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claves para lograr cambios favorables en las concentraciones de lípidos
o grasas sanguíneas:
l Evitar el consumo de alimentos
con altas cantidades de colesterol y grasas saturadas, eliminar
en lo posible la yema de huevo, crema de leche, manteca y vísceras
(hígado, riñones, sesos).
l Sustituir la mantequilla por margarina, preferiblemente del tipo
suave; la manteca por aceites vegetales poliinsaturados como maíz,
ajonjolí y girasol.
l Sustituir la leche completa
por leche descremada, la cual aporta 1% de contenido graso.
l Consumir huevo una sola vez
a la semana. Se puede sustituir la yema de huevo por la clara, la
cual no tiene colesterol; es decir, se puede preparar un "perico"
sólo con clara de huevo.
l Sustituir carne de res por
pollo, pavo sin piel, pescado o ternera.
l Se puede utilizar carne de
res magra (sin grasa visible), una vez a la semana.
l Aumentar el consumo de pescado
y aves de corral a tres o cuatro veces por semana.
l Preferir el consumo de quesos
bajos en grasas saturadas y colesterol, como requesón, ricotta
o mozarella.
l Aumentar el consumo de fibras
contenidas en cereales (avena en hojuelas, cebada de granos enteros,
germen de trigo, caraotas, arvejas, lentejas, frijoles, habas, habichuelas,
garbanzos, etcétera. Vegetales verdes, amarillos y frutas,
especialmente las cítricas (limón, naranja, toronja,
ciruela, guayaba).
l Las preparaciones deben ser
horneadas, asadas, a la plancha o a la parrilla, guisadas con salsas
naturales (cebollín, cebolla, tomate, pimentón, perejil,
ajo, ajoporro, entre otros).
l Eliminar el consumo de alimentos
horneados comerciales, con alto contenido de grasas saturadas, colesterol
y azúcar (pastelitos, croissants, cachitos, dulces de repostería
y pasapalos hechos de hojaldre).
l Consumir sal con moderación.
No utilizar salero en la mesa y eliminar el consumo en exceso de
alimentos salados.
l Disminuir el consumo de azúcar
refinado y alimentos con alto contenido de azúcares refinados.
En muchos casos es preferible utilizar un edulcorante dietético
para endulzar.
l Limitar el consumo diario
de alcohol a una onza (30 cc) de licor fuerte (ron, whisky), un
vaso de vino o un tercio de cerveza.
l Cuando se consuman helados,
preferir los preparados con base de frutas y agua, evitando los
cremosos.
FUENTE: PROGRAMA NACIONAL DE CONTROL DE RIESGO CARDIOVASCULAR
(PUBLICACION CONJUNTA DE LAS SOCIEDADES VENEZOLANAS DE CARDIOLOGIA,
MEDICINA INTERNA Y ENDOCRINOLOGIA)
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