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Niños 
10
habilidades básicas

Control de las emociones, respeto, expresividad y pasión son algunas de las cualidades que contribuyen a formar un niño feliz y adaptado al mundo en el que vive. En el libro Cómo educar niños listos, sanos y felices, del psicólogo Ron Taffel, se especifican las 10 aptitudes esenciales para crecer armónicamente. Idalia De León

Ya se sabe, no hay recetas para ser padres. Mucho de instinto y de sentido común tiene la labor diaria de educar y formar al que será un ciudadano en el futuro, y de quien se espera sea adaptado y feliz. En el libro Cómo educar niños listos, sanos y felices su autor, el psicólogo Ron Taffel, analiza 10 aspectos que deberían desarrollar los infantes para lograr un crecimiento sin traumas. Muchos de estos aspectos, unidos al sentido común de los padres, podrían funcionar en el muy veloz y cambiante ritmo de vida que caracteriza al nuevo milenio.

Control de las emociones
“Enseñen a sus hijos a tranquilizarse a sí mismos de manera saludable de acuerdo con su temperamento”
Los autores de este libro consideran primordial este aspecto debido a que dominar las emociones capacita al chico para adaptarse armónicamente al mundo. Cuando el niño aprende desde muy pequeño a conocerse y a identificar cómo reacciona ante cada situación, también aprende a sentirse bien consigo mismo y a mantener una mejor relación con los demás. El primer paso para llevar adelante esta empresa es tratar de reconocer cuál es el temperamento del niño (intenso/agresivo, intenso/sensible, reservado/dependiente o tranquilo/equilibrado) y aceptarlo tal cual es, pues, difícilmente, algunos aspectos del carácter podrán modificarse radicalmente debido a que responden a una estructura genética. Del modelaje que los padres hagan controlando sus emociones dependerá mucho él éxito que tengan con su hijo.

Respeto
“Animen a sus hijos a escuchar a los adultos y a sentirse a gusto con ellos”
La cultura actual, orientada como está a colocar a los niños como el centro de todo, ha traído una consecuencia inusitada, y es que ha convertido a los padres en adversarios (entre otras cosas, por ser él único obstáculo para poseer todo lo que la publicidad les ofrece). La crisis de autoridad que se vive actualmente responde a muchas razones, de manera que otras de las tareas importantes es recuperar y conservar la autoridad perdida. Si un niño no trata con respeto a sus padres difícilmente será amable con otros adultos (sus maestros, por ejemplo). El respeto es importante porque le proporciona al niño una red de seguridad en su mundo interior, al tiempo que adquirirá una serie de actitudes maduras que jamás podrá aprender de sus amigos. También lo alejará del síndrome de Peter Pan, pues se convertirá en un adulto responsable y deseoso de asumir retos.

Un padre con autoridad inculca valores, no impone normas de manera arbitraria, sabe mantener el control sin desatender las prioridades. Por otro lado, para lograr recuperar o ganar el respeto de los hijos es necesario estar pendiente del entorno que rodea al chico (escuela, amigos). En resumen hay que educar de manera compasiva, de manera tal que los hijos perciban a los padres como personas razonables y firmes, que transmiten expectativas claras.

Expresividad  
“Fomenten ese estilo único de sus hijos cuando hablan de lo que realmente les importa”
La expresividad es importante porque es la habilidad mediante la cual  el niño revela y articula lo que piensa y cree. De no desarrollarse adecuadamente la expresividad, los chicos pueden desarrollar patologías como un camino para sublimar eso que llevan por dentro y que no saben comunicar. Se piensa que los niños expresivos tienden a sentirse más seguros, a estar más cerca de sus padres, a protegerse a sí mismos. Como se dijo anteriormente, cada uno viene dotado de una personalidad específica y, por ende, de una manera de comunicarse que le es cónsona. Lo importante es enseñarlo a identificar lo que le pasa y a comunicarlo.

Pasión
“Protéjanle a sus hijos el entusiasmo y el amor por la vida”
Si un niño siente pasión por algo, ésta se convierte en un entrenamiento espiritual, en una razón de vida. Cuando un pequeño ha manifestado pasión por algo (música, danza, lectura, deporte) se incentiva su deseo de aprender. Igualmente, el interés por el objeto de su pasión lo lleva a relacionarse y a forjar amistades afines, a ser selectivo en cuanto a nuevos intereses (no se encaprichará por otra cosa fácilmente), y a desarrollar una sólida conexión con sus padres, debido a que éstos, en definitiva, serán los que le proporcionarán las herramientas para canalizar “su pasión” adecuadamente. Otro beneficio de ubicar tempranamente el tema que apasione al niño es que se verá impulsado a alcanzar retos, a tomar decisiones.
Un niño siente pasión por algo cuando el tema de interés se adapta bien a su carácter y habilidades, acosa con frecuencia a sus padres (y no lo contrario), es capaz de soportar ciertos niveles de decepción y frustración sin que lo invada el deseo de abandonar la actividad que lo apasiona, y cuando no se siente motivado únicamente por el elogio.

Talento en las relaciones
“Orienten a sus hijos en sus relaciones con amigos y compañeros de juego”
Este aspecto, quizá uno de los más difíciles, se relaciona con el mundo en el que niño participa fuera de la mirada de los padres. Y además es una de las piedras angulares que marcan su socialización. Los chicos que tienen talento al establecer relaciones son capaces de desechar aquella que los perjudica y quedarse con la que aporte elementos positivos y grandes dosis de felicidad.

