
Tablas a
domicilio
Si usted no puede ir al teatro, que entonces el teatro vaya a usted…
Ese es el lema que mejor encaja para esta manera de abordar el montaje
de una obra en espacios no convencionales. La idea, que se viene
desarrollando en algunas ciudades del mundo con bastante aceptación,
tiene también en Venezuela a sus impulsores. ¡Así que suba el telón!
O mejor dicho… ¡La cortina de la sala! María Elisa Espinosa
Imagínese en la mismísima sala de su casa, con sus cuadros de siempre, el sofá próximo a cambiar de tapicería.... Espacio entrañable de tertulias entre los miembros de la familia, entre los amigos. El mismo rincón donde los regalos de Navidad alfombran el piso cada diciembre de su vida. Pero en su lugar, hoy, o más preciso,
esta noche, esa sala será un gran escenario.
Sí, el escenario de una obra de teatro, y no exactamente la que están preparando
los más pequeños del clan para presentarla en las Bodas de Oro de los muy perseverantes abuelos. No. Se trata, más bien, de un montaje de los de verdad
verdad. De esos a los que usted suele ir —¿o desde cuándo no lo hace?— para aplaudir el esfuerzo de determinada compañía. La diferencia está en que ahora
lo puede disfrutar en casa. Es, como lo llaman algunos: teatro a domicilio.
O si lo prefiere: teatro delivery. ¿Le seduce la idea?
Esta tendencia —que en Venezuela está comenzando a hacerle ojitos a productores
y actores interesados en vivir nuevas experiencias— tiene ya historia en algunas partes del mundo —como España, Francia, Argentina, Colombia— donde el trabajo
en las tablas suele reinventarse cada día; y, en este caso, basándose de cierta
manera en aquel teatro de sala y alcoba de mediados del siglo XIX, así como,
según dicen los entendidos, en lo vivido en los años cincuenta en Madrid
y Barcelona con el “teatro de una noche”, y treinta años después en Moscú
y Praga, cuando en tiempos de protesta esa fue la mejor manera que encontraron
los artistas de esas ciudades para expresarse.
Mientras más cerca, mejor
Hoy, aunque habrá que admitir que no es lo más natural
oír decir a alguien: “¡Epa, nos vemos esta noche en mi
casa, miren que tengo en el menú a La cantante calva
para que se chupen los dedos”, lo cierto es que
en algunas partes del mundo hay cada vez más gente
que ofrece como opción para su fiesta o evento esta
original manera de celebrar y compartir entre amigos, considerando que existen compañías teatrales
que hacen realidad esta posibilidad.
Un ejemplo: la agrupación madrileña Iván Dos.
En su caso, la experiencia del teatro en casa vino
precedida por el montaje de sus obras en una sala convencional,
para que luego se animaran a ofrecer el espectáculo a domicilio considerando
que el único requisito clave (además del pago, ni falta hace decirlo, que va de
los 450 a 600 euros; es decir, entre 1.305.000 y 1.700.000 bolívares al cambio
oficial) es contar con un pequeño espacio donde desarrollar la serie de sketches
que lo conforman.
Algo similar ocurre en Barcelona, otra ciudad española de innegable movida
cultural, donde, entre otras, la agrupación Banqueteatro decidió hace ya un tiempo ampliar su oferta artística en respuesta a lo que se les estaba haciendo más que evidente: la gente va cada vez menos al teatro, así que lo mejor es llevárselo
a la casa.
Pero también se sabe de la compañía Teatro de Cerca, entre cuyas caras destaca la del actor y comediante de la televisión Oriol Grau, participando en una obra más bien seria, La Ceniza, en un teatro sin palco ni platea que, en realidad, es una de las tantas casas grandes de Tarragona. Allí, a escasos metros de unos espectadores sentados en sillas de jardín y de comedor, al hombre no le quedó otro remedio que confesar
—a propósito de la cobertura que le hacía La Vanguardia a ese montaje— que
aquella había sido la experiencia teatral más intensa de toda su vida: “Aquí el
público no puede engañarte ni aunque se lo propusiera”, dijo… Y no era para
menos: estando allí, tan cerca, siempre será difícil que le disimulen al actor
un bostezo.
