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De izquierda a derecha Justine Henin-Hardenne,
Venus y Serena Williams, Kim Clijters
¡Belgas al ataque!
Raúl Chacón Soto
La emoción aumenta en el tenis femenino.
El reinado de las hermanas Serena y Venus Williams enfrenta su primera
gran prueba ante la arremetida de dos jóvenes que han puesto
a sonar a Bélgica.
Lo inesperado ocurrió el pasado 12 de
abril en un torneo, si se quiere, menor: sobre la cancha, la portentosa
figura de Serena Williams, la número uno del mundo, indiscutible
favorita para llevarse la final de la Family Circle Cup, en Charleston.
Luego de perder el primer set sin ofrecer mayor resistencia, la
campeona empieza el segundo con brío y se va adelante 2-0...
el repunte no duraría mucho. Su rival pronto le rompería
el servicio para igualar las acciones y en seguida mantendría
el suyo para irse adelante. Una doble falta y un golpe largo precedieron
la inevitable debacle. Una pelota que quedó en la malla marcaría
la derrota. La noticia retumbó en el mundo del tenis. La
campeona sucumbía después de dominar a su antojo los
21 partidos que había jugado este año (su último
traspiés había sido a finales de 2002, frente a Kim
Clijters), una racha que no hacía más que confirmar
la buena forma que le había permitido ganar las finales de
los últimos cuatro torneos Grand Slam (Roland Garros,
Wimbledon, US Open, y el Open de Australia). La sorpresa no fue
mayor por el nombre de la oponente, una jugadora que ya la había
derrotado en una oportunidad. Su nombre: Justine Henin-Hardenne,
la cuarta del mundo, una chica nacida en Bélgica hace ya
20 años.
No es ella, sin embargo, la belga mejor ubicada en el ranking de
la WTA. Otra muchacha de esa nación desplazó el pasado
14 de abril a Venus como número dos del mundo. Con su ascenso,
quebraría la hegemonía que, durante 10 meses, mantuvieron
las hermanas Williams (siempre 1 y 2) en el tope de la lista de
las mejores. Con 19 años, se ha convertido en la sexta tenista
más joven de la historia en ascender a la segunda posición.
De las cinco restantes (Jaeger, Hingis, Seles, Austin y Graf), cuatro
esperaron menos de seis meses para alcanzar el primer peldaño.
Su nombre, ¡qué coincidencia!: Kim Clijters. ¿Será
acaso la quinta? Lograrlo no le será fácil, pues Venus
la devolvió al tercer lugar a principios de mayo... y andan
allí, cabeza a cabeza.
| De rusas esta lleno el ranking de las
100 mejores del mundo. Una de ellas podria llegar a la cima |
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4. Svetlana Kuznetzova
5. Vera Zvonareva
6. Elena Dementieva
7. Elena Bovina
8. Elena Likhovtseva
9. Anastasia Myskina
10. Tatiana Panova
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El tenis femenino no se cansa de seducir al
espectador. Retiradas algunas de las grandes campeonas como Steffi
Graf y Martina Hingis; agotada la expectativa por ver si Mónica
Seles algún día podía volver a ser la reina
de las canchas después de aquella agresión que terminó
por ser estocada; presenciado el fabuloso retorno de la niña
prodigio Jennifer Capriati tras largos años de extravío;
la atención se había concentrado en el formidable
dominio que han ejercido sobre sus rivales las estadounidenses Venus
y Serena Williams, las negras superpoderosas, dueñas de unos
cuerpos atléticos e imponentes, siempre cubiertos por revolucionarios
modelitos que llamaban la atención casi tanto como lo mortífero
de sus golpes (con la raqueta y en la cancha, se sobreentiende).
El reinado de las Williams ha sido de un absolutismo que bien hubieran
querido para sí muchos gobernantes. Venus, la mayor, ahora
con 23 años, fue la primera mujer negra estadounidense en
alcanzar el número uno en la lista de la WTA. Tal hazaña
la logró en febrero de 2002. No pasaría mucho tiempo
para que su hermana, Serena, le siguiera los pasos y se adueñara
de un lugar que es suyo desde hace más de cuarenta semanas
y que, por lo visto, no será nada fácil quitarle.
Las Williams fueron las primeras hermanas en la historia del tenis
en ganar títulos en los máximos torneos. También
fueron las primeras en toparse en una final en un campeonato de
la WTA, en ganar una medalla de oro olímpica en los dobles
y, por si fuera poco, las únicas hermanas en ganar un título
de dobles en un Grand Slam. Pero la mejor muestra de su dominio
ha sido el impresionante performance que ambas han protagonizado
en los últimos meses, al disputarse entre ellas las finales
de los últimos cuatro Grand Slams (el único
dúo en hacerlo); es decir, Roland Garros 2002, Wimbledon
2002, US Open 2002 y Australia Open 2003. La película pareció
repetirse: Serena con el trofeo en la mano (han denominado su hazaña
como la Serena Sland), siempre escoltada por una sonriente
Venus. Dos chicas que han logrado trascender las canchas y se han
convertido en figuras famosas a quienes la prensa no se cansa de
seguirles los pasos (Venus acaba de abrir una compañía
de diseño interior en Florida). Un 1 y 2 que parece inquebrantable.
