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Tomándose
un cafecito (suponemos) aparece en esta portada de Estampas,
Edison Arantes do Nascimento, mejor conocido como Pelé.
En la foto luce relajado, y como no, si era millonario y tenía
un par de piernas que valían oro. El famoso jugador
brasileño se había ganado entre sus compatriotas
el mérito de ser denominado "el niño preferido
de Dios", el rey Pelé, la perla negra. Se aseguraba
que, a sus 22 años, era más famoso que Brigitte
Bardot. Pero los brasileños estaban preocupados por
el destino de su ídolo. El astro estaba cansado y lesionado,
la prensa de 1963 titulaba "el agotamiento asedia al
rey Pelé". Pero al parecer, lo que más
temían es que su héroe aceptara su pase al Inter
de Milán, lo cual, por cierto, significaba que el veloz
delantero se embolsillara un millón seiscientos mil
dólares, cifra récord para la época.
El rey Pelé tranquilizaba a la fanaticada canarinha
con una frase que hoy debe matar de risa a Ronaldo, o a cualquiera
de la selección nacional: "Yo estoy bien en Brasil.
Soy brasileño y quiero seguir defendiendo mis colores".
Ciertamente, Pelé sólo jugó para un equipo
extranjero al final de su carrera. Cómo cambian las
cosas.
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