

Los tentempié son lo peor que podemos comer cuando estamos estresados. Incluso podrían aumentar la tensión. Willow Lawson
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El estrés es inevitable. Sin embargo, hay formas de disminuir el grado en que afecta nuestras vidas, por ejemplo, con la dieta. La mayoría de las personas reconoce que ciertos alimentos tienen efectos terribles en el cerebro, en términos de productividad, estado de ánimo y energía mental. Demasiado chocolate puede dejar a una persona arrastrándose después de que se disipa la euforia inducida por el azúcar y la cafeína. Una sobredosis de papitas fritas saladas deshidrata el cuerpo y el cerebro, lo que provoca fatiga. Las comidas con alto contenido de grasas elevan los niveles de las hormonas del estrés y los mantienen altos.
El problema radica en que estos son los alimentos que buscamos ingerir exactamente en los momentos más inoportunos, cuando incrementa la tensión del trabajo y la vida diaria.
Un grupo de investigación en el área de nutrición del Reino Unido (el Food and Mood Project), identificó “alimentos estresantes” y “alimentos de apoyo”; los primeros se refieren a los alimentos que intensifican el estrés internamente y los segundos a los que ayudan a la gente sometida a estrés. Las listas se elaboraron con base en la experiencia personal de 200 individuos entrevistados.
Casi 90% de los participantes indicó que su salud mental había mejorado significativamente gracias a cambios en la dieta, realizados por cuenta propia.
Los entrevistados dijeron que reducir o evitar los “alimentos estresantes”, tales como azúcar (80%), cafeína (79%), alcohol (55%) y chocolate (53%), ejerció el mayor beneficio sobre la salud mental. Igual efecto causó ingerir más “alimentos de apoyo”, tales como agua (80%), vegetales (78%), frutas (72%) y pescados ricos en grasas (52%).
El estudio también reveló que algunas estrategias de alimentación son particularmente útiles al alentar una dieta saludable: comer a horas fijas, llevar consigo bocadillos nutritivos y planificar las comidas con anticipación.
“Pese a la evidencia que sugiere que las estrategias dietéticas y nutricionales pueden aliviar los síntomas y mejorar la salud, estos enfoques siguen siendo alternativos o complementarios”, señala Amanda Geary, terapeuta nutricional que promueve cambios dietéticos a fin de mejorar el estado de ánimo antes de recurrir a medicamentos.

No obstante, varias investigaciones de calidad, actualmente en curso, estudian cómo los alimentos que consumimos afectan nuestra química interna. Ya sabemos que las hormonas del estrés, tales como la cortisona, en realidad despojan al cuerpo de vitaminas para generar respuestas clásicas al estrés como la tensión de músculos y el aumento de la presión arterial, reacciones fundamentales para la respuesta de “luchar o huir”.
De allí que, en algunas ocasiones, cuando nuestro sistema nervioso atraviesa un período de ansiedad, necesitamos especialmente vitaminas del complejo B, que ayudan a conservar en buen estado los nervios y las neuronas.
Es doblemente perjudicial para el organismo si las calorías consumidas durante momentos de estrés no proceden de comidas nutritivas, dado que se agotarán todavía más rápidamente. Incluso una leve deficiencia de vitamina B —inducida, por ejemplo, por unos pocos días de consumo excesivo de papitas fritas y refrescos— altera el sistema nervioso y agrava el estrés, de acuerdo con la dietista Elizabeth Somer.
Una mejor opción en los momentos de tensión: cambur, pescado, papas asadas, aguacate, pollo y vegetales de hojas verdes. Todos estos alimentos son ricos en vitaminas del complejo B.

El estrés extremo puede crear incluso mayores estragos en la nutrición. El efecto “luchar o huir” en nuestros cuerpos es drástico. Cerca de 1.400 cambios químicos tienen lugar mientras las hormonas del estrés dejan al organismo desprovisto de nutrientes importantes, tales como las vitaminas B, C, A y el magnesio mineral.
Las hormonas que se liberan en respuesta al estrés pueden provocar ansias de comer carbohidratos al disminuir los niveles de serotonina, hormona que induce a la calma. Una creciente ingesta de carbohidratos puede fortalecer nuestra tolerancia al estrés al estimular los niveles de serotonina, indica Somer, pero también puede ocasionar que aumentemos de peso o que comamos excesivamente, particularmente alimentos azucarados.
Cuando nos sentimos bajo presión, es difícil no buscar alivio en la comida chatarra. Pero seguir una dieta nutritiva y baja en grasas, azúcar y cafeína ayudará a alejar el estrés.l
Fuente:
Psychology Today.
Derechos reservados de El Universal.
Traducción: José Peralta
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