- Eros Ramazzotti en Venezuela.
- Cantándole a George Harrison.
- Reverón para niños.

 CRONICA
- Thelma and Louise
- Queen Mary 2
Bienvenidos a bordo
- Dos pa' lo que salga
- 20 minutos con Monsieur Omar Sharif
SALUD
- Vuélvase loco por los frutos oleaginosos
PSICOLOGIA
- La prueba del coeficiente de inteligencia cumple 100 años
BELLEZA
- Descubre tu piel
MODA
- Vaqueras urbanas
COCINA
- Para niños
MASCOTAS
- Fama perruna
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 
 

¿Quién asesinó a Phyllis Dimmock?

Max Haines

Su cuello había sido cortado de oreja a oreja con tal ensañamiento que casi resultó decapitada

Hoy en dia los nombres Phyllis Dimmock, Bert Shaw y Robert Wood son desconocidos. Pero en 1907 sus nombres y sus vidas eran tan conocidas que los actores del West End londinense interrumpían sus actuaciones para contarle a su audiencia los últimos avances en el caso de asesinato.

Phyllis Dimmock era una atractiva prostituta de 23 años que llevaba a cabo su trabajo en las calles y en el pub del distrito de King en Londres, Inglaterra. Phyllis, como cientos de otras señoritas de la noche londinense, nunca pretendió ser otra cosa aparte de lo que era.

Por azares de la fortuna, una noche conoció a Bert Shaw. Bert, aunque obviamente estaba cautivado por los abundantes encantos de Phyllis, tenía un lado muy serio. Durante las siguientes semanas, él y Phyllis hicieron los arreglos financieros suficientes para que él se hiciera cargo de los ingresos del negocio de la joven. Aunque el serio Bert pensaba que era un acuerdo fabuloso, le faltaba la estabilidad y la permanencia que él hubiera deseado. Le propuso a Phyllis que dejara su profesión y se convirtiera en su mantenida. Phyllis lo pensó 20 segundos antes de aceptar su propuesta.

Así, Phyllis se convirtió en el ama de casa del 29 St.Pauls Rd., en el pueblo de Camden, y ante el resto del mundo era la señora de Bert Shaw. Bert era cocinero en el vagón restaurante de un tren, y por necesidad, pasaba mucho tiempo fuera de casa. Me apena informarles que mientras Bert estaba fuera, esclavizándose en el fogón de un vagón restaurante, Phyllis volvió de nuevo a las calles. Sus jugosas ganancias eran para sí misma.

Como cualquier caballero inglés de fuerte temperamento, Bert no veía el momento de apartarse de aquella estufa caliente para caer en los cálidos brazos de la pequeña Phyllis. Bert no sospechaba nada en absoluto. Cuando su tren llegó a la estación de St. Pancras el 12 de septiembre de 1907, él corrió hasta el No. 29. Cuando Phyllis no respondió a su llamada amorosa, entró hasta la habitación.

La habitación estaba desordenada. El cuerpo de Phyllis yacía en la cama. Su cuello había sido cortado de oreja a oreja con tal ensañamiento que casi había resultado decapitada. La habitación completa estaba saturada de sangre. Bert salió corriendo a la calle llamando a la policía con un grito de terror.

Al examinar el cuerpo la policía reveló que Phyllis había muerto entre las tres y las seis de la mañana el 12 de septiembre. Parece que Phyllis no había cambiado de costumbre, excepto ante Bert Shaw. Era muy conocida en dos pubs: The Rising Sun y The Eagle.

Durante tres noches en la semana de su asesinato, Phyllis había dormido con un caballero que era cocinero de la marina. Este cocinero probó, sin ninguna duda, que estaba en su pensión cuando Phyllis fue asesinada.

En su última visita al 29 de St. Pauls Rd., como un juego divertido la noche previa al crimen, Phyllis le había mostrado al extraño una tarjeta. Estaba dirigida a la señora Shaw y decía: “Querida Phyllis, si te apetece encuéntrate conmigo en…”. En vez de usar la palabra Rising Sun había una ilustración muy buena de un sol naciente guiñando un ojo sobre el horizonte. Estaba firmado: “Tuya, Alice”.

