- El debut
de Marianto


- Amor
en la radio


- ¿Hasta
que por fin?


MODA

- Elizabeth Hurley
en el paraíso


- Grey´s Anatomy
El triunfo les
sienta bien


- Alejandro González Iñárritu
Con limón y sal


- Juventud prolongada

BELLEZA
- Para verse
bien (I)
SALUD
- El período
qué es normal
y qué no
MODA
- Las amigas
Campanita
COCINA
- Prácticas recetas con ensaladas
MASCOTAS
- Amigos equinos
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 
revista Estampas
 

Alejandro González Iñárritu Con limón
y Sal


Las películas de este director mexicano son perturbadoras
y contundentes como un trago
a fondo de tequila. Hoy Babel,
la última de la trilogía que concibió junto al guionista Guillermo Arriaga, compite por el Oscar en seis categorías. Esta entrevista
va, pues, por la Academia...
aunque mal pague.
Enmar Pérez Garmendia


 

¨Los temas de los que habla Babel estaban rondando
mi corazón y mi mente desde hacía mucho tiempo,
y aún siguen allí: el miedo, la paranoia por lo desconocido,
la xenofobia, la inmigración, el terrorismo¨


Dice que si, que a pesar de saber que eran muchas las posibilidades que tenía
Babel de alcanzar varias nominaciones a los premios Oscar, de todas formas es extraordinaria la emoción que se siente cuando finalmente se escucha el veredicto. Para qué negarlo, la sensación es bien padre. Y no ha sido poco lo logrado por esta producción que ha dirigido y que cierra —por los momentos, con Globo de Oro
a la Mejor Película, entre otros broches— la poderosa trilogía que concibiera junto
al guionista, también mexicano, Guillermo Arriaga: Amores Perros (2000),
21 Gramos (2003) y ahora Babel (2006). Así las cosas, son seis las categorías
por las que competirá esta noche el film, entre ellas las de Mejor Película, Mejor Guión Original y Mejor Director —reconocimiento este último que ya conquistó en Cannes. Pero apenas concluya la vorágine que ha implicado la asistencia a festivales y premiaciones —donde Babel ha tenido una repercusión importante
aun saliendo con las manos vacías—, se tomará un largo descanso. Un año sabático que lo devolverá a las historias mínimas de una cotidianidad por estos días anhelada. “Cuando haces una película de esta naturaleza dejas muchas cosas de lado, tanto propias como de las personas que te necesitan, principalmente tu familia.
Entonces creo que necesito retomar fuerzas, física y emocionalmente, atender asuntos pendientes, libros que no he leído, cintas que no he visto, y, evidentemente, hacerme cargo un poco más de mis hijos (tiene dos), estar un poco más con ellos que están creciendo rápidamente y que no quiero se me vayan de las manos”, comenta a través del hilo telefónico la amable voz de González Iñárritu, quien
no ha dejado de atender llamadas de uno y otro lado del mundo desde hace varias semanas. Como nunca antes le ha tocado responder preguntas de todo tenor
y escucharlas en los más variados acentos. El teléfono amenaza con convertirse
en una suerte de Babel.

Orquestando la locura

Una travesura infantil, una bala perdida, un blanco inesperado —“pequeños actos decididos por los personajes basados en la inocencia, pequeñas decisiones que crean tsunamis”, refiere el director— dan rienda suelta a esta trama de tres historias cruzadas, que se mueve durante dos horas y veintitrés minutos a lo largo de tres continentes (América, Africa y Asia), que se expresa en cinco idiomas (inglés, español, japonés, árabe y bereber, sin contar el lenguaje de señas de los sordomudos) y que convocó a un repertorio tanto de actores profesionales como improvisados. Entre ellos Brad Pitt, Cate Blanchett, las muy nominadas Adriana Barraza y Rinko Kikuchi, y el siempre bienvenido Gael García Bernal. Todos compartiendo cartel con pastores ovejeros marroquíes o pobladores anónimos
de un pueblo fronterizo entre México y Estados Unidos, sin ninguna experiencia
que aportar ante las cámaras. Tal como apuntara un crítico, Babel es ese tipo de filmes “con heroica vocación de darse el trompazo… o salir en hombros
por la puerta grande”.
   
“Puesss, sí. Es una idea muy descabellada, muy difícil. Yo sabía que era
un reto brutal, pero eso es lo que me hizo seguir adelante: saber que podía
fallar”, concede el realizador. “Me gusta retarme, es lo que me mantiene vivo,
la adrenalina me mantiene atento y sí, en ocasiones sentí que estaba orquestando una locura, y pensaba: ‘Esto va a ser un desastre’… Incluso en el cuarto de edición sabía a veces que la película no estaba funcionando, pero esa es la labor
de un director, tienes que extraer lo mejor, encontrar que funcione lo que soñaste”.

