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Sex-Mex
Así llamaron en Cannes al actor
mexicano Gael García Bernal, quien se vio consagrado como
la nueva estrella del cine mundial gracias a sus dos recientes y
muy distintos trabajos para Pedro Almodóvar y Walter Salles.
El éxito ha llegado, pero Hollywood, por ahora, tendrá
que esperar. Raúl Chacón
Soto
Lo han comparado con Alain Delon, con James
Dean. Le endilgaron, también, el apelativo de “boca
de ángel” en la prensa francesa, durante la reciente
edición del Festival de Cannes donde fue la estrella indiscutible:
el más asediado, el más fotografiado. Semejante revuelo
empezaría desde el mismo día de la inauguración,
cuando le robaba al director español Pedro Almodóvar
la atención de los flashes —¡quién lo
iba a imaginar!—, en la presentación de La mala
educación, película donde interpreta varios roles,
incluido el de un increíblemente atractivo personaje travestido
de nombre Zahara. Continuaría, tan sólo unos días
después, durante el paseo por la alfombra roja del equipo
de Diarios de motocicleta, el film donde encarna a un joven
Ernesto “Che” Guevara, que rápidamente se convirtió
en uno de los favoritos de la contienda. Todos querían verlo
de cerca; todos querían constatar qué tenía
ese jovencito de 25 años que la cámara adora y que,
además, parece tener talento de sobra; tanto, como para interpretar
con solvencia dos roles tan disímiles entre sí.
La proyección de ambas películas
no hizo más que confirmar los apelativos que ya se había
ganado a priori en la prensa. En la portada de varias de las más
prestigiosas revistas europeas de cine y de espectáculos,
Gael García Bernal demostró con su trabajo que su
encanto va mucho más allá de lo estrictamente físico.
Pocos actores de la actualidad (incluidos los estadounidenses) habrían
salido bien parados del exigente doble reto; y es que no debió
haber sido nada fácil darle vida al triple papel desempeñado
en la última obra de Almodóvar, en especial el de
la insólita femme fatale por la que los hombres pierden
la cabeza (el cineasta español quería a una típica
drag queen de la movida española de los setenta);
y mucho menos representar al Che, una de las figuras emblemáticas
de la historia de América Latina, uno de esos extraños
personajes que gozan de la veneración de casi todo el mundo,
aun de quienes no saben muy bien quién fue. Aseguran que
el mexicano ha superado la prueba con creces. El público
y la crítica así lo han reconocido, y el actor no
ha ocultado su sorpresa al constatar el sitial donde ahora lo han
colocado. No sabe qué decir de su nueva condición
de sex symbol, sobre todo él, un joven al que genuinamente
parece no importarle todo lo que huela a star system; un actor para
quien el cine sigue siendo un medio para expresar emociones, contar
historias, incluso, divertirse; y no un instrumento para la autopromoción.
Pero así se le han presentado las cosas, y él lo está
disfrutando.
Es curioso, pero la reputación de Bernal
descansaba casi exclusivamente en su trabajo en otras dos excelentes
películas: Amores Perros de Alejandro González
Iñárritu; e Y tu mamá también,
de Alfonso Cuarón —el director que ahora goza del éxito
por la última entrega de Harry Potter—. Ambos roles
le habían hecho, sin duda, un actor reconocido —incluso
fue invitado a la gala de los Oscars—, pero lo que ha sucedido
ahora, tres años después, con este nuevo par de films,
no tiene comparación. Gael es la nueva estrella, y como muy
bien lo dijera el periodista Ryan Gilbey en el diario Times,
muy pocos actores son, en este momento, tan hot... y tan
cool.
Los pies en la tierra
A tanta idolatría Gael parece asignarle su justo lugar. Complacido
por el tratamiento que le han dado los medios, todavía no
ha asumido la pose ni la actitud propia de tantos actores que han
logrado mucho menos. A sus puertas ya ha llegado la tentación
hollywoodense, pero él, por ahora, ha preferido mantener
distancia, y no le faltan razones. En la entrevista que le hiciera
Gilbey, expuso varios de los argumentos que sustentan su parecer
sobre la industria del cine en Estados Unidos: “Aquí
(la entrevista fue realizada en Nueva York), los actores forman
parte de un sistema que los castra... Tú no puedes sobrevivir
en esa situación. La actuación tiene que ver con tres
aspectos básicos: instinto, inteligencia y libertad. Este
sistema está diseñado para arrebatarte esas cualidades.
