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| Tome
nota |
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l Temporada:
En Venezuela, la época más adecuada para su
cultivo es al inicio de la estación de lluvia, la cual
abarca los meses de abril y mayo. La planta florece entre
enero y mayo, y la cosecha se inicia entre abril, mayo o junio,
y puede extenderse hasta mediados de septiembre.
l Al
comprarlo: La fruta que está lista para ser
consumida debe tener una apariencia y consistencia medianamente
firme. El truco para saber que está a punto es oler
por la zona de donde se desprende la fruta. Si el aroma es
el propio del mango, es que ya está listo. Descarte
aquellos que presenten zonas blandas o manchadas de oscuro.
A menos que vayan a ser ingeridos inmediatamente, prefiera
siempre adquirirlos cuando la piel no esté completamente
amarilla; es decir, cuando estén en proceso de maduración.
De esta manera, evitará que todos se maduren en exceso,
pues el fruto adquiere un sabor desagradable.
l Al
degustarlo: Hay que saber que el gusto también
está en dejar que las manos se empalaguen, aunque sea
un poco, con el jugo de este delicioso fruto. Sin embargo,
como la ocasión no siempre lo permite y la etiqueta
impone sus reglas, existe más de un método para
disminuir, al máximo, que manos y boca, e incluso la
ropa, terminen coloreados de amarillo. Primero realice un
corte longitudinal en uno de los cachetes del mango. Luego
proceda a realizar cortes de manera tal que se forme una cuadrícula.
Así, valiéndose de una cucharita, podrá
ir retirando los daditos sin necesidad de ensuciarse las manos.
Si lo prefiere puede intentar comerlo como si se tratara de
un cambur. Para este fin tendrá que cortar la piel
de manera tal que pueda ir retirándola en la medida
que va consumiendo la fruta. Puede ayudarse sujetando el mango
con un tenedor.
l Para
conservarlo: Tener el privilegio de comer la fruta
fuera de temporada sólo exige congelarlo. El método,
que garantiza conservarlos hasta por seis meses, es el siguiente:
retire la piel y córtelos en trozos. Agrégueles
azúcar (o miel) y limón y luego guárdelos
en el congelador. En cambio, si se trata de madurar un mango
verde, la conseja indica envolverlos en papel de periódico
y colocarlos próximos a un mango maduro. Una vez que
el fruto adquiere la consistencia deseada, colóquelo
en la nevera para evitar que se madure en exceso. Si lo retira
de la nevera, tendrá que ingerirlo a la brevedad, de
lo contrario se deteriorará rápidamente.
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¡Qué mango!
Idalia De León. Fotos: Contratipo
Desde abril y hasta septiembre las calles
regalan el olor y el color de uno de los frutos de la naturaleza
que más adeptos posee. Un manjar que vino de Asia y que América
hizo suyo. El mango es la fruta de la temporada.
El consenso es absoluto.
La tentación es, por estos días, irresistible. No
existe alguien que no se rinda ante el inigualable sabor de un suculento
mango, ni quien se atreva a renegar de su dulce sabor. Las calles,
hoy adornadas con el amarillo de esta generosa fruta, son una permanente
invitación al paladar. Le dicen el melocotón de los
trópicos.
Este manjar, tan familiar para todos, tuvo que viajar mucho, sin
embargo, para encontrar el lugar que lo recibiría y lo haría
suyo. Países como México, Brasil, Venezuela y las
Antillas, en general, lo producen y consumen durante los meses de
temporada con golosa fascinación, olvidando o ignorando,
probablemente, que la fruta no nació por estos predios.
Y es que es tan popular que su nombre también está
presente en el refranero venezolano. Todos saben, por ejemplo, que
cuando en el rito del cortejo uno de los dos involucrados demuestra
ser presa fácil de los requerimientos del otro, se dice que
"está como mango bajito". O también, cuando
una situación se presenta confusa o muy enredada, se afirma
que es "un arroz con mango".
Son múltiples sus variedades, pues se conocen más
de mil. El científico y explorador Henry Pittier menciona
en sus escritos especies como el mango jobo, el mango camburito,
el mango piña y el mango de pico de loro. Sin embargo, se
identifican tres tipos: el mango de bocado, que como su nombre lo
sugiere puede comerse por bocados, el de hilacha, por las finas
hebras que conforman su pulpa, y la manga, que se caracteriza por
ser más grande que los dos anteriores y por sus tonalidades
rojizas.
