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CRÍMENES MAX HAINES

LOS POLICIAS LO VIERON VENIR

Una rica viuda era un blanco obvio


Hacia 1921, Katherine Mooers había dejado atrás sus mejores días. En el pasado, ella y su esposo habían viajado a Alaska atraídos por la esperanza de conseguir oro. Los Mooers hicieron una fortuna y regresaron a Seattle; el resto de sus vidas estaba financieramente resuelto.

Desafortunadamente, el señor Mooers murió en 1915. Kate se desmoronó después de eso. Ella, que siempre había sido muy aficionada al whisky, se entregó a la bebida. Su apariencia no mejoró mucho cuando se tiñó su gris cabello de un color rojo escarlata intenso. Vivía en un lujoso edificio de apartamentos, admiraba sus joyas y cada tanto contaba su fortuna, la cual ascendía a tres millones de dólares.

En 1921, cuando los perros calientes costaban cinco centavos de dólar, tres millones constituían una riqueza digna de un rey. Fue sólo el dinero, contante y sonante, lo que atrajo al bueno para nada de Jim Maloney a Kate Mooers.

Jim, cuyo domicilio más reciente era la prestigiosa Penitenciaría de Walla Walla, era ladrón y, además, contrabandista a medio tiempo. Conoció a Kate y se trazó la meta de conseguir sus tentadores millones.

Cuando ciertos miembros del cuerpo de policía de Seattle se enteraron del interés de Jim en Kate, visitaron a la viuda para ofrecerle un consejo paternal. Kate les dijo de manera muy clara que se ocuparan de sus propios asuntos.

Kate y Jim se veían todos los días. Lentamente, él se ganó su confianza hasta el punto de que la aconsejaba en asuntos financieros. Luego la pareja se casó, boda en la que el oficial de libertad condicional de Jim hizo las veces de padrino. Varios detectives de Seattle que conocían perfectamente la naturaleza de Jim, no podían creer que planeara nada bueno. No les quitaron el ojo de encima a los recién casados, en espera de que ocurriera un crimen. No tuvieron que esperar mucho.

Observaron a Jim entrar en una ferretería y salir con un gran paquete. Cuando los agentes de policía le preguntaron al propietario de la tienda qué había comprado, éste les respondió que el cliente había comprado cal viva y una soga.

La policía también observó a Jim hacer una pequeña excavación en la tierra detrás del edificio en que vivían él y su esposa. Fue visto rociando cal viva encima del área y mezclándola con la tierra. Jim acordonó la excavación con la soga que había comprado en la ferretería.

Por más sospechosas que parecieran sus acciones, no había evidencia de que se hubiera cometido un crimen. Cuando los agentes se enteraron de que el señor y la señora Maloney habían salido de la ciudad, decidieron investigar. El conserje del edificio le dijo a la policía que la pareja había viajado a Cuba.

El conserje había arrastrado el baúl vacío de Jim desde el sótano, donde estaba guardado. Jim se despidió del conserje, pero la señora Maloney no se tomó la molestia de hacerlo. Por cierto, el conserje en realidad no la había visto partir, pero recordó que el señor Maloney le dijo que su esposa se había ido adelante. El conserje también le dijo a la policía que no había vuelto a ver el baúl. Jim le dijo que su esposa había contratado a un par de hombres para que lo sacaran del apartamento.

La policía echó un vistazo al apartamento vacío y encontró todo en orden. Sin embargo, había diminutas hebras de soga, similares a cabellos, en la alfombra del dormitorio. Parecía que las hebras eran parte de una soga que había sido friccionada fuertemente contra un objeto. Los agentes elaboraron la hipótesis de que Jim había asesinado a su esposa, la había colocado en el baúl y, luego, había amarrado éste con lo que quedaba de la soga que había comprado en la ferretería.

El dueño de la ferretería les dijo a los detectives que el cliente había comprado cinco kilos de cal viva y 30 metros de cuerda. Se analizó una muestra de la tierra del jardín con cal viva. A partir de la muestra, se determinó que medio kilo de cal se había mezclado con la tierra del jardín. En total, 14 metros de soga se habían usado para trazar el perímetro de esa zona del jardín.

Cuando los detectives descubrieron que Kate había cobrado un cheque por 90.000 dólares el día de su desaparición, comenzó la persecución de Jim Maloney. Se inspeccionaron las compañías de transporte de carga en un intento de localizar a los hombres que habían cargado con el baúl.

Esta vertiente de la investigación no condujo a nada, pero una revisión de la lista de llamadas hechas desde el teléfono de Kate reveló que ella se había comunicado con la señora Raymond Ellsworth en Vancouver. Cuando los agentes llamaron a Ellsworth, se enteraron de que ella era sobrina de Kate. Ellsworth les dijo que había recibido una carta de Kate apenas dos días antes. Había sido enviada desde St. Paul, Minnesota, y le informaba que Kate viajaría a Cuba.

La carta había sido escrita a máquina y estaba firmada "Tía Kate". La firma resultó ser falsificada.

Los detectives, quienes ahora habían avanzado en lo que asumían era un asesinato, localizaron el hotel en St. Paul, desde donde habían enviado la carta. Interrogaron a los empleados. Recordaban bien a los Maloney. Cuando estaba en público, la señora siempre se cubría con densos velos. Sin embargo, una mucama la había visto sin ellos. En realidad, la había visto sin nada encima. Había tocado la puerta de la habitación y, como no recibió respuesta, entró para limpiar el cuarto, interrumpiendo a los Maloney en una situación embarazosa. La mucama dijo que la señora Maloney no tendría más de 25 años de edad.

Los BUZOS inspeccionaron Union Bay y subieron con un baúl... adentro estaba el cuerpo de Kate Maloney

Jjim le había dictado la carta a una empleada del hotel y se había llevado la misiva para que su esposa la firmara, o al menos eso le indicó a la secretaria del hotel. La secretaria dijo por iniciativa propia que ella también era notario público. Jim le había explicado que su esposa estaba indispuesta. Él le dictó un poder que le confería derecho sobre todo el dinero que su esposa tenía depositado en un banco de Seattle. Cuando le preguntaron si podía dar fe de que la firma estampada en el documento era de puño y letra de la señora Maloney, la notario admitió que había pasado por encima de las reglas. Jim le había dado una generosa propina y ella había permitido que su esposa firmara el poder en su propia habitación.

Tan audaz como descarado, Jim regresó a Seattle y se mudó a su viejo apartamento. Armados con la carta y el poder falsificados, los agentes detuvieron a Jim y lo ficharon por asesinato.

¿Cómo sacó Jim el baúl del apartamento y dónde lo ocultó? Cuando los detectives ubicaron a un contrabandista que había ayudado a sacar el baúl del apartamento, supieron que estaban cerca de su objetivo. Al contrabandista le habían dicho que el baúl estaba lleno de licor. Había ayudado a Jim a colocarlo en la parte trasera de un automóvil. Durante su conversación, le pareció que alguien había mencionado la bahía Union Bay. Los buzos inspeccionaron Union Bay e inmediatamente subieron con un baúl atado con una soga. Adentro estaba el cuerpo de Kate Maloney. Los detectives midieron la extensión de la cuerda usada para atar el baúl. Medía 16 metros, la cantidad exacta que sobraba de los 30 metros que Jim había comprado.

El sueño de Jim de casarse con una rica viuda, asesinarla por su dinero y quedar impune se hizo polvo. Igual le ocurrió a Jim. Fue ahorcado dentro de su viejo domicilio, la Penitenciaría de Walla Walla.

Traducción: José Peralta.

Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net

 
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