraída y huraña Gabrielle Chanel hacía historia sin saberlo. Así, a mitad de camino entre el homenaje a la eterna Coco y el talento de Karl Lagerfeld, se realizó un show que recuperó los valores iniciales de la casa. Talleres de tweed, vestidos de noche y pequeños vestiditos negros, fueron parte de los clásicos revisitados con un toque de irreverencia del káiser más odiado y amado de la moda.
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