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Buenos consejos
Raúl Chacón Soto
En materia de nutrición nunca está
dicha la última palabra. He aquí nuevas recomendaciones
que no deberían pasar por debajo de su mesa...
Pescado
contra el Alzheimer
Comer pescado reduce la posibilidad de sufrir Alzheimer. Lo dicen
en la revista Archives of Neurology, publicación que
da a conocer los resultados de uno de los trabajos que forman parte
del Chicago Health and Aging Project, un ambicioso estudio
que fue llevado a cabo entre 815 pacientes (todos con edades comprendidas
entre los 65 y 94 años) para determinar los riesgos de sufrir
este tipo de demencia. Según aseguraron los científicos
-quienes indagaron acerca de estilos de vida, antecedentes familiares
y hábitos dietéticos-, a los cuatro años de
iniciada la investigación se vio que 131 personas desarrollaron
la enfermedad (ninguna la presentaba al principio), justamente quienes
menos consumían pescado. Llevadas a cifras sus observaciones,
pudieron determinar que el riesgo de los que comían este
alimento (por lo menos una vez a la semana) era 60% menor que el
de quienes no lo ingerían nunca o lo hacían esporádicamente.
Los autores señalan que son las grasas poliinsaturadas de
cadena larga (del grupo Omega 3) las responsables del efecto neuroprotector.
Este hallazgo es tan importante que ya se habla de imponer una ración
de pescado a la semana en las guías alimentarias, ya que
basta con esa pequeña cantidad para protegerse frente al
Alzheimer. Sin duda, un consejo seguro y barato.
Y vino también...
No sólo pescado es bueno cuando se habla de prevenir la demencia
tipo Alzheimer. Una copita de vino no cae nada mal (ni que lo digan),
según afirman en la revista Neurology reconocidos científicos.
Thomas Truelsen, del Instituto de Medicina Preventiva de Copenhague,
sugiere que este buen efecto puede deberse a la presencia de los
flavonoides, sustancias que se han ganado respeto por su acción
antioxidante. Lo cierto es que después de haber estudiado,
desde 1970, a 1.709 ciudadanos daneses, encontraron que quienes
bebieron vino semanal o mensualmente tenían hasta la mitad
de posibilidades de desarrollar la enfermedad. Las malas noticias
son para los bebedores de cerveza: beber una al mes duplica el riesgo
en comparación con quienes nunca o casi nunca lo hacen. El
trabajo, sin embargo, tiene un punto débil, y es que no se
estudiaron los hábitos alimentarios, lo que quiere decir
que, quizás, los malos resultados obtenidos entre quienes
prefieren la cerveza se deban más a las dietas por ellos
seguidas, que suelen ser muy diferentes a las de quienes prefieren
el vino.
Cápsulas
de salud
"La investigación apoya, aunque no de forma concluyente,
que consumir 42 gramos diarios (aproximadamente un puñado)
de nueces como parte de una dieta baja en grasas saturadas y colesterol
puede reducir el riesgo de enfermedad cardíaca". Así
reza el sello de garantía sanitaria que desde hace unos días
aparece en los paquetes de nueces que se venden en Estados Unidos,
pues la FDA ( ) les ha dado la autorización, la primera
de este tipo que, en la historia, se otorga a un producto comestible.
La buena advertencia podrán llevarla también otros
frutos secos como las almendras, los pistachos y las avellanas.
Por todos son conocidas las buenas propiedades de las nueces y es
que estas "cápsulas de salud", como algunos las
han llamado, tienen un alto contenido de ácidos grasos insaturados
Omega 3 y Omega 6, y de vitaminas y minerales. Además, no
hay producto de origen vegetal (y de consumo frecuente) que contenga
mayor cantidad de antioxidantes.
Vegetales contra el colesterol malo
Mucho se ha hablado de los beneficios de seguir un régimen
en el que las carnes de todo tipo no se ven ni de lejos. Pues bien,
en The Journal of the American Medical Association publicaron,
a finales de julio, los resultados de una investigación donde
queda claro que quien siga una dieta estrictamente vegetariana (léase
bien: ESTRICTAMENTE) verá reducir la presencia del colesterol
malo en su sangre (el temido LDL) alrededor de 30%, una disminución
similar a la que se obtiene con los medicamentos que se recetan
para estos casos como la lovastatina. Este dato es particularmente
útil para quienes tienen elevado el nivel de este tipo de
colesterol (un factor de riesgo cardiovascular), pero no toleran
las estatinas. La dieta en cuestión debe incluir productos
bajos en grasas saturadas, gran contenido de fibra, frutos secos
y proteínas de soja.
Mejor que los
suplementos...
...es consumir el máximo de vegetales y frutas, pues los
antioxidantes que estos últimos contienen actúan en
combinación unos con otros aumentando el beneficio para el
cuerpo. En otras palabras, lo que potencia los efectos saludables
de los componentes de este tipo de alimentos es la relación
sinérgica que se produce entre ellos. Así que no es
lo mismo tomar alguna vitamina (esta actúa de forma aislada)
que obtenerla de las fuentes naturales. Los estudios realizados
por Michael Aviram del Instituto Technion de Israel, demuestran
que una combinación con mucha sinergia es la conformada por
cebollas, tomates, ajo, romero, uvas y granadas. ¡A probarla!
Datos preocupantes
Pero no definitivos, son los que se han obtenido en las primeras
investigaciones realizadas con los ácidos linoleicos conjugados
(ALC). Al parecer, estos nutrientes -abundantes en la grasa de la
leche, los productos lácteos y la carne de animales rumiantes-,
tienen efectos positivos en la protección contra ciertos
tipos de cáncer y trastornos cardíacos. El problema
es que una de las actuales recomendaciones alimentarias es comer
menos grasa animal, por lo que algunos investigadores se están
preguntando qué consecuencias traería para el organismo
disponer de pocas cantidades de ALC. La mayoría de los trabajos
que se han llevado a cabo hasta los momentos han sido realizados
en animales. Un estudio que sí ha incluido tejidos humanos
ha revelado, por ejemplo, que existe una relación entre un
bajo riesgo de padecer cáncer de mama, un consumo elevado
de ALC y queso, y niveles altos de ALC en la sangre. Todavía
falta mucha investigación para obtener conclusiones definitivas,
pero los primeros resultados son reconfortantes (y se tendría
que mirar a la leche entera de otra manera). Los ALC se encuentran
en mayor concentración en la leche y la carne de las vacas
que se alimentan pastando y que tienen en su dieta aceites de soja
y girasol. l
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