| Caso de asesinato
La policía fue llamada y el horrendo hallazgo fue enviado al laboratorio forense.
Max Haines
 El 14 de marzo, 1914, Dan McNichol besó a su esposa, quien estaba embarazada, y dejó su casa de Filadelfia para ir a su tienda de cuero en la calle Hamilton. Cuando Dan no volvió a su casa la señora McNichol contactó al socio de su marido, Ed Keller. Se asombró al saber que Dan no había aparecido por el trabajo ese día. Al día siguiente la señora McNichol reportó la ausencia de su marido a la policía. Pasaron meses. El ausente Dan se convirtió en padre. La señora McNichol y el bebé se mudaron con su madre. A los pocos meses el negocio del cuero cayó.
Al momento de la desaparición el matrimonio de los McNichol había sido feliz. Ella estaba embarazada con un niño que ambos querían. A pesar de que el negocio del cuero estaba peleando por despegar su marido era un arduo trabajador y ambos sentían que podrían triunfar. ¿Qué le había ocurrido a Dan McNichol?
Uno puede imaginar la sorpresa de la señora McNichol cuando de la nada Ed Keller la llamó con las extrañas novedades de que su marido estaba en la ciudad de Brotherly Love necesitando recibir ayuda. Keller le dijo que Dan se había convertido en un vago sin un centavo. Gracias a Dios no estaba lastimado o, incluso peor, muerto, pensó ella. Reunió un poco de la ropa de Dan y tanto dinero como pudo y lo envió con Keller. Luego llamó a la policía y les informó que su marido ya no estaba desaparecido.
La siguiente vez que la señora McNichol se encontró con Ed le dijo que le había dado la ropa y el dinero a su marido. Luego había perdido cualquier rastro de Dan.
Pasaron veintiún meses de la desaparición de Dan; dos trabajadores estaban reparando el sucio edificio, de la recientemente evacuada Red Star Laundry Co, y se toparon con una caja de embalaje en descomposición. Dentro de la casa había un viejo baúl de cuero cubierto de moho y cal. Los hombres rompieron las cuerdas del baúl y lo abrieron a la fuerza. Uno de los hombres revisó bajo los pedazos de cuero y se encontró con un premio bastante particular: un cráneo humano.
La policía fue llamada y el horrible hallazgo fue enviado al laboratorio forense. Una bala calibre 32 chata fue hallada en la calavera. Junto con el cuerpo los técnicos recuperaron un crucifijo, un llavero, un alicate, un libro de plegarias y un poco de cambio.
Los detectives, rutinariamente, chequearon entre las personas desaparecidas y descubrieron que un tal Dan McNichol había desaparecido alrededor del momento en el que creían que el cuerpo había sido puesto en el baúl. La ficha indicaba que la señora McNichol no había oído de su marido desde la fecha, pero como tenían poco en qué basarse los detectives decidieron observar desde más cerca. Unos pocos días después un dentista identificó positivamente el cuerpo como el de Dan McNichol.
Los oficiales investigadores interrogaron a la señora McNichol y se enteraron del ex socio del marido, Ed Keller. Keller fue localizado e interrogado por la policía. Contó su historia y se aferró a ella. Un mes luego de la desaparición de Dan su sociedad fue disuelta. Había comenzado una nueva empresa, el Lavadero Red Star, con un nuevo socio, Edward Connery. Les contó el haberse topado con Dan y luego haberlo encontrado en la calle para entregarle ropa y dinero. Keller aseguraba no haber visto a Dan desde ese día.
Los detectives estaban seguros de que tenían a su hombre y se decidieron a apuntalar al caso. Ed Connery, el socio de Keller en Red Star, relató como una vez había sorprendido a Keller en la oscura bodega. Keller le gritó que subiera por las escaleras. Luego, cuando Keller salió de la bodega, tenía la ropa arrugada y sucia, como si hubiera estado excavando. Fue un incidente inusual, el cual ahora tomaba tintes siniestros. Fue poco después de este incidente que el lavadero Red Star se cerró.
La policía interrogó a todo el mundo que tenía que ver con el hombre muerto en un intento por descubrir un motivo para el crimen. Un conocido les dijo que Dan había reunido 1.500 dólares para cancelar una segunda hipoteca sobre el edificio de su negocio de cuero. Estaba llevando los 1.500 dólares en un estuche el día que desapareció.
Annie Seasman había visto un caballo y un carruaje tirado fuera de Wensley 1818. “La puerta estaba abierta y miré adentro. Allí fue cuando rocé contra la caja de embalaje. Estaba al costado de la puerta y ese clavo sí que arruinó mi vestido nuevo. Me sorprendí al ver que los Keller se trasladaban”.
Los detectives surgieron con la teoría que McNichol había sido asesinado en la tienda de cuero en la calle Hamilton. El cuerpo había sido llevado al hogar de los Keller en la calle Wensley, donde fue puesto en el baúl. La caja de embalaje fue entregada al lavadero Red Star. Ed Connery había sorprendido a Keller mientras él la estaba enterrando.
Keller fue enfrentado con esta teoría, así como con el argumento de Annie. El negó todo e insistió a la policía para que localizara a Dan McNichol, quien él insistía que todavía estaba vivo. La policía sabía que no era así. Keller fue arrestado e inculpado con el asesinato de McNichol. El 25 de abril de 1916 fue a juicio.
El caso contra Keller era fuerte, pero tenía un defecto. La parte querellante no podía hallar el arma asesina y no podía probar que Keller, incluso, tuviera una pistola calibre 32. La señora Keller admitió que el baúl había sido llevado a su departamento, pero juró que no había sido usado para almacenar un cuerpo.
El jurado trajo el veredicto de culpable de homicidio no premeditado. Keller fue sentenciado a 12 años de prisión en la Penitenciaría Eastern State.
En 1924, luego de servir ocho años, Keller fue liberado de prisión.
A Keller también le gustaban las mujeres. Luego de haber sido sentenciado se supo que la señora Keller, que había hecho tanto para salvar a Ed, no había estado casada legalmente con él. Keller era libre para seducir y ganar a otra mujer durante su sentencia. Hizo justamente eso. La señorita Jennie Flanagan se convirtió en la señora de Edward Keller el día después de que Ed fuera liberado de la prisión.
Uno pensaría que Keller sentaría cabeza, pero esas no eran las costumbres de Ed. Consiguió empleo en el Banco Corn Exchange National y procedió a robar 20.000 dólares de los depósitos del banco. Luego tomó un taxi a la casa, juntó sus pertenencias personales y continuó hasta el Hotel Lorraine. Caminó por el cuarto del hotel. ¿Sería seguido y atrapado antes de escapar a Filadelfia? No podía tan sólo quedarse por ahí. Con el sudor cayendo por su rostro Keller cogió su botín y salió a la calle. Una vez ahí paró un taxi y solamente abrió el portafolio para observar el dinero bellamente doblado que acababa de robar. Cuando el taxista no obtuvo respuesta por su tarifa se detuvo y observó el asiento trasero. Ed Keller se había desmayado sobre el maletín y estaba yaciendo en un mar de notas bancarias. Fue llevado de urgencia al hospital, pero era muy tarde. Murió por fallas cardiacas. l
Ilustraciones: David Márquez |