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Tras los pasos del mundano inglés


Un pasaje semanal para el autobús, once libras. Un sándwich, un jugo y un capuccino, seis libras. Leerse Harry Potter en el idioma original, en el café que fue escrito... también tiene precio, pero vale la pena. Estampas se trasladó hasta una escuela en Escocia para contarle qué implica estudiar el idioma de Shakespeare en el extranjero. Enmar Pérez G.

Que medio planeta haga un verdadero esfuerzo por escucharse y entenderse dentro de un pequeño salón no es cosa de todos los días. Que franceses, chinos, checos, suecos, suizos, mexicanos, alemanes, españoles y venezolanos den momentáneamente la espalda a las diferencias y se sienten unos al lado de otros con la misma sensación de vulnerabilidad y el mismo objetivo, mucho menos. Eso, a no ser que se esté hablando de un aula de clases en una escuela como Aspect, siempre instalada en algún lugar del mundo de habla inglesa -el Reino Unido, Irlanda, Canadá, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda. Allí, el ritual se repite a diario: holandeses, coreanos, argentinos, italianos, tailandeses, colombianos -y cuanto hermoso rasgo humano usted se pueda imaginar-, lo único que persiguen es entender y hacerse entender a través de la misma vía: el idioma inglés. A esas aulas acuden a estudiarlo con la conciencia de que es una herramienta imprescindible en la aldea cada vez más global y competitiva de estos tiempos. De ellas salen con algo más que un nuevo lenguaje.

Ir o no ir. Ya se sabe, hoy día dominar la lengua con la que Shakespeare retrató tanta debilidad humana es más bien un punto fuerte a su favor, un ventanal al mundo de sus desvelos, cualquiera que este sea: la educación, los negocios, la cultura. Y cualquier camino para acercarse a ella es válido y bienvenido, pero ninguno tan efectivo como aprenderla en un sitio donde se escuche, se hable, se lea, se respire y se sueñe en el idioma. Una experiencia que a la par de despertarlo a una nueva gramática, le pone en contacto con diferentes modos de vivir y entender la vida -un aspecto, quizá, tan interesante y esencial como el otro.

Es desde allí, desde la propia experiencia, que Estampas reseña esta posibilidad ante la que más de uno -lógicamente- titubea, en vista de la inversión de dinero, tiempo y esfuerzo que ello implica. Para esto viajó hasta la escuela Aspect de Edimburgo, capital de Escocia, y se instaló en sus pupitres por dos semanas -el mínimo requerido para tomar un curso. La idea era constatar que el riesgo vale la pena -y, muy importante, los pennies. En este caso, lo vale. No en balde Aspect es una de las instituciones internacionales mejor acreditadas en estas lides, con una madurada trayectoria de 35 años en la enseñanza del inglés como segunda lengua. Sus representantes se encuentran en los cuatro puntos cardinales del globo, y sus escuelas en toda coordenada donde el inglés sea el idioma natal.

Ahí está el detalle. Esta es la primera condición sine qua non a la hora de decidirse a emprender el viaje: un instituto reconocido, cuyo equipo -tanto en el país de origen como en el destino elegido- esté capacitado -y curtido en la materia- para hacer de su escogencia una elección ciertamente afortunada.

Así las cosas, Omar Méndez, coordinador de Aspect en Venezuela, sería nuestro primer contacto. Tras una larga conversación -edad, expectativas, preferencias personales, presupuesto-, Méndez estudia su perfil e inicia un verdadero proceso de orientación.

"A veces las personas llegan con una idea previa y en muchas ocasiones terminan entendiendo que les conviene otra cosa. Estados Unidos es, por ejemplo, el destino que más atrae la atención de los venezolanos para estudiar el inglés, pero allí el curso puede salir -sorpresivamente- más costoso porque algunos institutos están dentro de un college, lo que los encarece. La mayoría termina cambiando su visión, bien sea porque descubren que países como Inglaterra, Irlanda o Escocia pueden ser sitios más interesantes o más ricos culturalmente, o porque se enteran de que Canadá es más económico, no sólo en cuanto a los programas sino también en lo que respecta al costo de la vida", explica Omar Méndez.