Lo soñado y lo vivido

Lo cuenta como en flashback: escogió una fecha, empacó sus maletas y se mudó
con su familia a Los Angeles. Justo cuatro días antes del atentado del 11 de septiembre de 2001, cuando la intolerancia y el fanatismo hicieron diana
en el World Trade Center de Nueva York. Del derrumbe de aquellas torres
, comenta, comenzó a erigirse otra (Babel) por puro instinto: “No fue fácil asimilar todas las cosas que cambiaron en este país. Se despertó en mí una sensación de ansiedad y, evidentemente, la conciencia de inmigrante te hace estar más alerta
y preguntarte demasiadas cosas. Los temas de los que habla Babel estaban rondando mi corazón y mi mente desde hacía mucho tiempo, y aún siguen allí: el miedo, la paranoia por lo desconocido, la xenofobia, la inmigración, el terrorismo.
Son varios los tópicos que se tocan sutilmente, y, en mi opinión, son los que nos están aniquilando”.

Esos son los grandes temas, los que hacen mella en la humanidad. También hay espacio para dolores más íntimos: “En las tres películas (Amores Perros, 21 Gramos
y Babel), de una u otra manera, hay siempre una relación conmigo, historias que me tocan muy de cerca, no quiero decir autobiográficas, pero sí hay cosas de los personajes con las que me identifico, plena y profundamente, porque, de una u otra forma, las he vivido”.

La pérdida de un pequeño hijo, por ejemplo, como en el caso de la pareja que
en la pantalla representan Blanchett y Pitt, que en la cinta ha viajado hasta el otro lado del mundo para superar la crisis que ha ocasionado la trágica experiencia.
O, como contara en una entrevista, imágenes que lo han acosado durante algún tiempo, como cuando vio a una niña con retraso mental caminar, extraviada,
en un bosque nublado de Japón, y que en el film se vuelca en el personaje
de la sordomuda que encarna Rinko Kikuchi, perdida e impotente en medio
de la selva que puede resultar la moderna ciudad de Tokio —“el drama
de aquellos que no pueden tocar ni ser tocados por las palabras”—.
Por no hablar de tanto relato conocido de mexicanos a quienes se les torna
una pesadilla el intento por poner un pie en el resbaladizo terreno del sueño americano, cuyo drama abraza con una calidez y una calidad extraordinarias
la actriz Adriana Barraza.

Lo anterior y más conviven en Babel. Lo anterior y más hacen del cine de González Iñárritu un proceso de talante visceral: “Nacen (sus largometrajes) de lo que me quema el estómago. Es una necesidad que tengo, mas allá de que, evidentemente, es muy agradable que a la gente le guste la película y se contacte con ella. Pero, finalmente, es siempre una película que necesito hacer. Es el instinto que he tratado de seguir a lo largo de mi carrera y espero seguir haciéndolo”.

Espera, dice. Sabe, después de todo, que el éxito que ha conquistadopaulatinamente y cuya guinda es Babel, podría pender de su cabeza como aquella famosa espada: “Eso del éxito es muy relativo. Tanto el éxito como el fracaso son una herida abierta porque alteran la serenidad. Para mí el éxito no es el dinero sino el poder estar haciendo lo que amo. Creo que, afortunada o desafortunadamente, sigo siendo
el mismo idiota de siempre”, respondía en un foro abierto organizado vía Internet. 
  
Hecho el tonto

Pero, se le pregunta, ¿cómo hace “el mismo idiota de siempre” para convocar, ponga usted, a un peso pesado —y que en Hollywood vale lo que pesa en oro— como Brad Pitt? “Pues un día me tocó la puerta un güero (catire) y me dijo: ‘Soy Brad Pitt y quería hablar contigo porque estoy interesado en…”, bromea riéndose. “No, en serio, le hablé, me senté con él, le expliqué el proyecto, le gustó la idea y lo aceptó. En realidad, no fue muy difícil”. Antes había argumentado: “Babel es una película que hace comentarios sobre los prejuicios y, por lo mismo, ni yo ni la película podíamos ser víctimas de ellos. Cualquier prejuicio sobre si Brad era correcto o no para
el papel queda respondido con su actuación”.

Así las cosas, la verdadera dificultad, confiesa, estuvo en escoger la totalidad del elenco: “Me tardo muchísimo haciendo casting, me costó un año decidirme por todos los personajes. Para mí 80 por ciento de la labor de un director está en el casting.
Si hay fallas allí la película se te va al car…”.

Por eso es tan importante. Por eso, en ocasiones, hasta de rodillas podría afincarse.
“Cate Blanchett… sabía que tenía que ser ella, sólo ella puede hacer de una mujer que está ahí tirada, sangrando, un papel interesante, que no sea melodramático
y se victimice de una forma fácil. Necesitaba una mujer con esa complejidad que tiene Cate, y con los ojos que tiene Cate. De hecho, a ella le rogué porque
no quería hacerlo, le parecía que era un rol muy pequeño. Yo le decía: ‘Es por eso, precisamente, que te necesito, porque en tus ojos está todo. Tú actúas con
los ojos y el cine es actuar con los ojos”.

Brad Pitt y Cate Blanchett
asumen la historia de una
pareja estadounidense
que sufre una tragedia
en tierras marroquíes

 

Más vale una mirada que mil...

