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La nueva vida de
Chelsea Clinton

Hadley Freeman
Al parecer, la hija del ex presidente de Estados Unidos no le pierde pisada a sus padres: sigue los estudios de Bill y ha adoptado el look de Hillary. No obstante, muchos aseguran que ha encontrado su propio espacio, lejos de la ubicua presencia de sus progenitores.

Ya se inicio el segundo de los dos años más felices de Chelsea Clinton en la Universidad de Oxford. Es decir, eso es lo que su padre afirmó en un meloso discurso durante una conferencia del Partido Laborista. Gran Bretaña fue buena con él durante su permanencia en la Universidad de Oxford -continuó la lisonja-, y ha sido buena con su hija.
Ciertamente, Chelsea estuvo ocupada durante sus primeras vacaciones en Oxford. Mientras sus compañeros de estudios evitaron la lectura o la redacción de ensayos, Chelsea trabajó diligentemente abriéndose camino por la escena social británica.
Desde luego, fue a Wimbledon y asistió al lujoso baile estival de Elton John (a 1.500 dólares el boleto). Fue fotografiada luciendo un poco peor en busca de ropa en la elegante área del Soho de Londres; en el número de julio de 2002 de la revista estadounidense W, que se ocupa de todo lo que está a la moda y es fabuloso, en medio de lujosas fotografías se encuentra un retrato de Chelsea con sus padres y su novio (e, inexplicablemente, un patinador campeón de velocidad) "vacacionando en la casa de Oscar de la Renta". No es de sorprender que Bill tuviera que morderse el labio, maravillado, cuando hablaba acerca de la permanencia de su hija en Gran Bretaña.
Qué diferencia en relación con hace una década. En 1992, cuando ganaron su primer período presidencial, Bill Clinton y Al Gore llevaron a sus familias a la plataforma para celebrar. Los tres hijos de Gore, tan guapos como su padre, que se parece al muñeco Ken, brillaban fotogénicamente. Qué asimétrica lucía la familia de un solo vástago de Clinton, especialmente cuando aquella niña era todo pelo, dientes y gordura. Logró hacer un tímido saludo a la multitud seguido de un incómodo sonrojo.
Los programas satíricos se apresuraron a caricaturizar la falta de garbo de la púber de doce años. Diez años más tarde, una semblanza aparecida en Vanity Fair solemnemente la proclamó como "el nuevo John F. Kennedy Jr.".
No obstante, se trata de una comparación asombrosamente inapropiada. John F. Kennedy Jr. era conocido por dos razones: una cara atractiva y una supuesta falta de inteligencia, precisamente lo opuesto de lo que se ha presumido con relación a Chelsea. "En Estados Unidos nos gusta tener una realeza en el interior de nuestra democracia", dice David Halberstam, periodista ganador del premio Pulitzer. "Por consiguiente, la afirmación de que Chelsea sea una princesa política es predecible aunque un tanto forzada".

Sin lugar a dudas, ha sido una gran mediadora entre sus padres

Clinton había decidido no postularse a la presidencia en 1988 porque temía el efecto que la publicidad pudiera tener en Chelsea, para entonces de ocho años de edad. Cuando ganó en 1992, Hillary voló a Nueva York para pedirle consejo a Jackie Kennedy Onassis acerca de cómo criar a un niño en la Casa Blanca. Ella le recomendó: "Sé feroz al mantener aparte lo público de lo privado".
No obstante, la vida privada de Clinton se tornó más pública que la de cualquier otro presidente de la historia. Sin embargo, Chelsea siempre se mantuvo apartada. Las solicitudes de entrevistas o comentarios de la hija del ex presidente siempre se encontraron con la firme negativa de la Casa Blanca. Incluso ahora, a pesar de sus recientes incursiones en los circuitos de fiestas de Londres, Chelsea sigue mostrándose esquiva. "Nos encantaría invitarla a nuestras fiestas", se quejó un prominente agente de relaciones públicas de eventos sociales. "Sin embargo, no sabemos cómo llegar hasta ella". De hecho, en 2001 la mayoría de las invitaciones para Chelsea se enviaban a su habitación de la Universidad de Oxford, pero eso ya no es posible, pues el año pasado contrató una dirección pública, hecho que ameritó una mención destacada en casi toda la prensa sensacionalista británica.
Chelsea aprendió posteriormente a separar la escena pública de la vida de sus padres de lo privado. Cuando el escándalo Lewinsky se encontraba en su apogeo, acompañaba orgullosamente a su papá en sus viajes, mientras su humillada madre se mantenía apartada. Una de las mejores imágenes de Chelsea durante la presidencia de su padre se vio en el transcurso del caso Lewisnky cuando, luego de que Bill Clinton hubo admitido que su interpretación de las relaciones sexuales podía diferir de la de los demás, la familia se dirigió hasta su helicóptero. Sus padres se rehuían mutuamente la mirada, con los hombros caídos; sin embargo, Chelsea parecía relajada conforme caminaba entre los dos, sosteniéndoles las manos.
"De alguna manera, Chelsea separa las dificultades que han atravesado sus padres de sus relaciones con ellos", dice Scott Pelley, corresponsal en jefe del programa 60 Minutos II ante la Casa Blanca entre 1997 y 1999. "Y si a Bill Clinton le quedara tan sólo un amigo en todo el mundo ése sería Chelsea".