Las ciudades también son un tema: "Dependiendo de si se es un adulto o un muchacho recién salido del bachillerato, hay sitios que pueden venir mejor. En Boston, por ejemplo, la población estudiantil de estos centros suele ser bastante joven, de allí que si la persona es más madura le aconsejamos, digamos, Chicago, porque el instituto está dentro del MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) y el ambiente es más adulto. Todo es un asunto de lo que cada quien está buscando".

Ciudad, tipo de alojamiento, comidas, dólares de Cadivi y cuanto detalle es necesario conocer son aclarados, y, ciertamente, los programas tienen la flexibilidad suficiente para adecuarse a, prácticamente, cualquier necesidad y edad. De hecho, también hay campamentos para niños desde siete años en adelante.

Esta vuelta on the rock. Aunque lo primero que cruce la mente al mencionar Escocia sea su extraordinario whisky, las tradicionales faldas masculinas, el monstruo de Lochness -inmortalizado por el cine como "el monstruo de la Laguna Negra" para toda una generación-, y ahora el lugar donde nació y vive la hechicera J.K. Rowling, autora de Harry Potter, esta nación es también conocida por su bella capital, Edimburgo, que para los meses de agosto y septiembre se enciende con un festival de artes y música al que los turistas asisten desde todas partes de Europa. En esas fechas las calles son una fiesta y el clima es veraniego -las temperaturas máximas rondan los 25 ó 26 grados. Es una época ideal para arribar a una ciudad como Edimburgo, pues el resto del año el clima es frío y la luz es predominantemente gris, como la que usualmente se asocia a Londres. Los latinos estamos poco acostumbrados a esta ausencia de sol, por lo que tal matiz se puede colar -rapidito- en el alma. Es cuestión de tener claros los objetivos y exprimirle el jugo a las actividades indoor (bajo techo). No en balde se dice que el invierno es una estación para reflexionar.

Ahora bien, Escocia tiene una indudable ventaja en comparación con otros países: la oportunidad de hablar español es poca, porque la población de habla hispana es escasa, por lo que el estudiante se ve forzado a comunicarse en inglés. No obstante, en la escuela Aspect hay -inesperadamente- una buena cantidad de latinos -bastante jóvenes, la mayoría-, aunque lo que más abunda son europeos y asiáticos. La única piedra en el zapato: el acento escocés es duro para oídos acostumbrados a los acordes norteamericanos, cosa frecuente en América Latina por la evidente influencia y la cercanía del vecino del norte. Eso en la calle; en el instituto los profesores hablan claro y pausado.

Techo y comida. Nuestro alojamiento fue en una casa de familia: los Tait, una agradable pareja de artistas plásticos -pintores- con una hija de ocho años. Aunque se puede optar por residencias estudiantiles o apartamentos privados, esta es una modalidad excelente para relacionarse más de cerca con las costumbres locales y practicar el idioma, y lejos de lo que algunos podrían suponer es bastante la privacidad de la que goza el estudiante. No es de extrañar, ya que en estas culturas existe gran respeto por el espacio ajeno, lo que le permite al visitante establecer lazos con sus anfitriones hasta donde realmente lo desee. Este sistema es habitual en estos países, cuando las familias tienen suficiente espacio extra y son proclives a conocer gente de otras nacionalidades. Pero ha de tener en cuenta que lo de la "distancia" británica (o escocesa), por ejemplo, no son historias. No es gratuito que el representante de Aspect en Venezuela le ofrezca, antes de partir, algunos consejos para superar lo que él denomina, sabiamente, "el shock cultural".

En cuanto a la habitación y el baño, estos pueden ser individuales o compartidos con otro compañero -muy frecuente y más económico-, y el desayuno y la cena pueden estar -o no- incluidos. La lencería y el aseo del cuarto es responsabilidad de los dueños de casa -su única tarea es mantenerlo ordenado. Asimismo, el huésped recibe una llave de la puerta principal, lo que le permite entrar y salir con comodidad.

