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Test para identificarla

Para hacer este test, ponte delante de un espejo y observa la textura y apariencia general de tu piel, luego elige las respuesta que consideres adecuadas. Anota los puntos y súmalos. Solamente puedes contestar una opción en cada pregunta. De esta forma sabrás realmente cuál es tu tipo de piel para poder satisfacer sus exigencias y orientarte en la elección de los productos más adecuados.

1 Observa tus poros
¿Qué aspecto te parece que tienen?

o Se notan en todo el rostro
o Se notan sólo en la zona T
o No se notan mucho
o No se notan
1
2
3
4

2 El aire, el sol, la contaminación o el frío ¿hacen que tu piel se reseque y descame?

o Casi nunca
o Algunas veces en las mejillas

o Con frecuencia
o Muy a menudo
1
2
3
4
3 ¿Después de limpiarte el cutis sientes la piel tirante y seca?
o Casi nunca
o Algunas veces en las mejillas

o Con frecuencia
o Muy a menudo
1
2
3
4
4 ¿Tiene tu cutis un aspecto grasiento?
o Casi siempre
o Con frecuencia en la zona T
o Algunas veces
o Nunca
1
2
3
4
5 ¿Con qué frecuencia te aparecen puntos negros o espinillas?
o Con frecuencia
o De vez en cuando
o Muy poco
o Nunca
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2
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4
6 ¿Tienes arrugas o líneas de expresión?
o Casi nunca arruga
o Algunas líneas de expresión
o Finas arruguitas alrededor
de los ojos y la boca
o Arrugas profundas y finas
según las zonas
1
2


3

4

Dscubre tu piel

Saber reconocer nuestro tipo de piel es el primer paso para aprender a prestarle los cuidados adecuados

En la frontera entre nuestro organismo y el exterior se encuentra la piel, un órgano que nos envuelve y nos protege de los efectos medioambientales. A través de ella, mediante el sudor se regula la temperatura corporal y se eliminan toxinas y productos de desecho. Su superficie oscila entre un metro y medio y dos metros cuadrados, tiene un espesor medio de tres milímetros —las zonas más finas se encuentran en los labios y los párpados, y las más gruesas, en las palmas de las manos y en las plantas de los pies— y su peso supone el 12-15% del peso total de la persona. Para ejercer su función de defensa, la piel cuenta con la barrera hidrolipídica, una emulsión de agua, grasa y sustancias hidrosolubles; de la proporción en que se encuentren depende que la piel sea normal, mixta, grasa o seca.

Cada tipo de piel está escrito en los genes, así que no se puede cambiar. Sin embargo, existen una serie de variaciones a lo largo de la vida. En la adolescencia la piel es, generalmente, más grasa a causa de las hormonas y, poco a poco, se va haciendo más seca. A los 20 años se puede saber ya cómo va a ser la piel: si la tienes seca, es casi impensable que se vuelva grasa o mixta. Y si es grasa a esa edad, con los años puede llegar a ser mixta, pero raramente seca, hasta la menopausia. Antes de aplicarte cualquier tratamiento, es fundamental que sepas cuál es verdaderamente tu tipo de piel. Resuelve este test y averígualo.

Cutis mixto
Tiene características intermedias entre las del cutis seco y las del cutis graso. Es graso sólo en la llamada zona T (frente, nariz y barbilla), donde normalmente está presente un mayor número de glándulas sebáceas, mientras que es seco en las otras áreas. Además de un limpiador neutro y delicado que deberás utilizar para el lavado, para este tipo de piel se recomiendan las cremas con acción reequilibrante.

Cutis graso
Es el resultado de una producción excesiva de sebo que alcanza su punto álgido en la pubertad y va disminuyendo con la edad. Tiene un aspecto brillante, con los poros dilatados y muy evidentes. Tiende a la formación de acné, sobre todo en el período de la ovulación, y de comedones abiertos (puntos negros) y cerrados (granitos). La única ventaja de este tipo de piel es que manifiesta más tarde las arrugas. Con unos hábitos cosméticos regulares, las pieles grasas pueden alcanzar su equilibrio. Para su cuidado es aconsejable seguir las siguientes pautas: realizar una limpieza profunda

mañana y noche con un limpiador no agresivo, específico para cutis oleosos, con acción antiséptica. La emulsión o gel hidratante de día tendría que tener ingredientes con acción opaca y astringente, mientras que para la noche se puede escoger una loción con acción purificante que regule la producción de sebo. Además, es aconsejable realizar por lo menos una vez a la semana una exfoliación semanal, siempre que no haya granos.

Cutis seco

Este tipo de cutis se muestra fino al tocarlo, se descama fácilmente, los poros son pequeños y poco visibles. Los cutis secos no toleran bien las radiaciones solares ni el paso del tiempo, ya que su sequedad extrema acaba con su elasticidad y da paso a un envejecimiento prematuro, el cual viene propiciado por una disminución global de las secreciones de las glándulas cutáneas y un incremento de la pérdida de agua en las capas superiores de la epidermis. La prevención y los cuidados que precisa la piel seca se fundamentan en tres pilares básicos: lo mejor es usar un limpiador con una concentración reducida de sustancias detergentes. A diario, y tanto por la mañana como por la noche, las pieles secas deben limpiarse con un ligero masaje. Un tratamiento nutritivo es esencial, ya que mantiene la piel flexible e hidratada. La crema hidratante ideal debe contener sustancias como colágenos, elastinas, y proteínas. Por la noche son ideales las cremas basadas en sustancias nutritivas.

Cutis normal
Resulta tan difícil de encontrar como fácil de definir: se trata de una piel equilibrada y fina, ni seca, ni grasa, con los poros cerrados, apenas perceptibles, y con un color uniforme de melocotón. Es decir, que prácticamente la tienen sólo los niños pequeños. En los adultos, es rara. Por eso son pocos los fabricantes que tienen productos para este tipo de cutis, y con frecuencia los productos para piel seca o mixta los recomiendan también para la piel normal. Si tienes la suerte de disfrutar de una piel perfecta, procura respetar su equilibrio y no someterla nunca a agresiones de ningún tipo.

Resultados
Si el total es Tu piel será
Entre 6 y 9 grasa
Entre 10 y 14 mixta
Entre 15 y 19 normal
Entre 20 y 24 seca

Cutis sensible
Cualquier tipo de piel puede volverse sensible si se ve sometida a una serie de circunstancias capaces de irritarla lo suficiente. Los cambios climáticos bruscos, la contaminación, el sol... La hidratación y la protección son las mejores armas, porque tienen un efecto barrera.

Las pieles sensibles suelen tener sensación de ardor, prurito, deshidratación y perturbaciones en la microcirculación. Aspecto frágil y vulnerable, tonalidad clara, piel fina y delicada, tendencia a padecer rojeces, ardor y tirantez. Necesitan una limpieza suave mañana y noche, nutrición ligera, exfoliación mensual y mascarillas hidratantes y calmantes. l


 
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