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Felix
Baumgartner
El hombre que cae
para vivir
Wolfgang Hofbauer. Traducción:
Anna Miramontes. Especial para Estampas
Ningún paracaidista posee la maestría
técnica y la imprudencia en tan perfecto balance. Ahora asumió
un nuevo desafío: se ha convertido en el primer hombre en
cruzar el Canal de la Mancha sin ayuda de propulsión motorizada.
Toda una hazaña para desterrar el dogma de que el hombre
no puede volar.
La mayoría
de las personas llegan a conocer a Felix Baumgartner así:
Con un gran espectáculo en tierra, un pequeño punto
negro se separa de un helicóptero que está a muchos
metros de altitud. El pequeño punto negro cae, al principio
casi imperceptible debido al fondo del cielo, y entonces, lentamente,
comienza a tomar forma: un contorno, tan delgado como el filo de
una hojilla, de brazos y piernas.
El punto continúa cayendo y se ve más en detalle,
hasta convertirse en un ser humano. Es entonces cuando el espectador
comienza a sentir una clase de fascinante incomodidad... uno piensa
para sí mismo "okey, ya es suficiente".
El ser humano, sin embargo, ya absolutamente reconocible como tal,
continúa cayendo. Sin cesar. Sin piedad. La mente del espectador
continúa acelerándose, comienza a pensar cosas como
¿Y qué pasa si algo sale mal?
Luego el paracaídas se abre. Finalmente, uno escucha el aire
por el paracaídas y el respiro de alivio del paracaidista.
Felix Baumgartner le llama "halar bajo", cuando hala del
cordón de apertura a 60, 70 metros como mucho, antes de tocar
tierra. Es una manera confiable de hacer que el público deje
de respirar. Para Felix Baumgartner, las "haladas bajas"
son su rutina, su trabajo.
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| SALTO DESDE LAS TORRES
PETRONAS |
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| ASI LOGRO COLEARSE EN LAS
TORRES |
Entre los aproximadamente 200.000 paracaidistas
en el mundo, hay un grupo de casi 500, particularmente locos, quienes
no saltan de aviones, sino de edificios, antenas de televisión,
puentes y desde la misma tierra, o sea, montañas. Estos 500
paracaidistas se hacen llamar paracaidistas B.A.S.E.
Lo que hacen estos paracaidistas B.A.S.E. está muy pocas
veces permitido, y siempre es peligroso: la razón es que
los paracaidistas B.A.S.E sólo llevan un paracaídas
en lugar de los dos que es lo que normalmente se estila. Es una
simple consecuencia del hecho que si el primer paracaídas
no se abre correctamente, el paracaidista B.A.S.E estará
muerto antes de que pueda pensar en la palabra "cuerda".
Por eso es que Felix Baumgartner afirma, "el paracaidismo B.A.S.E
es la disciplina elitezca del paracaidismo".
Baumgartner, de 34 años de edad y oriundo de Salzburgo, conforma
una clase de élite dentro de esta disciplina ya de por sí
elitezca. Fue campeón mundial en la primera y hasta ahora
única competencia en la que ha participado del deporte que
practica profesionalmente. Además tiene dos récords
mundiales en su historia: uno por el salto desde el edificio más
alto del mundo y otro por el salto B.A.S.E más bajo del mundo.
Consiguió ambos récords en 1999. Para el primero,
utilizó las Torres Petronas en Kuala Lumpur; para el segundo,
la estatua de Jesús en Río de Janeiro. Estos dos saltos
lo hicieron famoso en el ámbito internacional.
Hijo de un maestro carpintero y una ama de casa, soñaba con
conducir Porches y saltar de paracaídas desde que era muy
niño. Luego, comenzó a entrenar como reparador de
motores y mecánico automotor.
Saltó por primera vez en paracaídas cuando tenía
16 años de edad. A los 27, hizo su primer salto B.A.S.E.
Un año más tarde, fue el primer europeo en obtener
el título de Campeón Mundial en paracaidismo B.A.S.E.
A los 31 años se compró su primer carro nuevo, un
Porsche 911, y lo pagó en efectivo. No lo hizo por falta
de confianza en el sistema bancario, sino por toda la emoción
que implicaba el acto. "Fue un momento memorable para mí",
dice Baumgartner. Le llevó a dos secretarias quince minutos
contar el dinero, así que es difícil imaginar que
este haya sido el peor cuarto de hora en la vida de Felix Baumgartner,
el mecánico automotor, que hizo realidad uno de sus sueños
de la niñez, al hacer realidad el otro.
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SE LANZO DESDE LOS BRAZOS DEL CRISTO DE
RIO DE JANEIRO E IMPUSO UN RECORD MUNDIAL
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Dos récords
mundiales. El momento en que se hala el cordón de
apertura de un paracaídas lo determina la técnica
y/o el coraje del paracaidista. La correcta relación proporcional
entre estas dos cualidades está determinada por las leyes
básicas de la física, que sirven para asegurar el
estricto régimen de selección natural entre las especies.
Ningún paracaidista posee la maestría técnica
y la imprudencia en tan perfecto balance como Felix Baumgartner.
