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Simbolismo de
Las dos torres

Según el Diccionario de los símbolos de Jean Chevalier y Alain Gheerbrant, la imagen de la torre evoca a la torre de Babel, la arrogancia del hombre ante Dios, el castigo y la caída. El alto edificio también representa la construcción militar feudal, símbolo de vigilancia y de defensa. El segundo caso en Las dos torres es obvio: las torres son las fortalezas, los refugios y los receptáculos de grandes secretos. De hecho, una de las torres guarda una de las siete piedras que trajeran los exiliados de Númeror en tiempos ancestrales, reliquias mágicas que permiten la visión ubicua de amplias regiones, y que son codiciadas por Sauron, el Señor Oscuro.
En cuanto a lo primero, pareciera no haber una relación entre el asunto numinoso y Las dos torres. La saga de Tolkien, aunque está inspirada en antiguos relatos con fuerte contenido mitológico, sólo da noticia sobre la epopeya de la Comunidad del Anillo, y se mete muy poco con lo religioso. Sin embargo, en El Silmarilion, libro póstumo del autor, podemos leer en el Ainulindalë un relato que habla sobre la envidia y la rebelión del Ainur Melkor, uno de los preferidos del Creador Eru (acá es bastante claro el parelismo cristiano de lo ocurrido entre Luzbel y Dios). Melkor pervirtió y tomó a su servicio a Sauron, quien otrora también fuera un espíritu benéfico, para destruir a las criaturas de Eru. Con estos datos, el simbolismo queda explicado y todo calza a la perfección: la aventura tiene como transfondo la lucha entre el dios supremo y su ex dilecto angelito, y de allí la imagen de las torres. Algo más: en el tarot, el arcano XVI, la Torre herida por el rayo, expresa catástrofes y desgracias, desmoronamiento y ruina, y en el sentido positivo, según O. Wirth, el alumbramiento, la crisis saludable. ¿Y por qué dos torres? El dos representa la oposición entre el conflicto y la reflexión, el equilibrio realizado o las amenazas latentes. Representa evolución creadora o involución. Esta ambivalencia se ve en toda la novela: La Comunidad versus el enemigo, Saruman versus Gandalf, la evolución dolorosa de Frodo versus la involución de Gollum.

Los arcanos de las torres
Fedosy Santaella Kruk
Para fanáticos y principiantes, el Niño Jesús deposita en las salas del país, el próximo 25 de diciembre, la segunda parte de El señor de los anillos (Las dos torres). Este texto es un adelanto para que comience a deshacer el lazo del tan esperado regalo fílmico.

Los ultimos minutos de La comunidad del anillo son un espejo roto en tres fragmentos que marcan la separación de la Hermandad del Anillo. Tras una cruenta batalla muere el gran Borimir, y los Medianos se dispersan: Frodo y Sam cruzan sus propias aguas estigias en un bote (en alguna parte los espera su Caronte personal llamado Gollum), y Pippin y Merry han sido secuestrados por los Orcos. Aragorn, el heredero de Gondor; Gimli, el enano; y Legolas, el Elfo, van al rescate de estos últimos. Las cartas están echadas, el público se come las uñas, y entonces se termina la película. ¡Coñ..!
Ya casi ha pasado un año y, por fin, descubriremos algo más de los secretos arcanos de la saga de Tolkien, en la segunda parte de El señor de los anillos: Las dos torres. Los que ya se han leído el libro refrescarán la memoria, y algunos con pretensiones de iniciados se darán a la tarea de juzgar si el director Peter Jackson hizo un buen trabajo al recrear el segundo volumen de la trilogía. Pero cuidado con ser demasiado estrictos: una película no tiene que ser idéntica al libro que la inspira. Un film es la visión de un artista sobre la visión de otro artista, y jamás podrá ser literal. En el caso de este segundo libro de J.R. Tolkien, el asunto se hace todavía más complicado. Las dos torres, por ser el segundo de la trilogía, no tiene ni principio ni fin, y no sólo eso, la novela está dividida en tres grandes partes, por lo que la cosa se pone peliaguda. Se trata de las tres mismas historias que se abren al final de la Comunidad: la de Frodo, Sam y Gollum; la de Pippin, Merry y Bárbol; y la de Aragorn, su combo y la alianza con los hombres de Rohan, precedidos por el monarca Théoden. Nada fácil, nada fácil. Con razón, Jackson andaba de cabeza, angustiado, insomne, porque no tenía una idea clara del film que estaba haciendo. Ciertamente, el reto para el neozelandés es grande, tanto por su estructura como por el éxito de la primera película de la serie. La comunidad del anillo ha recabado más de 800 millones de dólares y un montón de premios, que incluyen entre los más destacables, cuatro famosísimas estatuillas del tío Oscar en las categorías de efectos visuales, maquillaje, banda sonora y fotografía. Tantos premios, por cierto, ocuparon demasiado el tiempo de Peter Jackson, quien se vio en apuros para terminar la edición de Las dos torres. Recordemos que la fotografía principal de la trilogía se filmó completa en poco más de un año, concluyendo en diciembre de 2000; es decir, Jackson realizó de un solo golpe tres películas. Así que el director ha tenido que dejar a un lado los compromisos de la fama para dedicarse a tener el film listo para su estreno en diciembre de 2002.

