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Bailar en puntas reclama disciplina, como lo sugiere la postura de Kenny Lane |
Un detalle corporal del trabajo que realiza Javier Solano |
Hombres en PUNTILLAS
Desafían el prejuicio según el cual el ballet es territorio femenino y asumen con coraje el uso de mallas y zapatillas. En vísperas del Día Internacional de la Danza, algunos bailarines reflexionan sobre el arte de bailar en Venezuela
Por Néstor Luis Llabanero. Fotos: Rafael Serrano
Kenny Lane lleva veintiocho años como ejecutante de ballet. En su carrera de aprendizaje y de madurez, se ha convertido hoy en uno de los solistas principales de la compañía Teresa Carreño, la de mayor prestigio en Venezuela. El público lo ha acostumbrado al aplauso como respaldo a su virtuosismo. Sin embargo, Kenny, que tantas caras percibe del auditorio, nunca ha reconocido las de sus padres. Tampoco las de sus hermanos. "Empecé a hacer ballet a escondidas, yo lavaba las mallas sin que nadie lo supiera, hasta que me enfrenté con mi propia encrucijada. Mi decisión fue irme. No quise ser un frustrado. Aunque nos queremos, supe que no podía forzar a mi familia a entender algo que jamás ha comprendido".
Caso diferente el de Walter Castillo, un balletista clásico que cuando se refiere a su madre, a su padre y a sus tres hermanos menores que él, dice: "Ellos siempre han sido mi público, a veces sufren pensando que algo no saldrá bien durante mi presentación".
Dentro de ese staff de varones que ha contribuido a quitarle al ballet su malentendido carácter de patrimonio femenino, Javier Solano se presenta como la figura principal de la misma compañía. Su condición sólo la alcanzan los más nobles. "Que sea bailarín no ha sido incómodo para nadie de mi entorno. Mis dos hijas y las dos mujeres que he amado han sido determinantes para continuar por más de veinte años. Sigo bailando, pero ahora también soy maestro repertorista, el encargado de repetir las obras ya montadas en el Teresa Carreño".
Los tres "clásicos" del ballet, con historias diferentes, son retratos de cómo se ejerce un oficio en Venezuela, donde el arte de bailar parece todavía un acto inconcluso. El 29 de abril es Día Internacional de la Danza.
Venezuela necesita bailarines
Más allá de este retrato de una generación de bailarines venezolanos que ha lidiado con el favor o no de su familia, el ballet tiene retos como generador de crecimiento cultural de una sociedad. Son desafíos que trascienden la experiencia individual. "El bailarín clásico tiende a desaparecer en Venezuela", resalta Walter Castillo, el más pragmático de los tres. "El sueño del ballet es contar con el apoyo de alguien como el maestro José Antonio Abreu, una persona que, con la música, expone a un mundo de posibilidades a los niños de bajos recursos, les posibilita salir de los vicios y de la delincuencia. Nosotros creemos que la danza tiene el potencial para hacer esa contribución social".
No hay en Venezuela cifras oficiales que precisen la cartografía del ballet. La compañía más numerosa -la del Teatro Teresa Carreño- posee en nómina cerca de cuarenta bailarines hombres. No todos con el mismo rango. Y, cuantitativamente, la producción escénica durante un año está por debajo del requerimiento de esta plantilla. Analizado así, sólo los mejores tienen trabajo seguro. En las bellas artes también funciona eso de que sólo el más apto sobrevive.

Kenny Lane hizo de su sueño en Maracaibo una realidad en el TTC |
Lo contradictorio del ballet es que, a pesar de considerársele "la madre de todas las danzas", el oficio implica tanto rigor en su formación física y artística que muchos de quienes, en principio, muestran vocación optan, a medio camino, por disciplinas menos demandantes. Ahí la paradoja. Aunque los desertores dejan mercado para los pocos que persisten, la mayoría de esos pocos sale a buscar caminos creativos fuera del país. Y algo más dramático: La carencia de talento criollo pone a pensar en una realidad que se creía superada, la importación del bailarín como figura principal. De éstos, por ejemplo, sólo existen dos en el Teatro Teresa Carreño. "Son una especie en extinción", define Javier Solano.
Aún así, los bailarines ya consagrados declaran que de echar el tiempo atrás volverían a calzar los zapatos de media punta. Sin embargo, darían variaciones al trazado de sus piruetas y de sus saltos. Kenny Lane, lesionado en una de sus rodillas, explica que hacer dinero bailando es casi imposible. "Yo dependo de que mi condición física esté perfecta y trabajo en exclusividad para el teatro Teresa Carreño, pero como en Venezuela y en toda Latinoamérica hay carencia de hombres bailarines, uno goza de invitaciones externas de compañías que se interesan por nuestro trabajo. Muchas veces son tigres mejor pagados que el sueldo oficial (no revelado)".
Javier Solano y Walter Castillo son cautelosos a la hora de recomendar la práctica del ballet. "Los chicos deben entender que hay sacrificio, que esto es un estilo de vida, casi de monasterio, de formación física e intelectual constante, por eso es mejor asumirlo desde la niñez si quieres llegar a ser el primero entre todos".
La mencionada escasez de bailarines hombres es un hecho del patio latinoamericano. La razón es que no se ha entendido que bailar es una carrera profesional, un oficio, una vocación, una forma de vivir. Solano, Castillo y Lane citan el caso de Cuba, donde, según ellos, los padres desean -y propician- que sus hijos sean artistas. Y destacan las recientes decisiones del gobierno colombiano, cuyo sistema educativo público exige de los niños la incorporación a las artes, incluyendo la danza.
Estas consideraciones son las que, de acuerdo con los bailarines venezolanos, van ensanchando las posibilidades del oficio de la danza y de su amplitud para generar empleos.
"Todo tiene que ver con la forma"
La bailarina Gloria Barrios representó a su país, Panamá, en un festival celebrado en Perú, donde conoció a su colega Javier Jara. Ella ganó medalla. Él, no. Su triunfo lo simboliza no en la medalla que le impusieron por su técnica de alto vuelo sino porque logró coronar su sueño matrimonial con el limeño. Desde hace dieciséis años viven en Venezuela. Ambos pertenecen a la compañía Ballet Nuevo Mundo de Caracas, dirigida por Zhandra Rodríguez. "Mi esposo es bailarín y cuando iniciamos la relación hubo suspicacia en mi entorno", alude a la identidad sexual que a veces se digiere con prejuicio sin soporte. "Todo eso es un mito. Dentro de mi compañía, los varones, en su mayoría, están 'empatados' con las bailarinas y hay familias felizmente consagradas".
En aquel momento resultaba atractivo para los dos el momento de esplendor cultural venezolano. El país les ofrecía profundizar en sus carreras artísticas, y Zhandra Rodríguez era (es) la figura nacional en el mundo. Toda una invocación para quien se siente elegido.

