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A la una...
a las dos...
y a las Shrek


El malhumorado, antihigiénico y bonachón ogro
verde está
de vuelta.
Esta vez deberá encontrar otra cabeza que lleve
una corona que
no quiere para sí y asumir la paternidad de unos trillizos que lo tendrán hasta
la coronilla. Como siempre, estará acompañado de ese par excepcional que
hasta le ha robado el show: el despreocupado burrito (Eugenio Derbez,
en la versión en español) y el arrebatador gato con botas (Antonio Banderas),
quienes conversaron en exclusiva con Estampas.
Pablo Blanco. México. Enviado especial.

Fotos: Cortesía Dreamworks Pictures

Los filmes animados no son una excepción a esa regla según la cual los personajes secundarios les roban siempre el show a los protagonistas. Que lo diga Shrek, quien en  la tercera parte de la hilarante saga cinematográfica de Dreamwoks se ve opacado, a ratos, por las personalidades del seductor gato con botas y del infantil burrito.
El estreno latinoamericano de la cinta fue propicio para que la prensa internacional entrevistara a quienes les prestan sus voces, en la versión en español, a estas
dos celebridades computarizadas: el archiconocido malagueño Antonio Banderas
y el comediante mexicano Eugenio Derbez, un poco anónimo por estos lares, pero
de quien se podría decir que es una suerte de Emilio Lovera en la tierra del tequila
y los tacos. El hotel Four Seasons de Ciudad de México fue el recinto en el que
los medios abordaron al dúo, a propósito de esta entrega en la que los esquemas
de los cuentos de hadas, cómo no, vuelven a romperse. He ahí, pues, a las princesas
y heroínas invitadas, cuyas personalidades son dignas de las concursantes del reality American Next Top Model: Rapunzel es premeditada, Blanca Nieves, presumida y aguerrida, la Cenicienta, un poco tonta, y la Bella Durmiente —como su nombre lo indica— sufre de narcolepsia. Además, reaparece un vengativo Príncipe Encantador comandando una sarta de villanos de otras historias. Eso sin mencionar que la pareja protagónica tiene arranques de ternura a partir de flatulencias.


Como era de esperarse, aun cuando muchos han preferido las dos entregas anteriores, la cinta, que ya se exhibe en las carteleras locales, ha tenido un lanzamiento exitoso —sólo en su fin de semana de estreno en Estados Unidos
recaudó 121 millones de dólares en taquilla. Tanto así que ya se anunció
una cuarta parte y una nueva franquicia exclusiva de El gato con botas
para 2010. 


Disparando al gatillo

“Perdona, necesito un receso de cinco minutos”, se excusa un amable Antonio Banderas antes de dar inicio a esta entrevista. “Me arde la garganta”, se le escucha comentarle al staff
logístico mientras, paradójicamente, enciende un cigarrillo.
A los pocos minutos se riega la noticia de que el artista tenía
la tensión baja por el cansancio que le ha provocado la gira
de promoción de esta película y sus otros múltiples proyectos. Dolencias que, por cierto, pasaron inadvertidas para las
féminas presentes, a quienes siempre les pareció haber visto
“un lindo gatito”. A sus ya notorios 47 años conserva el look
de latin lover con el que se le ha visto en cintas como Desperado: cabello bañado en gomina y peinado hacia
atrás, sujetado por una cola que hace lo suyo por no desprenderse de la abundante melena, ajustados jeans
negros, botas vaqueras y una camisa blanca —también
a lo cowboy. Mide 1.77, aunque el calzado y una evidente
delgadez, producto del ajetreo cinematográfico, le hacen
lucir más alto. Al rato, apaga el cigarrillo y comienza
la conversa con la mejor disposición. No en balde,
tiene fama de ser una persona afable y de grata charla.   


¿Qué tan adelantada va la película
de El gato en solitario?


“Ni siquiera me he leído el guión completo,
pero sé que le tengo que imprimir al personaje otros matices aparte de los que les da la comedia. De hecho, la historia tiene algo de dramática
y conmovedora. Está previsto que se estrene
entre la cuarta y la quinta parte de Shrek”.

¿Cuáles son los mayores encantos del gato?


