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20 minutos con Monsieur
Omar Sharif

Ha actuado en más de 90 filmes y fue considerado uno de los hombres más guapos y seductores de la pantalla. Hoy tiene 72 años, vive en un hotel de París, afirma que le gusta ser "viejo" y que se ha convertido en un "comprador de soledad". Por estos días le otorga la chispa a Océano de Fuego, un largo de aventuras en las carteleras locales. Enmar Pérez. Los Angeles. Enviada especial

¿Qué esperaría escuchar usted de una luminaria del cine que ha aparecido en casi un centenar de películas, hizo dinero a manos llenas, se retiró por decisión propia y no por carencia de oportunidades, y, tras unos diez años de ausencia, reaparece en roles que, sencillamente, se da el lujo de escoger? Probablemente, todo... incluso esto.

“¿Satisfecho con mi carrera? No, qué va, hice demasiados filmes mediocres. Mire, ni siquiera puedo afirmar que he tenido una vida satisfactoria. Mi vida es un total fracaso porque a mí me hubiera gustado tener una familia, me refiero a vivir con una mujer. Conocí una a los 21 años, me casé, tuve un hijo, me divorcié, y desde 1968 no compartí una habitación con ninguna otra. No amé a ninguna otra”. El actor Omar Sharif despacha la frase con un manotazo en el aire, y la ha expresado sin rastro alguno de amargura. A sus 72 años prefiere dejar a un lado sus dotes de histrión para escoger los caminos de la franqueza: ya no hay nada que perder. La audiencia de unos siete periodistas se mueve hacia delante en sus asientos. Ahora sí se puede asegurar con todo el peso de las palabras: esta persona no luce nada común, no exuda nada corriente.

Cuando era joven se graduó en Egipto, su país de origen, en Física y Matemáticas. Comenzó trabajando por cinco años en el negocio de su padre, y después decidió estudiar actuación en la Real Academia de Arte Dramático de Londres, tras lo cual se dedicó al oficio. Ya convertido en un ídolo en su tierra, casado con la también actriz Faten Hamama, el director británico David Lean lo escogió para uno de los roles principales en Lawrence de Arabia (1962) junto a Peter O’Toole, por el cual fue nominado al Oscar como Mejor Actor de Reparto y por el que recibió un Globo de Oro en el mismo reglón. Ese fue el comienzo de su prolífica carrera en Hollywood que llegó a sumar (sólo allí) más de sesenta filmes, entre ellos el célebre Doctor Zhivago (1965) y Funny Girl (1968) al lado de Barbra Streisand. Tras prácticamente una década de retiro, reapareció en 2003 en la producción gala Monsieur Ibrahim y las flores del Corán, gracias a la cual se llevó el Premio de la Audiencia como Mejor Actor en el Festival de Cine de Venecia, y el César francés al Mejor Actor en 2004. Ahora regresa en Océano de Fuego (Hidalgo, hoy en las carteleras del país), en la que asume el rol de un jeque árabe al lado de Viggo Mortensen (el rey Aragorn en la saga de El señor de los anillos).

Cuando sorprendió con la respuesta que da comienzo a este texto había entrado hacía apenas unos minutos a una habitación del hotel Four Seasons de Beverly Hills, donde un grupo de reporteros internacionales lo esperaba durante las promociones de Océano de Fuego. La mayoría coincide en que Sharif le otorga al largometraje un toque de distinción y nostalgia. “Jamás me habría perdido la oportunidad de dirigir una película con Sharif haciendo de jeque”, había afirmado Joe Johnston, director del film.

Canoso en su totalidad, profunda la mirada de ojos negrísimos, delgado, elegante en sus maneras y directo en sus palabras, el actor no puede dejar de mover las manos para enfatizar cada una de sus aseveraciones (“Soy melodramático en todo lo que hago”, comentaría más adelante). Ya se sabe que no tiene una dama al lado, pero llega precedido de su fama de mujeriego irremediable y de jugador que se ha gastado una fortuna en casinos. “Nunca fui un apostador compulsivo en el sentido literal del término, sólo jugaba cuando me encontraba solo y no tenía algún amigo con quien comer. Nunca pensaría en ir a un casino si tengo alguien con quien cenar. De todas formas perdí mucho dinero, pero no porque eso constituyera una pasión. Del bridge sí era un apasionado, pero ya renuncié incluso a eso. No quiero ser, más nunca, esclavo de ninguna pasión “, le había declarado al diario británico Guardian News Service.

