| “Aunque la nobleza vive de la parte del que da, el agradecerle está de la parte de quien recibe; y pues ya dar he sabido, ya tengo con nombre honroso el nombre de generoso; déjame el de agradecido, pues le puedo conseguir siendo agradecido cuanto liberal, pues honra tanto el dar como el recibir” — Calderon de la Barca
Hace unos días tuve la oportunidad de conversar con mi médico de toda la vida, un buen amigo. Estaba recién operado, me sorprendió que sólo habían pasado cuatro días de su intervención y ya estaba en su consultorio trabajando. Le pregunté cómo se sentía, y me respondió: “¡Perfecto!, tan bien que esta mañana llamé al médico que me operó. Como me respondió su contestador, le dejé un mensaje. A los pocos minutos me devolvió la llamada con tono preocupado, me preguntó: ¿Te sientes bien? ¿Te pasa algo? Y yo le respondí para tranquilizarlo: ¡Me siento muy bien! Tanto, que decidí interrumpir el reposo y regresar a mi trabajo. Te llamé sólo para darte las gracias por todo lo que hiciste por mí. Se quedó unos segundos en silencio, sorprendido… Igual me quedé yo hace un par de años, cuando unos días después de hacerle una operación bastante delicada a una paciente, ésta me llamó por teléfono. Yo la atendí pensando en cuál podría ser la complicación de su caso. Cuando me dijo: ‘Doctor, lo llamo para decirle que me siento muy bien, como nunca antes y quiero darle las gracias por operarme’, me sentí tan sorprendido y conmovido que decidí que haría lo mismo alguna vez”. Y allí estaba yo, escuchando esta pequeña historia y sintiéndome reconfortada por la actitud y los sentimientos maravillosos de seres humanos, como tú y yo.
Todos hemos recibido la llamada de algún amigo o familiar que se encuentre en alguna situación difícil, solicitando nuestra atención, compañía, consejo, apoyo u opinión. Pero, rara vez, recibimos la llamada de alguno de ellos para decirnos que ya lo resolvieron, que todo está bien, o para agradecernos por haberlos apoyado. ¡Si supiéramos lo importante y reconfortante que puede ser una llamada para simplemente decir gracias, seguramente lo haríamos más a menudo!
La gratitud es un sentimiento maravilloso que experimentamos cuando estamos abiertos a recibir. Este nos permite, primero, reconocer y valorar lo que hemos recibido, lo que nos han entregado, lo que otros han hecho por nosotros… para apreciarlo y valorarlo.
Hay personas que piensan que los demás están obligados, por alguna razón, a darles lo que piden o necesitan, y que esto le quita el valor al esfuerzo o al trabajo que realizan. Pero lo cierto es que nadie está obligado a dar, entregar o compartir lo mejor de sí. Cuando agradecemos podemos disfrutar cada regalo esencial, desarrollamos la capacidad de reconocer cada aspecto positivo que esconde alguna situación difícil, somos capaces de tomar en cuenta a los demás, para observar y reconocer, no sólo lo que hacen por nosotros, sino también lo que hacen por otros aunque no los conozcamos ni nos beneficiemos directamente de ello.
¡El agradecimiento es una expresión de amor y respeto hacia los demás!
Deberíamos emular aquellas acciones y actitudes que nos parezcan positivas en otras personas, sin que nuestro ego se sienta disminuido por hacerlo. ¡Pensemos que a veces somos maestros y a veces somos discípulos! Caminar por la vida con los ojos del alma abiertos y atentos a observar todo lo que ocurre en nuestro entorno inmediato, nos permitirá recibir más regalos esenciales que a manera de tesoros, valoremos y compartamos con los demás.
Para expresar nuestro
agradecimiento
Aprende a valorar todo lo que recibes. Reconoce el valor que tienen las cosas buenas que llegan a tu vida, aunque te parezcan pequeñas.
Da las gracias. Hazlo inmediatamente o dentro de los próximos tres días después de haber recibido el gesto, la invitación o el favor.
Déjate llevar por tu creatividad. Hay muchas maneras de expresar tu agradecimiento, busca una forma muy personal de hacerlo. Averigua los gustos o el interés particular de la persona que fue especial contigo y exprésale tu gratitud con un regalo o un detalle especial.
Escribe y envía una nota de agradecimiento. Tómate unos minutos para hacer una nota personal, afectuosa, donde reconozcas y agradezcas la acción de la otra persona. No olvides hacérsela llegar lo más pronto posible.
