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Tiene los ojos malitos
Picor, ojos rojos, lagañas, pestañas pegadas...
parece que el niño tiene conjuntivitis. ¿Qué se hace
en estos casos?
Todas empiezan de forma similar: el niño se queja de molestias en un ojo, como si tuviera algo metido en él, y la picazón le incita a rascarse. O, si es un bebé, parpadea mucho y lagrimea.
Después el ojo enrojece y aparecen lagañas blancas, amarillentas o verdes.
Y en poco tiempo el otro ojo tiene los mismos síntomas. Incluso para los profanos en la materia, tiene toda la pinta de ser una conjuntivitis, pero ha de ser el pediatra quien lo determine.
La conjuntivitis es una inflamación de la membrana que recubre el globo ocular y los párpados. La irritación y el enrojecimiento que conlleva pueden deberse a muchas causas. No suele ser grave y, por lo general, no altera la salud ni la visión, pero sí es bastante molesta y, muchas veces, contagiosa.
Cuando empiecen los síntomas hay que ir al médico, más si se trata de niños pequeños, ya que no guardan las medidas higiénicas mínimas que requiere esta afección. A menudo basta la simple observación para determinar la causa que la ha provocado, aunque es habitual que se tome una pequeña muestra de la secreción para analizarla y establecer el tratamiento.
DIFERENTES CAUSAS
La más común suele ser una infección. En este caso se trata de virus o bacterias que llegan al ojo por las manitas sucias del niño o a través de la nariz, después de un catarro. Hay que prestar especial atención a los lactantes con conjuntivitis. En ellos la trompa de Eustaquio (que conecta el oído medio con la parte posterior de la nariz) es muy corta, y por eso los gérmenes de la nariz pueden acceder a ella con mucha facilidad, lo mismo que por el conducto nasolagrimal (conecta la nariz con el ojo). Por esta razón, cuando un bebé tiene conjuntivitis, el pediatra valora si también tiene otitis, ya que ambas pueden ir unidas.

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| A menudo la observación simple basta para dictar el tratamiento |
Otra de las causas más comunes durante la infancia es la presencia de un cuerpo extraño en el ojo (arena, jabón, pintura...). Los niños se rascan los ojos con las manos tal como las tengan y es fácil que se irriten la conjuntiva y ésta se inflame. El viento fuerte, el polvo, el humo, el cloro de las piscinas y, en el caso de las mamás, el uso de ciertos cosméticos de poca calidad, también pueden originar una conjuntivitis irritativa, que suele mejorar con el lavado ocular y algún colirio analgésico.
Tampoco hay que descartar la posibilidad de que la inflamación esté relacionada con una alergia. En ocasiones el primer síntoma de que el niño es alérgico al polvo o a los epitelios de animales es la aparición de una conjuntivitis acompañada de rinitis que mejora y empeora cíclicamente.
Por otro lado, existe una conjuntivitis específica del primer mes de vida del niño. Todos los bebés nacen con una inmadurez del conducto nasolagrimal. En algunos de ellos este conducto está más cerrado y no permite su aireación ni la evacuación de las lágrimas, que rebosan por el ojo y caen continuamente. Esto favorece las infecciones y la inflamación de la conjuntiva, causando la llamada "conjuntivitis del primer mes", que suele manifestarse entre el quinto día de vida y la novena semana. Hasta que el conducto se abra, por su propio desarrollo o por la intervención del oftalmólogo, los padres deben colaborar masajeándolo. Así se mejora el drenaje y la limpieza del ojo. Además, han de estar muy atentos a la presencia de lagaña abundante o párpados pegados, que indican infección.
Limitar los besos y los amapuches es una medida muy drástica, pero si acercan sus caras conviene
que luego te laves los ojos |
Un dato a tener en cuenta: las conjuntivitis no producen fiebre, aunque sí es posible que al aparecer en el transcurso de una enfermedad, como un catarro, una otitis o el sarampión, la fiebre sea una de las manifestaciones.
EN GUARDIA Y AL MÉDICO
Ante la sospecha de una conjuntivitis y hasta que el pediatra indique la causa, hay que ser muy rigurosos con la higiene, ya que las infecciosas son muy contagiosas. Tanto es así, que es fácil que afecte a toda la familia o a los compañeros de clase. Por precaución, un niño con conjuntivitis no debe ir al colegio ni jugar con otros.
En el caso de las bacterianas, el pediatra indicará antibióticos para poner en el ojo. Para las virales (salvo las relacionadas con el virus varicela-Zóster, para las que sí existe un tratamiento), sólo sirven los lavados y el uso de colirios analgésicos y lágrima artificial.
¿QUIÉN LE PONE EL CASCABEL...?
Lavados, gotas, pomadas... No duele, pero sí escuece y molesta. Si tu hijo colabora pídele que, tumbado, eche la cabeza hacia atrás, mantenga el ojo abierto y mire hacia arriba. En ellos la medicación puede ser colirios y/o pomadas (hay que depositarla, a pulso, en el saco interior del párpado, sin tocar el ojo). Además, la pomada enturbia la vista y hay que esperar, sin rascarse, hasta que el producto se distribuya y la vista se aclare.

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En los bebés hay que sujetarlos bien y en este caso es más fácil administrarles gotas que pomadas. Si el niño se pone muy nervioso, puedes hacerlo cuando esté dormido. Vierte dos gotas en el lagrimal, ábrele el párpado para que entre el colirio y mantenle la cabeza recta. Recoge el sobrante con una gasita. Lo mismo con el otro ojo. Completa el tratamiento durante el tiempo indicado por el médico; suspenderlo cuando los síntomas cesan favorece que la conjuntivitis reaparezca.
Sea cual sea el medicamento que utilices, desecha el sobrante; estos productos, una vez abiertos, tienen una caducidad muy corta.
MANTÉN LA HIGIENE Y EVITA QUE SE CONTAGIE
Algunas conjuntivitis son muy contagiosas, por eso te proponemos una serie de medidas:
• Lávate bien las manos antes y después de tocar su ojito.
• Antes de ponerle la medicación, lava el ojo con agua tibia, con suero fisiológico o soluciones para el lavado de ojos.
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| Manipula las medicinas con las manos bien limpias |
• Utiliza una gasa esterilizada para cada ojo.
• Manipula los colirios,
pomadas y medicinas con las manos limpias. Después de aplicárselos al niño, lávate bien las manos antes de poner el tapón al fármaco y guárdalo en la nevera.
• Cuando le toques la cara
o le limpies la nariz, lávate después las manos.
• No acuestes al niño en tu cama ni sobre tu almohada.
• Él debe tener su propia toalla y ésta debe estar en un sitio fijo, no andar por toda la casa.
• Si empleas pañuelos de papel, deséchalos al instante.
• No le dejes el babero puesto después de comer, puede transmitir la conjuntivitis de un ojo a otro o prolongar la que tiene..
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