- El fenómeno Darín
- El monitor
- Botin en el espacio
 CRONICA
- Las ganas de Aristóbulo
- Carolina Herrera.
La independiente
- Casablanca cumple 60 años
- ...Y a usted...
¿su marido le pega lo normal?
- Joaquín Sabina. "Se acabó la noche para mí"
- Hágase mi voluntad (a pesar de todos)
SALUD
- Con la espalda a cuestas
SALUD
- Claves para el buen dormir
BAZAR
- No lo tape con un dedo
MODA
- Libre y natural
COCINA
- De buena carne
 CRIMENES
 HOROSCOPO
 HUMOR
 MAYTTE
 CRUCIGRAMA
 ARCHIVO
 CONTACTENOS
 

Hágase mi voluntad
(a pesar de todos)

Diego Heller
Camilo José Cela, María Félix, Rafael Alberti y Marguerite Duras, entre otros, decidieron desheredar a su familia. Crónica de las disputas legales que surgieron al conocerse sus testamentos.

"Tenemos que hablar. Está el testamento". Agobiada por los sedantes y haciendo un generoso aporte a este valle de lágrimas, Marina Castaño le dirigió la palabra al Camilo José Cela que seguía en este mundo. El otro, el último prohombre de la literatura española, llevaba un día en ese limbo del que nada sabemos, de alias Más Allá. Cela hijo andaba ceñudo. Minutos antes, al ver que no tenía un asiento reservado en la primera fila del funeral, había puesto el grito en el mismo cielo al que estaba habituándose su padre. Un último incordio para cerrar una crónica de desavenencias, el clásico español "Cela vs Cela".
"Se dice que dejó ocho millones de euros", cuchicheaba un comedido. "Los Cela peleaban más que la familia de Pascual Duarte, y eso es mucho decir", acotaba otro. "No sé qué voy a hacer cuando me acueste y no esté a mi lado", sollozaba Castaño, la viuda doliente. "¿Sabes cómo le dicen? Marina Mercante", reía el chistoso de rigor. En la cacofonía postoración fúnebre, el 17 de enero pasado, se prenunciaban futuros conflictos entre la viuda -una periodista 57 años menor que su difunto esposo- y el hijo nada pródigo del Nobel de Literatura.
Estaba el testamento, decía Castaño, y estuvo. Para delicia de los chismosos, las últimas disposiciones del autor de La colmena hicieron arder Troya. A Cela junior -que en 1995 había sido denunciado por su padre por su "ingratitud manifiesta"- no le tocó ni un duro. Todo el patrimonio del escritor iría a parar a la Fundación Cela, presidida por Castaño. Sangrando por la herida -y molesto porque su padre sólo le legó un cuadro de Joan Miró que ya le había regalado en vida-, el hijo vociferó su enfado. "Mi padre murió convencido de que yo era idiota", protestó, mientras escribía contrarreloj un libro que se llamó Mi padre pero que bien podría haberse titulado Contra esa arpía. El pleito entre la viuda y el vástago profesor de Filosofía está lejos de ser un caso cerrado. El Miró adorna una pared en una estación de esquí italiana -"Lo vendí porque me hacía mal verlo; me recordaba el divorcio de mis padres"- y Cela hijo se va desmarañando en los vericuetos del derecho hereditario. "Pelearé por los derechos de mi hija de 13 años", dice. La nena se llama -¿cómo si no?- Camila.

