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Con buen pie
l
Acostúmbrese a tener conciencia
de su cuerpo, adoptando una buena posición cuando esté
de pie o sentado En el primer caso, recoger el abdomen es la
condición inicial para estar erguido; los hombros y caderas
deben estar en línea recta en relación con la
cabeza. Asimismo, cuando esté sentado, la espalda debe
descansar sobre el respaldo, que debe estar en línea
recta.
l
Cuando permanezca mucho tiempo de pie
evite estar en la misma posición por mucho rato; dé
pequeños pasos, o bien recuéstese de alguna pared
por unos minutos. Igualmente, se recomienda mantener los pies
separados de manera tal que el peso del cuerpo se distribuya
equilibradamente.
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Si desarrolla una actividad doméstica,
ya sea planchar o barrer, por ejemplo, absténgase de
encorvar demasiado la columna.
l
La mejor manera de prevenir afecciones
en la columna es realizando ejercicios, tales como manejar bicicleta
o practicar caminatas unas tres veces por semana. Está
demostrado que los pacientes mejoran su condición cuando
practican con regularidad algún tipo de actividad física.
l
Ejercicios como el yoga cumplen un buen
desempeño cuando se trata de aliviar dolores de espalda.
Igualmente, esté atento si intenta practicar deportes
como el windsurf, el kayak o el squash, debido a que exigen
una rotación excesiva de la columna.
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Acostúmbrese a flexionar caderas
y rodillas cuando tenga que realizar algún tipo de torsión
o giro.
l
Nunca empuje objetos pesados con las
piernas. Lo correcto es que se agache, y estando ubicado lo
más cerca posible del objeto, proceda a levantarlo. De
lo que se trata es de evitar que el peso recaiga exclusivamente
sobre la columna vertebral.
l
Cuando ejecute actividades que lo obliguen
a permanecer parado, lo ideal es que un pie descanse, alternativamente,
en un reposapiés. |
Con la espalda a cuestas
Idalia De León
Pueden ser varias las razones que ocasionen
dolor de espalda, sin embargo, cuando este padecimiento aparece
hay que estar alerta, pues constituye la señal de alarma de un problema
que puede ser severo.
El dolor de
espalda es uno de los padecimientos más frecuentes en la
actualidad. Contrario a lo que se suele creer, el problema no es
exclusivo de las personas de edad avanzada ni de aquellos a quienes
su labor diaria les exige determinado tipo de esfuerzo físico.
El dolor de espalda es una afección que empieza a gestarse
anónimamente; y casi siempre surge como consecuencia de posturas
inadecuadas que se adoptan de manera recurrente en cualquiera de
las tareas que se desarrollan en la cotidianidad.
Muy probablemente, si se tuviera conciencia de la complejidad y
la importancia de la columna en el buen desempeño del organismo,
mejor sería el trato que se le diera, evitando así
futuras afecciones que en muchos casos son prácticamente
irreversibles. Pues, cuando una persona se queja de dolor de espalda,
sencillamente se está manifestando un reclamo del cuerpo
ante el maltrato que le ha sido causado.
La columna es la parte de la estructura ósea que tiene la
responsabilidad de sostener el esqueleto y de proteger la médula
espinal, -por cierto, una de las principales terminaciones nerviosas
del organismo-. Si el dolor se desarrolla en la parte alta de la
espalda abarcando el cuello (zona cervical), se trata, probablemente,
de contracturas ocasionadas por tensión y malas posturas.
Cuando una persona permanece mucho tiempo observando un punto fijo,
como es el caso de quienes trabajan frente a una computadora, los
músculos denominados trapecios suelen tensionarse, lo cual
viene acompañado de dolor en esa área. Así
mismo, si el problema se manifiesta en la región dorsal,
es decir, del cuello hasta la cintura, la razón puede encontrarse
en las posiciones incorrectas adoptadas al sentarse, o al realizar
un esfuerzo excesivo. En el caso de la región lumbar (desde
la cintura hasta el coxis) el padecimiento más común
es el denominado lumbago, dolor que limita la movilidad normal de
la persona; y que tiene como causa la movilización inadecuada
de objetos muy pesados, así como las malas posturas.
En detalle, el epicentro del problema puede alojarse en los músculos,
articulaciones o ligamentos, los cuales reaccionan desarrollando
un proceso inflamatorio. El dolor se produce una vez que el organismo
inicia su labor de contrarrestar el padecimiento, debido a la irritación
de los nervios y de otras estructuras. Una de las principales afecciones
que se desarrollan en la espalda suele ser la presencia de las denominadas
hernias discales, y las alteraciones en la curvatura de la columna.
En el primer caso, se trata del desplazamiento de alguno de los
discos invertebrados, que se encuentran adheridos al hueso. Cuando
la parte central de estos discos sufre un proceso degenerativo,
pierde sus facultades para sostener peso, al tiempo que se va desplazando
de su posición original, lo cual trae como consecuencia que
las terminaciones nerviosas queden aprisionadas. Todo este cuadro
puede llegar a producir incapacidad para ejecutar algunos movimientos,
e insensibilidad en las extremidades inferiores. Unido a esto, el
dolor puede evolucionar y extenderse desde la parta baja de la espalda
hasta las piernas.