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MAYTTE, estuve casada por 15 años, pero no consigo superar las mentiras y la falsedad de lo que viví. Me vuelvo loca pensando y pensando. En estos momentos estoy sola, con un trabajo que odio, frustrada, decepcionada y desilusionada, mientras que él está como si nada, exitoso tranquilo, y ya con otra. En lo más profundo de mi corazón desearía que le fuera mal. ¿Cómo puedo superar esto? JP
Tienes mucho resentimiento en tu corazón y necesitas aprender a canalizarlo para que no te hagas más daño. La víctima más grande de esa separación has sido tú, al mantener presente el recuerdo de lo que viviste. Tienes que perdonar y soltar para poder continuar con tu vida. No te sientas culpable por desear que le vaya mal, esos deseos surgen del resentimiento causado por el dolor, ya desaparecerán. Además, es muy valiente y maduro de tu parte admitirlo. En la medida en que vayas perdonando y curando tus heridas irá disminuyendo el odio y la rabia que experimentas, te encontrarás de nuevo contigo misma y estarás lista para pasar la página y volver a comenzar. En este momento estás atravesando por una situación difícil, acepta lo que pasó, vive tu duelo sin sentir lástima de ti misma, cada vez que la mente te lleve a recordar los malos momentos, distráela y no pongas tu atención en esos pensamientos, fortalece tu autoestima, valórate y resalta tus cualidades, recupera la confianza en ti misma y levántate, pues, después de todo, has salido de una relación que no valía la pena. No podemos obligar a otra persona a querernos ni tampoco forzarla para que permanezca a nuestro lado, pero sí podemos aceptar lo sucedido como parte de nuestro aprendizaje, soltar y disponernos a florecer en otro lugar. ¡Tienes derecho a ser feliz, no te sabotees la posibilidad de serlo!

MAYTTE, soy una persona trabajadora, me levanto a las cinco de la mañana y salgo para mi empleo, regreso ya bastante tarde y, en realidad, casi no veo ni a mis hijos ni a mi mujer por el trabajo. Ayer mi esposa me contó que nuestro hijo mayor, de 12 años, le dijo que él no tenía papá, pues yo nunca estaba ahí. Mi trabajo es muy competitivo, y sé que no paso el suficiente tiempo con ellos, pero pienso que en unos años tendré la recompensa por todo este esfuerzo, porque después de ahorrar un pequeño capital podré disfrutar de una mejor vida con ellos. ¿Usted que opina, estoy en lo correcto o cree que debo trabajar menos y pasar más tiempo con mi familia? TA
La mayoría de las personas viven para el futuro, pensando en que más adelante, en algún momento, obtendrán la recompensa que tanto han deseado; se consuelan imaginando una vida más tranquila y cómoda, con todos sus problemas resueltos. Esto es muy común y se llama la “trampa del futuro”, una especie de espejismo que perseguimos mientras nos sumergimos más y más en el trabajo y las obligaciones, pensando que de esta manera tendremos el futuro asegurado, y sin darnos cuenta de que nos distanciamos de la familia, de que nuestra pareja se siente sola y nuestros hijos abandonados.
Conozco personas que después de años de trabajo y sacrificios hechos por amor a sus seres queridos se han encontrado con que éstos nunca se sintieron queridos y apreciados por sus padres, a pesar de que siempre tuvieron cubiertas todas sus necesidades materiales. Pensar y actuar de esta manera implica pagar un costo muy alto, por eso es importante buscar un equilibrio entre el tiempo que dedicamos al trabajo y la consecución de los recursos que necesitamos y el que pasamos con nuestros seres queridos intercambiando y compartiendo el amor.
¡Debemos escapar de “la trampa del futuro”! El primer paso es darnos cuenta de la situación y tomar conciencia. Hay personas que aun a pesar de que lo reconocen no hacen nada para cambiar esa situación. Establece límites para separar el tiempo de trabajo del momento de estar en casa con tu familia. Recuerda que muchas veces valen más los momentos de calidad que compartimos con ellos, llenos de cariño, diversión y respeto, que el esfuerzo que hacemos para abrumarlos con objetos. No esperes a estar enfermo o a caer en una crisis emocional a causa del estrés y las tensiones que te produce tu estilo de vida para hacer un cambio. Toma la decisión de ajustar tu rutina diaria y decide compartir más momentos de calidad junto a ellos. Los hijos crecen tan rápido que es muy poco el tiempo que podemos pasar a su lado. Recuerda mantener encendida la llama del amor en tu relación de pareja, para que cuando tus hijos se vayan de casa y se queden juntos como al principio, puedan disfrutar de una nueva etapa en su relación.
maytte@maytte.com
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