| Fuera de control
La epilepsia es una enfermedad crónica que afecta a dos por ciento de la población venezolana. Aun cuando las personas que la padecen logran hacer una vida normal siguiendo el tratamiento adecuado, en el país, desde hace cinco años, algunos pacientes se han curado mediante cirugía. Idalia De León
La informacion mas superficial que el común de la gente posee sobre la epilepsia es que quien la padece sufre de “ataques” que se producen periódicamente. Estos “ataques”, cuya denominación correcta es crisis convulsivas, son, efectivamente, la característica primordial de este padecimiento que tiene su origen en el cerebro y que responde a varias causas, entre ellas, la herencia. En Venezuela el problema afecta a 2% de la población y se trata de una enfermedad que no discrimina a ningún tipo de persona, de manera que afecta por igual a niños, adultos e individuos de cualquier raza. Es un padecimiento crónico que aumenta, tres veces más, el riesgo de muerte en quien lo padece.
En esencia, la epilepsia es un padecimiento neurológico que se origina en una distorsión en el comportamiento de las neuronas. El cerebro experimenta una descarga violenta de impulsos eléctricos que ocasiona una serie de reacciones que varían de acuerdo con la zona donde se presente la alteración neuronal. En general, en la forma más común de epilepsia, conocida como “gran mal”, el individuo pierde el conocimiento, el control de su cuerpo y, en consecuencia, suele caer al piso. La sacudida en las cuatro extremidades viene acompañada de pérdida de control de esfínteres. Algunas crisis epilépticas son más leves (convulsiones parciales) y no expresan ni pérdida de la memoria ni la típica convulsión, sino una serie de manifestaciones como sensación de hormigueo y movimientos automáticos de alguna de las extremidades.
Si bien hasta el momento la epilepsia sigue siendo objeto de estudio debido a su complejidad y de cara a obtener una cura definitiva, actualmente se tiene certeza de que existen personas que la padecen por razones hereditarias o como consecuencia de padecimientos como tumores cerebrales, infartos, encefalitis, Alzheimer, meningitis o sida. También, quienes hayan recibido algún golpe contundente en la cabeza podrían, en algún momento, presentar convulsiones epilépticas. Algunas alergias y adicciones como el alcoholismo o la drogadicción pueden ocasionar trastornos en el cerebro capaces de originar un cuadro de epilepsia.
Cuando por primera vez se presentan algunas de estas crisis —comúnmente en la infancia o adolescencia (75% por ciento de los casos)— lo adecuado es consultar la opinión de un médico especialista, quien determinará, de acuerdo con una serie de estudios, qué tipo de epilepsia es la que presenta el paciente, así como su probable causa. Sin embargo, en este sentido es importante aclarar que el hecho de haber sufrido un sola crisis convulsiva no implica que se sufra de epilepsia.
El diagnóstico de la enfermedad se realiza de acuerdo con los resultados que arrojen el electroencefalograma y la resonancia nuclear magnética de cráneo. Con el primero se obtiene información sobre el comportamiento eléctrico del cerebro, pues las líneas que dibuja el electroencefalograma codifican las señales eléctricas del cerebro que son las que permiten al especialista saber dónde se ubica el problema. Con la resonancia se puede diagnosticar cualquier patología que pueda causar una crisis.
Tratamiento. Quienes padecen de epilepsia muy prontamente descubren que, de por vida, deberán recibir un medicamento que les controle las convulsiones, y así poder llevar una vida normal. En un principio, el especialista prescribe la dosis de medicamento que considera adecuada hasta lograr que disminuyan las crisis epilépticas, y hasta que el paciente manifieste que el anticonvulsionante no le produce algún tipo de malestar. De la mano de la prescripción farmacológica debe ir el chequeo de los valores sanguíneos del paciente, el cual será de utilidad para indicar la dosis de medicamento y para evitar el posible desarrollo de efectos secundarios.
Explican los especialistas que, sin embargo, pueden existir pacientes que a pesar de estar siendo atendidos oportuna y convenientemente siguen presentando crisis debido a que no tienen la posibilidad económica de probar nuevos anticonvulsionantes. Estos casos revisten especial importancia pues, cuando la epilepsia no es tratada adecuadamente, el cerebro puede sufrir daños irreversibles que ocasionan en el individuo problemas de aprendizaje, lo cual, indudablemente, afectará su vida social, laboral, social y económica. Existen pacientes que abandonan el tratamiento cuando, después de cierto tiempo, consideran que las crisis se ausentaron definitivamente. En este sentido, los especialistas son enfáticos, pues la epilepsia no es una enfermedad que, hasta los momentos, pueda curarse mediante un tratamiento farmacológico. Además, la alteración de manera arbitraria de la prescripción (cambio de marca del medicamento, por ejemplo), puede provocar la reaparición de las convulsiones. Sólo está en manos del médico la decisión de realizar modificaciones al tratamiento indicado.
Otro de los tratamientos que se están aplicando exitosamente, pero orientado a la cura de la enfermedad, es la alternativa quirúrgica. En Venezuela, desde hace cinco años, se está llevando a cabo un tipo de cirugía mediante la cual se elimina el tejido del cerebro donde se originan las convulsiones. El equipo multidisciplinario para el estudio de la epilepsia de difícil tratamiento está formado por neurólogos del Hospital Clínico Universitario, del Hospital Domingo Luciani, y médicos del Hospital de Niños J.M. de los Ríos, quienes se reúnen semanalmente para estudiar en profundidad los casos que no responden a ninguna medicación (farmacorresistentes), y que son susceptibles de ser intervenidos exitosamente. La cirugía que se realiza con más frecuencia es la denominada amigdalohipocampectomia del lóbulo temporal (lobectomía del lóbulo temporal), con la cual se logra alcanzar hasta 70% de curación en pacientes con epilepsia del lóbulo temporal. Otra intervención que se ha realizado con resultados satisfactorios a más de 30 pacientes en Venezuela es la estimulación del nervio vago, que consiste en colocar un marcapasos en el nervio vago del lado izquierdo. Esta operación se utiliza en pacientes que presentan múltiples focos o crisis generalizadas y que no responden a tratamiento medicamentoso.
