| Los buenos
de la película
No cesan las investigaciones en torno a los efectos positivos que los antioxidantes tienen sobre el organismo. Pero asimismo, algunos de estos estudios no dejan de preguntarse cuáles y en qué cantidad deben ingerirse para compensar la perniciosa acción de los radicales libres, en este caso: los malos del cuento. María Elisa Espinosa
¿Qué no se ha dicho de los antioxidantes y su “enemigo número 1” los radicales libres? Pocos científicos dejan de atribuirle bondades a los primeros, y ninguno se atreve a otorgarle el más mínimo beneficio de la duda a los segundos. Los primeros suelen ser los héroes de la película. Los segundos no se salvan de la etiqueta non grato en las zonas del organismo donde causan sus efectos más negativos.
En torno a este tema, los expertos coinciden al indicar que los antioxidantes contraatacan de una manera magistral a los radicales libres; es decir, a esas formas altamente reactivas del oxígeno y nitrógeno que se acumulan en el cuerpo por el funcionamiento normal del metabolismo, cuestión que —según afirman los científicos también— puede contribuir al desarrollo del cáncer, de patologías cardiovasculares, problemas de la vista (como cataratas o degeneración macular), Alzheimer, Parkinson y algunas complicaciones de la diabetes. Como si esto no fuera suficiente, se conoce desde hace tiempo otra no muy buena noticia: Aquellos elementos propios del organismo que combaten la oxidación (contenidos principalmente en vitaminas, minerales, colorantes naturales y otros compuestos vegetales y enzimas), con el pasar de los años, y particularmente por no desarrollar hábitos de vida sanos, terminan no alcanzando para contrarrestar las consecuencias perniciosas que los radicales libres ejercen al tener una gran capacidad para alterar el ADN (los genes), las proteínas y las grasas en el cuerpo.
De allí que para el ser humano resulte tan fundamental el consumo diario de legumbres, frutas, hortalizas y cereales integrales, pues son ricos en antioxidantes. Y de allí también que se hayan creado productos sintéticos para reforzar la ingesta de estos elementos que se encuentran en los alimentos de una dieta balanceada.
No obstante —porque siempre hay más de un pero cuando de este tema se trata, y mucho más en la medida en que los científicos sigan investigando— un reciente estudio del Instituto de Medicina de los Estados Unidos ha puesto en duda los beneficios de tomar grandes dosis de antioxidantes, como las vitaminas C y E, entre otras, para prevenir las enfermedades y el envejecimiento.
Dicha investigación sugiere que no se han podido identificar nutrientes particulares en las frutas y los vegetales que reduzcan el riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer; poniendo de cierta manera en entredicho los varios estudios que en los últimos años han mostrado que las personas que comen dietas ricas en estos componentes reducen la posibilidad de padecer la enfermedad. Resultados similares encontraron con las afecciones coronarias y de la vista.
La conclusión a la que llegan los estudiosos del Instituto de Medicina es que las frutas y los vegetales contienen otras sustancias, además de las vitaminas, que pueden tener un efecto positivo sobre la salud, por lo cual no se atreven a aseverar que sean exclusivamente éstas las únicas necesarias para el organismo. Asimismo sugieren revisar las dosis recomendadas como consumo diario de las vitaminas C y E, además del selenio, determinando los niveles más bajos para los suplementos sintéticos de vitaminas y antioxidantes, pues tampoco ven bien que se exagere con el asunto hasta que no se tengan mayores certezas.
En todo caso, lo que se prefiere pensar es que —en materia de los antioxidantes y su eterna lucha contra los radicales libres— es preciso profundizar con más investigaciones. Entre tanto, para los ojos de algunos científicos, lo conveniente es manejarse con la premisa de que “más no es mejor”. O lo que podría en este caso significar lo mismo: “el exceso nunca es bueno”. Sin olvidar el hecho de que no pocos investigadores han insistido a lo largo de los años en aclarar que, a pesar de que la ingesta de alimentos ricos en antioxidantes disminuye el riesgo de ciertas patologías, éstos no modifican el deterioro normal que conlleva la vejez. l Fuentes consultadas:
www.buenasalud.com
www.alimentacion-sana.com.ar
Laboratorios Leti de Venezuela
| CUALES SON Y DONDE ESTAN |
Vitamina C: Viene contenida en frutas y verduras frescas y crudas, como guayaba, kiwi, mango, piña, cítricos, melón, fresas, bayas, pimientos y coles, entre otr as.
