Consumidos
por la maldad
Los caníbales de hoy son personas que se comen a otros humanos por la pervertida emoción que sienten al hacerlo o sólo por diversión
Probablemente el caníbal más infame de Estados Unidos sea Ed Gein, quien vivía en una granja cerca de Plainfield, Wisconsin. En un lapso de dos años, su padre y su hermano murieron. Durante el mismo período, la madre de Ed sufrió un ataque de apoplejía que la dejó inválida. Falleció un año después.
Ed, quien ahora vivía solo en la granja, se tornó bastante extraño. Durante el día era de suave hablar y a menudo trabajaba cuidando los hijos de sus amigos. Por las noches robaba las tumbas de entierros recientes y transportaba cuerpos femeninos a su granja. La caída de Ed comenzó cuando se graduó de asesino. En noviembre de 1957, entró en una ferretería en Plainfield, tomó un rifle calibre 22 que estaba en exhibición y lo cargó. Luego le disparó y mató a la propietaria, la señora Bernice Warden.
El hijo de Warden, Frank, no pudo encontrar a su madre, pero descubrió que Gein había estado en la tienda. Notificó a la policía, que corrió a la granja de Gein. Los agentes quedarían estupefactos.
Al entrar en la finca, se toparon frente a frente con la impresión en yeso del rostro de una mujer clavada en la pared. En una repisa encontraron 10 cráneos seccionados a la altura de las cejas. Los cráneos habían sido usados como cacerolas de cocina.
La policía también encontró unos leotardos para adultos hechos de piel humana. Un corazón humano hervía a fuego lento en una cacerola sobre la hornilla. En un cobertizo, los oficiales de policía hallaron el cuerpo descuartizado de una mujer que colgaba de los talones. Los agentes se sintieron como si la tierra se los hubiera tragado y estuvieran en las profundidades del infierno.
Ed fue detenido y de inmediato relató con detalle sus extravagancias. Resultó que Ed era caníbal, necrófilo, ladrón de tumbas, asesino y travestí. Se le declaró demente y lo confinaron de por vida en el Waupan State Hospital, donde murió el 26 de julio de1984.
Fritz Haarmann era un hombre malvado. Al final de la I Guerra Mundial, Fritz, de 39 años, se encontraba en Hanover, Alemania. La ciudad estaba atestada de ciudadanos hambrientos y mal vestidos que pasaban mucho trabajo para lograr subsistir.
Un floreciente mercado negro tenía su base de operaciones en la Estación Ferroviaria Central y sus alrededores, la cual quedaba al cruzar la calle desde el mercado Schieber. Allí, prostitutas, pervertidos, rateros y fugitivos de la ley robaban y vendían cualquier cosa a la que pudieran echarle mano.
Fritz se sintió como en casa. En seis meses se había establecido como carnicero e informante de la policía. Fritz ofrecía precios más bajos que cualquiera de sus competidores cuando se trataba de proporcionar un buen filete a sus clientes. Por supuesto, él tenía un secreto.
Invitaba a muchachos sin hogar a su apartamento con la promesa de una comida y una cama. Los mataba y vendía carne humana en su carnicería. En 1919, Fritz tenía un joven cómplice, Hans Grans, quien le facilitaba engatusar a los jóvenes para que cayeran en sus garras.
Durante cinco años, Fritz y su peculiar negocio prosperaron, pero el 17 de mayo de 1924, un grotesco descubrimiento condujo a su captura. Varios chicos que jugaban en las riberas del río Leine encontraron un cráneo. La policía recuperó huesos procedentes de 22 cuerpos. Las residencias del área fueron registradas. Cuando la policía revisó el apartamento de Fritz y encontró su sala de matanza, todo quedó al descubierto.
Fritz confesó haber cometido entre 30 y 40 asesinatos. Durante su juicio admitió haber comido parte de sus víctimas y vendido carne humana en su carnicería. Grans, quien lo había ayudado en muchos de los asesinatos, fue encontrado culpable y sentenciado a cadena perpetua.
Fritz Haarmann fue declarado culpable de 24 asesinatos. En 1925 lo ejecutaron mediante decapitación.
