| Queen
Mary 2
Bienvenidos a bordo
Una máquina de extraordinaria
tecnología revive la pasión por los viajes trasatlánticos.
El Queen Mary 2 inicia hoy su travesía inaugural ruta este:
el barco navegará desde Nueva York hasta Southampton en tándem
con el Queen Elizabeth 2. Estampas lo abordó en el
puerto de Fort Lauderdale a propósito del estreno del documental
QM2: El renacer de una leyenda, que transmite hoy el canal
Discovery Channel Mario Aranaga.
Fort Lauderdale. Enviado Especial
Desde el desafortunado Titanic
hasta los no menos famosos Queens de la línea inglesa Cunard,
los grandes trasatlánticos siempre han despertado los sueños
y evocado la nostalgia de los viajeros más apasionados. Son
pocos los que pueden resistirse al confort y la sofisticación
de una travesía en un barco maravilloso, la sola imagen de
miles de personas despidiéndose con pañuelos y cintas
desde un barco alejándose del puerto tiene para muchos un
significado muy especial. El QM2 es el embajador moderno de una
época y un estilo de viajar que se resisten a desaparecer.
En términos de tecnología,
potencia y lujo el Queen Mary 2 está, por los momentos, invicto.
Es sorprendente que en pleno siglo XXI una empresa naviera haya
apostado por una inversión tan cuantiosa en un barco de pasajeros.
El esfuerzo económico sólo se compara con el enorme
trabajo y la gran inspiración de un equipo profesional de
primera línea que hicieron posible la construcción
de un navío de dimensiones y características tan extraordinarias.
“Se trata de un barco realmente
increíble. El concepto de entretenimiento y diversión
a bordo, la idea del espacio, su tamaño, su capacidad y resistencia
son únicos en este tipo de embarcaciones; muy diferente a
lo que hemos hecho en otros barcos”, señala Stephen
Payne, el arquitecto naval responsable del proyecto. “Este
es un barco diseñado para el placer de cruzar el océano.
Un trasatlántico que a la vez que provee el lujo de un crucero
cuenta con la capacidad de navegar a través de condiciones
climáticas difíciles, con fuertes vientos y olas de
más de treinta metros de altura, manteniendo su ruta sin
retrasos por el impredecible océano Atlántico Norte.
Cuando piensas que este barco tan grande cruza el Atlántico
durante seis días en aislamiento total, te das cuenta de
los enormes avances de la tecnología. Resulta increíble
para los pasajeros poder admirar el mar embravecido a su alrededor,
desde el confort y la seguridad de un restaurante de lujo mientras
disfrutan de una cena gourmet”, acota un satisfecho Payne.
La meta de los ingenieros del
QM2 era utilizar las características principales de sus predecesores
pero combinadas con elementos de la tecnología más
avanzada del siglo XXI. Completar el ambicioso navío tomó
cinco años entre planeación y construcción
y se necesitaron miles de trabajadores de todas partes del mundo
para terminar dentro del tiempo estipulado.
El barco se construyó
en un astillero francés y el proceso se convirtió
en un verdadero esfuerzo internacional: los motores vinieron de
Francia, Finlandia y Estados Unidos, los estabilizadores de Escocia
y toda la sección de la proa fue realizada en Polonia. Muchos
de los elementos interiores se prefabricaron en Suecia y más
de 350 artesanos de la India fueron contratados para instalar el
complejo sistema de aire acondicionado.
Construido mayormente en acero
y con un sistema de navegación totalmente computarizado,
esta poderosa máquina está destinada a convertirse
en una nueva referencia en la historia de los viajes marítimos.
Richard Payne finalizó su presentación con una frase
contundente: “Desde el momento que el QM2 navegó por
primera vez el significado de los viajes por mar tomó otra
dimensión”.
| Queen mary 2: El renacer
de una leyenda |
El
documental que transmite hoy a las 21:00 Discovery Channel cuenta
toda la historia de la construcción de la nave, desde
su concepción en planos hasta su culminación.
Utilizando materiales de archivo, gráficas de computadora,
fotografías time-lapse que acompañan paso a paso
el proceso e impresionantes tomas aéreas, el televidente
podrá disfrutar de la construcción de una máquina
única en su género. El programa ofrece una mirada
exclusiva al trabajo inicial de diseño e impresiones
de realidad virtual tanto del exterior como del interior del
barco, intercaladas con tomas del ensamblaje y la construcción
real. Además, los problemas y desafíos que se
encontraron a lo largo del camino, mientras los trabajadores
lidiaban con la instalación de 1.310 cabinas, 2.500 kilómetros
de tendido eléctrico, 80.000 puntos de iluminación,
5.000 escaleras y 2.000 baños. Dos horas que condensan
la historia del proyecto de una moderna ciudad flotante. |
Una tarde en Fort
Lauderdale. El QM2 se ve desde lejos, los colores emblemáticos:
rojo, negro y blanco, su chimenea y los pequeños ojos de
buey de los infinitos camarotes te trasladan de inmediato a otra
época, un tiempo de viajeros más amables y menos controles
de seguridad. Sin embargo, a este barco no lo aprecias en su verdadera
magnitud hasta que lo tienes enfrente, o mejor dicho, encima.