Desde pequeña, buena amiga de su padre

Si bien su decisión de estudiar en Oxford pudiera verse como un intento de distanciarse de la sombra de sus padres, también puede considerarse como una vuelta al rebaño familiar, a la vez que mantiene a raya lo que Pelley denomina "la mirada candente de los medios norteamericanos".
Chelsea no sólo escogió ir a la misma universidad de su progenitor, sino que también optó por la misma facultad. Cuando Clinton acompañó a su hija a Oxford en octubre de 2001, la llevó a realizar un recorrido sentimental por la ciudad, señalándole la cornisa de la ventana que usaba para mantener sus botellas de leche como estudiante universitario hace 33 años.
De manera similar, cuando mostró su corte de pelo en los desfiles de moda de París a principios del año pasado, no fue muy difícil percibir según quién estaba modelando su imagen: un periódico la llamó una "Mini-Me de Hillary" (su novio de Oxford, Ian Klaus, con su beca de Rhodes, su interés y su cabello inflado, podría ser un Mini-Me de Bill).
Es posible pescar las puntas verbales hacia Chelsea de parte de algunos estudiantes de Oxford ("Estamos tropezándonos siempre con sus guardaespaldas: son un verdadero fastidio", se quejaba uno; "Con frecuencia se sienta en la ventana de los restaurantes, lo cual es un poco extraño para alguien que trata de mantenerse de bajo perfil", murmura otro), pero, en general, su imagen es notablemente convencional: va de tiendas a la calle principal, toma café en el restaurante de sándwiches local, "donde siempre hace la cola", dice un estudiante de manera elogiosa. Cuando el equipo universitario de fútbol venció a la difícil Universidad de Loughborough, ella y su novio celebraron con ellos y les compraron cuatro botellas de champaña.
Sus compañeros de estudios le han mostrado reciprocidad manteniendo una leal discreción. Un estudiante que vendió un reportaje acerca del novio de Chelsea a una revista por casi 1.200 dólares (tras exigir originalmente 7.500 dólares) es descrito severamente como "patético y miserable".
Hemos visto a la Chelsea patito feo, la Chelsea hija solidaria y, desde su llegada a Gran Bretaña, la Chelsea social: hela allí bebiendo con Bono y sentada junto a Destiny's Child. Descrita alguna vez como "el perro de la Casa Blanca", Chelsea es en la actualidad, en palabras de Geordie Greig, editor de la revista social Tatler, "una de las personas que más invitaciones recibe".
El pasado verano estuvo circulando con el tipo de celebridades más asociado con la revista Heat que con la "realeza política" norteamericana. Hasta llegó a figurar en la lista de las diez chicas más célebres, en compañía de la modelo Sophie Dahl y Zara Phillips, hija de la princesa Ana. No obstante, a pesar de cumplir eficientemente todos los deberes sociales de una joven celebridad (¿pasada de tragos en Groucho?; ¿cayéndose al salir de una limusina?), sigue siendo una figura curiosamente privada.
"Chelsea es una invitada que todos se disputan, pero aun cuando ha sido fotografiada en varios eventos de alto perfil, realmente no asiste a tantos", dice Graig. Sin embargo, quizás Chelsea haya encontrado un mundo nuevo en el cual surgir, lejos de la ubicua presencia de su padre. Graig, aunque no la describe precisamente como un petardo social, alaba que sea "una gran conversadora, como su padre". No obstante, no cree que se encuentre trazando deliberadamente "una trayectoria social": "No está realmente ascendiendo escala social alguna, sólo divirtiéndose".

De compras con su novio, Ian Klaus

"De la mejor manera", añade uno de sus ex compañeros de estudios de Stanford, "Chelsea aprovecha lo que sus padres pueden ofrecerle, pero sin restarle importancia". De hecho, ha venido moviéndose hacia el ojo público en los últimos años. Cuando acompañaba a sus padres en los viajes, ella y su madre conversaban con los periodistas en la parte posterior del avión acerca de asuntos políticos "y a veces corregía a su madre", dice Pelley. Actualmente, está realizando estas incursiones sin sus padres. Pocos días después del 11 de septiembre, Pelley transmitía en vivo a las puertas de la Oficina de Personas Desaparecidas en Nueva York. El automóvil de Clinton se detuvo y Pelley hizo una breve entrevista al ex presidente. Luego, cuando éste se disponía a alejarse, Chelsea extendió el brazo fuera del auto y tomó a Pelley de la muñeca. "Entonces le dije: 'Disculpe, señorita Clinton, ¿tiene algunas palabras que decir?', y comentó que se había encontrado a tan sólo unas cuadras del World Trade Center cuando todo ocurrió y lo que aquello significaba para los jóvenes estadounidenses".
"Lo que estamos presenciando", dice Halberstam, "es que se acerca calladamente a su madurez". Se trata de una persona lista y modesta que ha manejado muy bien diez años de escrutinio público y está tratando de labrarse su propia identidad de acuerdo con sus propias especificaciones y no las de los medios".
Con frecuencia los partidarios de Clinton han mencionado su deseo de dejar "un legado". "Creo que Bill siempre soñó con ser venerado, como es Kennedy, como lo ha sido toda la familia Kennedy", dice un antiguo periodista político norteamericano. De ser así, entonces el muchacho de la ciudad de Hope ha fracasado en esta ambición en particular. El falible, amigable y fálico Clinton no podrá jamás ser idolatrado.
No obstante, quizás por intermedio de Chelsea tenga una segunda oportunidad de dejar su huella.



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