| La carga de Blodwen
A veces el asesino capta la simpatía en la sala de juicio.
Max Haines
SE HA DICHO que el asesinato perfecto es aquel donde el vil hecho nunca se reconoce como un crimen. Obviamente, los detalles de la gran mayoría de estos casos nunca se hicieron públicos.
Esta historia es una excepción. El asesino se desenmascaró años después del evento y reveló que se había producido un asesinato y cómo se había cometido.
John y Blodwen Carsfeld, de Gales, llevaban muchos años felizmente casados, cuando el 3 de mayo de 1957, John fue aplastado hasta morir con una carga de grava. La apenada esposa fue abandonada con pocos fondos monetarios, pero con tres hijas dependientes, Susan, de dos años y medio; Sarah, de año y medio; y Sheila, de seis meses. Por necesidad, se trasladó a vivir con sus padres, Paul y Rosalyn Morgan. Así es como conoció al apuesto Frank Bayle, un hombre adinerado que era conocido de los Morgan. Blodwen, una mujer atractiva de 22 años, atrajo el ojo de Frank. No importaba si ella estaba aún de luto por la pérdida de su marido. Blodwen se convirtió en la señora de Frank Bayle.
El matrimonio fue un gran éxito. Las hijas de Blodwen se sintieron de inmediato atraídas hacia el generoso Frank. Según pasaban los años, sólo la hija mayor, Susan, recordaba lejanamente a su padre biológico. Frank se convirtió en el padre de las niñas en el más amplio sentido de la palabra.
Pasaron dieciséis años de paz marital antes de que se hiciera evidente que Frank, aunque un proveedor excelente para la familia, tenía debilidad por las mujeres jóvenes. En su momento, Blowden descubrió los pecadillos de su marido. Decidió no hacer nada al respecto, principalmente, porque no había mucho que pudiera hacer. Además, según se ilustrará en futuros eventos, ella tenía una naturaleza pasiva, lo que le permitía evitar confrontaciones desagradables. Cuando Blowden escuchó que su Frank estaba yendo de un lado a otro con su secretaria de 24 años, Doreen Soupton, se sintió dolida, pero decidió hacerse la loca y mirar hacia el otro lado.
El 8 de septiembre de 1975, repentinamente, Frank Bayle abandonó Gales. El mismo día, Doreen, quien había estado planeando marcharse, no logró ser encontrada por ningún lugar. Los buenos habitantes de Gales tenían el conocimiento matemático suficiente como para saber que dos más dos, indudablemente, son cuatro. No cabía duda sobre ello. Frank y Doreen se habían escapado juntos. Blowden confirmó lo obvio.
Sin embargo, Frank no fue tan malvado: dejó tras él todo su dinero y posesiones. Evidentemente sentía que Blowden se había ganado la herencia que la mantendría perfectamente a ella y a sus hijas. El también podría haber decidido empezar una nueva etapa totalmente fresca con otra mujer. Ni Blowden ni Frank se preocuparon por las formalidades de pedir el divorcio.
Dos años y medio más tarde, Blowden Bayle confió la siguiente historia al vicario, quien le aconsejó que llamara a la policía.
Frank había estado obsesionado con el sexo. El la había perseguido incansablemente, aun cuando estaba guardando luto por la muerte de su esposo. Ocho meses después del fallecimiento de su marido, tuvo éxito seduciéndola. Ella estaba avergonzada, pero no podía hacer mucho. Frank era un buen amigo de sus padres y a menudo pasaba las noches en su casa.
Con su actitud pasiva, se convirtió en algo así como su esclava sexual. Cuando le pidió que no usara ropa interior, le hizo caso. Ella y Frank tuvieron sexo en cualquier momento y en los lugares más extraños. El la presionó para casarse. Ella no estaba enamorada, pero sabía que él era un hombre guapo que podría proveer a ella y a sus tres hijitas todas las necesidades materiales.
Cuando se aproximaba el cumpleaños número 40 de Blowden, Frank empezó a tener amoríos con mujeres jóvenes. Blowden escuchó los rumores, pero no hizo nada.
En 1974, su hija Sheila, de 18 años, le confió que creía que estaba embarazada. Blowden estaba petrificada, pero había aún más. Sheila juró que había sido seducida por su padrastro mientras se duchaba. Además, Sheila no se había resistido a sus avances. Blowden no podía creer esa historia. Sheila le dijo a su madre que le preguntara a Susan y a Sarah. Cuando Blowden les preguntó, descubrió que ellas dos también habían sido seducidas por su padrastro, poco después de sus 18 cumpleaños.
Chico listo el Frank. Cuando las chicas llegaban a los 18, ya no eran menores. No podía ser culpado de un crimen por tener relaciones con una menor. El incesto estaba descartado: él no era su padre biológico. Una pequeña ayuda: el embarazo de Sheila probó ser una falsa alarma. Una vez más, Blowden no hizo nada, ella tenía un plan y estaba esperando el momento oportuno. Había decidido asesinar a su marido.
Cuando Blowden supo que la novia actual de Frank, Doreen Soupton, se iba de la ciudad, se puso en acción. Compró 50 píldoras para dormir. Una noche tranquila de un lunes de septiembre de 1975, Blowden sirvió la cena a su marido. Disolvió la 50 píldoras en el vino de Frank. Pronto éste estaba durmiendo profundamente. Blowden puso una almohada en su cabeza. Firme creyente de hacer un buen trabajo, agarró la almohada y la presionó sobre su cara durante una hora completa. Cuando le quitó la almohada Frank estaba bien muerto.
Blowden puso de vuelta la almohada en su cama. Sin saberlo, ella había hecho algo importante que cualquier asesino debería tomar en cuenta: se había deshecho del arma del crimen. Laboriosamente, Blowden arrastró a Frank hasta el garaje, donde pudo poner el cuerpo en el maletero del carro. Ahora ya había pasado la medianoche. Blowden condujo hasta un precipicio cercano a la ciudad. Tiró del cuerpo de Frank a través de un campo hasta llegar al precipicio. Con un último empujón, el cuerpo se fue hacia el otro lado. Blowden escuchó el splash cuando llegó al agua.
Blowden había seguido las reglas 2, 3, 4 y 5 de la guía del asesino. No dejó rastro alguno de su crimen. No dejó rastro del cuerpo. Trabajaba sola y construyó la desaparición de sus víctimas en una secuencia lógica de eventos. Sobre todo, en lo que se refería a la supuesta escapada de los amantes.
Nadie intentó localizar a Frank o a Doreen. Los años pasaron. El cuerpo de Frank fue arrastrado hacia el mar y nunca se recuperó. Blowden Bayle había cometido el asesinato perfecto. No sintió remordimiento por lo que había hecho, pero tenía una necesidad urgente de contárselo a alguien.
Blowden fue arrestada y culpada por el asesinato premeditado de su esposo. En su juicio, sus hijas testificaron, corroborando la historia de su madre en cada detalle. Raramente un asesino acusado recibió más simpatía de la corte que Blowden Bayle.
Blowden fue declarada culpable de asesinato premeditado con circunstancias extremadamente atenuantes. Se le dio una sentencia suspendida de dos años en prisión y abandonó la sala del juicio acompañada por sus tres hijas. l
Ilustraciones: David Márquez |