“Un día, decepcionado por no encontrar un recaudador de impuestos de confianza, el sultán se quejó ante el más sabio de sus consejeros.
-No puedo creer que no haya un solo hombre íntegro en el reino. ¿Qué puedo hacer para encontrar a una persona en la que pueda confiar?
-No os preocupéis, su alteza, simplemente anunciad que un nuevo recaudador es solicitado en el palacio… Yo me encargo del resto.
Al día siguiente miles de personas llegaron al palacio. Todas con las mejores galas para inspirar confianza. Con porte arrogante se paseaban por el gran salón, en el que había gran cantidad de bandejas llenas de miles y miles de monedas de oro. En medio de tanto lujo y riquezas, sólo un hombre sencillo llamaba la atención de los presentes por lo humilde de su aspecto.
Sorpresivamente el salón quedó completamente a oscuras por unos minutos, y era tal la oscuridad que unos con otros tropezaban y caían al suelo. Al poco rato se iluminó de nuevo el salón y apareció el sultán, quien con voz grave dijo:
-Música por favor y empiecen a bailar.
Todos estaban extrañados por semejante pedido, pero de todas maneras comenzaron a bailar lentamente. A medida que bailaban, monedas y más monedas caían de sus ropas.
El único que bailaba con gran agilidad era el hombre de ropas humildes.
-Ahí tenéis a vuestro recaudador, dijo el sabio.
El sultán había dado con un hombre íntegro y honrado que, a pesar de las circunstancia, no se aprovechó de ellas”.
La mayoría de las herramientas que, como adultos, nos hacen falta para tener una vida plena, las adquirimos durante la infancia.
Si tienes niños pequeños en casa, estás a tiempo de hacer algunos ajustes en la relación que mantienes con ellos, en la dinámica del hogar y en tu manera de actuar, para que puedas transmitirles algunas normas éticas que les permitan desarrollarse como personas plenas, para que vivan en armonía con los demás y hagan su aporte positivo al mundo.
La sociedad actual ha trastocado muchos de los parámetros tradicionales que nos inculcaron en la infancia. Sin embrago, existe una serie de valores humanos esenciales, que pueden aplicarse a todas las culturas, como el respeto a los
demás, el sentido de justicia, la sinceridad, la compasión, la responsabilidad,
la equidad… Como padres deberemos decidir qué clase de valores
le trasmitiremos a nuestros hijos, recordando que el ejemplo será el instrumento
por excelencia para hacerlo. No sirve de nada darles una larga y detallada explicación acerca de los valores que deseamos inculcarles, si no
los estamos usando en nuestra vida cotidiana.
El trato cariñoso y respetuoso, la confianza y el amor son ingredientes básicos para el desarrollo desde la infancia. Sentirnos constantemente criticados o ignorados por unos padres que siempre esperan algo distinto o mejor de nosotros, hará que crezcamos con una gran inseguridad y una estima muy bajita, lo que se traducirá en un niño lleno de problemas y en un adulto, inseguro y cargado de temores.
Algunos valores éticos
El sentido de la responsabilidad. No podemos pretender que un niño pequeño al que le hemos solucionado todos los problemas, asuma algunas responsabilidades en la adolescencia. En lugar de rechazar su ayuda, permíteles participar en algunas labores en casa. Así aprenderán que las tareas son de todos, y que colaborando se terminan mas rápido.
El desarrollo de la gratitud. Antes inclusive de que aprenda a hablar, debemos dar las gracias por él, dejando muy claro que aquello que recibe es producto del esfuerzo de alguien y que éste merece su agradecimiento.
Nuestra actitud les sirve de ejemplo, por ello, además de dar las gracias, debemos enseñarles a pedir con un “por favor” y a disculparse. Pedirles perdón a nuestros hijos no es perder autoridad, sino mostrarles respeto y que todos podemos equivocarnos y rectificar.
Aprender a ser justos. Cuando se presentan las peleas entre hermanos, en lugar de darle la razón al mayor, o al menor, a pesar de que haya cometido un error, es importante enseñarles a reflexionar acerca de lo sucedido. Que aprendan a ponerse en el lugar del otro, y que juntos encuentren una buena solución para sus problemas. Ser justo es la suma de otros valores como la comprensión, la confianza y el respeto a las diferencias.
MAYTTE, fui educada con valores morales muy estrictos. Mi padre nos enseñó a decir la verdad y a pedir disculpas reconociendo nuestros errores. Hace unos meses tuve un problema con una amiga, nos ofendimos y yo le dije cosas terribles de las cuales me arrepiento. Tengo una lucha interior, entre llamarla para pedirle perdón o dejar las cosas así, pues ya ha pasado mucho tiempo. ¿Qué podría hacer para reparar mi falta? D.S.