El pequeño anciano de cabello gris parecía un abuelo común y corriente. Nadie lo relacionaba con lo que verdaderamente era: un repulsivo ser que agredía sexualmente a niños, además de caníbal. El 3 de junio de 1928, Albert Fish pasó por la residencia de la familia Budd en Nueva York.
Usando el alias de Frank Howard, Albert se presentó en el sitio en respuesta a un aviso de empleo que había publicado en los diarios Edward Budd, de 18 años. Dijo que era granjero y que contrataría a Edward para que le ayudara en la finca. Tan encantador se mostró el anciano caballero que los Budd le permitieron a su hija de 10 años, Grace, acompañarlo a una fiesta infantil esa misma tarde. Albert llevó a Grace a una cabaña desocupada, la estranguló y procedió a comer partes de su cuerpo.
Transcurrieron seis años. Por motivos que sólo él conocía, Albert escribió una carta a la familia Budd en la cual describía la suerte que había corrido su hija desaparecida. La carta fue entregada a la policía, y los oficiales pudieron rastrear su origen hasta el insensible victimario.
Una vez detenido, reveló que había arrojado varios huesos cerca de un muro de piedra detrás de la cabaña donde había asesinado a Grace. Los detectives lo acompañaron hasta el muro de piedra y allí recuperaron lo que quedaba de la pequeña.
Albert confesó que había llevado una vida de depravación. Afirmó que había agredido sexualmente a más de cien niños. Aunque sus abogados alegaron demencia, se determinó que el hombre era cuerdo a los ojos de la ley. Antes de ser colocado en la lista de sentenciados a muerte que esperaban su ejecución en la prisión de Sing Sing, confesó otros cuatro asesinatos de jovencitos. Albert fue electrocutado el 16 de junio de 1936.
La tarde del 13 de julio de 1970, la policía arrestó a Stanley Baker y su compañero de viaje cerca de Lucia, California. Stanley desconcertó a los oficiales cuando aseveró: "Tengo un problema, soy caníbal". Luego metió una mano en un bolsillo y sacó varios huesos pequeños. "ƒstos no son huesos de pollo. Son dedos humanos", dijo. Logró captar la atención de los agentes.
Tres días antes de este incidente, un pescador había visto un cuerpo humano atrapado en algunos juncos en el río Yellowstone. No era el cadáver de una víctima de ahogamiento. Estaba vestido sólo con pantalones cortos. La cabeza y los brazos estaban ausentes, y ambas piernas habían sido cortadas a la altura de las rodillas. Al hombre, que había recibido 25 puñaladas, le habían retirado el corazón.
La policía sospechó que el cuerpo horriblemente mutilado era el de Peter Schlosser, de 22 años, quien había entrado en el parque de Yellowstone para acampar unos días atrás. La policía buscaba activamente a Peter y su auto, un Opel Kadett amarillo de 1969.
Tres días después de que se encontró el cuerpo en el río, el Opel Kadett estuvo involucrado en un accidente con una camioneta pickup. El dueño de la camioneta llevó a los dos hombres que conducían el otro vehículo hasta el teléfono más cercano, dado que su auto había sufrido un considerable daño. Mientras estaba en la cabina telefónica, los dos hombres saltaron de la camioneta y corrieron hacia el bosque. Sólo se necesitó media hora para determinar que el Opel chocado pertenecía a Peter Schlosser. Pocas horas después, ambos sujetos fueron detenidos mientras pedían un aventón en la carretera. Fue entonces cuando Stanley hizo su insólita declaración. Luego confesó que había sentido la imperiosa necesidad de comer carne humana desde que había recibido tratamientos de electroshock a la edad de 17 años.
Stanley juró que su compañero de viaje, Harry Stroup, no estaba involucrado en el asesinato. Le dijo a la policía que Schlosser los había recogido en su auto y que le había disparado dos veces en la cabeza antes de apuñalarlo repetidamente con un cuchillo. Stanley afirmó que había comido el corazón de la víctima y se había guardado varios dedos en su bolsillo. Arrojó el resto al río antes de tomar el auto del muerto. Cuando lo registraron, la policía encontró que Stanley cargaba la Biblia satánica, una lectura obligada para los adoradores de Satanás. Stanley fue declarado demente y confinado a una institución para enfermos mentales.
Traducción: José Peralta. ilustraciones: David M árquez. davidmarquez@cantv.net
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