El entusiasmo es general, todos los periodistas estamos ansiosos
por conocer en vivo lo que —según los expertos—
es el barco más moderno, más grande, más rápido,
más seguro y más lujoso del mundo. Una vez superados
los procesos de seguridad de rigor abordamos con timidez el impresionante
“edificio” que tenemos delante. El interior también
es sobrecogedor, uno no sabe si está en un centro comercial
o en el lobby de un gran hotel de Las Vegas.
El atrio que da la bienvenida a los pasajeros
es altísimo, franqueado por sendas escaleras barrocas, alfombras
estampadas y una serie de lámparas y adornos bastante brillantes.
Los muebles están dispuestos en pequeños grupos y
llama la atención un gran piano de cola —pianista incluido—
que se encuentra en un extremo del salón. La primera impresión
te deja notas de dorado, azul brillante y ostentación; sin
duda, un lugar enorme y muy ostentoso.
Con los pasajeros rondando y todo el equipo
del barco en pleno trabajo de bienvenida la escala del sitio se
escapa, realmente se te olvida donde estás. Nuestra guía,
la encargada de relaciones publicas de la línea, nos saca
del eterno gesto de admiración con un charla a alta velocidad:
“Bienvenidos a bordo, les ruego nos disculpen, pero los pasajeros
han comenzado a abordar y el recorrido va a ser un poco incómodo.
Antes de comenzar quiero que sepan que el QM2 es nuestro orgullo,
esta maravilla flotante tiene un planetario, una biblioteca, un
SPA con piscina techada y más de veinte salas para masajes
y terapias, un bar de champaña, 6 restaurantes, un teatro,
gimnasio completo, 4 piscinas, 13 bares y discotecas, varias salas
de lectura, un centro médico, una galería de arte,
y una sociedad única con la Universidad de Oxford para que
autores literarios, historiadores, artistas y científicos
enriquezcan la experiencia a bordo. Además, nuestros pasajeros
cuentan con un casino, un sala de videojuegos, dos peluquerías,
un simulador de golf, un centro comercial y la única tienda
Hermés sobre el agua, entre otras delicadezas...”.
Y les confieso, honestamente, que tiene todo
eso y mucho más... Durante tres horas y media y a una velocidad
considerable el grupo subió, bajó, entró y
salió de cuanto recodo tiene este barco. Hasta el puente
de mando fue inspeccionado por la curiosidad periodística.
Los colores y el estilo de la decoración
cambian en los diferentes ambientes, sin embargo, son variaciones
sobre el mismo tema. Sorprende la capacidad para aprovechar el espacio
y la riqueza de los elementos cotidianos a bordo. Las vajillas,
la cristalería, los manteles, la ropa de cama, los artículos
de baño, todo es de primera línea. También
es apabullante la gran cantidad de piezas de arte que decoran los
distintos ambientes. Según nuestra guía, artistas
que representan a 128 países fueron comisionados para equipar
al buque con obras de arte valoradas en más de cinco millones
de dólares. Aquí todo es superlativo.
Sólo se nos negó el acceso a
la sala de máquinas y a las tres grandes suites de 37.000
dólares diarios. Pequeños palacios que cuentan, entre
otro detalles, con terraza, piscina, un chef y un mayordomo privados,
y que según los rumores, será uno de los lugares escogidos
por el príncipe Felipe de España para pasar su luna
de miel.
Durante el paseo llama la atención lo variopinto de una tripulación
joven, bien entrenada y multicultural: hay tripulantes de 64 países
del mundo, y lo natural que manejan su evidente pasión por
el barco.
El recorrido finalizó con un corto
brindis de despedida en el Queens Room, un lujoso salón para
invitados especiales. Las preguntas de rigor y una inquietud sobre
el tentador interés terrorista en el barco —sin mucho
eco en nuestros anfitriones— sellaron nuestro encuentro con
el colosal barco. La amabilidad y la cortesía se dan por
sentadas en el QM2, al igual que la necesidad —innegable—
de un mapa. l
Números
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El barco mide 345 metros de largo
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Tiene 72 metros de altura
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Pesa 150.000 toneladas
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Puede transportar 2.620 pasajeros
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La tripulación tiene 1.253 miembros
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Costó 800.000.000 de dólares
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Grande
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Si acostamos la Torre Eiffel (299,9 metros) el QM2 es 44,8
metros más largo y tan sólo 35,6 metros más
pequeño que la altura del rascacielos Empire State
Building (380,3 metros).
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El pito del barco puede ser escuchado a 16 kilómetros
de distancia.
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La planta eléctrica del QM2 produce suficiente energía
para iluminar una ciudad del tamaño del puerto de
Southampton en Inglaterra.
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En un día de navegación normal se sirven más
de 22.000 platos
de comida y 55.000 botellas de vino.
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