La policía buscó la tarjeta sin éxito. No fue hasta que Bert Shaw estaba trasladándose de su habitación cuando la descubrió bajo algunos periódicos que estaban en un cajón. El viudo entregó la tarjeta a la policía, que la distribuyó a los periódicos. La tarjeta fue reproducida en los diarios, y la publicidad pronto dio sus resultados.
Ruby Young vio la historia y reconoció la escritura de la tarjeta. Por coincidencia, Ruby era también una prostituta. Recientemente se había echado un novio más o menos estable, Robert Wood. Sabía que Wood había escrito la tarjeta. Robert Wood llevaba una doble vida. Durante el día, era un socio de diseño muy talentoso, así como un excelente artista. Por la noche, a Robert le encantaba recoger a una prostituta y llevársela a la cama.

Cuando Ruby vio la carta por primera vez, recordó que Robert le había hablado sobre la noche del 11 de septiembre, y le había dicho que si alguien le preguntaba sobre esa noche en particular dijera que había estado con ella. Ahora sabía por qué.
El día que la tarjeta fue publicada, Robert le hizo una pequeña visita a Ruby. Le dijo que había una explicación lógica para justificar la tarjeta que había sido encontrada en la habitación de la muchacha asesinada. Le explicó que una noche había encontrado a Phyllis en el pub Rising Sun. Compró una postal cuando Phyllis mostró algún interés en ella después que un vendedor se la ofreciera en el pub. Phyllis le pidió que escribiera una nota en la tarjeta y que se la mandara. Era conocido que Phyllis coleccionaba tarjetas. Robert dijo que escribió la nota como una broma, y que cuando estaba a punto de firmarla, Phyllis dijo que corrigiera el nombre en la tarjeta para no tener problemas con Bert. Ella sugirió el nombre de Alice, y la firmó con ese nombre. El juraba que nunca había conocido a Phyllis antes de esa noche, y nunca la había acompañado a su habitación.

Ruby aceptó las explicaciones y prometió no decir nada. Naturalmente, se lo confió a una amiga, quien se lo contó a la policía, y Robert se encontró metido hasta el cuello. Cuando le detuvieron, alguien le reconoció en un panel de sospechosos como el individuo que frecuentaba el Rising Sun, y juraba que le había visto varias veces con Phyllis.

Robert Wood fue arrestado. El 4 de octubre se celebró su juicio por asesinato en el famoso Old Bailey londinense. La imagen del muchacho respetable que llevaba una vida durante el día y otra muy diferente por la noche capturó la imaginación del público. Cada mañana se formaba una larga fila esperando poder entrar a la sala donde se estaba celebrando el juicio. Una multitud curiosa se reunía afuera todos los días.

La parte acusatoria aprovechó los intentos fútiles que Robert había intentado organizar en secreto para crear una coartada con Ruby Young. Testigos presenciales juraron que habían visto a Robert enfrente de la puerta principal de la casa de Phyllis a la hora del crimen.

Es posible que los hombres de principios del siglo pasado se identificaran con Robert, ya que un gran número de la opinión pública simpatizaba con él en su circunstancia. La mayoría creía que era inocente. La defensa subió al padre de Robert al estrado. Juró que su hijo estaba en casa durante la madrugada que se cometió el crimen.

Un testigo, que declaró reconocer a Robert por haberle visto en la puerta de la casa de Phyllis el día del asesinato a las cinco de la mañana y bajo la farola de la calle, se avergonzó al saber que las luces de la calle se apagaban a las cuatro cuarenta de la madrugada.

La defensa argumentó que el asesino debía haber estado cubierto de sangre. Nunca se encontró sangre en las ropas de Robert. De hecho, se presentó en su lugar de trabajo pocas horas después del crimen, y se comportó normalmente, como cada día.
El jurado sólo tardó 17 minutos para declarar a Robert Wood inocente. La multitud en el Old Bailey vitoreaba salvajemente el veredicto. Este caso fue tan notorio que Robert Wood y Ruby Young tuvieron que cambiar sus nombres para pasar desapercibidos.
¿Quién asesinó a Phyllis Dimmock? Nunca se encontró ni el arma ni al asesino. l

Ilustraciones: David Márquez

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso