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TV extrema
reconstrucción total con cirugía plástica

Conozcan a Marnie Rygiewicz, se realizó un lifting facial, se cambió la nariz, se colocó implantes de senos y se sometió a una liposucción; y todo esto se transmitió por TV en horario estelar. Gaby Wood

En el horario estelar, Marnie Rygiewicz, de 35 años de edad y madre de dos hijos, mira las cámaras y le dice a casi 10 millones de espectadores los problemas que tiene en su vida. El padre de sus hijos se marchó hace 10 años y ella no ha salido con nadie desde entonces. Está demasiado cansada de cocinar, ir a partidos de básquetbol y limpiar. Cada mañana, cuando llega al consultorio en Michigan, donde trabaja como asistente médico, la gente le pregunta si durmió algo. Se ha olvidado de sí misma. La cámara retrocede para mostrar un panel de expertos que la escuchan con compasión. La terapeuta residente del programa de televisión murmura algo sobre la autoestima, y los doctores prescriben una solución que incluye, entre otras cosas, un levantamiento de cejas y mejillas, cambio de nariz, remoción de grasa debajo del párpado inferior, levantamiento de la comisura de los labios, aumento de los labios, aumento de los senos, liposucción en el área abdominal, muslos, pantorrilla y tobillo, y blanqueamiento de los dientes. Marnie los acepta con entusiasmo, y hace arreglos para ausentarse de su casa por cuatro meses; tiempo que pasará en un hotel en Los Angeles, sin que se le permita verse en un espejo.

Corte. Imagen de una persona vendada. Marnie presenta dolor y está desesperada por quitarse las incómodas cintas que tiene en el rostro. Luce deprimida. Luego de tres días sin salir de la habitación, recibe la visita de la “consejera sobre la vida” del programa televisivo, Nely Galan, quien dice estar muy decepcionada con Marnie, porque se suponía que debería estar en el gimnasio dos horas diarias, seis días a la semana. Los creadores del programa le dieron todas estas maravillosas cirugías gratis, ¿y ella se comporta de esta manera?

Meses más tarde (o minutos, para la audiencia televisiva), Marnie estaba perfecta. Lucía un traje de noche color fucsia cuando la guiaron a un salón estilo gótico, donde sus creadores esperaban en círculo. Los cirujanos dieron su aprobación. El terapeuta y el odontólogo aplaudieron. Le dan un espejo por primera vez y comienza a llorar.

Cobertura total. The Swan (El Cisne) es uno de los tres principales programas de televisión real que los estadounidenses han podido ver en los últimos meses en los cuales los pacientes protagonistas se someten a diversas cirugías estéticas a fin de mejorar sus vidas. El Extreme Makeover (Cambio de imagen extremo) de la ABC (transmitido en Venezuela por el canal Sony) al igual que sus programas hermanos Home Front y Dr. 90210 (canal E!), es una especie de espectáculo de diseño interior. Mujeres y hombres avejentados son reconstruidos antes de recibir los toques finales que los despersonalizan y aumentan su valor visible en el mercado. Luego son presentados a sus familiares, quienes se muestran encantados con el nuevo producto.
En el programa I Want A Famous Face (Quiero una cara famosa) de MTV, la gente se somete a operaciones para verse parecido a una celebridad en particular. Hubo unos gemelos de cabello oscuro y cicatrices por acné que querían parecerse a Brad Pitt, un transexual antes de someterse a una operación de cambio de sexo que soñaba con parecerse a Jennifer Lopez, un imitador de Elvis que consideraba que la competencia en Las Vegas se hacía cada vez más dura. Sólo The Swan, de Fox, que está en la selección de protagonistas para una segunda temporada, hace que sus pacientes participen en un concurso de belleza final, en traje de baño, ropa interior y traje de noche, para que compitan con las versiones “nuevas y mejoradas” de los otros concursantes.

Los programas se jactan de la idea de que están ayudando a estas personas a encontrar su “verdadero yo”. Sin embargo, el ganador de The Swan es la mujer que se cree se sometió a la mayor “transformación general”, en otras palabras, la que menos luce como era. Esto recuerda al drama de la cirugía plástica Nip/Tuck (canal Fox), serie televisiva en la cual se escuchaba: “Sé tú mismo. Tú sabes que puedes lucir mejor”. Quizás también sea reminiscencia del viejo chiste de Lily Tomlin: “Cuando era niña quería ser alguien. Ahora quisiera haber sido más específica”.

Estos programas ha proporcionado algunas de las visiones más populares y polémicas de los últimos tiempos. Hasta 12 millones de estadounidenses los sintonizan cada semana. Rosie O’Donnell, anfitriona de un programa de entrevistas, opina que han hecho retroceder a la mujer 30 años. El titular de una revista semanal especializada en noticias rezaba: “La nación del cambio de imagen: por qué la obsesión de EEUU por la cirugía plástica está quedando peligrosamente fuera de control”. Incluso la revista People, que le ha dado cabida a estas celebridades suturadas, planteó: “¿Ha ido demasiado lejos la cirugía plástica en TV?”. En realidad, pocos récipes para la ansiedad cultural podrían ser más inspiradores que la unión de dos de los fenómenos contemporáneos más incendiarios: la cirugía estética y la TV real.

Sin embargo, estos escenarios quirúrgicos verdaderamente incitan emociones, tanto por lo que esperan sus creadores (las transformaciones son extremas, las reuniones familiares pueden ser extrañamente emotivas, la gente desesperada parece tornarse más feliz ante nuestros ojos) como por maneras más viles: los cirujanos son bravucones y excesivamente preceptivos, los procedimientos son riesgosos e irreversibles, y siempre existe la sádica esperanza de que esta semana, alguien lo lamente.

Llegó para quedarse. Han pasado 14 años desde que Naomi Wolf escribió en El mito de la belleza que estábamos viviendo en la “Era Quirúrgica Moderna”. Lo que esta etapa de la historia implicaba, alegaba Wolf, era “un abierto repronunciamiento de lo que la medicina del siglo XIX hizo para convertir a mujeres sanas en enfermas y activas en pasivas”. En realidad, la cirugía cosmética es la única forma de cirugía en la cual el paciente está sano ya. Ahora hay tantas capas de simulación involucradas (la cirugía de televisión en oposición a la real, el acto de convertir a alguien en una copia de alguien más) que se podría decir que hemos dejado la Era de la Cirugía Moderna y hemos entrado en la Postmoderna.

“Cuando escribí El mito de la belleza”, dice Wolf ahora, “la cirugía plástica era una opción extrema para la mayoría. Ahora se ha convertido en la norma en tal grado que la gente se verá extraña en un futuro cercano si no ha sido alterada quirúrgicamente. Considero que los programas de televisión real tienen una buena dosis de sadismo, realmente hemos llegado al punto de crear organismos cibernéticos”.

Elaine Showalter, autora de La enfermedad femenina, entre otros tomos feministas distinguidos, se muestra en desacuerdo. “No me parece que sea algo sádico que los doctores intervengan a las mujeres. Creo que las mujeres lo están decidiendo así; y eso es muy diferente. Creo que estamos viviendo en una era intermedia, en la cual, sin duda alguna, a las féminas se les hace tomar conciencia de la imagen corporal a un grado de detalle nunca antes visto. Me parece que cada año hay una nueva parte del cuerpo que se ofrece para su corrección, y nunca antes se supo que había un prototipo para ello. Sin embargo, tengo la sensación de que estamos avanzando hacia un futuro en el cual estas cosas serán más rutinarias, y más seguras, y menos costosas. Además, se convertirá en algo normal. Ahora, para muchas personas esto puede parecer un mundo horrible. Sin embargo, creo que si fuera algo más normal, sería como cualquier otra cosa que la gente podría hacer con moderación. Quizás esté equivocada, tal vez sea simplemente un paso hacia la barbarie, o la decadencia de la civilización, pero no lo creo”.

Terry Dubrow, uno de los cirujanos de The Swan, dijo: “La cirugía plástica como entretenimiento llegó para quedarse”. Sin embargo, los programas de TV real no han hecho simplemente un espectáculo de la cirugía plástica: la han convertido en algo que la gente común y corriente considera cómodo tener en sus salas de estar. A diferencia de muchos programas de TV real de EEUU (American Idol, The Bachelor), Extreme Makeover y The Swan están dirigidos a una generación ligeramente mayor, esa que ha tenido tiempo de crearse un abatimiento ante el mundo y una aversión a ellos mismos de menor grado. Como resultado, la cirugía plástica en TV se ha convertido en algo más que un entretenimiento; ha pasado a ser una especie de anteproyecto.
El doctor Rod Rohrich, presidente de la Sociedad Estadounidense de Cirujanos Plásticos (ASPS), dice: “El crecimiento de la cirugía plástica ha sido nada menos que fenomenal. Con todos estos programas de TV real, el interés se ha disparado. Creo que han aumentado la conciencia de que la cirugía plástica no es sólo para los adinerados y para los famosos; puede ser para todo el mundo, para cualquiera que lo desee si quiere ahorrar para ello”.

