| El vuelo del halcón
Chris Boyce tenía un coeficiente
intelectual de 142,
pero eso no le impidió pasar la mitad de su vida en prisión
Max Haines
Christopher
Boyce nació en 1952, con todas las ventajas del mundo. Su
padre, Charles, era un jubilado del FBI que ahora era un gerente
de seguridad en el sur de California. Los Boyce, de clase media-alta,
eran propietarios de una agradable casa en Palos Verdes.
Chris, el mayor de nueve hermanos, creció
siendo educado bajo estrictos valores cristianos. Sirvió
como monaguillo y en algún momento se planteó seriamente
dedicarse al sacerdocio.
Tras graduarse de la enseñanza secundaria,
Chris, quien tenía un coeficiente intelectual de 142, asistió
a tres universidades diferentes, pero el muchacho que parecía
tan prometedor tenía problemas encontrándose a sí
mismo. Su mayor interés eran los halcones.
Chris Boyce no era un niño mimado cuyo
pensamiento más profundo era saber si la marea del Pacífico
estaba alta o baja. Se preocupaba por las plagas de miseria que
invadían al mundo, en particular, la fibra moral sobre la
que estaba fundada su nación, Estados Unidos de América.
Cuestionaba la ideología de los líderes de su país.
Chris decidió tomar un trabajo y posponer
sus estudios durante un año. Su padre conversó la
cuestión de su empleo con un conocido que laboraba para TRW
Systems Group. El amigo del señor Boyce le consiguió
a Chris un puesto. En unos meses, el joven de 21 años, cuya
experiencia de trabajo previa consistía en haber sido camarero,
conserje, chico de los recados y cocinero de pizzas, tenía
una posición bastante importante con TRW Systems. Recibió
un pase de confianza de alta seguridad por parte del Departamento
de Defensa y la CIA.
Chris trabajó en la parte de comunicaciones
de Seguridad Máxima de TRW, fabricantes de satélites
espaciales usados para espiar a Rusia. El chico interceptó
mensajes entre las estaciones de la CIA y se dio cuenta de que Canadá,
Australia, Gran Bretaña y EEUU eran socios espiando los centros
conectados a los satélites espaciales. También creía
que EEUU usaba su influencia para dirigir las elecciones y organizar
golpes de estado en países tercermundistas. La experiencia
de Chris en la sala de comunicaciones sirvió para fortalecer
su creencia de que los líderes de la política, diplomacia
y militares de su propio país estaban arrastrando a Estados
Unidos hacia una guerra nuclear. Chris ridiculizó la, supuestamente,
alta seguridad que rodeaba su trabajo. No tuvo problema alguno pasando
alcohol ante los guardias durante las visitas periódicas,
que él mismo metía en la sala de comunicaciones para
dárselo a su jefe. Los archivos que, teóricamente,
tenían que ser cortados en trocitos diariamente a menudo
se quedaban por los escritorios durante días. De vez en cuando,
la máquina para trocearlos, la usaban para mezclar daiquirí.
Daulton Lee y Chris Boyce habían sido
amigos desde la infancia. Ellos habían ayudado en las misas
como monaguillos y eran compañeros de clase en el Instituto
de Bachillerato de Palos Verdes. Sin embargo, Daulton no era el
profundo pensador que era su colega. Tenía algún interés
en los halcones, y fue este pasatiempo el que cementó su
amistad.
Aunque Daulton no era un gran estudiante,
tenía buenas habilidades empresariales. Poco después
de que le llamaran para hacer una entrega de marihuana, se dio cuenta
de cuánto dinero se podía llegar a hacer con las drogas.
Daulton Lee, hijo de un respetable doctor, se convirtió en
un traficante de estupefacientes. En 1973, su negocio era bastante
rentable llegando a los 1.500 dólares por semana. Se fue
de la casa de sus padres y su estilo de vida incluía marihuana,
mujeres y juergas. Mientras tanto, Chris Boyce ganaba 140 dólares
por semana en TRW.
A la organización completa de inteligencia
de EEUU se le dio el nombre de “Byeman”. Chris, trabajando
en el centro neurálgico de la operación, era un privilegiado
al participar en los funcionamientos más secretos de Byeman.
También recibió un pase enigmático de la Agencia
Nacional de Seguridad, permitiéndole el acceso a las actividades
de espionaje de alto secreto estadounidenses.
Con el tiempo, Chris le contó a su
amigo Daulton sobre la naturaleza secreta de su trabajo. La conversación
pronto les llevó a formar una corporación infame.
Chris le abastecería con documentos secretos. Daulton, quien
a menudo iba a Ciudad de México por negocios de drogas, actuaría
como el mensajero y entregaría los documentos a la embajada
rusa. Daulton había desarrollado un caro hábito al
consumir heroína, por lo que era un cómplice dispuesto
a cualquier cosa.
El primer contacto con la embajada rusa en
Ciudad de México, en abril de 1975, se produjo sin falla
alguna. Los rusos estaban interesados.
Después de aclarar unos detalles preliminares,
Chris (con el sobrenombre de Falcon) pasó gran número
de documentos altamente secretos a Daulton y éste, a su vez,
los transfería a la embajada rusa. En la mayoría de
las ocasiones, Daulton se marchaba con fajos de billetes de 100
dólares, pagándole a Chris entre 3.000 y 5.000 dólares.