¿Y en cuanto a las mujeres? “Es cierto que tuve algunas aventuras, pero no tantas, muchas menos de las que se me atribuyen... Como en el caso del bridge, es muy malo no dar la talla como solía hacerlo antes, así que es preferible dejarlo. Y ¿cuál es el problema?”.

Océano de Fuego (2004)
Monsieur Ibrahim (2003)
Recibiendo el Life Achievement Award en el Festival de Venecia (2003)
En Lawrence de Arabia (1962)
Doctor Zhivago (1965)
Funny Girl (1968)
La semilla del tamarindo (1974)
Junto a Claudia Cardinale (1970)

Probablemente, ninguno. Hoy vive solo en un hotel de París (“Si estás solo, es mejor vivir en un hotel. Primero, ellos hacen todo por ti, y si te fastidias, siempre puedes bajar al bar y tomarte un trago; tengo mi propio asiento en el bar, que nadie más puede usar”); buena parte del tiempo libre la dedica a leer, y lo puede hacer en varios idiomas pues habla seis (“Qué aburrido, pensarán muchos. Pero es que a veces me digo: ¡Odio el aire fresco! ¡Odio el oxígeno! Amo el humo de los pubs y el aire acondicionado”); y confiesa que cuando no está filmando se acuesta a las cinco de la mañana, se levanta al mediodía y sólo come en la tarde (“No puedo comer sin tomar vino, y no puedo tomar vino durante las horas del día”). Pero que nadie se llame a engaño, a pesar de tales excentricidades, Sharif también adora montar a caballo (es propietario de varios), e invierte parte de sus días en compartir con su hijo y sus nietos (“Los adoro”), quienes viven en Egipto. Asimismo, este hombre, al que muchos han calificado como “solitario y triste”, aclara que ha sido, por el contrario, feliz en todas las etapas de su existencia: “Sí, estoy viejo, pero me gusta ser viejo. Siempre he estado contento con cada edad que he tenido, y no me gustaría tener otra. Ahora prefiero tener 72 años en lugar de 71”. No obstante, para algunas cosas, admite, ya el tiempo se le ha agotado.

Todo tiempo pasado
¿De verdad cree que es demasiado tarde para rehacer su vida al lado de una mujer?
“Seguro que es muy tarde. A mí me parece excitante llamar por teléfono y decir: ¿Estás libre la semana que viene? Es que me he dado cuenta de cuánto aprecio mi vida, mi privacidad; antes simplemente la vivía y no me percataba de ello... El otro punto es dormir en la misma cama; hoy tener a alguien en mi habitación me molesta, que usen mi baño... no entiendo cómo alguna vez lo hice con mi esposa. Cuando pienso en todas estas cosas y vuelvo atrás me digo: eso fue amor. Ella se ponía crema en la cara, a mí no me importaba. Eso era amor”.

¿Excepto de su esposa, dice que nunca estuvo enamorado?
“No lo sé, el amor es algo que te permites o no; el amor no es algo que no se pueda prevenir. A veces, cuando estaba trabajando mucho, me concentraba en mi carrera y el amor lo dejaba de lado, porque sabía que cuando me sintiera realmente enamorado, habría necesitado estar ahí. Entonces si conocía a una chica de la que me podría enamorar, no la volvía a ver, porque si no la ves otra vez, está terminado, no es una cosa de un día. Después te conviertes en un comprador de soledad”.

¿Cómo le gustan las mujeres?
“No tengo exigencias, no me importa si son rubias, pelirrojas... no me gustan las chicas altas porque me agrada poder besarlas y no tener que pararme en las puntas de mis pies. Tampoco me gustan las mujeres que son muy grandes, porque me gusta que mis brazos puedan rodearle todo el cuerpo” (acompaña lo dicho con el gesto, y se inclina como si sostuviera a una mujer imaginaria).

¿Hay algo que quiera hacer antes del fin de su vida, una película..?
“No, yo no pienso en esas cosas en absoluto. Lo que estoy haciendo para el fin de mi vida es tomar clases de griego antiguo, pero muy despacio, una hora a la semana. Y aunque muera antes de dominarlo, me habré ido aprendiendo algo que es hermoso. Cuando conozca el idioma voy a leer los textos originales de Homero en griego antiguo. Eso es lo que quisiera hacer antes de morir”.

¿Qué tiene de oriental y qué de occidental?
“En mis reacciones y emociones soy completamente oriental: soy melodramático en todo lo que hago; y soy culturalmente occidental: amo el teatro, me encanta leer la literatura de Occidente... pero mi corazón es totalmente oriental”.

¿Qué hacía cuando no estaba actuando?
“No hacía nada. Veía a mi hijo y mis nietos. Me involucré más en el tema de sus estudios, su educación, y estuve más tiempo con ellos. También iba a las carreras a ver mis caballos…”.

¿Cuántos tiene?
“Tengo como 18. No soy el único dueño, sólo de una parte de ellos”.

¿Cuál cree que es la mejor película que hizo?
“La mejor película que hice fue... La verdad, yo cuando veo un film en el que actúo no miro toda la pantalla, sólo veo lo que hago, sólo capto mis defectos, como por ejemplo, por qué hablé de tal manera, qué estúpido quedé en tal escena… Las personas que van al cine ven toda la pantalla, lo ven todo, los actores sólo se miran a ellos mismos”. (Risas).

¿Por qué cree que enamoró a tantas personas?
“Yo no enamoré a nadie, el Doctor Zhivago enamoró a las mujeres, y ellas me ponían en su lugar y pensaban que yo era él. Ellas aman al personaje y después trasladan el amor a uno”.

¿En su vida se arrepiente de algo?
“Jamás, arrepentirse para mí no existe, las cosas que hiciste cuando las hiciste, ya están hechas. Uno puede decir: eso no lo haría de nuevo, pero seguro que ya a nadie le interesa. Cambias y hay decisiones que con el tiempo no volverías a tomar, pero en su momento las tomaste, eras otra persona...”.

Cuando Sharif abandona la sala, una periodista no puede reprimir su expresión: “¡Qué triste!”... ¿Triste? De este lado se cambiaría el adjetivo por práctico y encantador. Unos minutos más tarde se le divisa en el bar del hotel compartiendo con un grupo de amigos. Se ríe, gesticula dando manotazos en el aire: es melodramático en todo lo que hace, y sí, ¿quién dijo que todos los finales felices son necesariamente al estilo de Hollywood?.l

De otras pasiones

l ¿Qué piensa de los egipcios, cree que el país es todavía dictatorial?
“Nuestro país es dictatorial en todo sentido, y nunca se va a volver democrático ni en los próximos 100 años. Mire, en Egipto, el pueblo, cuando tiene un problema, acude al kadir, al sultán, al clero... son muy ignorantes. Para que haya un gobierno democrático la gente debe estar educada. Para que exista un gobierno de la gente para la gente, ésta debe saber qué es democracia, qué es el parlamento... ¿Cree que saben qué es un parlamento?”.

l¿Por qué es el único que dice eso?
“No lo sé. Esta idea de democracia es algo nuevo en esas tierras... ahora todos la quieren para el país. Pero a la gente le gusta vivir bajo las reglas actuales, no saben vivir con un parlamento. Es bueno que se haya ido Sadam (Hussein), por ejemplo, pero quién sabe quién va a sucederlo. Los chiitas piensan que representan el Islam y sólo son 10% del mundo musulmán... ¿Se da cuenta?, no piensan que representan a los chiitas sino al Islam”.

l¿Qué se debe hacer por los palestinos?
“Lo primero que se tiene que hacer es esperar a que Sharon y Arafat desaparezcan, que dejen el gobierno o se mueran, porque son personas muy incompatibles, se odian mutuamente. Necesitamos que surja una nueva generación, gente joven que sean los líderes de Israel y de los palestinos, a quienes les importe el futuro de esos chicos… No olvide que en unos años todos van a tener la bomba nuclear, sólo es cuestión de tiempo, hasta yo sé hacer una bomba atómica; en realidad lo sé. Esos suicidas que van con el cuerpo lleno de bombas, van a ir con bombas atómicas... el país más peligroso del mundo es Paquistán, ellos le van a dar bombas atómicas a Bin Laden, ellos lo protegen, adoran a Bin Laden”.

l¿Por qué cree usted que lo quieren?
“Lo quieren porque son ignorantes, todo es una cuestión de educación”.

l¿Es un asunto de religión?
“Sí, porque los más pobres creen más en la religión. Las personas en Ruanda, en Bangladesh, piensan que es Dios quien manda todas las catástrofes que suceden: ¿por qué Dios, en su infinita justicia (como aprendí cuando era chico), continúa mandando desastres a los más necesitados, y no aquí, a California?”.

l¿Cree en Dios?
“No voy a contestar eso... La verdad es que no lo sé, tengo mis dudas, nunca voy a encontrar la respuesta”.

l¿ Va a ir a ver La pasión de Cristo?
“Sí. Ya leí todo lo que hay que leer al respecto, por eso la quiero ir a ver. No sé si va a tener en mí un efecto negativo o positivo, pero la quiero ver”.

eperez@eluniversal.com

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