Una cuestión sensorial
El asunto, como se ve, va mucho más allá
de una fiesta con un entretenimiento “fuera
de lo común”. Estos hombres y mujeres
que se atreven a salir de una sala de teatro convencional para instalarse por poco más
de una hora en el living de una casa ajena,
se sienten marcando pauta. Y es que lo están.
En Argentina —y sigan los ejemplos—
existe una compañía bautizada Teatro
a la hora de los postres, que bien sabe sorprender —¡nunca empalagar!—
a los invitados a una fiesta, cuando sus actores se hacen pasar como miembros de un servicio de catering, comienzan a servir los dulces, aprovechan para acomodar uno que otro mueble de la sala, y de pronto irrumpen con la representación de una obra que al culminar provoca los aplausos de una audiencia emocionada.

Aunque llegó la hora de precisar algo: la idea del teatro a domicilio es tan sólo una vertiente del teatro en espacios no convencionales, pues no necesariamente debe confinarse la experiencia
a una casa ajena… ¿O para qué está un acogedor bar en un centro comercial, un enorme jardín o la cima de una montaña?, puntos hacia donde los propulsores de esta idea también suelen enfocarse.
Es el caso de Anabella Troconis Neri, jovencísima actriz y productora venezolana que ha traído a la palestra criolla esta modalidad de hacer teatro
en sitios donde otros no lo hubieran pensado.
Su proyecto completo, enmarcado en Tactus Productions, la empresa que fundó precisamente para hacerlo realidad, se basa en ofrecer al público experiencias de entretenimiento inspiradas en los sentidos y la integración de estos a partir del teatro.
Comenzó con el ciclo de tertulias alternativas, en las cuales, tras la lectura dramatizada de una obra, los asistentes participan en una conversación llena de reflexiones, disfrutando de una buena copa de vino y algo de comida, además de música y de la compañía de sus autores.
De allí, siguió con la segunda fase de su proyecto, que llamó Movimiento Underground Sensorial, en la cual retoma la propuesta teatral integrando los sentidos, pero esta vez valiéndose del montaje completo de una obra y sacándola de su contexto tradicional. Partió con Secreto a voces, de Toti Vollmer (previamente incluida en el repertorio de las tertulias), pero ahora con Marialejandra Martín (más acostumbrada a estar sobre las tablas) dirigiendo a un grupo de jóvenes actrices —incluida la propia Anabella— en un espacio por el que pocos apostaban: una casa de San Bernardino que se alquila para eventos y matrimonios.
“Inicialmente la propuesta estaba contemplada para un pent house de un edificio
en construcción y a última hora se tuvo que cambiar, así que buscando una solución conseguimos la quinta Versalles, donde todo se dio espectacular, la gente estaba como loca, en dos días se vendieron todas las entradas”, esgrime ella como argumento para concluir que la idea, mala no es.
Como tampoco lo que terminó convirtiéndose en la tercera fase de su proyecto: el teatro a domicilio propiamente dicho, que desde hace pocas semanas ha puesto
a disposición de todos aquellos que quisieran vivir la experiencia, ya no comprando
un boleto para ver la función de Secreto a voces en una casa alquilada, sino sirviendo como anfitriones en la sala de la suya, o incluso en un local nocturno o cualquier otro escenario no convencional.
Entre los montajes que pronto ofrecerá —sumándoseles al escrito por Toti Vollmer— están una obra para niños, otra para mujeres, otra para hombres, una comedia, un monólogo y un drama, para los cuales ya Tactus Productions ha abierto el casting.
La idea —no tarda en aclararlo la productora— la trajo en su maleta luego de haber vivido en Bogotá y estudiado artes escénicas con grandes de ese país como Jorge Alí Triana, Oswaldo Hernández y Manuel Orjuela. Aunque en realidad es a este último a quien le da todo el crédito de haberla involucrado en tanta novedad.
“Manolo (como le dice al maestro) montó a domicilio la obra Carta de una desconocida (del austriaco Stephan Sweig) y yo quedé fascinada; él siempre tiene propuestas distintas, superinnovadoras, y por eso me animé a traer esa pieza para Venezuela.