Escenas de I Want a Famous Face (Quiero una cara famosa)

En cifras. Las estadísticas de la ASPS para 2003 muestran que sus miembros realizaron 8,7 millones de intervenciones ese año, lo que representa un incremento de 33% con respecto a 2002 y que se gastaron casi 8,5 millardos de dólares. Los bancos estadounidenses ofrecen ahora préstamos para cirugías plásticas y las tarjetas de crédito hacen que muchas operaciones sean asequibles (el costo promedio de un aumento de senos es 3.375 dólares. Una mujer divorciada que conocí recientemente está vendiendo su anillo de compromiso en eBay para pagarse un “levantamiento de busto brasileño”). Asimismo, las familias con ingresos anuales inferiores a 25 mil dólares ahora representan un sorprendente 30% de todos los pacientes de cirugía estética. Apenas 23% gana más de 50 mil dólares.

Desde la llegada de la “cirugía en TV real”, Rohrich ha visto que han sucedido dos cosas: “Una es que los pacientes ahora quieren que se les hagan muchas más intervenciones, quieren la ‘reconstrucción extrema’: todo de una sola vez. Esto no es realista, y tampoco seguro en muchos casos. Además, debido al elevado interés, esto también ha generado toda una nueva industria con personas que se hacen llamar cirujanos estéticos y no son cirujanos plásticos reales. En Estados Unidos, si usted tiene un título de doctor en Medicina, puede darse el nombre que quiera. Por ello la cirugía plástica se ha convertido en una especialidad en la que los clientes tienen que tener sumo cuidado. No hay un día en que no reciba una llamada o un mensaje de correo electrónico o que no vea a un paciente con un problema o que haya sido mal aconsejado por un cirujano que no es especialista en la cirugía plástica”.

La liposucción, el procedimiento invasivo más popular, es también el más peligroso. Entre las complicaciones figuran coágulos sanguíneos e infecciones, todo lo cual puede ser fatal. La información más reciente indica que la tasa de decesos promedio para la liposucción es de 20 en 100 mil (las muertes por operaciones de hernias, en comparación, llegan a 2 por cada 100 mil). Combinar la liposucción con una abdominoplastia aumenta considerablemente el riesgo.

El 14 de mayo pasado, cuando The Swan estaba cerca de su final en traje de baño, el prestigioso hospital Manhattan Eye, Ear and Throat recibió una multa por 20 mil dólares por “flagrantes violaciones” a los procedimientos de seguridad durante la cirugía estética que llevó a la muerte a dos mujeres, incluyendo a Olivia Goldsmith, escritora de 54 años de edad. La multa es equivalente a cuatro abdominoplastias. En Florida, quedó prohibido combinar la liposucción con la abdominoplastia luego que ocho pacientes murieran en 18 meses. La prohibición es por sólo tres meses. En febrero, se halló el cadáver de una banquera de inversión de 35 años de edad en una maleta bajo la casa de una persona que fungía de cirujano estético pero que no contaba con una licencia oficial. El cadáver fue identificado por una serie de números inscritos en sus implantes de seno.

De regreso a su casa en Chesterfield, Michigan, Marnie Rygiewicz comenzó su nueva vida como una despampanante rubia. Está vendiendo su casa, lleva a sus hijos al colegio de nuevo y revisa el periódico tratando de conseguir un empleo mientras surge algo más. Llamó a un par de consultorios de cirugía estética, no le importaría hacer algo de modelaje, sólo hasta que averigüe qué es lo que realmente desea hacer.
“No creo que la cirugía por sí sola me cambió realmente”, reflexiona dos meses después del concurso de belleza televisado de The Swan. “Simplemente me siento una persona con mayor confianza. En realidad nunca me consideré fea, pero me miraba en el espejo y sentía que había desperdiciado tanto tiempo, y deseaba poder recuperarlo de alguna manera”. l

THE GUARDIAN NEWS SERVICE. DERECHOS DE EL UNIVERSAL. TRADUCCION: TERESA LEON

 

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