Julio Bocca
La despedida
Quien fuera considerado como el mejor bailarín del mundo, tocará nuevamente el suelo venezolano los días 29 y 30 de septiembre, como parte de su gira de despedida de los escenarios del planeta. Poco antes de su llegada al país, el artista argentino ofreció una entrevista a Estampas. Idalia De León. Fotos: Cortesía Emisora Cultural de Caracas
 Faltan 818 dias para que el bailarín argentino, Julio Bocca, se retire definitivamente de los escenarios del mundo. Así lo especifica un cartel, que a manera de cronómetro se encuentra en su página web. La fecha pautada es el 22 de diciembre de 2007 y, para ese momento, el célebre artista tendrá 40 años.
Dicen que Bocca es al ballet lo que el gran Guillermo Vilas fue al tenis argentino. Después de Maradona, es la celebridad con vida más admirada por la mayoría de sus compatriotas, pero a diferencia del controvertido futbolista no protagonizó escándalos que mudaran su nombre de la sección de cultura y espectáculos a la de farándula, aunque su vida privada, sin embargo, siempre fue blanco de suspicacias.
Después de 24 años de carrera, Bocca se está despidiendo definitivamente de los escenarios que lo vieron crecer como artista, y en donde se lució al punto de ser considerado el mejor bailarín del planeta, privilegio que sólo han recibido muy pocos, entre ellos Mikhail Baryshnikov y Rudolph Nureyev. Una megagira lo está llevando a recorrer medio mundo, y lo trajo hasta el recinto en el cual inició, a los 15 años, su vida profesional como bailarín invitado del Ballet del Teatro Teresa Carreño. Allí ofrecerá sendos espectáculos con su propia compañía, el Ballet Argentino, que para esta ocasión trae a las primeras figuras Hernán Piquín y Cecilia Figaredo, y como invitada especial, a la Primera Bailarina Ana Sophia Scheller, del New York City Ballet, la nueva promesa argentina del ballet.
Disfrutar es el verbo que más conjuga Bocca por estos días y no vacila en repetirlo continuamente. Al otro lado del teléfono se intuye una persona relajada, simpática, de risa fácil; parece haber dejado atrás la parquedad que lo caracterizó y que tanto incomodó a los periodistas en una época. Y es que a este artista la popularidad fue un traje que nunca le sentó bien. A pesar de haberse rodeado del jet set internacional, de tener entre sus admiradoras a la reina Sofía de España, y a celebridades como Isabella Rosellini, y de haber vivido un veloz romance con Claudia Schiffer, prefiere el lugar del cortesano, del que puede irse de la fiesta cuando quiere y no cuando debe. En Caracas hay quienes lo recuerdan cuando sólo era un pibe y “Julito”, como le decían, hacía su ruta hacia Parque Central, lugar donde vivía cuando daba sus pininos en el teatro Teresa Carreño. Epoca en la que ya perfilaba su personalidad tímida, concentrada y entregada a su oficio con empeño de obrero. Se vale de un chiste para aclarar que si llegó no fue sólo por esfuerzo. “De no ser porque tuve la suerte de aparecer justo al final de las carreras de estrellas como Baryshnikov o Nureyev, creo que no hubiese tenido tantas posibilidades, por venir desde tan abajo, del sur —refiere sonriendo—. No nos olvidemos que lo que viene de Rusia es lo mejor aunque no lo sea”.
Suerte o no (o no, resaltemos), ya Bocca tiene 38 años, y la piel la tiene curtida de idas y venidas. Todo empezó cuando en 1985 obtuvo la medalla de oro en el Quinto Concurso Internacional de Danza de Moscú. Al año siguiente ingresó al American Ballet Theatre, y al mismo tiempo bailó como artista invitado con el Royal Ballet de Londres, el Bolshoi de Moscú y el Kirov de Leningrado. De allí en adelante se paseó por los mejores teatros del orbe. Su empeño por mostrar el ballet a los sectores populares, lo llevó a cumplir la hazaña de reunir a unas 100 mil personas en la mítica Bombonera, el estadio de fútbol del equipo Boca Juniors. Cuando apenas tenía 23 años creó la Compañía Ballet Argentino que este año llega a los 15 de fundada, y con la cual le ha dado la vuelta al mundo. También tiene una fundación que lleva su nombre donde funciona una escuela de danza y otra de comedia musical.
