| ¿Quién asesinó a
Phyllis Dimmock?
Max Haines
Su cuello había sido cortado de
oreja a oreja con tal ensañamiento que casi resultó
decapitada
Hoy
en dia los nombres Phyllis Dimmock, Bert Shaw y Robert Wood son
desconocidos. Pero en 1907 sus nombres y sus vidas eran tan conocidas
que los actores del West End londinense interrumpían sus
actuaciones para contarle a su audiencia los últimos avances
en el caso de asesinato.
Phyllis Dimmock era una atractiva prostituta
de 23 años que llevaba a cabo su trabajo en las calles y
en el pub del distrito de King en Londres, Inglaterra. Phyllis,
como cientos de otras señoritas de la noche londinense, nunca
pretendió ser otra cosa aparte de lo que era.
Por azares de la fortuna, una noche conoció
a Bert Shaw. Bert, aunque obviamente estaba cautivado por los abundantes
encantos de Phyllis, tenía un lado muy serio. Durante las
siguientes semanas, él y Phyllis hicieron los arreglos financieros
suficientes para que él se hiciera cargo de los ingresos
del negocio de la joven. Aunque el serio Bert pensaba que era un
acuerdo fabuloso, le faltaba la estabilidad y la permanencia que
él hubiera deseado. Le propuso a Phyllis que dejara su profesión
y se convirtiera en su mantenida. Phyllis lo pensó 20 segundos
antes de aceptar su propuesta.
Así, Phyllis se convirtió en
el ama de casa del 29 St.Pauls Rd., en el pueblo de Camden, y ante
el resto del mundo era la señora de Bert Shaw. Bert era cocinero
en el vagón restaurante de un tren, y por necesidad, pasaba
mucho tiempo fuera de casa. Me apena informarles que mientras Bert
estaba fuera, esclavizándose en el fogón de un vagón
restaurante, Phyllis volvió de nuevo a las calles. Sus jugosas
ganancias eran para sí misma.
Como cualquier caballero inglés de
fuerte temperamento, Bert no veía el momento de apartarse
de aquella estufa caliente para caer en los cálidos brazos
de la pequeña Phyllis. Bert no sospechaba nada en absoluto.
Cuando su tren llegó a la estación de St. Pancras
el 12 de septiembre de 1907, él corrió hasta el No.
29. Cuando Phyllis no respondió a su llamada amorosa, entró
hasta la habitación.
La habitación estaba desordenada. El
cuerpo de Phyllis yacía en la cama. Su cuello había
sido cortado de oreja a oreja con tal ensañamiento que casi
había resultado decapitada. La habitación completa
estaba saturada de sangre. Bert salió corriendo a la calle
llamando a la policía con un grito de terror.
Al examinar el cuerpo la policía reveló
que Phyllis había muerto entre las tres y las seis de la
mañana el 12 de septiembre. Parece que Phyllis no había
cambiado de costumbre, excepto ante Bert Shaw. Era muy conocida
en dos pubs: The Rising Sun y The Eagle.
Durante tres noches en la semana de su asesinato,
Phyllis había dormido con un caballero que era cocinero de
la marina. Este cocinero probó, sin ninguna duda, que estaba
en su pensión cuando Phyllis fue asesinada.
En su última visita al 29 de St. Pauls
Rd., como un juego divertido la noche previa al crimen, Phyllis
le había mostrado al extraño una tarjeta. Estaba dirigida
a la señora Shaw y decía: “Querida Phyllis,
si te apetece encuéntrate conmigo en…”. En vez
de usar la palabra Rising Sun había una ilustración
muy buena de un sol naciente guiñando un ojo sobre el horizonte.
Estaba firmado: “Tuya, Alice”.
La policía buscó la tarjeta
sin éxito. No fue hasta que Bert Shaw estaba trasladándose
de su habitación cuando la descubrió bajo algunos
periódicos que estaban en un cajón. El viudo entregó
la tarjeta a la policía, que la distribuyó a los periódicos.
La tarjeta fue reproducida en los diarios, y la publicidad pronto
dio sus resultados.