Mi hijo, el secretario
Como para hacer más fáciles las necrológicas, María Félix comprobó si era cierto lo del llavero de San Pedro el mismo día en que cumplía 88 años, el 8 de abril pasado, una jornada tórrida para el DF mexicano. Al conocer cómo había dispuesto su legado, los parientes de La Doña le dijeron de todo menos "María bonita". ¿Quién era ese tal Luis Martínez de Anda, de 28 años? ¿Qué había hecho para merecer las cuatro casas de la diva y, de ñapa, la mitad del dinero que ella tenía en el banco? "Era su única compañía desde hace diez años, y lo quería como a un hijo", explicó Ernesto Alonso, actor y amigo personal de la actriz.
Enrique Alvarez, el único hijo de la protagonista de Doña Bárbara, no podría haber recibido un centavo por una simple razón: su cuerpo descansa en el panteón familiar desde 1996. El que, despechado, sí se animó a todo fue Benjamín, el hermano menor de la Félix. "En los últimos años no fue posible que la viera", quiso explicar lo inexplicable, cuando le criticaron por haber obligado a exhumar el cuerpo de su hermana para someterlo a análisis. Benjamín sospechaba que alguien -¿Luisito?- había envenenado a La Doña. Pero el veredicto fue terminante: la causa de la muerte había sido un infarto de miocardio.
"¿Y la otra mitad del dinero?", se dirán. Fue legada a Antoine Tazapoff, el pintor francés que fue la última pareja de la diva. El hombre cobró. Y dejó descansar en paz a su gran amor.

Un año de cambios
Cuando ya hacía rato que había pasado el listón de los ochenta, a Jorge Luis Borges dejó de afligirle la idea de llegar al siglo de vida. En diciembre de 1985, con el diagnóstico de un tumor abdominal en la valija y María Kodama de la mano, el eterno postergado al Nobel de Literatura voló rumbo a Suiza. Sería su último viaje. El y Kodama -su amiga, su lazarillo, su compañera inseparable- se alojaron en cuartos contiguos del hotel L'Arbalete, en Ginebra. En mayo de 1986, para sorpresa de propios y extraños, se supo que el escritor de 86 años y María -49 abriles- habían dado el "sí, quiero" lejos del país de los cantones. Se habían casado mediante un poder en el Registro Civil de Colonia Rojas Silva, un caserío perdido en el chaco paraguayo.
Durante ese último y ajetreado año, no sólo de estado civil cambió Borges. Meses antes de partir rumbo a Suiza, habría rectificado su testamento. El 22 de noviembre de 1985, y frente a un circunspecto escribano, el escritor habría anulado la que hasta entonces era su última voluntad. El primer documento, fechado en 1979, habría estipulado que el cincuenta por ciento de los bienes sería legado a Epifanía Uveda de Robledo, su empleada doméstica. Según el segundo testamento -el único válido-, María Kodama sería la heredera universal de Borges y a Fanny le correspondería una donación menor. El 14 de junio de 1986, una parcela del cementerio ginebrino de Plainpalais recibió los restos del escritor. Desde entonces, muchas voces -algunas, de familiares de "Georgie"- se alzaron para discutir cuán justo era que Kodama lo heredara. Pero era demasiado tarde para lágrimas.

El recetario de la discordia
"No tiene dignidad. Lo pongo de patitas en la calle y vuelve. Si se queda por dinero, se lo advierto, Yann, no tendrá nada, nada en absoluto". Marguerite Duras se había resistido durante años al acoso de Yann Andréa, un aprendiz de escritor al que le llevaba 49 años. Hasta que una noche de 1980 se encontraron en un bar de París y él se transformó en la sombra de la autora de El amante. El era homosexual, y su secretario todoterreno; ella, su pasional enemiga íntima. Vivieron juntos 16 años, para espanto de Jean, el único hijo de la escritora.
El 3 de marzo de 1996 Marguerite dio el suspiro final y Andréa ya no tuvo al objeto de su sumisión. Sobre la mesa, una nota manuscrita daba cuenta de sus últimos deseos. Decía el testamento: "Instituyo como heredero universal a mi hijo Jean Mascolo y, como ejecutor literario, al señor Yann Andréa, a quien le corresponderá el 10% de mis derechos de autor".
Todo fue bien hasta que, en 1999 y valiéndose de ese título de ejecutor literario, Andréa editó La cocina de Marguerite, un libro que a Mascolo le provocó urticaria. "Mi madre jamás hubiera editado un recetario", gritó frente al juez. "El es el hijo de Marguerite Donnadieu -el verdadero nombre de la escritora-; no el heredero de Marguerite Duras", se defendió Andréa. "Este sujeto inventó 17 páginas de Eso es todo, la novela póstuma de mamá", contraatacó Mascolo. El magistrado, salomónico, prohibió la reedición del libro de recetas, pero le permitió a Andréa cobrar su porcentaje por derechos de autor. Desde entonces, los hijos de Duras -el natural y el postizo- no se pueden ni ver.

