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¿Por qué el 25
de noviembre?

Porque ese día del año 1960 fueron asesinadas tres hermanas por órdenes del dictador Rafael Leonidas Trujillo, en República Dominicana. Los cuerpos de Patria, Minerva y María Teresa Mirabal (de 36, 34 y 25 años), fueron encontrados a los pies de un acantilado. Perseguidas y encarceladas por su abierta oposición al régimen, habían sido puestas en libertad para después simular un accidente fatal cuando decidieran ir a visitar a sus esposos, que quedaron recluidos en una cárcel del lugar. A las hermanas Mirabal las violaron y mataron a garrotazos. Seis meses resistió la tiranía. Ellas se convirtieron en símbolo de dignidad y ejemplo de lucha patriótica de todo un país y en 1999, por instancias de la ONU, del mundo entero.

No lo piense dos veces
En las siguientes organizaciones le pueden ayudar a enfrentar el problema:
l Avesa. Ofrecen orientación
psicológica y legal. Teléfonos: 551.0212 / 8081
l Instituto Nacional de la Mujer. Cuenta con una línea de atención y ayuda a la mujer maltratada a través del 0-800-mujeres (685.3737)
l CEM-UCV. Teléfono: 693.3286. También tienen un centro de
documentación e información.
Teléfonos: 605.3906 y 605.3909
l Plafam. Ofrecen atención psicológica, legal y médica a bajo costo.
Teléfonos: 693.6032 / 5262 / 5046
l Oficina Municipal de Atención a la Violencia en la Pareja.
Celular: 0414 328.1196
l División Contra el Maltrato a la Mujer y la Familia de la PTJ. Teléfono: 576.8719.

...Y a usted,
¿su marido le pega lo normal?

Raúl Chacón Soto
Una por semana. A ese ritmo mueren las féminas a manos de los maridos que las maltratan. El Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer, que se celebra el próximo 25 de noviembre, es un buen pretexto para insistir en que debe ser permanente el esfuerzo por detener la vergonzosa cuenta.

¿Cuánto tiempo transcurre entre el "te voy a matar" y el "te mato"? Pareciera que no mucho a juzgar por el número de mujeres que muere a manos de sus propios maridos o novios. El siglo XX ha quedado atrás, pero no así gran cantidad de las erróneas concepciones mentales (sobre todo las que tienen que ver con la desigualdad entre los sexos) que explican por qué tantos hombres terminan por quitarle la vida a sus parejas. Lo que resulta paradójico es que las cifras de muertes por esta causa van en aumento, algo que deja muy mal parados los esfuerzos que han hecho los gobiernos por frenar la terrible tendencia. Sólo en la Unión Europea, una de cada cinco mujeres ha sufrido violencia doméstica alguna vez en su vida (es la principal causa de muerte y de invalidez de las mujeres entre 16 y 44 años, por delante del cáncer y de los accidentes automovilísticos). En España, país donde la situación parece agravarse, 72 mujeres fueron asesinadas por sus compañeros en 2001 y muchas más terminarán con la misma suerte este año, a juzgar por las 52 víctimas (por lo menos una cada semana) que ya para principios de octubre llevaban contabilizadas las numerosas organizaciones no gubernamentales que se ocupan del tema. A semejante paso están a punto de batir su récord.
Si esa es la situación en la desarrollada Europa, imagínese cuál es la que se vive en Venezuela. Según los datos suministrados por la PTJ, en 2000 se registraron 38 decesos de este tipo y en 2001 cerca de 50. Este año, novios y maridos violentos han matado a 45 mujeres. Esas son las cifras oficiales. Las reales deben ser muy superiores, sobre todo si se toma en cuenta que, a diferencia de lo que sucede en el Primer Mundo, en el país, sencillamente, no hay bases de datos confiables. Esta carencia la tratan de suplir, de alguna manera, diferentes organizaciones como Avesa y el Centro de Estudios de la Mujer de la Universidad Central de Venezuela (CEM-UCV), haciendo un trabajo de acopio de información proveniente de todo el país. Sus últimas estadísticas revelan la magnitud del problema: en 2001 se registraron en todo el país 7.627 denuncias de violencia contra la mujer y la familia, mientras que entre enero y abril de este año, la cantidad llegaba a los 2.796 casos. Ofelia Alvarez, directora del CEM, asegura que, a pesar del subregistro, en Venezuela el promedio de muertes por esta causa es similar al de otros países. En otras palabras: una por semana.
Abaleadas, ahorcadas, quemadas vivas, degolladas, ahogadas, estranguladas, acuchilladas, precipitadas al vacío... Así van apareciendo en la prensa decenas de mujeres. Sus casos inquietan a la comunidad por unos días, pero después pasan al olvido. Los titulares se parecen mucho entre sí: "Un hombre mata a su esposa y se suicida tirándose por el balcón"... "Ex marido acuchilla a mujer de 29 años"... "Un hombre ha matado a su mujer a puñaladas delante de sus hijas pequeñas"... Escalofriante resulta el retrato de un tipo de crímenes que, por lo general, se presenta como el resultado de un momento de exaltación, y que no ha sido sino hasta hace poco que ha llevado a las autoridades a moverse con la celeridad que su solución amerita. Quizás sea por lo escandaloso de las muertes, tal vez por la toma de conciencia de una sociedad que ya no puede hacerse indiferente ante una realidad que, como lo han indicado muchos, no es producto de enfrentamientos personales sino la manifestación de una problemática social estructural sustentada en miles de años de control y poder masculinos y la falta de igualdad entre los sexos.