“Su acento malagueño, que es mío (risas), el ceceo típico de mi tierra, y ese contraste de ser chiquitico y tener una vocezota seductora. Esa es la fuente de comedia para este personaje”. 

¿Qué tienes de este gato, aparte del acento? 

“Pues debo decir que tuve algunas de sus características: en los ochenta yo era
un poco sinvergüenza, un poco canalla, pero ya se me pasó el arroz. Ahora soy
más bien como Shrek, hogareño, familiar. Y, bueno, por supuesto que en más de
una oportunidad me he hecho el ‘gatito’, en el sentido de lo manipulador que puede ser el personaje con sus ‘ojitos aguados’ (risas), creo que todos lo hemos hecho, especialmente cuando somos niños, que sabemos que un llanto, en el momento
justo, abre puertas. El gato tiene también mucho de mis personajes de carne
y hueso, como El Zorro”.

¿Cuándo volverás a trabajar con Pedro Almodóvar?

“No lo sé. Hubo un proyecto que no se dio, una película que se llamaba Tarántula
en la que yo iba a actuar junto a Penélope Cruz, hace tres años. Es una historia basada en una novela francesa muy interesante, pero no concretamos nada.
Si me vuelve a llamar supongo que la haremos. Lo que pasa es que no tengo
un cheque en blanco para nadie en este momento de mi vida. Necesito ver que
las propuestas sean atractivas para mí desde todo punto de vista. De hecho, rechacé actuar en La mala educación porque el guión —no estoy diciendo que fuera bueno
o malo— no me interesó. Pedro y yo somos amiguetes, pero eso no hace
que yo descuide mis principios profesionales”.

En todo caso, ¿qué añoras de esa época?

“La ruptura cinematográfica que produjimos. Vivíamos en una España cuyo cine trataba todavía temas conceptuales como el Mayo del 68 y la Guerra Civil y Pedro se ca… en todo eso, prefirió hablar de otra España, de otras cosas. Fue difícil que el público lo aceptara. Es que, en definitiva, ser libre, especialmente para un artista, tiene su precio”.

¿Y cuál fue el precio en ese caso?

“La censura. Cuando nosotros hicimos películas como La ley del deseo o Matador la crítica nos destrozó. Y parte de la audiencia se escandalizaba con el tratamiento que se le daba al sexo, y con los planteamientos ideológicos de esas historias. No sé si lamentable o afortunadamente, fuimos reconocidos en nuestro país después de que comenzamos a gozar del aplauso internacional, de Cannes y luego de Hollywood. No en vano la misma crítica que en ese entonces nos destrozó considera, hoy en día, que Matador y La Ley del deseo son ‘clásicos’ del cine. Como decía Manuel Kant: ‘La vida es la vida y sus circunstancias’ y yo creo que el cine es eso también”. 

¿Cuál es tu circunstancia en Hollywood?

“Tengo un handicap que es obvio: yo no he nacido en Estados Unidos y hay una serie de personajes a los que no tengo acceso. Por lo tanto, he tenido que construir una carrera agarrándome de las paredes, un poco como el gato de Shrek (risas). Lo que me ha proporcionado Hollywood es la posibilidad que no tenía en España de hacer muchos géneros: musicales como Evita, películas de horror como Entrevista con el vampiro, aventuras como El Zorro, cintas de acción como Desperado, y películas para niños como Spy Kids. Estados Unidos me ha dado la posibilidad de investigar en distintos territorios, a veces con éxito y a veces no tanto. Pero cuando uno se arriesga esa es la orden del día…”.

¿Qué hay de tu carrera como director?

“Es un oficio que he asumido en mi tierra con la humildad de un primerizo. Acabo de estrenar en mi país El camino de los ingleses, una de las películas de mi productora Green Moon. Para esa cinta conté con la ayuda del mexicano Guillermo del Toro,
quien fue a mi casa de manera desinteresada a asesorarme sobre algunos detalles
de dirección. Es alguien a quien respeto muchísimo, más aún después de haber
visto El laberinto del fauno. Siempre me tendrá a su disposición”. 

¿Cuáles son los proyectos de Green Moon en camino?