Secreto a voces
Esta segunda parte trae nuevos personajes. Generado por animación de computadoras, aparece por fin Gollum, perverso y extraño ser que alguna vez fuera el amo (casual) del anillo. Veremos al Ent Bárbol, la criatura más vieja de la Tierra Media, cuidador o "pastor" de árboles, cuyo aspecto no se distingue mucho de sus protegidos. A diferencia de Gollum, Jackson prefirió que Bárbol fuese una marioneta; su voz, también por decisión del director, la interpreta John Rhys-Davies, el mismo actor que encarna a Gimli. Vuelve Gandalf, ahora "El Blanco", y esto no es secreto para nadie, pues el regreso del mago está en el libro, y quien no lo haya leído, lo habrá visto en el trailer, pues Jackson decidió revelarlo de una vez por todas, pues un secreto a voces, lógicamente, deja de serlo. Habrá nuevos humanos: conoceremos a Théoden, rey de la Marca de Rohan (Bernad Hill), futuro aliado de la Comunidad en la lucha contra el mal; al aguerrido Eomer (Karl Urban), tercer Mariscal de la Marca de los Jinetes; a Eowyn (Miranda Otto), bella hija de reyes; y al detestable consejero de Théoden, Gríma Lengua de Serpiente (Brad Dourif). En cuanto al reparto original, nada ha cambiado: Viggo Mortensen, Elijah Wood, Liv Tyler, Cate Blanchett, Ian McKellen, Christopher Lee, John Rhys-Davies, Sean Astin y Billy Boyd continúan en sus respectivos roles. Sin embargo, Ian McKellen como Gandalf, y Elijah Wood como Frodo, sufren cambios. El primero será más luminoso, y el segundo se verá cada vez más jorobado, cansado y oprimido por el peso del anillo.
Agregando un tema que no está en el libro, y quizás para justificar la hermosa presencia de Liv Tyler, Jackson se extendió un poco más en la relación amorosa entre la elfa Arwen Undómiel (Tyler) y Aragorn (Mortensen), aunque Eowyn no pierde la oportunidad de hacerle ojitos al heredero de Gondor. No obstante, el gran momento de la película será la batalla del abismo de Helm, donde nuestros héroes se enfrentan a las huestes de Saruman en defensa de las tierras de Rohan. Se trata de unos cuarenticinco minutos de epopeya y efectos especiales de gran envergadura. Para esta batalla, Jackson se apoyó en Massive, el software creado por su equipo, que permite que cada personaje creado digitalmente actúe por su propia cuenta y ubique al enemigo respectivo sin necesidad de complejos trabajos de programación.
Así, la segunda parte de El señor de los anillos promete ser otra gran historia, que gira en torno a dos torres maléficas: La de Orthanc, desde la cual el oscuro Sauron reina, y la de Barad-dur, pertenenciente a su compinche, Saruman, el mago traidor. El final, claro está, quedará en suspenso hasta diciembre de 2003. Lo que pasará con el pequeño hobbit Frodo y el terrible anillo, todavía está por verse. De Jackson, esperemos que pueda dormir un poco una vez que haya terminado toda esta descomunal saga.

Fedosy@hotmail.com

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