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  Misión extrasensorial con una pitonisa
Carla Tofano

Hace un par de días, Margaret Viforeanu me recibió en su casa para echar mi suerte sobre la mesa de su místico despacho de este modo interpretar el futuro de mi vida a través de los mensajes ocultos de sus cartas francesas. Como siempre, he creído en brujas y en hadas, y he convivido con ángeles de carne y hueso y demonios de piel de corcho. Así que prefiero iniciar el relato de mi encuentro con mi pitonisa de confianza, declarándome chica crédula, anticartesiana y pro espiritista.
Muchas veces la clarividencia me auxilia en forma más asertiva que la lógica. Por eso, cuando quiero saber más de mí, de mis infortunios o de mi suerte, adoro pagar por los servicios de una buena pitonisa. Los procesos físicos por los cuales un enorme Boeing alza vuelo y aterriza en un punto equidistante del globo terráqueo son para mí tan ininteligibles como el proceso gracias al cual un profesional de la clarividencia es capaz de intuir, dilucidar y dibujar mi destino posible. De principio a fin la vida es un misterio, y partiendo de esta verdad fundamental, que es a su vez una máxima ingenua y facilista, podemos entregarnos plácidos a toda suerte de conjuros de magia blanca y lecturas extrasensoriales del universo.
Elegante, extranjera del mundo y pelirroja, Margaret -como muchos otros profesionales de la clarividencia y la metafísica- te mira desde la profundidad irremediable de sus ojos azul turquesa y, en ese preciso momento, empieza el oscuro juego de energías que te permite entregarte sin recelo al poder de su seductor embrujo esotérico. Siempre y cuando tengas ganas de seguirle el juego a la circunstancia, la lectura de cartas a la que decidiste asistir puede convertirse en la mejor terapia introspectiva de tu vida y en una eficaz caricia para el alma. Cuando Margaret empieza a pedirte que participes y tomes esta carta o aquella otra, el escéptico ser pensante que vive dentro de ti empieza a dudar de todo, pero para la desgracia de tu lado cuerdo, las palabras que te nombran y te explican, desde la boca de tu maga de ocasión, empiezan a llenar el espacio y a pedirte que te quedes, que no te vayas, que te dejes llevar por la curiosidad de saber lo que saben de ti los dioses, tus ancestros, la materia que te rodea, las estrellas en constelación.
Uno siempre decide lo que quiere hacer con su vida y lo que quiere ser en la vida. Sin embargo, a veces tenemos la certera impresión de estar deambulando un camino que alguien -llámese como se llame- dibuja anticipadamente desde algún lugar del planeta para señalarnos el pasadizo alterno. Esa información, la que construye el deseo y sobrevive a la inconciencia, la misma desde donde emanan las ondas electromágnéticas del cuerpo, nos forja y nos contiene. Y si acaso escapa a los ojos de muchos, sobrevive en el parpadeo fantasmagórico de unos pocos.
Margaret cuenta con esa mirada láser que te dice de ti lo que de algún modo esperas oír y ya conoces, aunque seas inconsciente de tales certezas. "Después de muchos años de luchas, intentos fallidos y batallas contra la corriente, el universo finalmente confabula a tu favor". Eso me dijo Margaret con acento rumano y voz de gitana caraqueña hace unos días, y desde entonces, como si un milagro me abriera las puertas del corazón, tengo una inusitada confianza en mí misma. La verdad, siempre es más fácil confiar en lo que otros sentencian como verdades absolutas, que forjarte seguridades a medias aplicando lo que aprendiste en el último librito de autoayuda que leíste. "Soy una triunfadora", me digo incrédulamente cuando necesito ayudarme a mí misma, pero nunca me lo creo.
Sin embargo, cuando ella, la bruja más bella de la ciudad me toma de la mano y me dice: "Estás en el camino del triunfo, el año 2004 va a ser maravilloso para ti", me lo creo con todo el corazón y me lo creo tanto que convierto sus sentencias en una realidad inquebrantable. Llegado a este punto muchos me dirían: "Si a tu pitonisa le crees todo lo que dice, ¿por qué no confiar en los fundamentosos y fundamentados consejos de tu psicólogo, tu analista o tu psiquiatra? No funciona igual porque la mentalidad cientificista se apoya en códigos que han perdido el poder de convicción que la magia y el ocultismo tienen en demasía. Margaret me recibe con un mazo de cartas, me mira con misterio y afecto. Sus gatos son testigos de mi desconfianza inicial, y todo junto hace que me relaje y me entregue confiada al enigma de saber quién soy y para dónde voy.l

tofano@hotmail.com

 
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