Si no te sientes en paz y el recuerdo de lo sucedido te persigue… estás lista para cerrar ese círculo que quedó abierto y pendiente por resolver. Yo personalmente creo que siempre vale la pena intentar recuperar la amistad con una persona que ha sido especial con nosotros, sobre todo si nos distanciamos por un malentendido o por una reacción equivocada motivada por lo que sentimos en ese momento. Te sugiero que conviertas tu iniciativa en una acción concreta. Llámala y dile que te gustaría conversar con ella. Si acepta, dile con humildad y honestidad lo que sientes y piensas, pídele disculpas por lo que le dijiste, explícale que en ese momento estabas muy afectada, háblale de lo importante que es para ti recuperar su amistad. Si acepta, ¡qué bueno! Recuerda que será como volver a comenzar, porque las personas que herimos con nuestro comportamiento mantienen una actitud defensiva hasta asegurarse de que hemos cambiado nuestra actitud. Y si su respuesta resulta negativa, acéptalo con serenidad porque está en su derecho de establecer un límite y decidir si quiere mantener la amistad contigo. Lo más importante será lo que hayas aprendido de todo el proceso que has vivido. Estoy segura de que no se volverá a repetir en tu vida porque lo asumiste con madurez y responsabilidad.
MAYTTE, en mi familia hay dos generaciones de abogados y mi abuelo siempre me animó para que estudiara la misma profesión. Pero ahora que estoy a punto de graduarme pienso que me ha sido un poco difícil llegar hasta aquí, me pregunto si seré capaz de ejercerla o más bien me hace falta voluntad y disciplina para salir bien. L.C.B.
Tal vez la falta de motivación se deba a que persigues metas y objetivos que no corresponden a tus deseos sino a los sueños de otros. Cuando nos sentimos presionados por el deseo de complacer a otras personas o de alcanzar niveles muy altos y exigentes para nosotros, nos falla la motivación y la disciplina. Además, se debilita la voluntad, que ha sido movida por el empeño de forzarnos a hacer algo que no estamos tan seguros de querer, llevándonos a menudo a tomar decisiones equivocadas. Te sugiero que tomes el tiempo para reflexionar acerca de tu personalidad, para conocer tus intereses y redescubrir tus sueños. Tienes que encontrar lo que en verdad te hace feliz. Antes de tomar una decisión definitiva reflexiona sobre si vale la pena terminar tu carrera, para luego dedicarte a estudiar o a trabajar en lo que realmente te gusta. Cuando deseamos algo y lo realizamos, nos sentimos en perfecta armonía con todo lo que nos rodea.
HOLA, MAYTTE. Soy el padre de una familia donde los sentimientos han sido mas importantes que la disciplina. Les dimos a nuestros hijos la libertad de escoger su ropa, sus amigos y diversiones. Pero ahora, cuando son unos adolescentes, nos encontramos con unos hijos exigentes y hasta un poco tiranos. ¿Será que nos equivocamos al ser con ellos más considerados y complacientes de lo que fueron con nosotros? R.T.
Tenemos la responsabilidad, como padres, de no repetir las actitudes y los comportamientos negativos que tuvieron con nosotros cuando fuimos pequeños. Si los hubieras educado con violencia y rigidez, seguramente tendrías hijos rebeldes y quién sabe con qué clase de inseguridades y complejos. Es bueno que los padres usen una autoridad benigna que permita reconocer y tomar en cuenta las ideas y los sentimientos de sus hijos, pero deben reservarse
el derecho de tomar la decisión final y que esa decisión sea acatada sin discusión.
Los hijos tienen su lugar en el espacio familiar, pero no se está hablando de una democracia absoluta, pues se perdería el respeto y la seguridad que transmiten unos padres que saben poner límites y reglas amplias, claras y definidas para resguardar el desarrollo y la seguridad
de sus hijos. Es tiempo de revisar los acuerdos de convivencia familiar y hacer los ajustes necesarios que les permitan motivar a sus hijos para que mejoren su actitud
y comportamiento. Los límites también son amor.
maytte@maytte.com
La Revista Estampas y El Sambil te invitan al taller de Maytte: 7 Claves para disfrutar más
la vida, a realizarse el proximo sabado 14 de julio a las 7:00 pm en el anfiteatro del Sambil.
La entrada es libre. Información por el telefono: 0212 614.0500 |
|