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foto: www.shutterstock.com/kurhan

Según es...
así le tratas
TODO LO QUE INFLUYE PARA EDUCAR A UN HIJO

Que sea alto o bajo, niño o niña, nervioso o tranquilo... estos factores nos afectan más de lo que creemos

Por C. Feenstra

A todos los padres nos pasa: queremos que nuestros hijos sean felices y nos esforzamos para que nuestra forma de tratarlos y educarlos sea la mejor y consiga que se sientan queridos y encuentren en nosotros el apoyo que necesitan. Pero, aunque no seamos conscientes, en la relación con cada hijo nos influye su forma de ser, si es niño o niña, incluso su físico o el lugar que ocupa en la familia. Y es importante saber de qué modo nos afectan estos factores.

SU CONSTITUCIÓN FÍSICA
Juan es un bebé de nueve meses alto y robusto. Aún no sabe andar, y como parece mayor, a todo el mundo le extraña. A Marina, de 11 meses, le pasa lo contrario. Es de constitución pequeña y las personas de su entorno, incluso sus padres, se sorprenden al ver que ya se pone de pie e intenta dar algún paso. "¡Qué espabilada está!", dice su madre, sin pensar que muchos bebés de esta edad lo hacen igual.

Juan y Marina provocan reacciones totalmente contrarias debido a su físico. Y esto tiene más importancia de lo que parece, ya que puede condicionar mucho la forma de tratarlos. Así, con un niño grande se corre el riesgo de considerarlo más autónomo y exigirle más de lo que corresponde a su edad, y con uno pequeño la tendencia es sobreprotegerlo y no darle la autonomía que ya es capaz de afrontar.

Pautas a tener en cuenta
Dejarse guiar por su edad y su carácter. Un niño grande puede ser un pequeñín inseguro que necesita mucha afirmación, mientras que un niño bajito puede ser la autonomía en persona y disfrutar haciendo las cosas él solito. Si lo tenemos en cuenta, no le exigiremos cosas que no puede hacer y apreciaremos más sus logros, con lo que aumentaremos su seguridad y su confianza en sí mismo

Hablar sobre el tema con las personas que lo cuidan. Explicar a su profesora o a sus abuelos cómo es el niño en realidad ayuda a que le permitan desarrollarse como necesita. Datos alentadores: el niño alto suele recibir bastante atención en clase (seguramente porque llama más la atención), lo que estimula su inteligencia. En cuanto al bajito, si recibe elogios no corre más riesgo de tener problemas que otro niño.

EL LUGAR QUE OCUPA EN LA FAMILIA
El orden de nacimiento influye en el carácter del niño. El primogénito suele ser más ambicioso, competitivo, responsable y trabajador, y su rol le da ventajas, como un cociente intelectual algo más alto. Pero la llegada del hermanito le hace más vulnerable e inseguro a nivel emocional.

En cuanto al pequeño, es independiente, sociable, algo rebelde, travieso y buen negociador. Como no puede destacar en lo mismo que el mayor, se inclina por otras áreas (lo creativo, los deportes, etc.). Emocionalmente es menos dependiente que su hermano.

Por otra parte, su orden de nacimiento también afecta a nuestra forma de relacionarnos con ellos. Para nosotros el mayor siempre es el que ya sabe hacer muchas cosas (come solo, se viste sin ayuda...), mientras que el pequeño es el que todavía tiene que aprender mucho. Esto hace que, según los estudios, en cada fase de su desarrollo tratemos al mayor como más maduro y le exijamos más que al hijo siguiente en la misma fase. Además, tras el nacimiento de otro hijo el contacto físico y los juegos con el anterior disminuyen y la interacción con él transcurre a nivel más intelectual. Se le estimula más, pero en detrimento de su desarrollo emocional.

Y además, también nos afecta el lugar que ocupamos en nuestra familia de origen: solemos congeniar mejor con el hijo que ocupa el mismo puesto que nosotros, sin querer nos identificamos más con él y le apoyamos más.

Pautas a tener en cuenta
Tratar al mayor según su edad. No exigirle en exceso ni responsabilizarle de todo lo que ocurre (peleas, cosas rotas). Es bueno permitirle tener un lugar propio donde guardar sus "tesoros" a salvo de su hermano y, en períodos de celos, dedicarle a diario un tiempo exclusivo al que llamaremos "nuestro rato", ya que saber que cuenta con él le hace sentirse amado. Hay que hacerle muchos elogios y pocas críticas, ya que las soporta mal (quiere tener siempre la razón). Y, por último, es importante tener cuidado con los juegos competitivos (no soporta perder), aceptar que sea un poco mandón con su hermano y no olvidar sus emociones.