AQUI HAY GENTE CON UNAS CONDICIONES FÍSICAS EXCELENTES, NO SÓLO POR SU ACTITUD FRENTE AL BAILE SINO POR LA CONFORMACIÓN FÍSICA
-José Antonio Blasco, gerente cultural
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De modo que en su ánimo de crecimiento, Gloria Barrios se convirtió en la principal del ballet y, de paso, conquistó peldaños como ensayadora, la especialista que ayuda a perfeccionar las técnicas. Sobre esa base, sostiene que las posturas afectadas son signos de dirección inadecuada. "La definición masculina se trabaja modelando la gestualidad y eso no es difícil asimilar. Todo tiene que ver con la forma en que el bailarín se presenta en el escenario, si es afeminado se ve afeminado, aunque la idea es evitar amaneramientos y que se vea masculino, porque los contrastes de caracteres tienen que verse en el escenario, a menos que se pretenda exhibir algo andrógino".
El matrimonio Jara Barrios está comprometido con el mundo del ballet a todo nivel. Y esto incluye sus diseños y la confección de mallas, el uniforme que permite a los hombres mostrar su desarrollo muscular y emitir con mayor transparencia el mensaje en escena.
La actitud de la malla
Kenny Lane argumenta que la malla hace del cuerpo masculino una sola línea. "Si tú te pones una media que continúa por todo el cuerpo, eso hace un solo trazado. Y el ballet es precisamente eso, una formación de líneas". Con éstas van dibujándose mensajes bailados que armonizados con la perfección de técnicas el público interpreta para su deleite.

Javier Solano, bailarín principal del Teresa Carreño |
"Es lo que se espera", suspira Walter Castillo, quien comenzó su trabajo de práctica en una época cuando se usaban pantalones cortos. Él le otorga un atributo adicional a la malla: "En el ballet hay cinco posiciones, y es importante dejar ver eso en el escenario y en los ensayos; que el público o los maestros sepan si estás apretando los músculos que corresponden con los movimientos y si has logrado la línea estética del trabajo".
Y la considerada maestra venezolana, Zhandra Rodríguez, fundadora y directora del Ballet Nuevo Mundo de Caracas, le pone el punto a la i. "El problema no es que un hombre se coloque una malla o una zapatilla, todo depende de cómo se lleve el uniforme, de cómo se lleve el gesto, de cómo se modula y del contenido y contundencia de ese gesto. Cualquier movimiento puede ser afectado, pero eso está sujeto a cómo esté dirigido ese bailarín, al nivel de educación, y a si el director no lo estimula a una mejor visión. Porque esa preparación influye en el tipo de mensaje que va a dársele al espectador; o revela el tamaño del mensaje y su dimensión. Hay una actitud frente a sí mismo, frente al mundo, frente a la vida y, por supuesto, frente a la malla y las zapatillas. Las cosas hay que saberlas llevar. Lo importante es lo que tenga la persona en la cabeza, en el alma y en el intelecto".
nllabanero@eluniversal.com
| NIVEL DE FORMACIÓN |
El Ballet Teatro Teresa Carreño, el Ballet Nuevo Mundo de Caracas y el Ballet Contemporáneo de Caracas son las tres grandes compañías que disponen de formación para los hombres que aspiran al ballet. Además, existen iniciativas particulares que también tienen el respeto del medio. Por otra parte, Venezuela elevó los estudios académicos al crear, en junio de 2008, la Universidad Experimental Nacional de las Artes, UNIARTE. "Representa un avance", dice Oswaldo Marchionda, responsable académico del área de Danza en esa institución. "Es una forma de asumir el oficio como se asume un deporte de alta competencia, con la debida preparación, aunque en el país todavía no pueda hablarse de una carrera con el nivel que aspiramos a que tenga".Uniarte ofrece menciones en danzas clásica y contemporánea (docencia), y de interpretación en la expresión contemporánea. "La danza es una profesión sacrificada como cualquier otra disciplina, pero hay un prejuicio sobre las artes. Muchos siguen pensando que es un hobby. Se ignora la exigencia que hay, así que contar con una formación universitaria es un reconocimiento", concluye Marchionda.

Walter Castillo aconseja asumir el baile como un estilo de vida |
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