“Con mi empresa quiero darle la oportunidad a gente
muy, pero muy joven, a la que no le sería tan fácil llegar
a la gran pantalla. Ahora mismo estamos apoyando
una película de Javier Gutiérrez, un chico de apenas
20 años que está dirigiendo su primer largometraje:
Verano en la roca. Además, estoy escribiendo
mi primer guión: una historia del último califa
del reino de Granada en 1492.  Quiero que sea
hablada en árabe y castellano antiguo”. 

O sea que Hollywood para actuar y Andalucía
para dirigir y producir…


“Sí. De hecho, muchas de las películas que hago
en Hollywood me generan los dividendos suficientes
para llevar a cabo una producción en mi país de la que
poco me importen las cifras de taquilla. Todo en el cine,
y en la vida, puede resumirse a algo clave
y maravilloso: el balance”.

Hacerse el burro

Eugenio Derbez parece siempre estarse riendo. A pesar de su fama de camaleónico comediante tiene pinta de galán de novela mayamera. Camisa abierta mostrando el frondoso pecho, copete intacto y pinta fashion casual hacen pensar que este artista,
de 43 años, es de todo menos comediante. De cualquier forma, su oficio quedó demostrado en este breve interrogatorio. 

¿Tiene el burro algo de tus múltiples personajes?

“Sí, tiene mucho de una caracterización mía que se llama Barnaby Prieto. Es un tipo ignorantón y metiche”.

¿Cómo es la experiencia del doblaje? 

“Es un trabajo solitario por el que tienes que estar encerrado en una cabina muuuchas horas tú solo
con el guión. Si se trata de un proyecto como Shrek,
los privilegios son innumerables. Pero no siempre
es un oficio al que se le reconozcan sus méritos
como se debiera. Imagínate cuántos talentos
prestan sus voces a las caricaturas y uno
ni se entera de cómo se llaman. El crédito
siempre se lo lleva la caricatura”. 

En la cinta, el burrito tiene un matrimonio
con una dragona ¿te casarías tú con alguna?

 
“(Risas) No es mi estilo, aunque dicen
que hay muchas mujeres por ahí que tienen
‘el fuego por dentro’ (risas)”. 

Entre Eddie Murphy y tú ¿quién hace mejor del burro?

“Para mí, el trabajo de Eddie es impecable. Pero siempre he comentado
que a la caricatura le va más la voz en español. Se me hace
una imagen más mexicana que estadounidense”. 

Ya se habla de una película del gato, ¿te gustaría que el burro tuviera su película?


“Sí. De hecho, si no le dan una historia aparte al burro voy a pedir que me corten
todas las escenas que tengo en Shrek, el tercero (risas). El burro refleja un poco
el niño que todos llevamos por dentro, siempre vive en el presente y su  propia
ternura lo hace un ser feliz”. 

¿Refleja alguna característica tuya?

“¿En qué aspecto? Porque igual me ofendo, igual me halago, ¿eh? (risas)”.


pblanco@eluniversal.com

Shrek III data

En Shrek, el tercero, trabajaron aproximadamente 350 personas.
Para “animar” esta película hicieron falta 20 mil semanas-hombre, lo que es igual a decir un millón de horas-hombre.
Aproximadamente 4.500 trajes medievales fueron diseñados para las escenas de muchedumbre, pero sólo 2.500 están presentes en la cinta, así como un total de 60 nuevas ambientaciones y paisajes.
Las partes uno y dos acumulan en taquilla un total de 1.400 millones de dólares. La tercera abrió la taquilla con 121 millones de dólares, estableciendo un récord nunca antes visto para un film animado.
A finales de año la cadena de televisión ABC transmitirá Shrek the Halls, un especial navideño.
En 2008 se estrenará, en Broadway, Shrek, el musical.
Del guión de la película de El gato, en solitario, se dejó saber que el personaje tendrá un hermano gemelo al que deberá enfrentarse.
En la cinta hay varias referencias cinematográficas que van desde El bebé de Rosemary
hasta La novicia rebelde.

 


Ver también en Encuentros:
-A la una... a las dos...y a las ... Shrek
-Sonia Braga Más viva que nunca

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