Estimular la independencia del pequeño. Es importante prestarle mucha atención, pero también dejar que intente cosas (sin hacerlas todas por él) y elogiarle a menudo por sus nuevos logros. Esto le ayuda a sentirse (casi) tan competente como su hermano. También resulta muy positivo destacar que él es alguien muy especial, sobre todo si es del mismo sexo que el mayor. Conviene ayudarle a encontrar y apreciar sus cualidades y animarle a desarrollar su ambición, que suele tener algo adormilada.

QUE NO TENGA HERMANOS
El hijo único suele tener buena relación con sus padres: los ve como aliados más que como rivales. Es sociable con adultos y niños porque no conoce la rivalidad entre hermanos. Gracias al buen contacto con adultos es responsable, perseverante, autoconfiado, perfeccionista, con buen nivel de habla y con don de líder. Pero acusa más la soledad y puede dar una imagen de más mayor.

El hijo único suele tener BUENA relación con sus padres... es sociable, pero ACUSA más la soledad y puede dar una imagen de más mayor

Pautas a tener en cuenta:
Darle oportunidades para estar con niños. Así puede practicar el toma y dame de las relaciones sociales.

No sobreprotegerle. Ni darle todos los caprichos, ni volcar todas las expectativas en él. Como es el único, sería una carga muy grande. Necesita poder ser niño, desenvolverse como él quiera y tener sus propios deseos.

SI ES NIÑO O NIÑA
Según diversos estudios, no tratamos igual a los hijos que a las hijas porque los roles socialmente aceptados nos influyen más de lo que pensamos. Así lo demostró una investigación del psicólogo J. Z. Rubin de Estados Unidos, que anotó las reacciones de un grupo de nuevos padres al segundo día del nacimiento de sus bebés. En ellas se vio que atribuían características como "espabilado" o "fuerte" a sus bebés varones y otras como "buena" o "dulce" a sus hijas.

En otro estudio pidieron a un grupo de madres que sostuvieran un rato en brazos a bebés a los que no conocían. Después, dejaron los mismos bebés a un segundo grupo de madres, pero cambiando el color de sus ropas (y, con ello, su "sexo"). El resultado fue que las mamás sonreían más a los bebés vestidos de rosado que a los que iban de azul y utilizaban más el adjetivo "bueno" para "ellas". Además, si lloraba un "niño", buscaban algo que le distrajera, mientras que si la que lloraba era una "niña", la consolaban y mimaban. Este trato tan distinto es un reflejo de las expectativas sociales hacia niños y niñas: en general, esperamos que ellos sean más duros y físicos y que ellas sean más amables y cariñosas.

También influye que algunos padres se sienten más cómodos con hijos de su mismo sexo, mientras que otros tienen una relación más fluida con los hijos del otro sexo.


Pautas a tener en cuenta
Recordar que todos los bebés, sean niños o niñas, necesitan que los toquen mucho, que los acunen y que sus papás acudan cuando lloran. Dejar llorar a un bebé no le vuelve más fuerte e independiente, sino al contrario: hace que se sienta abandonado y se vuelva inseguro.

Al educar a un varón es ESENCIAL hablarle mucho, darle palabras para EXPRESAR sus sentimientos

Tener en cuenta sus necesidades. Tendemos a educar a los niños con más severidad que a las niñas y también les hablamos y les explicamos menos. Y a ellas les pedimos que sean más conformistas. Pero es justo lo contrario de lo que necesitan: en el cerebro del varón los dos hemisferios están menos conectados, por lo que el niño tiene más problemas con el lenguaje, habla más tarde y le cuesta expresarse (en vez de con palabras, habla mediante empujones, codazos, etc.). Al educarle es esencial hablarle mucho y darle palabras para expresar sus sentimientos. Y a la niña conviene enseñarle a ser más asertiva y a defender su terreno. Lo importante, en todo caso, es educar a cada uno según su forma de ser y sus necesidades.

SU CARÁCTER Y EL NUESTRO
Otro factor importante es la compatibilidad de nuestros caracteres. Cuanto más nos parecemos a un hijo, más fácil nos resultar entenderle (aunque también puede frustrarnos ver en él los rasgos que menos nos gustan de nosotros mismos). Pero que seamos muy distintos también condiciona la relación: si nuestro hijo es la calma misma mientras nosotros somos como rabos de lagartija, puede que su languidez nos irrite, sin que sepamos por qué. A veces los conflictos de nuestra infancia, como una relación tensa con la madre o con el padre, se reproducen en la relación con los hijos. Y tenemos que "desaprender" esas respuestas automáticas para amarlos plenamente.

