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Brotes que curan

Comprados o hechos en casa, los germinados poseen una cantidad
infinita de bondades que la mayoría desconoce. Al constituir una fuente importante de vitaminas y minerales, regular la función intestinal y ser
aliados en el control de peso se han convertido en un alimento indispensable para la dieta de quienes quieren verse
y sentirse bien.

María De Los Angeles Herrera

Foto: www.latinstock.com.ve /corbis/ve Rainer Eggers

¨Las semillas son invisibles.
Duermen en el secreto
de la tierra hasta que a una
de ellas se le ocurre la fantasía
de despertar
¨. El Principito,
de Antonie de Saint- Exupéry

Ya lo decía el Génesis: las semillas son el origen de la vida, y no sólo de la vida vegetal, pues los germinados —esos brotes que la mayoría de los pequeños aprende a preparar en casa utilizando menudas semillas de caraota— tienen comprobadas facultades para mejorar la calidad de vida de quienes deciden incorporarlos a su dieta.

Aquellos que creen que los germinados se reducen a la soja y la alfalfa, dupla que se consigue con mayor facilidad en los comercios locales, están equivocados, pues existe una gran variedad de brotes que se incluye dentro de este grupo. Cereales como la cebada, el trigo y el arroz; oleaginosas como el girasol; granos ricos en féculas como las lentejas y los garbanzos; y verduras como la cebolla, el rábano y la escarola son algunas de las opciones de germinados que usted puede animarse a preparar en casa. 

Mágico fruto


Basta voltear la mirada hacia los germinados para darse cuenta de los favores que son capaces de conceder a las personas que deciden consumirlos. Además de que aumentan sustancialmente el valor nutricional que tienen las semillas en su estado natural, las pocas calorías que aportan —cerca de 30 por cada 100 gramos— y la sensación de saciedad que generan, los convierten en una opción verdaderamente saludable para perder peso.

Su riqueza en hierro, cobre, ácido fólico y clorofila les permite ser aliados en el tratamiento de la anemia; y, de igual manera, su consumo es útil en pacientes que sufren de estreñimiento, debido a que el elevado contenido de fibra con que cuentan regula la función intestinal. Los de estómagos delicados también pueden consumir brotes sin preocuparse por los problemas digestivos, pues la germinación convierte a las semillas en proteínas predigeridas —en forma de aminoácidos—, propiedad útil sobre todo a la hora de consumir granos, ya que además de ser fáciles de absorber no generan las flatulencias que suelen producir cuando están cocidos.

Para quienes desean liberar a su cuerpo de las toxinas que produce el consumo de alcohol, grasas y comidas muy condimentadas, los germinados ayudan a limpiar el organismo por las grandes cantidades de oxígeno y magnesio que poseen. Adicionalmente, estos frutos disminuyen los niveles de colesterol y previenen la aparición de afecciones vasculares, producto de la acumulación de grasa en las arterias.

Los deportistas, por su parte, agradecen su efecto sobre la acumulación de ácido láctico, desecho metabólico que se genera luego del ejercicio prolongado y que se cree es responsable de la fatiga muscular.

Las féminas, son el grupo más beneficiado. Por su alto contenido de hormonas naturales (isoflavonas), los brotes facilitan el tránsito por el período de la menopausia y ayudan a prevenir el cáncer de mama. Las mujeres embarazadas, también le deben a los germinados el aumento en la producción de leche materna, gracias al calcio y al fósforo que albergan.

Finalmente, son potentes antioxidantes debido a los niveles de vitamina C y betacaroteno que contienen y que los convierten en alimentos ideales para aquellos que desean reducir el efecto de los radicales libres, pero también para evitar la presencia de enfermedades cardíacas y ciertos tipos de cáncer.

Cómo, cuánto y qué comer

Como todo alimento nuevo, explica la nutróloga clínica Josefina Villegas de Plaza, los germinados “hay que introducirlos en pocas cantidades, observar cómo se digieren y aumentar progresivamente la cantidad para que el organismo se vaya acostumbrando y no cause intolerancias”.

A estas alturas, probablemente usted se estará preguntando cómo saber la cantidad adecuada que debe consumir.  Al respecto, Villegas de Plaza explica que lo recomendable es “ingerir 20 gramos de fibra por cada 1.000 calorías diarias”, de allí que la cantidad de germinados varíe en función de las calorías totales que consuma cada persona.