Los antiguos testamentos
"Nadie aprecia que Rafael tuvo la suerte de encontrar una mujer mucho más joven, capaz de amarlo y cuidarlo hasta el final. Prefieren alimentar la versión machista de la aprovechada". María Asunción Mateo, la viuda de Rafael Alberti, está harta de ser víctima de los maledicentes. Sobre todo, no soporta más a Aitana, la hija del poeta granadino, que la acusa de haber manejado a su padre como a un títere.
Sucede que, desde que se casó con Mateo, a los 87 años, el poeta español pareció empeñado en batir el récord mundial de testamentos. Entre el 9 de mayo de 1991 y el 10 de diciembre de 1996, firmó diez: dos de ellos, con sólo 24 horas de diferencia. En el último, aunque el escribano que dio fe deslizó que "el poeta firmó sin leer", Alberti le dejó todos sus bienes -"mis casas y su contenido"- y la totalidad de los derechos de autor de su obra a Mateo y los hijos de ésta, Marta y David.
"A su edad, firmaba lo que le ponían delante", gritó a quien quisiera oírla una indignada Aitana apenas supo que sólo recibiría algunos cuadros y cartas de su padre, fallecido en 1999, a los 96 años. "Todo eso ya me lo había regalado estando vivo", dijo en Tribunales. La disputa recién empieza.

Lo tuyo es mío
Giorgio Bassani escribió una novela espléndida, El jardín de los Finzi-Contini, pero suele ser más recordado con dos apelativos: "El editor de El Gatopardo" y "el pobre tipo que cayó en las redes de Portia Prebys". Prebys es una estudiante estadounidense que enamoró al escritor en 1987, y mantuvo una guerra legal con la ex de Bassani, Valeria Senigallia.
Para 1993, cuando se hizo patente que el ex editor sufría de Alzheimer, Senigallia -en nombre de sus hijos con Bassani, Enrico y Paola- llevó por primera vez a Portia a los estrados. Con diversos cargos leguleyos, la acusaba de querer quedarse con el dinero de alguien incapaz de "querer a alguien o decidir algo". Entre apelaciones y fallos, pasó el tiempo. En 1996, la ex venció en la primera batalla: el juez puso un tutor para que autorizara "cada gasto" de Bassani. Un año más tarde, Senigallia e hijos ganaron la guerra. En julio de 1997, frente al juez, el escritor modificó su testamento y le legó todo a sus dos hijos.
Prebys parecía haber aceptado la derrota con dignidad, y cuidó de su marido hasta el final. El 13 de abril de 2000, la Parca visitó a Bassani; su viuda, llorosa y con pinta de sufrir una pena mortal, hizo mutis por el foro. Meses más tarde, la policía romana allanó una habitación de hotel que estaba a nombre de la viuda desheredada. Los peritos calculan que las obras de arte y manuscritos inéditos que hallaron valen unos diez millones de dólares. Prebys, dijo el fiscal, "creía haber tomado lo que le correspondía".
Clarín

 

Ver también en Encuentros:
- Carolina Herrera. La independiente
- Casablanca cumple 60 años
- ...Y a usted, ¿su marido le pega lo normal?
- Joaquín Sabina. "Se acabó la noche para mí"

 
volver a eluniversal.com | ir arriba
 
Contáctenos | Tarifario | Publicidad en línea | Política de privacidad
Términos Legales | Condiciones de uso