Otro de los problemas comunes es la escoliosis, que supone una deformación
de la columna hacia uno de los lados. Esta anormalidad acarrea consecuencias
en varios puntos de la espalda como las vértebras, ligamentos
y músculos. Igual de contraproducente es la hiperlordosis,
que implica una desviación de la columna hacia delante en
la zona lumbar, daño que obviamente produce dolor por el
desgaste de las vértebras.
Cuando
las lesiones son de carácter crónico, se tratan por
medio de programas de ejercicios, quiropraxia y terapias de estimulación
eléctrica; medidas que usualmente vienen de la mano de un
régimen para reducir el peso del paciente. Es bueno saber
que quienes se ven obligados a someterse a este tipo de tratamientos,
deben asumirlo con disciplina y como un cambio en su forma de vida,
pues la receta para afecciones de la columna suele ser prolongada,
y más cuando se ha debido recurrir a la cirugía (práctica
que sólo se sigue en el dos por ciento de los casos).
Pero no todos los casos responden a padecimientos como los antes
descritos, sino que también es frecuente que se presenten
dolores de espalda leves, que desaparecen por sí solos y
que son originados por movimientos bruscos o algún golpe.
En estos casos hay una serie de recomendaciones básicas que
garantizan a la persona afectada el tránsito rápido
del padecimiento hacia una mejoría absoluta. Sin embargo,
en el caso de que los paliativos caseros utilizados no arrojen ningún
resultado favorable, lo más recomendable es visitar a un
médico traumatólogo, quien realizará los exámenes
necesarios, y así despejar que no se trata de un problema
severo.
Algunas de las recomendaciones domésticas sugeridas por los
especialistas cuando hay dolor de espalda son las siguientes:
l En la medida de lo posible mantenga
reposo por un día.
l Duerma en un colchón duro
o, en su defecto, coloque una tabla debajo del mismo.
l Evite dormir boca abajo (práctica
recomendable permanentemente).
l Cuando se acueste de lado, coloque
una almohada entre las rodillas. Si opta por reposar boca arriba,
ubique una toalla enrollada detrás de la nuca, y almohadas
detrás de las rodillas de manera que éstas queden
ligeramente levantadas. De lo que se trata es de evitar que la espalda
sufra algún tipo de tensión.
l Coloque compresas frías
por un lapso de 20 minutos, cada dos horas, con el fin de disminuir
el dolor. Una vez transcurridas 48 horas con el tratamiento anterior,
se debe colocar compresas calientes, las cuales ayudarán
a mejorar la circulación. También se recomienda aplicar
el calor del secador de pelo en la zona afectada.
l Procure moverse con delicadeza,
sobre todo al momento de levantarse de la cama, acción que
se debe iniciar colocándose de lado. Luego baje las piernas
de la cama, y siéntese para después incorporarse totalmente.
l Evite realizar actividades que
exijan esfuerzo físico hasta tanto el dolor de espalda no
haya cesado completamente.
l En el mercado existen analgésicos
y antiinflamatorios que pueden aliviar el problema, pero siempre
será mejor consultar la opinión de un especialista
si el dolor no desaparece. Esté alerta si la molestia se
extiende hacia la zona inferior de la rodilla, si siente entumecimiento
en las piernas o en el área rectal, si el dolor lo inmoviliza;
si presenta vómitos, náuseas o sudoración excesiva,
o si no presenta mejoría después de transcurridas
dos semanas.
Elegancia
con riesgos
Fue en el año 1955 cuando el diseñador italiano Salvatore
Ferragano descubrió que las damas lucían más
elegantes calzando un bello zapato de fino y alto tacón.
A partir de allí, la estética impuso el gusto por
esta moda que vino acompañada de un problema: Este tipo de
calzado puede ocasionar deformaciones en la columna vertebral, y,
por otro lado, como el zapato suele ser más angosto, el pie
termina sometiéndose a una suerte de camisa de fuerza que,
en algunas personas, termina produciendo deformaciones en estas
importantes extremidades inferiores.
Pero, claro está, el uso de tacones altos es una costumbre
muy arraigada entre las mujeres, ya sea porque los prefieran a pesar
de las "incomodidades" que supone su uso, o porque algunos
entornos laborales exigen utilizarlos. De allí que las recomendaciones
médicas se orientan a tratar de atenuar, en la medida de
lo posible, el efecto que puede producir en el cuerpo la práctica
de andar empinados.
Es mejor no utilizar de manera permanente zapatos de tacón
alto. Lo aconsejable es alternar durante la semana con zapatos bajos.
Use un tipo de calzado cuya horma permita que el pie se adapte cómodamente.
En especial, debe evitarse el uso excesivo de calzados que sean
de punta aguda.
Si tiene por costumbre utilizar tacones altos, procure encontrar
un momento en el día para ejercitar los pies. Flexiónelos
varias veces, muévalos de adelante hacia atrás y en
forma circular. Como mínimo, debe sacarse los zapatos unas
tres veces al día.
Los zapatos completamente chatos también son contraproducentes
para la columna. Lo ideal es que el tacón mida entre 1,5
y 3 centímetros.
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