Por una razón o por otra, lo cierto es que las naciones desarrolladas han reconocido la gravedad de la situación y están empezando a actuar en consecuencia. El pasado mes de septiembre, el Parlamento Europeo en pleno aprobó pedir a todos los países miembros de la Unión Europea que introduzcan en sus leyes el derecho, en casos de violencia doméstica, a desalojar al agresor del domicilio común incluso antes de que se inicie el proceso penal, sobre todo cuando haya riesgo real de agresión a cualquier miembro de la familia. Si se aprueba esta medida, pedida a gritos desde hace años por diferentes organizaciones, se estará dando un gigantesco paso en lo que se refiere a la protección legal y física de la mujer que se decide a denunciar al compañero que le lastima. Hasta hoy, quien se atreve a acudir a una jefatura para declararse víctima de su pareja, tiene luego que enfrentar la posible reacción del agresor, quien al tanto de lo ocurrido se vuelve más peligroso. En aquellas latitudes una gran cantidad de asesinatos ocurre después de realizarse la denuncia. Quizás por ello algunos expertos aseguran que incitar a la mujer a hablar, sin garantizarle su seguridad y su protección integral, es como pedirle que se suicide. Alvarez no comparte del todo estos planteamientos. Por el contrario, considera un mito afirmar que más asesinatos ocurren por esta causa y se muestra preocupada porque tales creencias puedan desanimar a la mujer a buscar soluciones. Su experiencia de más de 20 años de trabajo en el país le permite asegurar que, después de la denuncia, en 62% de los casos el hombre no vuelve a agredir a la mujer por lo menos durante los primeros tres meses de convivencia. "Quizás lo haga de palabra... pero lo que ocurre con mayor frecuencia es que el hombre se paralice ante la evidencia de que su compañera no ha asumido una posición pasiva; ha tomado acciones".
Quizás sorprenda a unos cuantos, pero en materia legal, en el país se ha avanzado muchos más que, incluso, en varios países desarrollados. Venezuela cuenta desde 1999 con la Ley Sobre la Violencia Contra la Mujer y la Familia, en la que se contemplan todos los aspectos necesarios tanto para prevenir, controlar y erradicar este tipo de violencia como para asistir a las víctimas. El problema, en opinión de Alvarez, es la falta de recursos para poner en práctica todo lo allí previsto. Este handicap, unido a la falta de capacitación y a la ya mencionada carencia de banco de datos, constituye uno de los retos urgentes para enfrentar en el futuro. ONG's han alertado también sobre cierta involución en algunos logros como la eliminación del refugio para mujeres maltratadas que operaba en Caracas (sólo funciona uno en Maracay), la falta de información sobre los servicios que atienden el problema en las distintas regiones del país y el retroceso en la creación de centros de atención, en especial, los que deberían dedicarse a la prevención y atender a los hombres agresores como lo especifica la Ley.
A pesar de los obstáculos, el incremento del número de denuncias es un buen síntoma de que algo ha empezado a cambiar en la sociedad. Pero todavía es poco. Hace unos meses, en España salió publicado un libro que causó cierta conmoción incluso por lo perturbador de su título: Mi marido me pega lo normal. El autor, Miguel Lorente Acosta, es un reconocido médico forense quien no hizo más que utilizar una de las primeras frases que le oyó decir a una paciente con el rostro golpeado. Ella, como muchas otras mujeres, no veía nada anormal en el comportamiento del marido. Por ello el especialista acota contundente: "Hay que ir al origen de las causas: romper la idea, consciente o subconsciente, del hombre que aporta estabilidad, control, seguridad y orden en el hogar, mientras la mujer debe ofrecer obediencia y sumisión, los mismos criterios que se les pide que aporten unos y otros a la sociedad".
Las mujeres maltratadas han callado durante demasiado tiempo (90% de los casos de maltrato pasa desapercibido para la sociedad). La gran mayoría sigue muda. Tres de cada cuatro que se han atrevido a hablar declaran que hace más de cinco años que se vienen produciendo esas conductas, con lo que se confirma que la violencia doméstica es una forma de relación con el marido o pareja que persiste a lo largo de su vida en común. Como se puede ver, entre el "te voy a matar" y el "te mato" transcurren muchos años. Un lapso más que suficiente para darle cabida a la muerte.

rchacon@eluniversal.com



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