Vitamina E: Se encuentra
en vegetales de hoja verde, frutos secos, aceite de oliva, aceite de soya, germen de trigo, germen de cereales y cereales de grano, entre otros.
Betacaroteno
(Pro Vitamina A): Pertenece a la familia de los carotenoides de los vegetales y el organismo es capaz de transformarlo en vitamina A; entre ellos se incluyen la zanahoria, la espinaca, la auyama, las cerezas, los albaricoques, el melón y los melocotones.
Selenio: Mineral relacionado con un menor riesgo
de tumores de piel, higado, colon y mama; está contenido en carnes, pescados, mariscos, cereales, huevos, frutas y verduras.
Zinc: Favorece la formación de nuevas proteínas, la síntesis de enzimas y el buen estado de la piel y mucosas; como buena fuente de este mineral se incluyen las carnes y vísceras, los pescados, los huevos, los cereales completos y las legumbres.
Cobre: Potencia
el sistema inmune
y participa
en la formación
de enzimas, proteínas
y neurotransmisores cerebrales; se puede encontrar en el hígado, pescados, mariscos, cereales completos y vegetales verdes.
Cisteína: Aminoácido
no esencial importante para la producción de enzimas contra los radicales libres; el hígado y las defensas del ser humano la utilizan para desintoxicar el cuerpo de sustancias que deprimen el sistema inmune como el alcohol,
el tabaco y la contaminación ambiental.
Flavonoides: Son colorantes naturales (que incluyen los flavonoles, antocianidoles y las flavonas) de la familia de los polifenoles; entre otras cosas protegen
el sistema cardiovascular
y la American Cancer
Society le atribuye la capacidad de reducir el riesgo de cáncer colo-rectal; se encuentran en coles, verduras de hoja verde, frutas rojas y moradas, cítricos y el vino tinto.
Isoflavonas: Contenidas
en la soya y algunos
de sus derivados como
el tofu; estudios científicos han demostrado que las mujeres asiáticas
que las consumen
presentan menor incidencia de cáncer de mama y matriz que las
occidentales.
Acido alfalipoico: Es un carotenoide contenido
en algunas verduras
y frutas (abunda
en el tomate); potencia las funciones
antioxidantes
de las vitaminas C, E
y de la enzima
glutation peroxidasa.
Enzimas naturales: Además de la glutation
peroxidasa, se incluyen
la catalasa, el superóxido dismutasa y la coenzima
Q-10 como enzimas
antioxidantes presentes
en el organismo.
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| PINO DEPURADOR |
Como uno de los últimos hallazgos en materia de antioxidantes naturales, se cuenta el extracto de pino marino francés, árbol milenario cuya corteza
—de acuerdo con investigaciones recientes que traen a colación
los productores venezolanos
de su versión en tabletas— posee la propiedad de proteger
las células del organismo contra las influencias dañinas
del ambiente; reduce los factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares; evita que las plaquetas se unan y formen coágulos de sangre (con la consecuente producción de una trombosis); así como inhibe la colagenasa y elastasa (enzimas que se encargan de romper el colágeno
y la elastina), con lo cual estaría generando mayor lozanía, flexibilidad y frescura en la piel.
En países como Japón, Alemania, Finlandia, Francia, Suiza, Reino Unido y los Estados Unidos,
el extracto estandarizado de pino marino francés ya forma parte
de la cotidianidad de sus habitantes, hasta el punto de que ha sido patentado no sólo en tabletas, sino además en merengadas
y otras formas de consumo. |
FOTO: WWW.IDEASSTOCK.COM/CORBIS/BETTINA SCHÄFER |