Acá encontrará algunos de los germinados más comunes y sus respectivas propiedades:

Soja:
planta leguminosa que dispone de dos variedades. La soja blanca, que no es tan recomendable para las personas de estómago delicado porque resulta más difícil de digerir, y la soja verde, cuyo sabor es más refrescante y tiene gran cantidad de vitaminas, proteínas y aminoácidos que fortalecen el sistema nervioso y le confieren un efecto relajante.

Alfalfa:
arbusto de la familia de las papilionáceas. Por su frescura y su textura crujiente es uno de los germinados más populares. Contiene aminoácidos, vitaminas y minerales, sobre todo calcio y fósforo, por lo que tiene un efecto positivo sobre la fatiga y la debilidad física. Además es desintoxicante y es útil en el tratamiento de enfermedades como úlceras, diabetes, hemorragias y artrosis. La alfalfa se puede utilizar para preparar ensaladas, acompañar sándwiches o, incluso, elaborar tortillas.

Trigo:
planta que pertenece a la familia de las gramíneas. Tras la germinación, adquiere un toque dulce y un sabor bastante agradable, por lo que se puede utilizar en ensaladas y jugos. Por su riqueza en proteínas, minerales y vitaminas B y E, es un fruto que posee numerosas cualidades, entre ellas la prevención de infecciones, la recuperación de nutrientes perdidos —especialmente en personas que han pasado por largos períodos de enfermedad o convalecencia—, y es útil en el tratamiento de trastornos nerviosos.

Lentejas:
herbácea de la familia de las papilionáceas. Tras la germinación su aporte de minerales es bastante bueno, pues proporciona manganeso, hierro, cobre y zinc, lo cual las convierte en un fruto ideal para combatir los signos del envejecimiento. Van bien con cualquier tipo de comida, especialmente con las ensaladas. 

Cebolla:
planta cultivada en huertos que forma parte de la familia de las liliáceas. Sus semillas son negras, color que conservan hasta después de germinar y desmejora un poco su aspecto; sin embargo, sus brotes son ricos en proteínas y vitaminas A, C y D. Pueden utilizarse como sazonador natural, ya que su sabor es similar al de la cebolla pero mucho más fresco.

Arroz: planta gramínea que germina con facilidad. Sus brotes son fuente de hidratos de carbono, de vitamina B, potasio, magnesio, fósforo, calcio y sodio. Con tantos minerales los dientes y huesos se conservan mucho mejor en su presencia.

Girasol: de la familia de las compuestas, esta planta germinada es rica en grasas insaturadas y proteínas; además, es fuente de vitamina D y lecitina, elementos que permiten digerir mejor las grasas.

Rábano: planta herbácea que pertenece a la familia de las crucíferas. Sus germinados poseen un sabor más intenso que el del rábano y tienen casi 30 por ciento más de vitamina C y cuatro veces más de vitamina A que la leche. Si no le gustan los sabores fuertes, es mejor que lo emplee con otros germinados o verduras de sabor suave.

Especialista consultada

Josefina Villegas de Plaza, nutróloga clínica,
clínica Santa Sofía
Telf.: 987.7257

Fuentes consultadas

lLutecia Adam. Libro Laboratorio de la naturaleza
l Norman Shealy. Enciclopedia ilustrada
de remedios naturales
l Revista Sano & Natural
www.yanuq.com
www.cocinavino.com
www.enbuenasmanos.com
www.dsalud.com
www.consumer.es
www.portalvegetariano.com

Sin salir de casa

En su libro Laboratorio de la naturaleza, Lutecia Adam señala que existen muchos métodos para obtener los germinados, sin embargo, recomienda emplear un frasco de boca ancha y un trozo de media de nylon para tapar el envase. El primer paso es colocar las semillas dentro del frasco y ponerlas a remojar: si son pequeñas, como las de rábano o alfalfa, requerirán entre cuatro y seis horas de remojo, pero si son granos grandes y duros necesitarán entre 12 y 24 horas. Terminada esta fase, se escurren las semillas (a través de la media) y se dejan inclinadas en algún gabinete de la cocina, para que se conserven tibias y en un sitio oscuro. Se deben remojar y escurrir durante tres o cuatro días, hasta que las semillas se conviertan en brotes y estén listas para ser consumidas. 

 

 
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