Vivir sin agua
Al elevado aporte energético de las frutas secas se suma su función cardioprotectora e, incluso, su efecto antioxidante. Aproveche hasta
el último de los beneficios que pueden aportarle estas deliciosas golosinas naturales y entérese de cuál es la mejor manera de conservarlas.
María de los Angeles Herrera
Aunque no todas las frutas secas poseen las mismas ventajas, en general constituyen una opción natural para disminuir el riesgo de enfermedades cardíacas, controlar el nivel de colesterol en la sangre, aportar calorías a la dieta de personas que poseen necesidades extraordinarias, evitar el estreñimiento y hasta propiciar el buen estado de la piel y del sistema inmunológico. Estas y otras bondades —además de sus deliciosos sabores y texturas— les han permitido mantenerse invictas dentro de la dieta de los europeos desde la Edad Media hasta hoy, sin contar con que gracias a sus características particulares se conservan intactas hasta por un año.
Crujientes o desecadas
Por una confusión ampliamente extendida, las personas tienden a hacer distinción entre las frutas y los frutos secos, buscando diferenciar a las frutas naturales que han sido deshidratadas —como las uvas pasas y los orejones de manzana— de las semillas que originalmente carecen de contenido acuoso —entre ellas el maní, las avellanas y las nueces—. Según el Diccionario de la Real Academia Española una fruta seca es aquella que “por la condición de su cáscara o por haber sido sometida a la desecación se conserva comestible todo el año”, concepto que agrupa a estos dos tipos de productos que cuentan con estructuras y gustos tan diferentes, pero que al mismo tiempo tienen numerosos beneficios.
Las frutas deshidratadas se pueden obtener a través de dos procesos, uno completamente natural, que utiliza al sol como agente desecador, y uno artificial, donde se emplean fuentes de calor alternas. Este método de conservación ayuda a que la fruta mantenga sus propiedades durante meses, debido a que la evaporación del agua elimina la humedad que las bacterias necesitan para sobrevivir. Una vez desecadas, las frutas lucen arrugadas y su tamaño se reduce a la mitad, por lo que las personas pueden ingerir una ración mayor a la usual y, adicionalmente, resultan mucho más fáciles de cargar por su bajo peso.
Por su constitución, los llamados frutos secos —dentro de los cuales se incluyen el pistacho, las almendras e, incluso, las semillas de girasol—, proporcionan un contenido calórico y graso importante a quienes los incluyen en su dieta. Se pueden consumir crudos o cocidos, pero dado que el calor realza su sabor y les da un toque crujiente bastante particular, muchos los prefieren tostados, sobre todo en el caso de las almendras y el maní.
Bondades multiplicadas
En general, son muchos los beneficios que encierran las frutas secas, pero tanto las desecadas como las que reciben el nombre de oleaginosas tienen propiedades particulares que inciden de forma diferente en el organismo. La nutricionista clínico Gertrudis Adrianza de Baptista comenta que al deshidratar las frutas se concentran todos los nutrientes que están en su interior —proteínas, hidratos de carbono, vitaminas, sales minerales y fibras—, de allí que sean beneficiosas para aumentar la carga calórica y reponer los electrolitos —sodio y potasio— sin mayor aporte de grasa.
Al no tener agua resultan ideales para ser consumidas en las dietas donde los líquidos están restringidos, como en el caso de pacientes con insuficiencia renal o cardíaca; y son recomendadas en los planes nutricionales diseñados para personas con anorexia o falta de apetito, ya que son de tamaño reducido pero cubren muchos de los requerimientos nutricionales diarios. Adicionalmente, “tienen alta cantidad de pectina, fibras solubles que mejoran el tránsito intestinal”.
L as ciruelas pasas cuentan con potasio, magnesio, hierro, vitamina B y sobre todo mucha fibra, componente clave en la lucha contra el estreñimiento; el coco, por su parte, es rico en hidratos de carbono, grasas, proteínas y minerales; los dátiles también son bastante energéticos, además de que poseen calcio, hierro y vitamina C y contribuyen a prevenir la osteoporosis; los albaricoques aportan vitamina A (betacaroteno) que mejora las condiciones de la piel, la vista, el cabello y las mucosas, y minerales —como hierro, magnesio, cobre y potasio— que potencian el trabajo y desarrollo muscular; las pasas son muy beneficiosas para el hígado y poseen una dosis elevada de calcio; y, finalmente, las manzanas regulan el funcionamiento del intestino debido a que son ricas en celulosa, tienen propiedades antioxidantes y ayudan a controlar los niveles de colesterol y azúcar en la sangre.
La doctora Adrianza de Baptista explica que las oleaginosas son frutos que carecen de agua en su estado natural y, por su constitución, brindan una mayor carga calórica que las frutas deshidratadas. En su interior contienen ácidos grasos (omega 3 y omega 6), sustancias que las convierten en alimentos ideales para mejorar los problemas cardiovasculares; sin contar con que gozan de propiedades antiinflamatorias y ayudan en el control de los niveles de HDL, el colesterol bueno del organismo.