Un último aspecto que nos afecta es la fase por la que pasa el niño: quizá fuera un ángel de bebé, pero ahora, en "los terribles dos años", nos desesperamos con él y juzgamos su rebeldía como un ataque personal. El pequeño necesita que tengamos en cuenta su fase evolutiva, y que haya concordancia entre ésta y nuestras exigencias.

Pautas a tener en cuenta
Reflexionar sobre los respectivos caracteres. Una incompatibilidad de caracteres no se soluciona, pero sí se hace más llevadera al analizar las tensiones. Para lograrlo es importante la ayuda del miembro de la pareja que mejor se entienda con el hijo. Y también conviene reflexionar sobre el modo en que le reñimos: muchas veces nos enfadamos más por esas cosas que no nos gustan de nosotros (proyectamos nuestras frustraciones en él).

Un niño nervioso y difícil necesita un entorno estructurado (POCOS estímulos y ruidos, normas y rutinas CLARAS...)

Intentar ser sensibles y flexibles. Puede que nuestro hijo requiera un modo de actuar muy diferente a lo que teníamos pensado. Por ejemplo, un niño nervioso y "difícil" necesita un entorno estructurado (pocos estímulos y ruidos, normas y rutinas claras...). Y uno retraído y miedoso tiene que habituarse, poco a poco, a nuevos entornos y hábitos (nada de cambios repentinos). Dos hijos pueden necesitar diferentes normas, según su carácter. Y ser justos no es darles lo mismo, sino lo que cada uno necesita.

Poder cometer errores, ser insoportable a veces, no tener que cumplir expectativas irreales. En definitiva, ser aceptado. Eso es lo que significa para un niño crecer en un auténtico hogar. Día a día lo iremos creando, creciendo como personas junto a nuestro hijo.

Un trato positivo
Igual que a los padres nos influyen diversos factores al educar a los hijos, a ellos les condiciona el modo en que los tratamos. Por eso conviene...

Informarse sobre las fases del desarrollo infantil. Saber qué podemos esperar del niño nos ayudará a interpretar y a aceptar mejor su conducta. Por ejemplo, muchos berrinches son sólo consecuencia de la fase evolutiva en la que está (como las rabietas típicas de los dos años).

Aplicar la comprensión empática. Es útil entender cómo vive el niño las cosas, para evitar el síndrome "igual que yo", la tendencia a exigirle que piense como nosotros. Y es útil también demostrarle que le entendemos. Así, en vez de decirle: "Debes dormir la siesta, sabes que te sienta bien" (no lo entenderá, porque no quiere dormir), es mejor algo como: "Sé que no te gusta, pero debes dormir un rato".

Ser positivo con uno mismo. Es el primer paso para serlo con el niño. Conviene empezar elogiándose cada día por algo que se haya hecho bien, aplicar luego esta táctica con el niño y, cuando haya que corregirle, hacerlo mostrándole que desaprobamos su conducta, no a él.

ESPECIAL CUIDADO CON UN NIÑO QUE...

Nunca se queja y lo aguanta todo.
Es un niño extremadamente sensible que intuye las necesidades de los demás y no quiere molestar. Puede que esta actitud le impida valorarse a sí mismo y que algunas de sus necesidades emocionales no queden bien cubiertas.

Una simple explicación consigue hacerle razonar siempre. Si entiende y admite siempre lo que debe hacer nada más explicárselo, se trata de un niño muy sabio y precoz en su desarrollo intelectual, y por eso sus necesidades emocionales pueden pasar a un segundo plano y quedar reprimidas. Lo fácil es apelar a su raciocinio, pero hay que estar atentos a sus sentimientos y permitirle que los exprese.

Es muy reticente y callado y casi nunca nos cuenta nada. Es muy introvertido y hay que estimularle para que hable. Todos los niños precisan un tiempo en exclusiva. Un buen método para conseguirlo es emprender actividades con cada hijo individualmente y prestarles tiempo a solas antes de dormir.

Cede siempre ante su hermano en las disputas. Es un niño que sufre mucho con la desarmonía en casa. Hay que enseñarle el toma y dame de las relaciones sociales y hacerle ver que él también tiene sus derechos.

Se esfuerza en exceso para hacerlo todo muy bien. Es un hijo modélico, saca buenas notas... Este niño necesita mucho amor, pero tal vez no se siente seguro de él y vive el amor paterno como algo condicional (si me comporto bien, me amarán). Resulta sumamente importante transmitirle que se le ama sin más.

© PRISACOM, S.A./HACHETTE FILIPACCHI. Derechos de El Universal

 
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