También son variadas las formas de consumirlos, virtud que
no le es exclusiva, ciertamente, pero es de reconocer que su textura
y sabor permite degustarlo en forma de jalea, jugo, carato, mousse,
mermelada o compota; hay quienes prefieren comerlo verde y aderezado
con sal, o bien, preparando la salsa "chutney", que contiene
azúcar moreno, jugo de limón, ajo, cebolla y picante.
Sin embargo, la fascinación por
el mango va más allá de sus cualidades gustativas,
y de las numerosas propiedades medicinales que se le atribuyen.
En India posee una significación especial; se le llama "fruta
del cielo", y el árbol de los deseos. Las antiguas leyendas
hindúes dan fe de la antigüedad del mango y de su importancia.
Por ejemplo, se sabe que el rey Akbar, quien gobernó India
hacia el siglo XVI, supuestamente poseía una plantación
de cien mil árboles de mango. Pero hay una leyenda que pone
el acento en su supuesto carácter sagrado, y es aquella que
sostiene que Buda se sentaba a meditar a la sombra de un árbol
de mangos. Rafael Cartay, en su libro El pan nuestro de cada
día, no alude a esta leyenda, pero confirma que la planta
es originaria de India y, especifica, que en la península
de Malaya es donde se encontraba la mayor variedad de especies.
También agrega que el cultivo de esta planta se extendía
hasta las Filipinas. Por otra parte, la literatura china del siglo
VII constata que el cultivo del mango era tradicional en las zonas
cálidas de China e Indochina.
A pesar de las leyendas sagradas que adornan al mango, y de sus
reconocidas virtudes, el botánico Pittier llegó a
señalar que "el mango incita a la ociosidad, a la invasión
de la propiedad ajena y a la vagancia, además, por bueno
y saludable que sea, cuando se goza de él con moderación,
provoca a veces desórdenes
en el sistema digestivo y dista mucho
de ser un alimento completo". Afortunadamente, lo anterior
sólo permite demostrar que el investigador no era muy afecto
del muy codiciado fruto, actitud que hoy en día, seguramente,
le hubiese granjeado muchos enemigos al insigne científico.
La historia: un arroz con mango
La vía que tomó el mango para llegar a América,
es un punto en el que los historiadores todavía no se ponen
de acuerdo. Algunos sostienen que fue a través del Galeón
de Manila, el cual viajó de Filipinas a México por
iniciativa de los españoles hacia mediados de 1500. Otra
tesis muy difundida afirma que gracias a los navegantes portugueses
es que los americanos podemos degustar del sabroso fruto amarillo.
Sin embargo, la fecha es imprecisa, pues no se sabe si fue en el
siglo XVI o en el XVIII que el mango descubrió América.
Según Cartay, algunos estudiosos se atreven a afirmar que
la primera mata de mango se sembró en Bahía, Brasil,
hacia 1700.
A las costas venezolanas se cree que llegó en el siglo XVII:
"La referencia más antigua que sobre el tema tenemos
es la que cita Codazzi, en 1841. Appun en 1849 lo señala
en las cercanías de Puerto Cabello, y Adolfo Ernest lo observó
en 1869 en el valle de Caracas", advierte el botánico
Jesús Hoyos, en Frutales de Venezuela. Este dato confirmaría
que Gabriel García Márquez no estaba equivocado cuando
en el manuscrito de su novela El general en su laberinto,
puso a Simón Bolívar a comer mangos. Se cuenta que
el historiador Vinicio Romero, corrigió al Premio Nobel de
Literatura, con el argumento de que para la época de la Independencia
el mango no había llegado a Venezuela. Así pues, al
Gabo no lo quedó otra que cambiar de fruta, y puso al Libertador
a degustar unas deliciosas guayabas. Pero como vimos, las investigaciones
se orientan a demostrar que Romero estaba equivocado, y que, por
lo tanto, Bolívar pudo comer, no sólo uno, sino cientos
de mangos. La historia, más tarde, dejaría claro que
el padre de la patria no los cogió bajitos. l
| Fruto medicinal |
Son
tantas sus virtudes que casi se puede catalogar de planta medicinal.