El hace las cosas más locas y se prepara en perfecto detalle
para su realización. Si tiene la suerte suficiente como para
encontrarse con Baumgartner en un día en que esté
de ánimos para contar sus historias, pregúntele sobre
las Torres Petronas en Kuala Lumpur. Deje que le cuente como falsificó
tarjetas de empleados en su casa en su computadora para pasar por
los puntos de registro, vestido como un empresario occidental, con
lentes y demás. O mejor pregúntele por el proyecto
Jesús (el Cristo del Corcovado en Río de Janeiro).
Hay una bonita historia sobre ello en el libro que próximamente
lanzará al mercado este intrépido hombre.
Cuando se le preguntó por qué se atrevió a
escalar de manera tan peligrosa hasta el brazo de Jesús,
simplemente con unas cuerdas y unas ballestas, en lugar de subir
las escaleras que están dentro de la estatua y romper la
cerradura que protege la ventana, él dijo: "Romper cerraduras
no es algo divertido". No en balde le gusta hacerse llamar
"especialista en el manejo del riesgo". A su vez, afirma
que "si actúo correctamente, nada puede sucederme".
Hasta ahora ha construido pilas de evidencias que corroboran esta
afirmación: 2.600 saltos de paracaídas y 130 saltos
B.A.S.E.
A su madre no le sorprende para nada que haya terminado con un trabajo
de paracaidista B.A.S.E. Hasta de niño, dice su mamá,
a Felix le encantaba trepar por los árboles más altos,
además de ser los más prohibidos.
Pero saludar a su asustada madre desde las ramas de un árbol
ya no es tan divertido. Ahora está enfocando su energía
en una nueva especialidad: El dogma de que el hombre no puede volar.
Por eso Felix Baumgartner ha cruzado el Canal de la Mancha colgando
de unas alas el pasado 31 de julio; ha sido lo más cercano
a un hombre volador que se haya visto jamás.
"Por primera vez podía morir si alguien más cometía
un error", dice Felix, y eso fue quizá el motivo principal
de todo este proyecto para cruzar el Canal, el cual estuvo siguiendo,
planeando, rechazando, pensando, maldiciendo, y por el cual se volvió
loco por casi tres años.
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| HACIENDO HISTORIA EN EL
CANAL DE LA MANCHA |
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Un histórico
éxito. Baumgartner salió de Dover (Inglaterra)
y aterrizó en Calais (Francia). Voló sin ninguna ayuda
de propulsión motorizada, mantenido únicamente por
un ala de fibra de carbono amarrada a su cuerpo con un dispositivo
especial. La construcción del ala fue una verdadera y pionera
hazaña de la aerodinámica, lograda junto al ingeniero
de 75 años Rudiger Kunz y un joven especialista en fibra
de carbono de la empresa Carbotech, ubicada en Salzburgo. A las
6:08 am, saltó desde la avioneta que lo llevó desde
Dover hasta 10.000 metros de altitud para su lanzamiento. En la
parte exterior la temperatura era de menos 40 grados Celsius. Vestido
con un traje especial se precipitó hacia Francia a una velocidad
de hasta 360 Km/h, equipado con una botella de oxígeno, un
dispositivo para hacerse visible en las pantallas del radar y con
cámaras de televisión miniatura colocadas en el ala.
Luego de seis minutos y veintidós segundos de caída
libre, Baumgartner concluyó "el mayor desafío
de mi carrera atlética": el proyecto "Channel Crossing".
Después de planear durante unos diez minutos, abrió
su paracaídas y aterrizó. De esta manera se convirtió
en el primer hombre en cruzar el Canal de la Mancha sin aparato
propulsor y escribió su propio capítulo en la historia
de la aviación.
"Es una sensación increíble estar volando sobre
las nubes, como lo hace un pájaro. No te das cuenta de la
rapidez con la que estás bajando, sólo que te estás
moviendo hacia delante".
Lo que a Baumgartner no le agrada es que se le degrade a una caricatura
de un adicto a la adrenalina. Ve su trabajo desde un punto de vista
muy filosófico, y dice que la razón por la cual está
haciendo lo que hace, "no es la adrenalina y toda la basura
psicológica. Siempre ha sido mi idea ligada a lo que hago
y a mí. Es una meta y una manera de alcanzarla. Si para mí
el reto fuese tejer medias, las tejería sin problemas".
Sin embargo, el tejer medias carece de algún elemento atractivo
para él, como lo es el riesgo. Felix Baumgartner tiene una
posibilidad, bastante factible, de no sobrevivir. "No me dejo
intimidar por el miedo. Por el contrario, el miedo me provoca cumplir
con esa meta. Por ello es que el miedo es parte del juego".
¿Y la muerte?
Felix Baumgartner sólo rezó una vez en su vida y fue
cuando se paró en el brazo de la estatua de Jesús,
ya que sabía que o moriría o se volvería famoso
en pocos minutos. Cerró sus ojos y dijo: "Por favor,
Dios, permite que sobreviva ahora".
Sobrevivió y llegó al lugar donde siempre había
querido estar: "Las memorias del mundo", tal y como él
lo afirma. Después de todo, "lo peor es cuando mueres
y después de año y medio nadie se acuerda de ti, y
no queda nada de ti". Y añade: "Si tuviera que
dejar este mundo, habré dejado algo". l
Ver también en Encuentros:
- El sexo opuesto
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