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Es posible que alguna
vez hayas considerado la posibilidad de trabajar para cambiar el
mundo y que tus esfuerzos se hayan visto frustrados al descubrir
que es una tarea de titanes... porque depende de la transformación
y de la participación de muchas personas a tu alrededor.
Mucha gente se pregunta: ¿Cuál será mi misión
en esta vida? Esperando, tal vez, que la respuesta sea: salvar al
mundo.
Cada uno de nosotros, ciertamente, tiene asignada una gran misión:
vivir a plenitud y compartir el resultado positivo de ese proceso
con los demás. Podemos afectar de manera positiva nuestro
entorno inmediato, comenzando por el rescate de valores esenciales,
que puestos en práctica nos ayuden a mejorar nuestro espacio
familiar. En la medida en que logremos alcanzar con éxito
nuestras metas, estaremos influenciando con nuestro ejemplo, entusiasmo
y actividad la vida de los demás. Es así como podemos
contribuir con la transformación de nuestro mundo.
El comienzo de una nueva etapa, llena de luz, amor y paz, marca
la pauta para una época de cambio y crecimiento interior.
Estas aquí, ahora, pudiendo ser partícipe activo de
dicha transformación. Tal vez el efecto de nuestro trabajo
no se vea inmediatamente, pero dejaremos una estela positiva que
cobijará a los nuestros y a todos aquellos que están
por venir a este mundo para formar parte de una nueva y más
equilibrada humanidad.
Es el momento de recordar verdades sencillas, pues sólo con
la puesta en práctica de algunas de ellas podremos participar
en la restauración de la paz, la armonía y la prosperidad
en nuestro entorno.
Muchas situaciones pueden cambiar, para dar paso a situaciones nuevas.
Podemos buscar y alcanzar de nuevo el balance y la armonía
que nos permitan recuperar nuestra calidad de vida. Recuperemos
el aprecio y el valor por nosotros mismos y por los demás,
de manera que tenga sentido realizar el esfuerzo de vivir la diferencia.
Sólo entregando lo mejor de nosotros mismos podremos poco
a poco mejorar nuestro espacio vital. Recuerda que depende de cada
uno de nosotros y de la decisión que tomemos en un momento
dado de avocarnos al cumplimiento de nuestra misión.
¿Cómo
podemos lograrlo..?
No te sobrecargues. Evita asumir más
compromisos y obligaciones de los que en realidad puedes manejar
con responsabilidad y eficiencia. Se trata de disfrutar cada cosa
que haces y dejar espacio para que puedas compartir con tus seres
queridos sin estrés y agotamiento.
Acércate a los
tuyos. Es importante que recuperes y mantengas la comunicación
con tus seres queridos. Evita criticarlos y juzgarlos en todo momento.
Escucha lo que tengan que decir con atención y amor. Compartir
con ellos sus inquietudes e intereses los hará sentirse queridos
por ti.
Sana el sentimiento.
Practica el perdón y la comprensión para sanar todas
las heridas de tu corazón. No permitas que el recuerdo difícil
o doloroso de algo vivido en el pasado se convierta en resentimiento
estimulando tus más bajos sentimientos. Abrete al amor para
que fluya lo mejor de ti.
Fija tu atención
siempre en lo positivo. Evita fijar tu atención y
aferrarte a todo lo negativo que ocurre en tu vida. Cuando lo hacemos
nos llenamos de emociones y pensamientos negativos, que transforman
nuestra visión de la vida y nuestra manera de ser. Vamos,
te invito a buscar y a reconocer todos los aspectos de tu vida cada
día, para que puedas apoyarte en ellos y mantener la fortaleza
y el optimismo.
Entrega lo mejor de
ti. Comienza a repartir a manos llenas lo mejor de ti, hazlo
con responsabilidad, amor y excelencia. Ama lo que haces para que
el resultado de tu trabajo siempre sea positivo. Esta es la forma
de sembrar prosperidad y abundancia en nuestro mundo. ¡Enciende
tu luz y deja recuperar la esperanza!
Aplica lo aprendido.
No olvides lo que has vivido, leído y escuchado todo este
tiempo acerca de cómo puedes mejorar tu vida; este es el
momento de poner en práctica parte de todo ese conocimiento.
Recuerda que son tus acciones y no tus ideas las que pueden transformar
y mejorar tu mundo. Pregúntate cada día: ¿Qué
puedo hacer hoy para mejorar mi vida o la vida de los demás?
Y no pierdas el impulso de hacerlo...
Fortalece tu espíritu.
Recuerda la importancia de recargar tus baterías espirituales
para que cuentes con la fortaleza, la confianza y la fe para perseverar
en tu empeño, hasta que logres alcanzar tus metas. Cuando
te sientas triste, desanimado o desesperado, cierra los ojos por
un instante y reconoce la presencia de Dios en tu interior. Permanece
ahí por un momento, orando o simplemente hablando con él;
así podrás recuperarte más fácilmente.
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maytte@maytte.com
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