Luego, sin embargo, consideré que Cartas… no era la más indicada para introducir aquí esta modalidad de teatro en espacios no convencionales… Creí que debíamos comenzar con algo menos dramático y por eso se escogió Secreto a voces, aunque
ya podríamos hacer el otro montaje, creo que la gente está lista para esto”.
Por lo pronto, Secreto… ya fue contratada a Tactus Productions por los dueños de un local nocturno de Caracas; el espectáculo lo ofrecieron a sus clientes para que lo disfrutaran como complemento de una velada con tragos y buena compañía. Pero la oferta se mantiene extendida a aquellos particulares deseosos de brindar en su propia casa una noche inolvidable haciéndose parte de una obra y compartiendo con el elenco y su directora.
Para ello se debe pagar un monto (4 millones y medio de bolívares por la función), del cual un porcentaje —como en cada proyecto que emprende Tactus— es entregado a Sordociegos de Venezuela (Socieven), una fundación que atiende a personas con esta doble discapacidad y a la cual está muy ligada la actriz y productora. De hecho, por ellos es que su propuesta se basa en el tema sensorial, según se ocupa en aclarar en cada programa de mano y a todos aquellos que pregunten.
Ella, estando consciente del carácter exclusivo de la contratación de un montaje a domicilio como este, también ofrece opciones, como ponerse de acuerdo con un buen grupo de amigos que completen la taquilla —algo así como la versión de una “fiesta contri” pero llevada a las tablas— mientras alguno de ellos sirve de anfitrión y se encarga de subir el telón... ¿O habrá que decir: las cortinas? •
Coordenadas
www.tactuspro.com
teatroadomicilio.tactuspro@gmail.com
casting.tactuspro@gmail.com
www.teatronaku.com
Fuentes consultadas
www.elmundo.es
www.bumeran.com.ar
www.mirabaires.com
www.terra.com.co
Todo en una maleta
Si hay algo que se puede prestar para ir de casa en casa
con un espectáculo —literalmente— en la mano, eso es un títere
o una marioneta. Y bien que lo saben los integrantes del Teatro Naku, una compañía con no pocos reconocimientos obtenidos
en el país y más allá, cuyos integrantes no se han limitado
a presentar sus obras en un espacio convencional, como
bien lo explica Sonia González, su directora y fundadora,
sino en eventos públicos o privados, para lo cual Naku
parece estar hecha a la medida.
“Es que la esencia del teatro de títeres es el teatro en una maleta. Es decir, se tiene la ventaja de que se es autosuficiente en todo: vamos a donde sea con nuestra maleta (aunque también pueden ser varias), en la que hay luces, están los actores, la escenografía… Es el teatro que se mueve”.
De allí que sus muy celebradas piezas —entre ellas Poquito a poquito y A los cuatro vientos, entre las infantiles, y Mujeres a cuatro manos y En su salsa, entre las de adultos— se hayan paseado ya por piñatas, escuelas, matrimonios, bares, convenciones o plazas a cielo abierto, arrancando los aplausos de quienes tienen la oportunidad de ser sus espectadores de turno.
De hecho, son estas contrataciones privadas —y muy especialmente las de obras para niños— las que han permitido la autogestión de la compañía (el precio de las presentaciones está entre 500 mil y 5 millones de bolívares), de manera de poder seguir creciendo en espectáculos y concreción de ideas, entre las cuales González comparte una que quisiera ver hecha realidad muy pronto: el teatro de bolsillo.
Y se refiere a la posibilidad —muy a propósito del concepto a domicilio— de hacer itinerante, en centros comerciales, una pequeña carpa donde la gente, a lo largo de 10 o 15 minutos de función, pueda llenarse de la magia del teatro. “Esto me interesa mucho, porque los centros comerciales son plazas, la gente va para allá para entretenerse al no existir muchas opciones en la ciudad, pero incluso dentro de estos espacios hace falta algo más allá de un cine, de comerse un helado o de dar vueltas por las tiendas...”.
Fotos: Cortesía Teatro Naku |
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