| “Cerca de Tokio vivía un gran samurai. Acerca de él corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario. Cierto día un joven guerrero conocido por su agresividad pasó por la casa del samurai queriendo derrotarlo y así aumentar su fama. Primero le gritó y luego empezó a tirar piedras a su casa ante todos sus discípulos. Pero el samurai permaneció impasible, ignorando sus agresiones y al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró del pueblo.
Decepcionados sus discípulos ante el hecho de que su maestro aceptara tanta agresión e insultos del abusador sin hacer nada, le preguntaron:
-¿Maestro, por qué no usó su espada en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros?
El samurai repuso:
-Si alguien se acerca a ti con un paquete y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el paquete?
-A la persona que intentó entregarlo —respondió uno de los discípulos.
-Pues, lo mismo sucede con la rabia —añadió el maestro—; cuando no es aceptada sigue perteneciendo a quien la carga consigo”.
Esta semana fui a pedir información sobre un taller de pintura que quiero tomar desde hace algún tiempo. Iba con mucho entusiasmo porque significaba que por fin iba a cumplir con un viejo sueño, pero cuando llegué al sitio y busqué a la persona encargada me sorprendió la hostilidad de su trato y la poca colaboración que me brindó al yo pedirle que me aclarara algunas dudas con respecto al horario. Cuando salí de ese lugar pensé en tantas cosas: “Qué persona tan agresiva”, “cómo es posible que tengan a una persona así en la oficina de información”… pero después de un rato decidí que no me iba a dejar afectar. Me provocó devolverme a preguntarle: ¿por qué?, seguramente me diría que estoy equivocada y que por el contrario ella ha sido la persona más amable del mundo. Este pensamiento me llevó a recordar a otras personas y situaciones en donde la defensiva y poca amabilidad han sido causa de enfrentamientos y reacciones violentas, generando a veces graves consecuencias.
El nivel de agresividad en la calle es tan alto que a veces te sientes atemorizado de reclamar tus derechos frente a la actitud ofensiva y abusiva de otras personas que con viveza y audacia te irrespetan y pasan por encima de ti. Mientras más educado en términos de valores humanos sea alguien más amplio será su margen para tolerar, comprender y actuar con madurez, amabilidad y responsabilidad. Podemos cambiar esa circunstancia que amenaza nuestra seguridad y bienestar en la calle si estamos dispuestos a mantener una buena actitud, ser amables y serviciales y lo más importante de todo: dar a otros lo mejor de cada uno de nosotros sin esperar retribución a cambio. Uno de los problemas a resolver es que siempre tenemos una justificación para todo lo que hacemos, lo que hace más difícil el proceso de corregir nuestros errores y mejorar nuestra actitud. Asumir las equivocaciones con responsabilidad y cierta humildad en un momento dado marca el comienzo de un camino de revisión, dignidad y transformación personal. Los primeros beneficiados de ese cambio seremos cada uno de nosotros y, por supuesto, todas las personas con las que nos relacionemos a diario.
Sal a la calle cada día con el compromiso de sembrar un poco de tolerancia, amabilidad, solidaridad, respeto y buena actitud en los demás. Con tu ejemplo mantendremos viva la esperanza de tener un mejor lugar donde estar.
Para tener presente
Defiende tus derechos de buena manera. Cuando te sientas agredido o irrespetado por alguien respira profundo para calmar la emoción que te produce y encuentra las mejores palabras para hacer saber al otro que no permitirás que abuse de ti. No tienes que ser más agresivo para que te presten atención, sólo sé firme.
No hagas mala cara. Sonríe todo el tiempo. No hay nada más agradable que encontrarse con una persona alegre que comparte lo mejor de sí.
Sé paciente. Cuenta hasta cien si fuese necesario antes de dejarte llevar por la impaciencia. Recuerda que los demás actuarán diferente de ti; aprende a reconocer los aspectos positivos de los otros. Colócate en el lugar de ellos y baja tu velocidad.
Usa expresiones amables. Cada vez que entres en algún lugar, aunque esté lleno de personas desconocidas, saluda, di alguna frase agradable para suavizarles el día o simplemente usa los cumplidos.
Evita estar a la defensiva. Aprende a escucharte sin juzgarte para reconocer el tono emocional que usas cuando hablas, las palabras que dices, y los comentarios que haces. Así podrás canalizar las emociones negativas que te hacen actuar de esa manera.
“Es posible que tengas razones que justifiquen tu mala actitud, pero recuerda que las demás personas no tienen nada que ver con tus conflictos personales, así que no te descargues con ellos”.
¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien! l
HOLA MAYTTE. Te conozco porque mi mamá nos lee tu artículo todos los domingos y me gusta tu manera de ver la vida. A mi mamá no le gusta mi mejor amiga del colegio, ella dice que no es una buena influencia para mí porque no es excelente alumna, no vive con sus papás sino con la abuela y se viste un poco diferente. Pero yo la quiero porque ha sido buena amiga desde que llegué al colegio, ella me presentó a los demás. No sé cómo hacer para que mi mamá vea que es una buena persona. D S.
¡Me alegra saber que te gustan los artículos!... Nuestros padres siempre desean lo mejor para nosotros, y esto no excluye a los amigos. Los mejores amigos son aquellos que nos aceptan, nos apoyan, motivan e impulsan a lograr nuestros sueños, a actuar siempre de la mejor manera, que nunca nos proponen hacer algo que vaya en contra de nosotros mismos ni de otros y con los cuales tenemos una gran afinidad. Me parece que sería bueno que hablaras con ella para explicarle cuáles son las razones por las que defiendes tu amistad con esa persona. Cuéntale como te has sentido apoyada por ella, pídele que la conozca un poco más para que se dé cuenta de que es una buena chica. Dile que ella no es culpable de las decisiones que tomaron sus padres para dejarla al cuidado de su abuela, y que tal vez ustedes puedan brindarle un poco de sentimiento de familia en casa. También puedes ayudar a tu amiga a que suba sus notas y mejore su comportamiento. ¡Buena suerte!

HOLA MAYTTE. Tengo un amigo a quien quisiera ayudar a cambiar de actitud. El es muy buena persona, confía en todo el mundo y por esta razón ha tenido varios problemas. Como cree que todas las personas son buenas lo han estafado varias veces y ha perdido mucho dinero; la última vez fue terrible y todavía no ha podido superarlo. Yo le he hablado, pero no me escucha y me siento impotente. ¿Cómo puedo ayudarlo? M T.
A todos nos gustaría poder cambiar algunos aspectos de la personalidad o el comportamiento de nuestros seres queridos. Especialmente si esto los hace infelices. Pero en realidad no podemos cambiar a otra persona, sólo podemos cambiarnos a nosotros mismos dependiendo de la dificultad que encierre este proceso. Si tu amigo ha pasado varias veces por la misma situación es porque todavía no ha aprendido de ella. Confiemos en que esta crisis lo lleve a reflexionar y a transformar aquellas creencias y actitudes que tanto dolor le han causado. Mientras tanto apóyalo y deja de juzgarlo y de señalarle su error, lo último que quisiéramos escuchar cuando nos encontramos en una situación como esa es: ¡Yo te lo dije! El ya está lo suficientemente adulto como para reconocer su equivocación, evita poner más presión encima de él, pensando que de esta manera lograrás que lo entienda y cambie. Lo más importante es que está a tiempo de corregirlo. El necesita aprender a decir que no y a establecer límites que protejan su bienestar personal. ¡Hasta para dar debemos ser conscientes!

HOLA MAYTTE. En este momento me siento muy confundida y desanimada. Quisiera cambiar de trabajo porque no me gusta lo que hago, soy del interior y aquí no tengo muchos amigos. También quisiera mudarme de Caracas y empezar una vida nueva en una ciudad más pequeña, pero no sé qué hacer ni por dónde comenzar. ¿Me puedes dar alguna sugerencia?
La mayoría de las personas deseamos alcanzar ciertas metas en la vida. Pero no siempre resulta fácil conciliar lo que deseamos con la vida que llevamos. Antes de tomar la decisión de cambiar tu estilo de vida radicalmente piensa que mudarte o renunciar al trabajo no necesariamente va a darte la felicidad que buscas. Es posible que si no te tomas el tiempo para recuperar tu alegría donde quiera que vayas te sigas sintiendo de la misma manera. Comienza por buscar las cosas que te gustan de ti misma, esto te ayudará a sentirte mejor contigo. Escribe en un cuaderno todo lo que deseas y luego pregúntate si realmente quieres aquello que estás pidiendo y de qué manera te hará sentir mejor. Quita de tu vocabulario las frases como: “No podré hacerlo”, “nunca lo voy a lograr”, “¿y si me sale mal?” y en su lugar construye frases afirmativas para fortalecer tu confianza. Haz un plan que paso a paso te lleve a reunir la información y los recursos que necesitas para tomar la mejor decisión. Recuerda que necesitarás valor, voluntad, entusiasmo y perseverancia para renovar tu vida por dentro y por fuera exitosamente. ¡Tú puedes lograrlo!
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