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Con el dolor a cuestas

Nada fácil resulta vivir con fibromialgia, y mucho menos si no se da con el diagnóstico acertado. Hasta que eso ocurre, y puede pasar mucho tiempo para que así sea, los pacientes con esta enfermedad silenciosa llegan a trajinar por más de una consulta y un tratamiento errado. Quien la padece asegura que le cambia la vida María Elisa Espinosa

Dayana dice haberlos visitado a todos. Y cuando dice todos, habla de una larga lista de médicos de especialidades diversas, a quienes les imploraba por un diagnóstico acertado a los dolores que desde hacía año y medio le venían robando la vida a cuentagotas. “Son dolores que te impiden moverte y comer, que te convierten en una persona irritable… Duele tanto, tanto, tanto que es imposible concentrarte en algo cuando te encuentras en una crisis. La verdad es que no se lo deseo a nadie. Es un dolor que te cambia la vida”. 

La muchacha no sabía que sufría fibromialgia. Y precisamente por no saberlo fue que peregrinó por tantas consultas en busca de un nombre, al menos una referencia, algo que la acercara a la paz por un momento. “Se me dijo que podía tener lupus o cualquier otra enfermedad degenerativa; me hicieron cualquier cantidad de exámenes, entre ellos resonancias magnéticas, placas… Quisieron llevarme al quirófano para punzarme cada disco de la columna, pensando que mis dolores podían venir de una fractura por un accidente de tránsito que tuve, pero no me dejé. Hasta a un psicólogo me remitieron, diciéndome que lo mío era psicosomático”.

Cuenta su experiencia sin ganas de llamar a la compasión, pero sí para dejar claro que cuando rechaza la invitación a una fiesta (cosa dura a la edad de 27 años), o cuando deja de asistir a una entrevista de trabajo por el puro dolor que siente ese día (le ha pasado al menos una vez y quizás por ello hoy esté desempleada), no es que está exagerando.

La fibromialgia, hay que decirlo, ha sido abordada profusamente a nivel mundial, pero aún los investigadores no han dado con una causa precisa. Hasta el momento consideran que puede ser provocada por la combinación de varios factores, entre ellos una enfermedad infecciosa, un trauma físico o emocional, además de cambios hormonales. Pero la palabra en sí se refiere a dolor en los músculos y en los tejidos que conectan los huesos, ligamentos y tendones. Sin embargo, la imposibilidad de diagnosticarla a través de exámenes de laboratorio, de una radiografía, un análisis de sangre o de una biopsia muscular —pruebas que siempre saldrán normales, a pesar de que se tenga la enfermedad— hace las cosas aún más dolorosas para quienes la sufren.

Tal dificultad también tiene que ver con el delgado lindero que existe entre los síntomas de la fibromialgia y otras enfermedades. Por ejemplo, sus dolores son muy similares a los de una afección de las articulaciones, pero no se produce inflamación, por lo cual no se estaría hablando de una forma de artritis. Más se parece al reumatismo de los tejidos blandos; de hecho, en el Instituto de Neurología y Neurociencias Aplicadas de Ve- nezuela la califican como una enfermedad reumática más entre las muchas existentes.

La buena noticia de todo esto es que el Colegio Americano de Reumatología, cuyos miembros se especializan en enfermedades musculoesqueletales y trastornos inmunológicos, desarrollaron en 1990 las pautas para dar con el diagnóstico de la fibromialgia o, mejor aún, para descartarla. Dicho examen incluye un cuestionario y un examen médico que consiste en la evaluación de 18 puntos del cuerpo. Según los criterios establecidos por el CAR, una persona tiene fibromialgia si presenta un historial de dolor generalizado durante un mínimo de tres meses, así como dolor en 11 o más de las 18 zonas específicas de puntos hipersensibles del cuerpo que han definido los especialistas.

Entre cambios te veas
El dolor producido por la fibromialgia ha sido descrito en la documentación científica de diferentes formas, entre ellas: ardor, punzada, rigidez y sensibilidad; a lo que Dayana le agregaría ¡desesperante! Pero a esto le añade otro rosario de molestias que siente, coincidiendo también con lo que dicen los libros: fatiga moderada o severa, menor resistencia al esfuerzo, agotamiento típico por un cuadro gripal y falta de sueño. De allí que, entre los muchos diagnósticos que alguna vez le dieron a Dayana durante su viacrucis por los consultorios, no faltó el del síndrome de fatiga crónica o SFC.

No es gratuito, entonces, que quienes padecen esta enfermedad experimenten cambios de humor repentinos. Muchas personas, de hecho, se sienten ansiosas, tristes o decaídas (aunque, según las estadísticas que se manejan, aquellos que registran depresión clínica representan sólo 25 por ciento del total que sufre fibromialgia). Es por ello que algunos investigadores tienen la idea de que la enfermedad está conectada con algún tipo de depresión y ansiedad crónica, más allá de que también advierten que otras afecciones crónicas pueden provocar dichos estados psíquicos.

Las migrañas y dolores de cabeza, por otra parte, también aparecen como primer plato en el menú de molestias que afecta a un paciente con fibromialgia; al que se le suman los dolores musculares (tensión) y abdominales, estreñimiento alternado con diarrea (lo que se conoce como síndrome de colon irritable), así como los espasmos e irritabilidad de la vejiga que caracterizan ese pesado saco cargado por la joven Dayana, así como por alrededor de millón y medio de venezolanos que —según las estadísticas trabajadas por el Innap en 2005— también padecen fibromialgia.

mespinosa@eluniversal.com

 

¿COMO MITIGARLA?

Tratamientos
Aunque no existe como tal un tratamiento curativo para la fibromialgia, los dolores logran mitigarse a través de terapéutica física en la que participa muy activamente el paciente. Consiste, básicamente, en la aplicación de calor local y ocasionalmente frío, masajes y ejercicios para mantener la movilidad y fortalecer los músculos. Sin embargo, algunos pacientes —incluida la propia Dayana— aseguran haber tenido buenos resultados con la acupuntura para reducir sus dolencias y fases críticas de la enfermedad; no obstante, algunos investigadores han puesto sus dudas sobre esta práctica milenaria en lo que respecta a este padecimiento.

Medicación
Tradicionalmente se recetan medicamentos para la relajación muscular, así como analgésicos. En algunos pacientes resulta adecuado el uso de agentes hipnóticos, ansiolíticos o antidepresivos; y asimismo hay casos en los que emplean infiltraciones locales con anestésicos o corticoesteroides en puntos particularmente dolorosos.

Ejercicios
La actividad física es muy recomendada para reducir las dolencias de la fibromialgia, incluyendo en la lista el estiramiento muscular y el ejercicio cardiovascular de bajo impacto, como caminar y montar bicicleta. Eso sí, todo esto es recomendable siempre y cuando se haga de manera lenta y progresiva, pues de lo contrario podrían empeorar los dolores.

Fuentes consultadas: www.innap.com l www.familydoctor.org l www.fmnetnews.com
l   www.arthritis.org l  www.infodoctor.org l www.arrakis.es


 
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