Ruby Young vio la historia y reconoció la escritura de la
tarjeta. Por coincidencia, Ruby era también una prostituta.
Recientemente se había echado un novio más o menos
estable, Robert Wood. Sabía que Wood había escrito
la tarjeta. Robert Wood llevaba una doble vida. Durante el día,
era un socio de diseño muy talentoso, así como un
excelente artista. Por la noche, a Robert le encantaba recoger a
una prostituta y llevársela a la cama.
Cuando Ruby vio la carta por primera vez,
recordó que Robert le había hablado sobre la noche
del 11 de septiembre, y le había dicho que si alguien le
preguntaba sobre esa noche en particular dijera que había
estado con ella. Ahora sabía por qué.
El día que la tarjeta fue publicada, Robert le hizo una pequeña
visita a Ruby. Le dijo que había una explicación lógica
para justificar la tarjeta que había sido encontrada en la
habitación de la muchacha asesinada. Le explicó que
una noche había encontrado a Phyllis en el pub Rising Sun.
Compró una postal cuando Phyllis mostró algún
interés en ella después que un vendedor se la ofreciera
en el pub. Phyllis le pidió que escribiera una nota en la
tarjeta y que se la mandara. Era conocido que Phyllis coleccionaba
tarjetas. Robert dijo que escribió la nota como una broma,
y que cuando estaba a punto de firmarla, Phyllis dijo que corrigiera
el nombre en la tarjeta para no tener problemas con Bert. Ella sugirió
el nombre de Alice, y la firmó con ese nombre. El juraba
que nunca había conocido a Phyllis antes de esa noche, y
nunca la había acompañado a su habitación.
Ruby aceptó las explicaciones y prometió
no decir nada. Naturalmente, se lo confió a una amiga, quien
se lo contó a la policía, y Robert se encontró
metido hasta el cuello. Cuando le detuvieron, alguien le reconoció
en un panel de sospechosos como el individuo que frecuentaba el
Rising Sun, y juraba que le había visto varias veces con
Phyllis.
Robert Wood fue arrestado. El 4 de octubre
se celebró su juicio por asesinato en el famoso Old Bailey
londinense. La imagen del muchacho respetable que llevaba una vida
durante el día y otra muy diferente por la noche capturó
la imaginación del público. Cada mañana se
formaba una larga fila esperando poder entrar a la sala donde se
estaba celebrando el juicio. Una multitud curiosa se reunía
afuera todos los días.
La parte acusatoria aprovechó los intentos
fútiles que Robert había intentado organizar en secreto
para crear una coartada con Ruby Young. Testigos presenciales juraron
que habían visto a Robert enfrente de la puerta principal
de la casa de Phyllis a la hora del crimen.
Es
posible que los hombres de principios del siglo pasado se identificaran
con Robert, ya que un gran número de la opinión pública
simpatizaba con él en su circunstancia. La mayoría
creía que era inocente. La defensa subió al padre
de Robert al estrado. Juró que su hijo estaba en casa durante
la madrugada que se cometió el crimen.
Un testigo, que declaró reconocer a
Robert por haberle visto en la puerta de la casa de Phyllis el día
del asesinato a las cinco de la mañana y bajo la farola de
la calle, se avergonzó al saber que las luces de la calle
se apagaban a las cuatro cuarenta de la madrugada.
La defensa argumentó que el asesino
debía haber estado cubierto de sangre. Nunca se encontró
sangre en las ropas de Robert. De hecho, se presentó en su
lugar de trabajo pocas horas después del crimen, y se comportó
normalmente, como cada día.
El jurado sólo tardó 17 minutos para declarar a Robert
Wood inocente. La multitud en el Old Bailey vitoreaba salvajemente
el veredicto. Este caso fue tan notorio que Robert Wood y Ruby Young
tuvieron que cambiar sus nombres para pasar desapercibidos.
¿Quién asesinó a Phyllis Dimmock? Nunca se
encontró ni el arma ni al asesino. l
Ilustraciones: David Márquez
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