Atención
“Ayuden a sus hijos a prestar atención y a que les guste aprender”
En primer lugar la atención es la clave del éxito académico, pues ayuda al alumno a comprender la clase sin dificultad, y a poder realizar sus tareas de manera ordenada y en el tiempo justo. También le permite organizar mejor su disco duro interno, lo cual posibilita que vaya captando nueva información al tiempo que la almacena. Un niño concentrado podrá apasionarse por algo y dedicarse, en el futuro, a algo concreto. Quien se concentra es capaz de reflexionar, de ejercer su sentido común y tomar decisiones sabias. Igualmente, tiene la destreza de supervisar su propia atención y cualquier cosa que la ponga en juego. En un mundo donde el bombardeo de estímulos es constante, los padres pueden hacer uso de varias fórmulas: ayudar al niño a decidir cuál actividad es prioritaria en cada jornada, ubicar el lugar de la casa donde el niño pueda concentrarse mejor para hacer sus tareas, y saber ponerle freno al chico cuando éste lleve prisa en terminar lo que hace. La prisa, un mal de la época, es uno de los factores que pone en peligro la capacidad de atención.

Comodidad con el cuerpo
“Ayuden a sus hijos a aceptar su aspecto físico y a sentirse cómodos con su cuerpo”
Frente al bombardeo publicitario actual resulta difícil cumplir con el objetivo de lograr que los niños crezcan satisfechos con el cuerpo que tienen. El deseo de ser delgado en contraposición con los hábitos alimentarios crea un coctel de preocupaciones y de estrés. Ahora está comprobado que la aceptación del cuerpo está en consonancia con la autoestima. Se piensa que un chico que no está constantemente pendiente de su apariencia dedica su energía a pensar y a desarrollar otras actividades. Además, le facilita su proceso de socialización, más allá del hecho de que sea popular o no. Sentirse cómodo con su cuerpo implica “dar por sentado que su cuerpo es un vehículo hacia las destrezas y el placer”.

Una manera de promover la comodidad con el cuerpo es elogiando al niño por su inteligencia o sus talentos al igual que por su apariencia física; también evitando discutir en casa si el niño luce o no bien. Otro elemento importante (quizá el más difícil) es modelándole al niño una relación sana y de aceptación del cuerpo. Si los padres constantemente se quejan de su propia apariencia, difícilmente lograrán que el niño se acepte a sí mismo. Los padres deben sentirse orgullosos de sí mismos. 

Precaución
“Enseñen a sus hijos a pensar antes de actuar y a sopesar el impacto que sus acciones tienen sobre  sí mismos y sobre los demás”
Un niño que ha desarrollado las características antes descritas muy probablemente mostrará una conducta precavida. La cautela es importante porque, en principio, protege “la esencia física, mental y espiritual del niño”. Aunque el deseo de todo padre es que a su hijo no le ocurra nada malo, difícilmente podrá escudarlo de lo que el destino le tiene deparado.

Es importante enseñarle al chico (de cuatro años en adelante) a formularse las siguientes preguntas: ¿Está mal hecho? ¿Me puede meter en problemas?¿Cómo se sentirán otros niños? ¿Es seguro? ¿Qué me puede suceder? También es conveniente conversar sobre las consecuencias, pues no siempre es bueno dejar que el niño se someta a una experiencia peligrosa innecesariamente.

Inteligencia de equipo
“Fomenten en sus hijos la capacidad de formar parte de un grupo sin perder la individualidad”
Inteligencia de equipo es lograr un equilibrio “entre el yo y el nosotros”. Alcanzar este objetivo para los padres de hoy es uno de los más difíciles debido a que la sociedad contemporánea exacerba el individualismo. En este sentido, los padres no deben perder de vista la importancia de que el niño tenga conciencia de que pertenece a “algo”. Un niño que tiene inteligencia de equipo sabe que es importante cooperar, pero sin perder sus verdaderas convicciones; puede, además, seguir las reglas que tienen sentido y cuestionar las que no lo tienen; y pedir lo que necesita al tiempo de participar en un esfuerzo colectivo. Tiene, también, la habilidad de resolver un conflicto antes de que alcance proporciones de crisis, y sabe como negociar en pro de sí mismo sin ser despiadado o cruel.

Gratitud
“Esperen de sus hijos que sean agradecidos y, de esta forma, desarrollen su fe y su espiritualidad”
Recientes estudios demuestran que los niños no son egoístas por naturaleza, pues se cree que incluso los bebés pueden sentir empatía. Cada día se comprueba que una paternidad sana se apoya en el principio de la llamada “mutualidad”, el cual implica que los padres estén sintonizados con las necesidades del niño y que éste, a su vez, muestre consideración hacia sus padres, basada en la empatía que siente por ellos.
Un niño que no demuestra gratitud es egocéntrico, vive desconectado de los demás.
Los padres deben empezar temprano a enseñar a decir “gracias” y “por favor”; también, a dar el ejemplo sobre cómo ser agradecidos. Uno de los hábitos que deben incorporar los padres es el de exigir reconocimiento. El niño está en la obligación de dar las gracias a sus padres cada vez que éstos le hacen una atención. Otra iniciativa importante es involucrar al niño en actividades benéficas, en las que descubra el placer que produce dar y recibir agradecimiento.
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ideleon@eluniversal.com

 

FOTO: WWW.STOCK.XCHNG

 
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