Si ellos me invitan, está bien. Pero yo soy muy malo compitiendo.
Cuando voy a Los Angeles veo a muchos jóvenes más
talentosos que yo —mesoneros mucho más guapos, libres,
lo que sea—, y yo no quiero competir con ellos”. Su
postura se sustenta, también, en la aparentemente firme necesidad
de estar conectado con lo que sucede en América Latina. “Es
un lugar excitante. Es una tierra todavía virgen en muchos
aspectos, con un pasado violento, y todavía en desarrollo.
Hay millones de historias que contar, y eso es lo que yo quiero
hacer. Yo quiero contar esas historias”.
No es la primera vez que el actor se
expresa de esa manera, pero, al parecer, su trabajo en Diarios
de motocicleta —ha dicho varias veces que en esta película
se sintió más exigido que en La mala educación—,
significó para él un gran cambio en la manera como
afrontaba la vida. “Este filme me ha cambiado más que
cualquier otro que he hecho. Mientras lo hacía, me dije:
‘hombre, pero si esto es lo que he estado pensando toda mi
vida’. ¿Sabes?, como cuando algo toca un sentimiento
que has tenido muy oculto dentro de ti. Eso fue lo que me sucedió.
Yo quiero explorar América Latina. Yo quiero devolverle energía,
pensamiento, amor a esta región. Yo quiero mantener esa relación
de respeto con la tierra que tiene tanta gente en esos países.
Si tú eres gentil con el planeta, el planeta lo será
contigo. Quizás eso suene etéreo, espiritual, no sé.
Pero son sentimientos reales”. El actor habla con pasión.
Lo asegura el entrevistador, quien no hace más que confirmar
lo que tantos otros, y algunos que lo conocen muy bien, siempre
mencionan cuando intentan describirlo. Casi todos coinciden, también,
al calificarlo de sincero, despreocupado, libre de afectaciones,
todavía humilde... pero eso sí, lleno de gracia (para
no hablar de sus atributos físicos, sobre todo de sus ojos
y su boca). Por ello a pocos sorprende que realmente todavía
no tenga un plan establecido para lo que ya se vaticina como una
deslumbrante carrera: “Muchos actores dibujan un plan perfecto
de lo que esperan en su futuro. ¿Puedes creerlo? La actuación
debería tener que ver con una necesidad, la de contar una
historia, la de construir un personaje, incluso sólo la de
pasar unos meses viajando...”. Tal afirmación era de
esperase, sobre todo viniendo de alguien que hasta hace muy poco,
cuando trabajaba en Amores Perros, todavía afirmaba
que la actuación era un juego, una actividad más entre
varias que le gustaban, como la de viajar, pero nunca una profesión
que le coparía el mañana.
El mismo actor debe estar asombrado
de cómo han cambiado las cosas. Aunque todavía se
toma su tiempo para descansar y viajar (recientemente estuvo en
Brasil, para él el mejor país del mundo con mujeres
como en ninguna parte; y en Cuba, presentando Diarios de motocicleta),
su presencia es cada vez más requerida por cineastas de lengua
española e inglesa (el actor habla un perfecto inglés
gracias al tiempo que estuvo estudiando actuación en la Central
School of Speech and Drama de Londres). Incluso hasta ha tenido
ya un sonado romance con una actriz de Hollywood, Natalie Portman,
que acaba de terminar después de poco más de un año
de duración. Por lo pronto, se mantiene ocupado con su trabajo
en la producción The King, de James Marsh, donde actúa
al lado de Sam Shepard y Daryl Hannah, y ya está anunciado,
junto a Viggo Mortensen, como coprotagonista de Alatriste,
la película de Agustín Díaz Yanes basada en
las novelas de Arturo Pérez-Reverte donde el capitán
Alatriste es la figura principal. Ah, por si fuera poco, ya se le
menciona como el posible Diego Armando Maradona, en el film que
Marco Risi, el hijo de Dino Risi, piensa hacer sobre la figura del
más grande futbolista de los últimos tiempos. Tiene
la estatura.
rchacon@eluniversal.com
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