Durante los siguientes 12 meses, Daulton visitó
la embajada a menudo. Decidió robar a su compañero.
Nunca dividía el dinero en partes iguales. Cuando Chris descubrió
el engaño, los dos amigos discutieron, pero los envíos
hacia la embajada rusa no se interrumpieron.
Hacia finales del 1976, Chris decidió
hacer un último envío en persona a la embajada, tras
renunciar a su trabajo. Planeó retomar sus estudios interrumpidos.
Las cosas no fueron muy bien. Daulton fue localizado afuera de la
embajada por la policía mexicana. Pensaron que era un criminal
y no le creyeron que era un turista estadounidense como inicialmente
dijo. Los rusos no quisieron saber nada de él.
Por casualidad, una semana antes, un policía mexicano había
sido asesinado en la calle. Desafortunadamente, Daulton tenía
una tarjeta mostrando la misma calle donde el policía había
muerto. La tarjeta, así como los documentos marcados como
de alto secreto, hiceron a Daulton sospechoso. Durante una semana,
los detectives mexicanos interrogaron y torturaron a Daulton. Aunque
negaba haber matado al agente de policía, le contó
a sus interrogadores verdades a medias sobre la recepción
de documentos por parte de Chris Boyce en California.
Las autoridades mexicanas contactaron a los
agentes del FBI que pertenecían a la embajada estadounidense.
Daulton admitió su trato con los rusos y les contó
que el proveedor de los secretos era Chris. Daulton fue liberado
en la frontera internacional y deportado a EEUU. Al poco tiempo,
“Falcon” fue detenido por agentes del FBI. El confesó
rápidamente sus actividades de espionaje.
El 26 de enero de 1977, Christopher Boyce
y Daulton Lee fueron formalmente denunciados por ocho cargos de
espionaje y conspiración. Si se les sentenciaba, podrían
recibir hasta la pena de muerte. Ambos se declararon inocentes,
pero se les halló culpables de los ocho cargos.
Durantes sus juicios, era obvio que el motivo
detonante de Chris había sido la desilusión con los
líderes de su país y sus políticas, mientras
que Daulton había cometido sus crímenes únicamente
por el dinero. Daulton Lee fue sentenciado a cadena perpetua. El
día después de ser encarcelado, su padre, el doctor
Lee, murió de cáncer de estómago. Chris Boyce,
entonces de 24 años de edad, fue sentenciado a 40 años
en prisión.
Tras pasar una temporada en el Instituto Correccional
de San Diego, Chris fue transferido a la prisión de Lampoc.
Una noche, durante el invierno de 1980, Chris miraba fascinado como
Clint Eastwood, en la película Huída de Alcatraz,
se las arreglaba para hacer un muñeco de él mismo
y así escaparse de prisión mientras los guardias creían
que estaba dormido. La idea de una escapada se quedó fija
en la mente de Chris Boyce.
El 21 de enero de 1980, Chris Boyce ingenió
una escapada dramática. Construyó un muñeco,
se escondió y escaló por la prisión. Con la
ayuda de unos utensilios del jardín, cortó la alambrada
de pinchos de la parte de arriba del muro. La escapada de "Falcon"
causó gran consternación entre la CIA. Aquí
tenían ante ellos un agente declarado espía, que muy
bien podría contactar a Rusia. Incluso se sospechaba que
la KGB había orquestado toda la escapada.
Durante un año y medio fue buscado
por la justicia, algunas veces le ayudaban nuevos amigos. Cualquiera
que conocía a Chris lo encontraba muy agradable, con don
de gente y muy inteligente.
Las autoridades le buscaron en México,
Costa Rica, Sudáfrica, Italia, las Filipinas, Sudamérica
y Canadá. La mayoría de las pistas, provenientes de
informantes que habían conocido a Chris en prisión,
probaron ser inútiles.
Mientras tanto, Falcon nunca salió
de EEUU. Chris se dirigió a Idaho. Aquí hizo nuevos
amigos. Consiguió una magnum calibre .357.
Con la ayuda de un amigo, aprendió
a robar bancos y descubrió que era extremadamente bueno haciéndolo.
Se ponía maquillaje para disfrazar su apariencia y con frecuencia
compraba diferentes autos.
Sólo
y con sus aliados, robó exitosamente 16 bancos en Idaho,
Montana y Washington. Con las ganancias, Chris pudo comprar un bote
e incluso tomó clases de vuelo. Falcon estaba a punto de
conseguir su licencia de piloto cuando uno de sus aliados informó
a las autoridades sobre su verdadera identidad. El plan de Falcon
de volar desde la costa oeste hasta Rusia fue abruptamente abortado.
En Port Angeles, Washington, Boyce fue detenido.
La caza de 19 meses había terminado. En abril de 1982, Chris
recibió un total de 25 años en prisión por
los crímenes cometidos mientras era un fugitivo.
Las películas The Falcon y The Snowman
se basaron en las historias de Chris Boyce y Andrew Daulton Lee.
Timothy Hutton interpretó el rol de Boyce. Sean Penn interpretó
a Lee. Lee salió de prisión con libertad condicional
en 1998. Boyce fue puesto en libertad condicional en 2003, tras
haber pasado un cuarto de siglo en prisión. l
Ilustraciones: David Márquez
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