Aunque hasta los momentos la mayoría de las personas epilépticas debe seguir un tratamiento de por vida para poder llevar una existencia normal, pues la alternativa de la cirugía no se aplica para todos los casos, la recomendación que recalcan los especialistas, ante un nuevo diagnóstico de epilepsia, es procurar asumir que se puede vivir normalmente y sin limitaciones. Tanto en niños como en adultos lo recomendable es consultar a un especialista, quien informará sobre las características de la enfermedad, y de cómo, efectivamente, se puede llevar una vida sin restricciones. Familiares y amigos cercanos del paciente deben poseer la suficiente información sobre el tema para, por un lado, disminuir los niveles de angustia e incertidumbre que puede generar la circunstancia en el entorno, y por otro, ayudar adecuadamente en caso de que sea necesario. l
ideleon@eluniversal.com
Coordenadas: Neurocirujano Herman Scholtz,
del Programa de Estudio de Epilepsia de Difícil Tratamiento del Hospital Clínico Universitario. Telf.: 0412-225.0035
PASO A PASO |
Es natural que quien por primera vez presencie a alguna persona
sufriendo una crisis convulsiva
ignore qué se debe hacer y qué no. Así que, en primer lugar, le indicamos cuáles son los signos que
anteceden a un ataque de epilepsia,
las características de la convulsión propiamente, así como una serie
de recomendaciones generales
sobre los pasos a seguir en caso
de tener que asistir a una crisis.
Antes de una crisis
l Los pacientes pueden presentar dolor de cabeza, mareos y pérdida de la memoria. Al igual que las
personas que padecen de migraña, algunos enfermos de epilepsia expresan tener sensaciones
visuales o auditivas muy particulares que les indican la inminencia de una convulsión.
l Confusión mental, lo cual le
impide al individuo hilvanar
una conversación de manera
coherente.
l Movimientos inconexos como cerrar y abrir los ojos de manera exagerada y repetida, y hacer el gesto de masticar a pesar de que no se está consumiendo ningún alimento.
l Sensación de fatiga acompañada de fiebre.
Durante la crisis
Las crisis pueden ser de tres tipos: de “pequeño mal”, de “gran mal”
y convulsiones parciales. Seguidamente, sus características más dominantes.
Convulsiones de “pequeño mal”
l Mirada en blanco. El paciente adopta una postura hierática,
que sólo es alterada por el parpadeo.
l Pérdida momentánea de conocimiento.
Convulsiones de “gran mal”
l Contracciones violentas de
todas las extremidades del cuerpo.
l Pérdida del conocimiento.
l Respiración dificultosa que
se detiene por momentos.
l Incontinencia urinaria.
l El paciente puede maltratarse
la lengua o los carrillos interiores de la boca.
Convulsiones parciales
l Uno de los lados del cuerpo
presenta contracturas.
l El proceso se acompaña de excesiva transpiración, náuseas, dilatación de las pupilas y enrojecimiento de la piel.
l Cambios bruscos en la estructura de la personalidad.
l La agilidad mental se ve comprometida.
l En algunos casos se produce pérdida de conocimiento.
¿Qué hacer?
l Calma es la palabra clave que se debe tener en cuenta, pues es la única actitud que le garantizará manejar adecuadamente la situación. La recomendación obedece
a que presenciar una crisis de epilepsia puede resultar particularmente impactante. Estar consciente de la situación le permitirá poder identificar cuáles fueron
las características exactas de la convulsión, lo cual será una información muy valiosa para el médico especialista.
l Nunca intente controlar los movimientos de la persona con una crisis de epilepsia. Unicamente procure resguardar la cabeza con el fin de que no se lesione con algún objeto o superficie dura.
l No se preocupe si observa que la piel del paciente se torna rojiza y sus gestos parecieran indicar que se está asfixiando con la lengua. Estos signos no implican riesgo alguno para la persona que sufre la convulsión, así que no practique la respiración artificial.
l Un ataque de epilepsia sólo
dura algunos minutos, y no existe manera de suspenderlo por vía oral. Por tal razón, no se debe suministrar pastillas durante la
crisis, en primer lugar porque el paciente está imposibilitado de tragar adecuadamente y, segundo, porque el efecto de este tipo de medicinas no es inmediato. Sólo por vía intravenosa se puede aplicar sedantes de acción inmediata; sin embargo, este procedimiento debe cumplirlo una persona debidamente entrenada.
l Nunca recurra a la vieja conseja de colocar alcohol en la frente. Esta sustancia no aliviará en nada la crisis.
l Absténgase de reanimar al paciente. Este volverá en sí en pocos minutos o bien después de haber caído en un sueño profundo. La persona, una vez que se despierta, experimentará confusión y debilidad. Lo ideal es ayudarla a que se incorpore pausadamente, mientras le realiza preguntas básicas.
lSólo será necesario llevar al paciente a un servicio hospitalario si las convulsiones se extienden por más de 15 minutos o si se
repiten. |
FOTO: WWW.IDEASSTOCK.COM/CORBIS/ IMAGES.COM
|