La capacidad de estos frutos para albergar ácido alfalinoléico —conjuntamente con vitamina E, magnesio y potasio—, les otorga un poder antiarrítmico que reduce sustancialmente la probabilidad de sufrir de muerte súbita por falla cardíaca. Dado su aporte de ácido fólico, calcio, fósforo y potasio, el pistacho es muy recomendado para la dieta de mujeres embarazadas y deportistas; las almendras tienen proteínas, fibra dietética, vitamina E y ácidos grasos que mejoran la circulación sanguínea; las avellanas, por su parte, tienen un gran contenido de vitaminas A y E que les otorga cualidades insuperables en la lucha contra el envejecimiento; y las nueces son ricas en omega 3 y omega 6, además de poseer vitamina B que alivia los síntomas premenstruales, la depresión, el estrés y la fatiga.
El maní, siempre utilizado como tentempié en las reuniones sociales, no es muy aconsejado en el tratamiento de enfermedades cardiovasculares, pero se sabe que regula los niveles de azúcar e insulina en la sangre, sin contar con su poder desinfectante de las vías respiratorias por su contenido de azufre.
Finalmente, estudios han revelado que las semillas brindan suficiente calcio como para favorecer el buen estado de las articulaciones. Dentro de este grupo las más populares son las de sésamo y girasol: mientras las primeras son aconsejadas para reforzar los huesos, especialmente durante el embarazo y la menopausia, las segundas son sugeridas para potenciar el funcionamiento cerebral.
Si después de todos estos alegatos aún no se anima a aumentar su consumo de frutas secas, piense en la conocida frase “somos lo que comemos” y se dará cuenta de que si comienza a ingerirlas su salud mejorará sustancialmente, y ni hablar de los kilos que se ahorrará si las come cuando la ansiedad lo tome por sorpresa, en sustitución de meriendas clásicas como un pedazo de torta o una bolsa de papas fritas. l
mherrera@eluniversal.com
| SEA CREATIVO |
Las personas suelen ser muy conservadoras a la hora de incluir las frutas secas en su dieta. Muchos sólo se limitan a consumir yogur con cereales
y unos cuantos orejones, o helado con una ración de nueces. Acá encontrará algunas recomendaciones para que aprenda a sacarle el jugo a estas deliciosas frutas:
l Añada almendras tostadas, pistacho y maní molido al pan que va a utilizar para rebozar carnes, aves o pescados. Se sorprenderá con la mezcla de colores y texturas resultante.
l Pruebe una ensalada con endivias, pasas, queso azul troceado y un
aderezo con vinagre de vino, azúcar
y mostaza.
l Agréguele a sus tortas favoritas una ración de dátiles y nueces o manzanas deshidratadas y avellanas. La idea
es que haga una combinación distinta cada vez que hornee un ponqué.
l El kibbe o pastel de carne árabe horneado —elaborado con trigo y espolvoreado con cebolla en julianas y piñones—, es fácil de elaborar y constituye una buena forma de introducir este fruto a su mesa.
l Cocine la carne molida como
de costumbre y agréguele un puñado de frutas deshidratadas, entre ellas manzana, orejones de albaricoque, pasas y ciruelas. Utilice la mezcla para rellenar un pimentón y llévelo
al horno. Sus comensales quedarán encantados con la combinación de sabores salados y dulces. |
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| LARGA VIDA |
Este tipo de fruta puede tener una duración prolongada —incluso de un año— siempre y cuando se almacene adecuadamente. En el momento de la compra, las frutas deshidratadas no deben lucir decoloradas y es necesario que sus arrugas sean uniformes. Para conservarlas, simplemente colóquelas en frascos de vidrio con tapa
y guárdelas en la nevera; puede dejarlas afuera durante un par de días pero deben estar en un lugar fresco, lejos de la luz directa del sol. Nunca las introduzca dentro de bolsas plásticas por mucho tiempo porque la humedad las enmohece.
En cuanto a los frutos como el maní, las nueces y las avellanas, si va a tardar en consumirlos es preferible mantenerlos en envases tapados dentro de la nevera, pues a temperatura ambiente sólo duran un mes sin que su sabor y consistencia se modifiquen. |
Fuentes consultadas:
l Diccionario de la Real Academia Española
l www.nosotros2.com
l www.saludactual.cl
l www.alimentación-sana.com.ar
l www.latinsalud.com
l www.nutrar.com
Especialista consultada: Gertrudis Adrianza de Baptista. Nutricionista clínico, docente de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y jefe de la Unidad de Soporte Nutricional del Hospital Universitario de Caracas (HUC). |
FOTOS: WWW. STOCK.XCHNG
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