Sus beneficios son infinitos y atañen a tantos problemas
y afecciones de diferente índole, que conviene tener
claramente identificadas sus cualidades terapéuticas:
l
Para ver sus efectos como antiinflamatorio se colocan compresas
tibias de té elaborado con hojas de mango sobre aquellos
órganos externos que hayan recibido algún golpe.
l
Baños de asiento basados en hojas y cogollos de mango
son ideales para contrarrestar los dolores de cadera y de piernas,
así como para los problemas del colon, de artritis y
reuma. Lutecia Adam, en su libro El gran laboratorio de la
Naturaleza, recomienda hacer estos baños dos veces
al día.
l
La diarrea, dolores menstruales y problemas con las hemorroides
se alivian preparando un té de corteza endulzado con
papelón o miel.
l
El jarabe que se obtiene de la pulpa del mango funciona como
expectorante, lo cual, a su vez, lo habilita para actuar contra
enfermedades bronquiales.
l
Se dice que la raíz es diurética, mientras que
las semillas tienen poderes como astringente.
l
Para embellecer la piel del rostro se prepara una mascarilla
con la pulpa del mango bien triturada, a la que se le agrega
una cucharada de avena molida. Igualmente, para combatir el
acné se recomienda mezclar muy bien 10 gramos de pulpa
de mango, 10 gramos de piel de lechoza y una cucharada de miel
de abejas.
l
Controla la alopecia o caída del cabello. Incluso, estimula
los folículos pilosos que presenten debilidad.
l
Dolores de garganta, ronqueras y enfermedades de la boca (ampollas,
escorbuto, dolor de muelas, debilidad dental) encuentran alivio
al hacerse lavados bucales con té basados en de hojas
de mango. Combate la placa bacteriana que se acumula en la garganta
evitando el desarrollo de infecciones.
l
Durante el embarazo conviene incluir en la dieta todo tipo de
frutas que aporten al organismo los nutrientes necesarios para
el sano crecimiento del bebé. El mango, claro está,
no debe faltar debido a los minerales y vitaminas que contiene.
l
Las afecciones de tipo cardíaco encuentran un aliado
en este fruto. |
| Palabra
magica. Su nombre original no es uno sino varios:
rasala o sahakara en sánscrito, y mankay
en tamil, refiere el gastrónomo José Rafael Lovera.
Pero, específicamente, el término con el que lo
identificamos proviene de mangga, palabra de origen malayo.
Su denominación científica, por otra parte, es
mangífera indica, y según revela Jesús
Hoyos en Frutales de Venezuela, el término aclara
su origen: mangífera proviene del griego y significa
"que lleva mangos", y el vocablo indica denota
el país del cual proviene: India. |
Un postre tradicional
Entre las mil formas en que se puede consumir el mango se encuentra
la tradicional jalea. En su libro, El gran laboratorio de
la Naturaleza, Lutecia Adam brinda esta sencilla receta
para preparar este rico postre.
Jalea
de mango
Ingredientes
l
8 mangos verdes
l Azúcar o papelón
l Una rociadura de canelaen
polvo
Preparacion
Se hierven los mangos con su concha.
Se reserva el agua. Luego se pelan y se les extrae la pulpa.
Se pesa la pulpa y se le agrega igual cantidad de azúcar
o papelón. Se pone a fuego lento en una olla de peltre
o de barro, nunca de aluminio. Se mueve constantemente, alrededor
de una hora, hasta que haga cuerpo. La mezcla estará
en su punto cuando la conserva se queda adherida a la cuchara
con la cual se mueve la preparación. Luego se vacía
en un molde o en una bandeja. |
Por
dentro
Un mango de 300 gramos es más que suficiente para cubrir
las necesidades diarias de vitamina C y A que requiere un adulto.
Si está madura, la fruta se convierte en fuente de provitamina
A. Conviene saber que el apetitoso manjar es un antioxidante
de primer orden; es decir, tiene la propiedad de retrasar el
deterioro de los tejidos lo que, a su vez, contribuye a retardar
el envejecimiento.
Específicamente, 100 gramos de mango contienen proteínas
(0,5 g), fibra (1,7 g), potasio (18 mg), magnesio (190 mg),
vitamina C (30 mg), provitamina A (478 mcg), vitamina E (1 mg),
folatos (vitaminas del grupo B), hidratos de carbono (12,8 g),
grasa (0,3 g) y agua (83,0 ml). |
Fuentes
consultadas:
l Jesus Hoyos F. Frutales
en Venezuela. Sociedad de Ciencias Naturales La Salle.
l Rafael Cartay. El pan
nuestro de cada dia. Fundacion Bigott.
l Lutecia Adam. El gran
Laboratorio de la naturaleza.
www.ciudadfutura.com
www.revistalaguia.com
www.infoagro.com
Ver también en Encuentros:
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Colin Farrell. Nace un rebelde
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¡Belgas al ataque!
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