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El sueño americano
Max Haines
Esta Eva no quería ser expulsada de su paraíso

En 1922, Max Keller emigró desde Suiza a los Estados Unidos. Se fue a Los Angeles, donde fundó la Wilmar Pickle Co. Como único empleado de su compañía, Max trabajaba de noche y de día para desarrollar su negocio.
Poco a poco, la compañía prosperó. En 1925, Max, quien tenía 33 años, compró una vivienda de una habitación. Contrató a un ama de llaves, una atractiva austríaca de 26 años de edad llamada Eva, que tenía una hija, Elsie. Eva y Elsie se fueron a vivir a la casita de Max.
Es preciso señalar que el marido de Eva había fallecido luchando en el bando perdedor en la Primera Guerra Mundial. El caso es que Max contrajo matrimonio con Eva y llegó a querer mucho a la pequeña Elsie, adoptando oficialmente a la niña.
El negocio de Max prosperó. La pareja se compró una casa más grande en Wilmar y una casa refugio en las montañas de San Bernardino, a unos 115 kilómetros de Wilmar.
Todo iba saliendo conforme al sueño americano hasta finales de 1946 cuando, después de 22 años de felicidad marital, Eva y Max decidieron separarse. Sus amigos estaban sorprendidos. Max explicó que no paraban de pelearse y que, para no seguir así, Eva se había ido a vivir al refugio en las montañas hasta que se concretara su divorcio de común acuerdo. Eva tenía otra razón para separarse. Decía que Max estaba saliendo con otras mujeres.
Así estaban las cosas el 25 de enero de 1947 cuando los vecinos de Max se dieron cuenta de que llevaban días sin verlo y decidieron investigar. Arthur Ellsworth, al no poder entrar en la casa por ningún medio convencional, entró abriendo una ventana de la cocina. Se encontró a Max muerto en el suelo de la sala de estar. Había recibido un disparo en la cabeza y otro en el pecho. Al cabo de unos minutos, la policía estaba en el lugar del crimen. Un juez de instrucción estimó que Max llevaba entre 30 y 40 horas muerto, con lo que el deceso se debía haber producido entre la una de la tarde y las 11 de la noche del jueves.
El asesino de Max no era ningún Wyatt Earp. El o ella había disparado cuatro veces. Además de dos balas en el cadáver de Max, había otras dos de calibre 38 en el suelo del cuarto de estar, donde todo estaba en su lugar, lo que indicaba que no había habido forcejeo alguno. Faltaba el monedero de Max, pero su costoso reloj de pulsera de oro estaba intacto.
Los vecinos pudieron reconstruir los movimientos de Max la noche del asesinato. A las seis de la tarde lo vieron en la cocina. Poco después, se le vio en su furgoneta en una estación de servicio local. A las siete de la tarde estaba de vuelta en su casa. No se pudo encontrar a nadie que hubiera visto a Max vivo después de las siete de la tarde. George Vokos, trabajador de la estación de servicio, recordó que Max compró gasolina un poco antes de esa hora. Había pagado en efectivo, sacando un billete de un distinguido monedero con mucho dinero que llevaba grabadas las iniciales M.E.K.
Por supuesto que Eva Keller fue interrogada sobre sus movimientos en la noche del asesinato. Cooperó de buena gana con los detectives, diciendo que se había marchado a San Bernardino a ver a su abogado. Su reunión, sobre su inminente divorcio, duró hasta las cinco de la tarde. Luego, se fue a mirar escaparates durante una hora y, después, se fue a cenar a Checker Inn. Después de la cena, fue al cine Fox a ver una película, que terminó a las 8:30 pm. Volvió a Checker Inn para comerse una hamburguesa. Como no quería regresar al solitario refugio de la montaña, se fue a ver otra segunda película al Ritz, saliendo del cine a las 11:30.
Después de salir del cine, Eva se dio cuenta de que había olvidado la bufanda en el asiento. Se devolvió para recogerla pero el cine ya estaba cerrado. No obstante, logró llamar la atención de un empleado tocando en la puerta. Un encargado la acompañó y ella encontró su bufanda debajo del asiento donde había estado sentada.
