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Hace unos días, mientras caminaba del carro a las instalaciones de la radio bajo la resplandeciente luz del sol de la tarde —me disponía a cumplir con el encantador compromiso de conversar con losoyentes de lo que un día decidí llamar Ciudad Glam y que la 100.7 FM transmite, para mi felicidad, a temprana hora de la tarde— se me ocurrió algo que me pareció formidable. Siempre que estoy a solas, cuando tengo oportunidad de conversar conmigo misma en silencio, me sobrevienen, como nos ocurre a casi todos, montones de ideas que para fortuna propia terminan extraviadas en el extracto más escurridizo de mi mente. La amnesia sistemática, la memoria inestable, la desaparición crónica de pensamientos volátiles y la presencia de ideas fugaces que van y vienen como el polvo y el viento, son borrascas de la dinámica psicológica que las personas de pensamiento hiperactivo debemos agradecer. El olvido involuntario nos rescata de la catastrófica acumulación de fragmentos prescindibles del pensamiento, a diario profuso, incesante, incontinente.
El pensamiento solitario es pirotécnico, acrobático y megalómano, a veces se debate entre la lucidez y la locura y casi siempre está a medio camino entre el ruido y el silencio, la angustia y la serenidad, la claustrofobia y el pánico escénico. Pero ese día que caminaba a paso acelerado por la acera derecha de la Plaza de los Museos para llegar al piso sexto del edificio del Ateneo de Caracas, y empezar a compartir la transmisión de mi programa de radio, dirigí de golpe, aunque con cotidiana naturalidad, la mirada al piso. Pero esta vez, al ver por enésima vez la hilera indiscreta e insolente de desperdicios extendida a lo largo de la acera, tuve una idea, pensé en una solución para detener el abandono que nos ahoga desde la mayoría de las calles de la ciudad.
De pronto, como si se tratara de la ilustración de un comic erótico italiano, o de una hermosa imagen desplegada sobre las paredes de una galería, tuve una visión que me resultó en extremo estimulante. Me divisé vestida de mucama a la usanza convencional. Me imaginé divinamente maquillada y peinada (esto no es tan convencional, lo sé), ataviada en un clásico overol celeste, con un delantal blanco, anudado en la espalda y con encajes en los bordes exteriores, encaramada en un par de sandalias de patente blancas, limpiando con una escandalosa escoba color púrpura las calles de la ciudad. “¡Claro! —pensé— sería increíble hacer del acto mismo de barrer las calles una suerte de coreografía hiperesteticista (y ultrafeminista) que le ofrezca doble beneficio a nuestro paisaje urbano. Despejar las calles de desperdicios y al mismo tiempo orquestar —escoba en mano— una situación de interesante valor escénico y conceptual, sin duda, podría convertirse en un ritual fantástico”.
Aún insisto en imaginarme esta ilusión repentina que tuve una tarde de un día cualquiera, producto de mi pensamiento caprichosamente fabulador, como una realidad posible. Realmente me propongo ensamblar una organización no gubernamental sin fines de lucro, que logre aliar a un variopinto grupo de mujeres por una causa solidaria y al mismo tiempo exhibicionista y vanidosa. Fotógrafas, actrices, pintoras, empresarias, modelos, ejecutivas, pedagogas, diseñadoras, abogadas, mujeres capaces, capacitadas e integralmente hermosas, dispuestas a convertir el acto de barrer las calles de su ciudad en un performance público de alto contenido estético; conformarían, entonces, esta legión de “mucamas”. Fabulosamente acicaladas, nos convertiríamos en barredoras capaces de tomar las riendas de un problema desdeñablemente antihigiénico y antiestético, con orgullo, elocuencia, y sin complejos ni pruritos sexistas.
La idea de armar un colectivo artístico o una ONG llamada “Mucamas”, no se exilia de mi mente, este pensamiento de preciosista preocupación social sobrevive estable en mi fluctuante imaginación. Estoy convencida: podemos ser creativos, seductores, aguerridos, competitivos y al mismo tiempo podemos (y debemos) ser útiles. “Mucamas” es entonces el nombre del proyecto femenino que anhelo constituir, para promover acciones que contribuyan con la Ciudad Glam de mis deseos. ¿Quién se anota? l
tofano@hotmail.com
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