“Las películas tienen que romper con esa narrativa que las envenena con palabras
y confiar más en las imágenes. El idioma del cine es el lenguaje de la imagen.
El cine es lo que sucede entre una línea de diálogo y otra”. Así expresaba su filosofía de trabajo al diario La Nación. No en balde, la crítica no ha dejado de alabar a Babel por “su visualidad poderosa, cargada de tensión y de amenaza desde el principio, que hace de las palabras no mucho más que un recurso facilitador”.

Y el cineasta se atreve a más: “El mayor cine fue el cine mudo”.

Probablemente, habría que rebatirle tal argumento, pero allí está  el intenso y silente personaje de Rinko Kikuchi, para el cual González Iñárritu hizo casting durante nueve meses en Japón, entre niñas sordomudas. La búsqueda fue ardua. “Al final salió Rinko (que no es sordomuda pero que se instruyó en su lenguaje e hizo las pruebas actorales poniendo en práctica lo aprendido). Lo mejor que pudo haberme pasado…”. A estas alturas, con él concuerdan la crítica, el público y la Academia —hoy Kikuchi estará sentada entre las nominadas al Oscar como Mejor Actriz
de reparto.  

Otro cuento eran sus paisanos Adriana Barraza —también nominada en el mismo renglón— y Gael García Bernal. Ambos habían sido arte y parte de Amores Perros
y los dos deseaban volver a trabajar con Alejandro y su combo.

Alejandro y su combo

La mexicana Adriana Barraza (arriba) y la japonesa
Rinko Kikuchi han sido nominadas
al Oscar como Mejor Actriz de Reparto

“El cine es una labor de colaboración. Es una orgía creativa en donde no sólo el director y el guionista imprimen un sello sino también el fotógrafo (Rodrigo Prieto),
la diseñadora de producción (Brigitte Broch), el músico (el ya oscarizado Gustavo Santaolalla, nominado nuevamente por Babel), los actores y, en fin, cada uno de los miembros que trabajan en ella. He tenido la suerte de contar con mi familia cinematográfica desde mi primera película y estoy seguro de que la ausencia de cualquiera de ellos haría una diferencia”, expresaba.

Y he ahí, como ya se sabe, que se separa de su guionista Guillermo Arriaga: “Es un proceso normal. En toda dupla creativa existe un ciclo y ese ciclo ha terminado. Pero ha sido un ciclo muy productivo del cual los dos estamos muy orgullosos. Me parece que la prensa amarillista ha querido hacer un tema y encontrar un problema, cuando, en realidad, simplemente lo que hay es un término natural de la relación”. Ya lo había comentado: “Guillermo quiere dirigir, y creo que es justo y necesario. Con su gran talento y sensibilidad, estoy seguro de que hará una gran película. Yo, por mi parte, exploro con entusiasmo un cambio, que al fin y al cabo es lo único permanente”.

Sobran las palabras.

eperez@eluniversal.com

Trinidad bendita


“Tenemos mucha comunicación. Los tres participamos muchísimo en nuestros procesos”, responde González Iñárritu cuando se le pregunta por los otros dos directores mexicanos que más halagos y galardones han cosechado en los últimos tiempos: Guillermo del Toro (El laberinto del fauno, con seis nominaciones al Oscar) y Alfonso Cuarón (Niños del hombre, con dos).  “Yo fui al cuarto de edición de Guillermo (del Toro) y él me ayudó a editar mi película. Igual que con Alfonso (Cuarón), nos intercambiamos nuestros guiones, nos criticamos y hemos viajado y recibido premios juntos. Me encantan sus películas y me parece que Niños del hombre y El laberinto del fauno son hermanas de Babel. Es casi una trilogía la que hemos hecho sin pensarlo: una aborda el pasado (El laberinto...), la mía toca el presente, y Niños... el futuro. Es increíble, los tres mexicanos, viviendo afuera, hemos hecho filmes muy personales y que abordan los mismos temas universales”.

Créditos de fotografías:
Foto1:
Dan Steinberg
Foto2: Chris Pizzello
Foto3: Archivo


 
Más allá de Babel

Su otra pasión

“La música. Soy un músico frustrado. La música es superior al cine, es el único arte verdaderamente espiritual. Es prácticamente angelical, lo otro es vulgaridad pura”.

Los imprescindibles

“¡Híjole!, (Federico) Fellini, (Michelangelo) Antonioni, (Ingmar) Bergman, (John) Cassavetes, (Andrei) Tarkovsky, Alain Resnais… También me gustan mucho Lars von Trier, Woody Allen y Michael Haneke… Son algunos de los que siempre veo porque tienen mucho rigor en su trabajo”.

Otro director mexicano
de armas tomar


“Carlos Reygadas (Japón, Batalla en el cielo). Es un talento brutal. Acaba de filmar su tercera película y me parece que es un gran cineasta. Además es joven (36 años) y creo que tiene un futuro brillante”. 

Un reto

“Hacer una comedia. Me parece un enorme desafío. Pero lo quiero intentar. Ahora, una cosa es lo que quieres y otra lo que puedes”.

 


Ver también en Encuentros:
-Grey´s Anatomy el triunfo les sienta bien
- Alejandro González Iñárritu Con limón y sal

-Juventud prolongada


[an error occurred while processing this directive]