El momento en el que realmente se comparte con la familia es la cena, que en países como el Reino Unido es tempranera y opípara. Eso sí, si tiene alguna exigencia especial a la hora de alimentarse debe aclararlo con anticipación u optar por no incluir esta modalidad en su paquete -lo que sale más costoso-, sobre todo si es de los que creen que nada como la sazón de mamá y se aburre fácilmente del mismo menú. Recuerde que lo que usted comerá es lo que come la familia, y que de la costumbre de ésta dependerá lo que se encontrará en su plato. En nuestro caso era abundante y variada, y cualquier deseo extra se podía almacenar en la nevera de la casa -es lo usual. Pero, en general, es una suerte de lotería. Tampoco es un problema mayor: si no se siente a gusto con alguno de los aspectos de su residencia, puede solicitar un cambio.

Hasta las paredes hablan... en inglés. Apenas usted pone un pie en el sitio donde se alojará, recibe un sobre que la gente de Aspect le ha preparado para darle la bienvenida, una especie de guía al estilo: lo que siempre quiso saber sobre su viaje y no se atrevió -o no se le ocurrió- preguntar. En él incluyen un material con lo que debe hacer al llegar al colegio por primera vez, mapas, recomendaciones de transporte, cambio de moneda, sitios de interés, a dónde dirigirse en casos de emergencia, y todo cuanto es útil para instalarse en la ciudad. Más completo, imposible. Después, a las aulas.

Los colegios de Aspect alrededor del mundo suelen tener una ubicación céntrica y muy conveniente. El de Edimburgo está en una casa de cinco plantas de estilo georgiano -lo que predomina en la arquitectura de la ciudad-, en pleno corazón de la capital escocesa. Sus salones son espaciosos y bien acondicionados y el ambiente es sencillo y muy grato. También cuentan con una biblioteca para leer o ver videos y un centro con computadoras donde los alumnos tienen acceso gratis a Internet. La sala principal está acondicionada para compartir con los otros compañeros, bien sea en sofás o en mesas dispuestas para la hora del almuerzo. Todo está dirigido a facilitar el intercambio entre los estudiantes, y entre estos y el personal del centro. Las carteleras, por su parte, están llenas de información con actividades y viajes que la escuela planifica para que los recién llegados vayan conociendo o bien las tradiciones -noches de pub, si la edad lo permite; bailes típicos, etcétera- o bien realicen travesías por otras regiones del país. Eso sí, la diversión requiere de cantidades extra de dinero. El monto sugerido por la gente de Aspect de 100 libras (o 150 dólares) para gastos generales semanales -almuerzo, transporte, efectos personales- es acertado si se atiene a lo fundamental, no toma en cuenta las salidas. Lo anterior, si ha incluido los desayunos y cenas en su programa. De no ser así el presupuesto se eleva algo más.

Jugando y conjugando. La gramática es, lógicamente, básica dentro del método de esta escuela, pero el énfasis está puesto en la conversación. Ni que se haga el sueco va a escapar de hablar, porque los profesores lo estimulan, permanentemente, para que lo haga. Durante una mañana los estudiantes de un mismo curso tienen la oportunidad de compartir con dos maestros distintos, con estilos particulares, lo que ayuda a familiarizarse con diferentes acentos y torna las clases más dinámicas y entretenidas. El ambiente es bastante relajado y los educadores siempre están dispuestos a aclarar las dudas.

En las tardes se suelen tomar horas extra o materias especiales. Todo depende el curso que se haya escogido: semiintensivo, intensivo, preparación para exámenes en las universidades, inglés de negocios, persona a persona. El nivel donde se le ubicará será medido con un test, el primer día en el colegio. Si la estadía es breve, los intensivos son lo más aconsejable para sacarle provecho al programa. En relación con esto último, tenga claro que por bueno que sean los profesores o el método de enseñanza, para aprender debe estudiar y lanzarse sin temor a explorar las múltiples posibilidades que lo ayudarán a relajar la lengua y los oídos: escuchar radio y ver TV, ir al cine, establecer contacto con los habitantes locales, etcétera. No importa que al principio no entienda o que cometa múltiples errores, en eso está también la totalidad de sus compañeros. De pronto, un buen día, se dará cuenta de que comenzó a comprender lo que están conversando las personas que van a su lado en el autobús o que nadie le está soltando un excuse me? cada vez que abre la boca. Y, créalo, ese momento no tiene precio. l

Coordenadas: Si desea un mundo de información puede contactar
a los representantes de Aspect por los teléfonos: 762.1470/2934/0773
www.aspectworid.com
www.globoramaeducation.com

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