| Mimos
que sanan
¿Quién no disfruta que le
acaricien la cabeza?... difícilmente alguien responderá
“yo”, sobre todo si se trata de los toques sutiles y
cálidos de la terapia cráneo-sacral, creada por el
doctor John Upledger, y plena de bondades para todo el organismo.
Una especialista venezolana
la presenta. Adriana Gibbs. Fotos:
Natalia Brand
Las sensaciones que dulcemente asaltan
el cuerpo (y alma) de la persona que recibe la terapia cráneo-sacral
pudieran parecerse al mar de la poeta uruguaya Idea Viñariño:
“Lento mar, hondo mar, profundo mar inmenso... va creciendo
sereno desde el fondo, sabiamente creciendo, lentamente, hondamente,
largamente, pausadamente, mar”. La sesión es una suerte
de viaje donde se entra a otro tiempo en el que, como las olas,
se va y se viene, pues como bien explica JanineVici-Senior, esta
terapia ayuda a la persona a irse hacia dentro, “otorgando
una relajación sumamente profunda y un momento de sosiego
en el que se sabe que no se está totalmente dormido aunque
casi se esté”.
Janine Vici empezó siendo paciente
de esta terapia y la experiencia para ella fue tan maravillosa y
sanadora que se animó a aprenderla y potenciar los 15 años
que ha dedicado a la aromaterapia. Para ello decidió formarse
en el propio instituto del creador de esta terapia, el doctor John
Upledger, ubicado en Palm Beach, en Florida.
Esta terapia, que involucra un toque extremadamente ligero, permite
mejorar la condición del sistema nervioso central, proporciona
una mayor resistencia al estrés, y por lo tanto refuerza
la resistencia a las enfermedades. Es una manera sutil y fluida
de permitir al organismo ponerse en contacto con los patrones de
restricción, represión, enfermedad, que mantiene desde
hace tiempo; supone una liberación de la fuerza sanadora
que se lleva dentro y tiene efecto sobre la totalidad de la persona
tanto física como emocional y mentalmente.
La terapia se desarrolla con la persona
acostada boca arriba en una camilla. En el caso de Vici, ella coloca
sobre la misma unas compresas de agua caliente que potencian los
efectos de la misma, ayudando así a que el paciente se relaje
completamente. Previamente le pregunta a la persona si ha padecido
algún traumatismo físico en el nacimiento o durante
su vida (alguna fractura, golpe o accidente) o si sufre de anomalías
en la presión intercraneal causadas por derrames, tumores
o aneurismas, que serían la única contraindicación
para esta terapia. Luego inicia un contacto suave en articulaciones
del cuerpo, empezando por los tobillos, para centrarse luego en
la cabeza. Trabajando todos los huesos del cráneo, cara e
incluso intrabucales, y algunos puntos de la espalda.
Este contacto es a la vez diagnóstico
y sanador, pues al palpar el ritmo cráneo-sacral de la persona
la terapeuta puede advertir los trastornos que tiene y hacer los
toques necesarios para armonizarlos: “Depende de cómo
sea el ritmo cráneo-sacral de la persona -continúa
Vici- uno puede advertir dónde está una restricción,
la cual puede ser la causa de sinusitis crónica, migrañas,
dolores de espalda, vértigo y otitis en los niños,
entre otras dolencias. Al liberar esa restricción, el hueso
se pone en su sitio y el paciente experimenta una franca mejoría”.
Tiene su ciencia
Este método posee sus fundamentos científicos. Su
historia se inició en 1975 cuando el médico y osteópata
John Upledger asistía a un neurocirujano en la remoción
de una placa de calcio de la superficie de la médula espinal
de un paciente de 65 años. Allí advirtió un
movimiento rítmico, tanto en la vértebra que sostenía
como en la membrana que recubría la médula espinal
del paciente, que no tenía nada que ver con el ritmo cardíaco
ni con el respiratorio.
Esta observación, junto con el
hallazgo del doctor William Sutherland -quien advirtió
que las suturas del cráneo sí tenían movimiento,
aún en la adultez-, condujeron a Upledger a realizar
una serie de experimentaciones, tras las cuales planteó la
existencia de un ritmo inherente al flujo del líquido cefalorraquídeo,
que bautizó con el nombre de cráneo-sacral.
El sistema cráneo-sacral abarca,
además del cerebro, todas las membranas intercraneales o
meninges que recubren y protegen el cerebro y la médula espinal
hasta el cóccix en el sacro, e integra un sistema hidráulico
semi-cerrado por donde circula el líquido cefalorraquídeo,
el cual sube y baja desde el cerebro hasta la médula espinal
y viceversa, con unos ciclos determinados; éste es el ritmo
cráneo-sacral. “Se me parece a una ostra que se abre
y se cierra dentro del mar, así como el movimiento de las
anémonas y plantas marinas en los arrecifes coralinos que
uno aprecia cuando se está buceando”, dice Vici.
Un desequilibrio en este sistema puede
afectar negativamente el sistema nervioso central, lo cual puede
dar como resultado una alteración a nivel sensorial, motor
o neurológico. Por ello, al estimular de una manera muy sutil
las membranas intercraneales, se está ayudando a movilizar
y equilibrar al organismo en general: “Aplicando apenas tres
gramos de presión se logra una liberación. Es como
volver a ajustar el rompecabezas craneal en su lugar y de esta manera
se ayuda a reorganizar todo el organismo estimulando los sistemas
circulatorio, linfático y hormonal, pues tanto la hipófisis
como la pituitaria se encuentran situadas dentro de la bóveda
craneal y se benefician de esta irrigación renovada del líquido
cefalorraquídeo”.