Por lo menos hasta la campanada que dio Henin-Hardenne.
La emoción vuelve al circuito del tenis. Ya en el pasado
Abierto de Australia (jugado en enero), las Williams se enfrentaron,
en semifinales, justamente a Henin-Hardenne y Clijsters. Parecía
un enfrentamiento USA versus Bélgica. Las estadounidenses
pasaron la prueba, pero se espera por los próximos encuentros.
El prestigioso torneo parisino Roland Garros, que empieza mañana,
será el escenario ideal para ver si alguna de las belgas
logra colarse en la final y, por qué no, ganar su primer
gran título. No lo tendrán nada fácil, pues
una derrota tampoco es el fin del mundo, y mucho menos para alguien
como Serena, en plenitud de condiciones y conocida por su espíritu
competitivo. En la Copa Federación (equivalente a la Copa
Davis, pero en femenino), ambos países son los favoritos
para llegar a la final. El par de Bélgica ya le dio una copa
a su nación en 2001 (frente a Rusia) y este año los
fanáticos esperan con impaciencia un probable enfrentamiento
entre ambas potencias, aunque las rusas (Anastasia Myskina, Elena
Dementieva, Elena Bovina, Vera Zvonareva, Elena Likhovtseva y Tatiana
Panova -sin contar con la novata Svetlana kuznetzova-) otras poderosas
emergentes, están hambrientas de triunfo. Sin duda, el interés
por lo que hacen las tenistas ha crecido y, en mucho, gracias al
ascenso de estas dos damas provenientes del país europeo.
Pero, ¿quiénes son ellas?
Justine Henin, quien amplió su apellido después de
casarse, el 16 de noviembre del año pasado, con Pierre-Yves
Hardenne, es una de las tenistas que más ha ascendido en
el ranking en los últimos años. En el puesto 45 al
cerrar 2000, ahora ocupa el cuarto lugar, después de ganar
ocho títulos en el circuito de la WTA. Cuando tenía
15 años se convirtió en la jugadora más joven
en ganar los campeonatos nacionales de su país. Por ese entonces
ganó también el Roland Garros en la categoría
de juniors, la primera mujer de su país en lograrlo desde
1947. Ya en 2001 alcanzó las semifinales en Roland Garros
y la final en Wimbledon (instancia que alcanzó al vencer
a Capriati en semifinales en un partido que recuerda como el momento
más emocionante de su carrera por el entusiasta apoyo del
público), proezas que repetiría en Wimbledon 2002
(semifinales) y el Open de Australia de este año (donde cayó
en semifinales frente a Venus, una jugadora a quien no ha podido
derrotar en los últimos siete encuentros). La atleta es muy
querida en su país, y, junto a Clijters, recibió el
Trofeo Nacional al Mérito Deportivo de 2002, la segunda vez
que, desde 1933, se lo otorgan a un tenista, y la primera vez que
lo reciben tenistas del sexo femenino.
Clijters, la número tres del mundo, ha tenido un ascenso
más lento, pero seguro. Ganadora de 12 torneos del circuito
femenino, sus mayores logros los ha obtenido en el Open de Australia,
donde ha logrado colarse hasta las semifinales en los dos últimos
años. Su enfrentamiento con Serena fue emocionante, al llegar
con ventaja de 5-1 en el set de desempate, pero derrumbándose
inexplicablemente en los minutos finales. Los momentos que recuerda
con mayor emoción son, justamente, sus triunfos sobre Serena
Williams (el primero en seis enfrentamientos) en la final de los
Masters del año pasado en Los Angeles (un evento que reúne
sólo a los ocho mejores clasificados del mundo) y sobre su
compatriota en los cuartos de final del Roland Garros de 2001. Este
año lo empezó en forma al ganar en Sydney y llegar
a la semifinal en el Abierto australiano. Clijters también
es muy respetada en su país, donde fue nombrada la atleta
femenina de 2002. Hija de un padre futbolista y de una madre gimnasta,
su dedicación al deporte es total (le gusta el fútbol,
el squash y el badminton).
La historia del Roland Garros puede despejar dudas sobre la firmeza
de un reinado y la verdadera potencia de quienes aspiran a derrocarlo
algún día... si es que alguna rusa no se atraviesa
en el camino.
rchacon@eluniversal.com
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