No recuerda bien cuándo fue la última vez que trajo un espectáculo a Venezuela, pero sí que es un placer para él volver “salgan bien o no las funciones —dice—. El público siempre me ha respetado y me ha dado su cariño”. A ese público ofrecerá dos programas, uno para cada día:
“Estamos llevando dos programas. Algunas obras que recién estrenamos. Tango Brujo es una de ellas, y es una fusión de tango con música de Manuel de Falla como Amor Brujo y El Sombrero de tres picos. La historia es una pelea por el amor de una mujer; la fuerza de lo que es el flamenco y el tango. También llevaremos Piazzola tango vivo, que tenemos muchos años haciéndola. La pieza no tiene un argumento, sino que la conforman diferentes obras de Piazzola, donde hay dúos y tríos de bailarines, y en donde yo hago un solo con una mesa. También estamos haciendo, en homenaje a su centenario de nacimiento, obras de George Balanchine como Allegro Brillante y Tarantela. Asimismo estamos llevando, de Twyla Tarp, Sinatra Sounds y Little Ballet, ésta última fue concebida exclusivamente para Baryshnikov, esta pieza nunca se ha llevado a teatro, pues fue creada para una producción de televisión”.
¿Cuál ha sido su mayor aporte al ballet?
“En Argentina fue popularizarlo, que la gente viera el ballet de otra forma, que lo respetara y no lo observara como algo raro. Dándole más posibilidades a la gente para que monte sus compañías, haga sus propias coreografías. Siempre digo que tuve la suerte de llegar al final de las carreras de esas grandes figuras como Mikhail Baryshnikov, Rudolph Nureyev o Vladimir Vasiliev, de estar dentro de ese maravilloso grupo de gente, con quien pude compartir escenarios, aprender de ellos, que han visto mi trabajo, que me han dado su opinión”.
¿En qué medida ha influenciado a esa gente que vio ballet por primera vez gracias a usted? ¿Qué tanto cree que ha transformado a ese público?
“Creo que lo más importante es que se le dio la oportunidad de elegir a un tipo de gente que a lo mejor no se animaba a ver ballet. Uno a veces habla del ‘entendido’ ¿pero cuánta gente entiende realmente lo que uno hace? si para nosotros a veces es difícil entender lo que hacemos. Por ejemplo, hay diferentes estilos dentro de la danza clásica: el italiano enseña de una manera, el francés de otra; es decir, una postura, una manera de colocar los brazos o las piernas puede tener diferentes visiones y nadie puede decir que esté mal. Lo importante es que la gente pueda disfrutar, salir riéndose del teatro, o triste, recibiendo algo de lo que le da el artista. Por eso siempre hago espectáculos diferentes, mezclo lo contemporáneo con lo clásico, combino música, la cual, para mí, está hecha para bailarla, para disfrutarla. Pienso que la danza es un arte de los más completos, donde se conjuga lo visual, lo auditivo, lo estético, lo plástico, lo teatral; y no exige saber ningún idioma para entenderlo. Todavía encuentro, aun cuando ya llevo 24 años de carrera, quien me diga: ‘es la primera vez que vengo a verte’. Para mí es maravilloso saber que hay gente nueva que intenta ver ballet”.
Usted dijo que lo que más le gustaba en el mundo era bailar en un escenario y que, incluso, se sentiría muy triste si no pudiera seguir haciéndolo ¿Cómo imagina su vida a partir del día siguiente del espectáculo que marca su retiro definitivo?
“La verdad, no me imagino nada. Estoy disfrutando mucho el día a día. Creo que en la medida en que uno va creciendo, adquiriendo un montón de experiencia, no sólo en la vida profesional sino en la vida personal, aprende a vivir el momento, a disfrutar, y ahora lo que estoy haciendo es eso. Disfrutar lo que esté bailando, no importa qué ni donde. ¿Lo que viene después?, no sé. Me imagino, quizá, no haciendo nada, tomando cerveza, tirado panza arriba. Me imagino viajando como turista. Acá en Buenos Aires tengo una escuela de comedia musical y de danza, en la que tenemos 600 alumnos. Tengo la Fundación Julio Bocca, en la que doy becas a chicos para que puedan venir a estudiar a la capital; llevo adelante el Ballet Argentino que ya cumplió 15 años. También recibí una propuesta para trabajar en el American Ballet como maestro. Soy miembro de la Sección Danza de la UNESCO. Mi socio y yo somos dueños del Teatro Maipo (Buenos Aires), en el que se hacen diferentes montajes, drama, comedias musicales. De manera que tengo mucho para hacer, no es que no voy a hacer nada después de que me retire de los escenarios. Pero quizás ese día después voy a agarrar una borrachera, voy a quedar terriblemente descompuesto, pero feliz. Quizás voy a llorar mucho, eso es seguro”.
¿Queda entonces claro que no le preocupa que la fecha de retiro esté tan cerca?