“La premisa -prosigue Vici- es
por qué usar fuerza y una presión excesiva cuando
con un toque sutil y cálido se pueden liberar las restricciones
del organismo. Si ya el cuerpo tiene una contractura o un dolor,
es más probable que se oponga si sabe que va a ser tocado
con fuerza; en cambio, si el paciente sabe que el terapeuta lo va
a tratar como si fuera un bebé recién nacido, la persona
no se previene y se entrega a la terapia con confianza y sin ofrecer
resistencia”. Y así obtiene una profunda relajación.
Explica que al tiempo de ser una terapia
con base científica es un método que utiliza el trabajo
energético, pues procura en cada sesión potenciar
y dirigir la energía propia del organismo. “Ahora bien,
el terapeuta cráneo-sacral es simplemente un facilitador
que busca fortalecer la habilidad del propio cuerpo del paciente
para aliviarse ayudándolo a responsabilizarse a fin de que
tome conciencia y parte en su proceso de mejoría. El cuerpo
tiene la posibilidad de autocurarse, en armonía con los principios
de la homeopatía. El terapeuta ayuda al cuerpo a reorganizarse,
a volver a su equilibrio natural, pero es fundamental la responsabilidad
del propio paciente, quien debe tomar parte por su propio proceso
para continuar con esa mejoría que sentirá tras la
terapia”. l
| Habla
el creador |
| He aquí fragmentos
de una entrevista con John Upledger, médico especialista
en osteopatía y creador de la terapia cráneo-sacral:
“El sistema cráneo-sacral lo integran el cerebro
y la médula espinal. Se extiende desde el cráneo
(huesos del cráneo, la cara y la boca) hasta el sacro
(cóccix). Es una suerte de sistema hidráulico,
pues en su interior circula el líquido cefalorraquídeo.
La presión y volumen del líquido van de arriba
hacia abajo. Este sistema necesita estar libre para moverse
todo
el tiempo porque el líquido debe estar trayendo los
nutrientes a todas las neuronas. El volumen del fluido va
unas diez veces por minuto de arriba abajo.
Con la terapia cráneo-sacral hay comunicación
con este sistema a través de las uniones óseas,
lo que alivia cualquier bloqueo que podría haberse
acumulado debido a lesiones
o enfermedades. Este método mejora la salud del cerebro
y la medula espinal, lo que a su vez,incide en el cuerpo entero”.
“Tanto el cerebro como la médula espinal están
envueltos por tres membranas (las meninges). La capa exterior
se llama la duramadre y es la más resistente. La capa
media se denomina aracnoides -fina y semejante a una
tela de araña- y lleva un montón de vasos
sanguíneos. Esta actúa recíprocamente
entre la duramadre y la capa interior que se llama piamadre,
que es la que sigue todas las pequeñas mellas, rincones
y grietas en el cerebro; está adherida a la superficie
del cerebro y de la médula espinal. Parte de lo que
se necesita para una buena salud es que las tres capas se
muevan independientemente entre ellas; mientras estas membranas
se movilicen, más sana la persona estará. Los
suaves toques de
la terapia cráneo-sacral estimulan tal movimiento”.
“La saltadora olímpica Mary Ellen Clark ganó
la medalla de bronce en el trampolín alto en Atlanta.
Con la terapia cráneo-sacral ella superó el
vértigo, que es común en los saltadores de trampolín.
Ella tuvo que abandonar este deporte durante cuatro meses
por esta dolencia; había sido tratada por médicos
especialistas de oídos, nariz y garganta, pero nada
funcionaba: no podía saltar. Vino al centro donde examiné
su cuerpo. La evalué y busqué los lugares bloqueados
en su ritmo cráneo-sacral. Lo que averigüé
fue que la mayoría de los problemas venían de
la parte final del sacro, por encima del tubo neural, y esto
restringía
el llamado hueso temporal derecho. Esto, de alguna manera,
estaba causando el vértigo, porque los mecanismos de
equilibrio se localizan en el hueso temporal. La movilidad
normal, que es de 10 a 12 ciclos por minuto, estaba restringida
en ese hueso temporal. Además, remontando la parte
baja de su espalda, encontré una vieja lesión
en su rodilla izquierda que venía desde la parte muscular
hasta la parte baja de su espalda, restringiendo su sacro.
Ambas restricciones estaban provocando el vértigo.
Cuando arreglé su rodilla, todas las demás piezas
del puzzle encajaron, y entonces ella comenzó a saltar...
y ganó la medalla de bronce en los juegos olímpicos”.
“La lesión que sucedió hace un tiempo
se concentrará formando la pelota más pequeña
posible. A esa pelota nosotros la llamamos ‘quiste de
energía’. Cuando nosotros encontramos la senda
por la que la pelota saldrá, entonces el dolor se habrá
terminado”.
“En el trabajo craneal no tienes que trabajar duro,
no tienes que provocar o empujar con fuerza. Es una acción
pulsante que incide en todo el cuerpo: si empujas en un lugar,
la fuerza que usas está siendo transmitida a lo largo
de todo el fluido”.
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Coordenadas
Los precios estimados
por sesión oscilan entre 50.000 y 65.000
bolívares. He aquí algunos especialistas
que dan esta terapia en Caracas:
- Janine Vici-Senior. Telfs.: 753.7858/0416-630.5306
- María Elena Mancera. Telf.: 263.7525
- María Alicia Morles. Telf.: 0416-623.7597
- Graciela Galindo. Telf.: 632.2109
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Otras fuentes consultadas: www.upledger.com,
www.asociacioncraneosacral.com |