Entre tanto, una vecina de Max, una tal Naomi House, le dijo a la policía que había oído varios ruidos hacia las 10 de la noche el día del asesinato. En ese momento, pensó que era el sonido de las ruedas de un vehículo que estaba dando marcha atrás. La policía creyó que habían dado con la hora del asesinato y que no había manera de que Eva estuviera implicada.
Al estudiar el pasado de los Keller, los detectives se enteraron de que, en una época, la pareja había acogido a niños que estaban bajo la custodia del Tribunal Juvenil de Los Angeles. Una de las chicas, que tenía 15 años cuando estuvo en casa de los Keller, fue mencionada en el testamento de Max.
Cuando se pusieron en contacto con esta chica, llamada Bárbara Ellison, esta le dijo a los detectives que durante su estancia con los Keller, Eva había abusado con frecuencia de ella, tanto mental como físicamente. Una vez Eva la había amenazado con un revólver reluciente. La policía puso varias armas encima de la mesa y le pidió a Bárbara que escogiese la que se parecía al revólver con el que Eva la había amenazado. Bárbara, dubitativa, eligió un Smith and Wesson niquelado, de calibre 38, el mismo de las balas que se habían extraído del cadáver de Max.
Eva le había dicho antes a los detectives que nunca había tenido un revólver. Ahora que la habían pillado mintiendo, decidieron comprobar la veracidad de su coartada.
En Checker Inn, la policía localizó a una camarera que se acordaba de haber servido a Eva en dos ocasiones distintas en la noche del asesinato, justo como Eva había declarado. Le dijo a la policía que Eva se había presentado la noche después del asesinato y le había preguntado si recordaba haberla visto la noche anterior. Entonces, le dijo que tan sólo quería ver si la camarera tenía buena memoria.
En el cine Ritz, el encargado recordó haber abierto la puerta hacia la medianoche para que Eva pudiera buscar su bufanda. Durante el curso de la conversación, los detectives mencionaron los nombres de las películas proyectadas esa noche. El encargado dijo que debía haber una equivocación. Habían proyectado esas películas esa tarde, pero las de la noche eran otras. La policía supuso que Eva había ido al cine esa tarde y había escondido la bufanda debajo del asiento para poder encontrarla después, lo que le daba una coartada perfecta.
Definitivamente, Eva había tenido ocasión de matar a su marido pero no tenían pruebas de que así fuera. La policía dejó pasar el tiempo. El 14 de mayo de 1948, 16 meses después del asesinato de Max, Eva se casó con Michael Becker. Cinco meses después de su boda, su refugio en las montañas de San Bernardino ardió en llamas. Se llegó a pensar que Eva y su nuevo marido habían perecido en el incendio, lo que se descartó cuando la pareja salió en el Cadillac de Eva mientras los bomberos buscaban sus cuerpos entre los escombros.
A primeras horas de la mañana siguiente, Eva dio parte del incendio a su compañía de seguros, presentándoles una larga lista de valiosos muebles y joyas perdidos en el desastre. Los investigadores del seguro empezaron a sospechar al no encontrar un solo resto de ninguno de los objetos que, según Eva, habían sido destruidos.
Las tareas de investigación fueron retomadas por especialistas, que estaban convencidos de que Eva había manipulado las tuberías de gas que habían provocado el incendio del refugio. También supusieron que había alquilado una de las cabañas vacantes que abundaban en la región.
A los investigadores les llevó tres semanas encontrar la cabaña que había alquilado Eva. Dentro, encontraron todo el mobiliario que, supuestamente, había destruido el fuego. Entre estos objetos estaba el distinguido monedero de Max con las letras M.E.K. grabadas. Debajo del colchón, descubrieron un revólver Smith and Wesson de calibre 38. Resultó ser el arma empleada en el asesinato.
Eva fue arrestada y acusada de incendiarismo. Fue declarada culpable y sentenciada a entre dos y 20 años de cárcel. Con el tiempo fue juzgada por el asesinato de Max Keller. El 7 de agosto de 1950, fue sentenciada a cadena perpetua en la Prisión Femenina de Tehachapi en California. l

 
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