“No, no me preocupa. Al contrario, he estado despidiéndome de unas obras que fueron importantes en mi carrera. Quiero darle la posibilidad a mis fans de que vean los montajes por última vez. Es como que poco a poco me estoy retirando, pero al mismo tiempo no. Es difícil expresar este tipo de cosas. Por ejemplo, cuando hice Don Quijote por última vez no estaba triste. No es que me sentía mal por estarlo bailando por última vez. Fue algo que hice por muchos años, y creo que terminé con una muy buena función. Quiero disfrutar eso, ese recuerdo que me queda; el saber cuando uno dice ‘basta’, que uno tiene sus límites y aceptarlos, y dejar que otra gente más joven empiece a crear esos personajes”.
 ¿Qué es lo que más afecta a un bailarín: una lesión o la disciplina?
“Hay de todo un poco. En esta carrera si no tienes disciplina no llegas a ningún lado. Puede que llegues, pero lo importante también es mantenerse. Nunca fue de mi agrado ensayar y hacer clases, pero sé que lo necesito para crecer, para mejorar. Después, las lesiones no son cosas que uno programe. Yo ya llevo siete operaciones y, sin embargo, sigo estando. Sigo luchando. Muchas veces se trabaja con dolor; por ejemplo, en mi rodilla izquierda ya no tengo ni cartílagos ni meniscos, sino hueso con hueso; no obstante, uno sale al escenario y se olvida de todo”.
¿Se comentaba que su técnica era muy superior a la de su compañía? ¿Qué opina al respecto?
“A una compañía siempre le lleva sus años formarse, encontrar un estilo, un repertorio. Por supuesto que a lo mejor yo tenía más experiencia que los chicos que contrataba, pero si la compañía ya lleva el tiempo que tiene es porque la gente vio un trabajo, un crecimiento, un progreso. La compañía está en muy buen nivel, tenemos un repertorio más amplio. Me fascina ver como estos jóvenes van creciendo”.
¿Cómo ha sido su relación con la fama, el dinero?
“He pasado por muchos momentos, y creo que he terminado con los pies puestos en la tierra. Con el dinero no me ha ido mal. No es una carrera en la que ganes millones, como puede hacerlo un cantante de ópera o un jugador de fútbol. Por otra parte, el dinero que entra a mis bolsillos se va para todo lo que tengo. Soy el que mantiene la escuela, la Fundación, el Ballet Argentino, no tengo sponsors, todo sale de mi bolsillo. Mientras más funciones haga, mejor, de lo contrario, la situación se me complica. Pero no me quejo, me da satisfacción llegar a fin de año y ver las funciones de la escuela, los niños que recién empiezan. Es maravilloso”.
Cuando se lee su biografía se intuye que usted es un hombre de éxito a quien la fama no le ha afectado notablemente. ¿Cómo lo ha logrado?
“Creo que me ha ayudado tener muy buenos amigos, una familia, y, sobre todo, darse cuenta de lo que uno vale, de lo que uno sirve. Si uno está seguro de quién es no hace falta hacer escándalo para llamar la atención”.
¿A quién considera su sucesor?
“Hay mucho talento, gente joven que hace cosas maravillosas. Antes, en mis inicios, hacíamos siete u ocho giros, como mucho; ahora ellos hacen 10 ó 15 como si nada. Me temo que se olvidan un poco de la parte artística, de crear un personaje, de tener una personalidad arriba del escenario. Están muy preocupados por las acrobacias y se olvidan de lo otro. Hay una gran figura joven en el American Ballet, Angel Corella. Todavía tiene mucho talento para expresar”.
¿Qué recuerda del maestro Vicente Nebrada, a dos años de su desaparición física?
“De él recuerdo cosas muy lindas, la forma como daba sus clases, la manera en que te hacía bailar... No se preocupaba sólo por lo técnico, sino por la musicalidad, eso de usar todo el cuerpo, que el bailarín no se convirtiera en una maquinita; todo esto el maestro lo enseñaba maravillosamente. También recuerdo su carácter, su forma de ser, siempre me trató con mucho respeto cuando yo no era nadie”.
¿Cuál es el estado de la danza clásica en el mundo?
“Estable. No ha crecido ni ha decaído. Está como en aguas quietas”.l
Pax de deux
¿Quién es la persona
más interesante
que ha conocido?
“¡Son varias! Norma Leandro, Baryshnikov,
Nureyev, Liza Minelli,
Julia Roberts …”.
¿Qué le hace sonrojar?
“A estas alturas, nada”.
¿Cuál es el principio
que nunca sacrificaría?
“La honestidad”.
¿Sin qué no puede vivir?
“Sin una cerveza”.
¿El sonido que más odia?
“El de las bombas”.
¿Dónde quisiera
estar ahora?
“¡Ah!, en una playa
del Caribe”.
¿Un ritual diario?
“Mis clases y ensayos”.
¿A qué le tiene miedo?
“A la soledad”.
¿El talento que desea?
“Cantar”.
¿A quién resucitaría?
“A mi abuelo Nando”.
¿Qué le hace perder
el control?
“La falta de respeto”. |
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