| Se ensañaba
con los carteros
Dos de estos empleados
que entregaban dinero fueron asesinados a plena luz del día
Acérquese. Este es un caso
realmente extraño. Ante todo,
usted debe saber que en Austria
no todos los carteros son las
personas que típicamente
entregan a diario la
correspondencia como
en Canadá. Hay dos tipos
distintos. Uno que realiza
exactamente las mismas
funciones que su contraparte canadiense y el otro que
se encarga de entregar dinero
en efectivo.
Entrega de dinero
Este tipo de cartero entrega todo
el dinero en efectivo que se envía
por correo. Desde luego, una de sus principales tareas es entregar los correspondientes fondos a los pensionados. El viernes 4 de enero de 1974,
uno de estos carteros de la ciudad de Graz desapareció. Román Rauch era un experimentado empleado que entregaba dinero en efectivo; nunca había tenido problemas en su trabajo. Estaba casado y tenía dos hijos que ya eran adultos.
Dada la naturaleza de su trabajo, sus superiores notificaron inmediatamente la desaparición ante las autoridades cuando no se presentó al finalizar su ruta diaria.
La policía revisó la lista de entregas del día de Román, las cuales estaban destinadas a pensionados únicamente. Se dieron cuenta de que le había entregado 106 dólares a Simón Landauer, un pensionado de 84 años, pero no le había entregado 106,34 dólares a León Preis, de 76.
Landauer había recibido el dinero a las 12:10 del mediodía, pero Román no se había presentado en la casa de Preis a la 12:20 p.m., hora en que tenía previsto hacer la próxima entrega. Andaba con 1.500 dólares cuando desapareció. Era razonable que la policía supusiera que en el intervalo entre las dos entregas algo debió haberle sucedido al cartero.
Investigan vida de Román
A raíz de una pesquisa que se hizo de la vida privada de Román, se supo que no había otra mujer en su vida. Amaba a su esposa, sus hijos y su trabajo. ¿Cómo es posible entonces que hubiese desaparecido a plena luz del día en una calle tan transitada como Schoenau?
Había una distancia de 10 minutos caminando entre las dos casas en cuestión. Ciertamente, alguien pudiera haber visto algo, pero no fue así. Los propietarios de todos los negocios ubicados en la calle Schoenau fueron interrogados. Obviamente, los carteros uniformados eran empleados públicos a quienes la gente no les prestaba atención alguna; su trabajo pasaba inadvertido por el público.
Al día siguiente de que Román desapareciera, la oficina de correos asignó a un nuevo empleado, Gerhart Rosenberger, de 20 años, para que cubriera la ruta de Román. Entretanto, la indagación seguía su curso.
Debido a que nadie había observado nada fuera de lo normal, la policía consideró la posibilidad de que Román hubiera desaparecido por voluntad propia. No obstante, era difícil creer que un hombre como él abandonara a su esposa y sus hijos por 1.500 dólares. Además, tenía un saldo de 5.000 dólares en la cuenta bancaria. No, en verdad tuvo que haber sido asesinado. Román debió haber desaparecido entre la residencia de Landauer y la de Preis.
Pasaron cuatro meses. La policía se encontraba en las mismas condiciones que cuando Román desapareció. El 1º de abril, Gerhart Rosenberger tampoco se reportó en la oficina de correos luego de culminar su ruta diaria. Era muy extraña la similitud de los dos casos. Rosenberger le había entregado el dinero al señor Landauer, pero nunca lo hizo con el próximo pensionado de esa calle, el señor Preis. Tenía 7.000 dólares en su poder cuando desapareció. Ahora la policía se había percatado de que alguien había ideado la manera de secuestrar a los dos carteros de la calle Schoenau sin que lo vieran.
En busca de enemigos
La policía indagó si los dos carteros tenían algún enemigo en común. Descubrieron que ni siquiera tenían enemigos. No había ninguna relación entre las dos víctimas excepto el hecho de que ambos eran carteros que entregaban dinero en la misma ruta.
A lo largo de la calle Schoenau, entre la casa
de Landauer y la de Preis, había 10 negocios.
Todos salvo uno eran propiedad de pequeños empresarios. El otro era Sunshine Café,
que formaba parte de una cadena de establecimientos comerciales. Los detectives hallaron que tres de dichos negocios tenían problemas financieros —el abasto de Huber,
la librería de Ziegler y la carnicería de Hold.
De los tres propietarios, Kart Hold,
de 26 años, parecía ser el principal
sospechoso toda vez que gastaba más
de lo que ganaba. Tenía una novia rubia
de 20 años con gustos excesivamente
caros viviendo en un apartamento lujoso.
Sin embargo, Hold no había saldado ninguna deuda desde que los dos carteros habían desaparecido. Su carnicería era pequeña. No tenía entrada trasera ni sótano, pero sí una enorme nevera y una sala detrás del local. La nevera estaba repleta de sándwiches de salchichón que vendía a los niños que iban a la tienda después de clases.
La policía los interrogó a todos en la calle. Aseguraron que Hold no había abandonado el negocio en los dos días en cuestión. De haber salido, tendría que haber cerrado —cosa que habrían notado los vecinos.
La pesquisa continuó hasta el 4 de abril, cuando los cadáveres de los dos carteros, parcialmente mutilados, fueron hallados en un vertedero público. Los cuerpos fueron colocados en cajas individuales amarradas con una cuerda.
Las respectivas autopsias revelaron que Román y Gerhart habían sido asesinados con un hachazo en la parte posterior de la cabeza. Habían muerto instantáneamente
y los habían mutilado con cierta habilidad. Se pensó que el homicida podría ser
un doctor o un carnicero. Cuando se informó que cada una de las víctimas se había comido un emparedado de salchichón poco antes de ser asesinadas, la policía
pensó que ya tenían al asesino.
Los funcionarios de la policía que habían cateado la carnicería de Hold en dos ocasiones fueron interrogados. Admitieron que no habían revisado la enorme refrigeradora porque Hold estaba atendiendo a varios clientes directamente
desde allí. Los cadáveres pudieron haber sido ocultados en el refrigerador detrás de tanta variedad de carnes.
Cuando la policía interrogó a una mujer que juró haber visto a Rosenberger entrar en la carnicería, pero no salir, Hold fue arrestado. Luego, lo confesó todo.
Los dos carteros tenían la costumbre de pasar por la carnicería para comprar un sándwich de salchichón. El día que Román fue asesinado, Hold le preguntó si deseaba tomar una tasa de café con el emparedado y lo invitó a que pasara a la pequeña sala que había en la parte trasera del establecimiento.
Lo golpeó con un hacha en la cabeza y lo mató instantáneamente. Colocó
el cadáver en la refrigeradora y lo ocultó en medio de la carne. Cuando se dio
cuenta de que sólo tenía 1.500 dólares, decidió usar la misma táctica con
el cartero que lo reemplazara.
Móvil del delito
Hold perpetró ambos homicidios por razones de dinero, el cual utilizó para pagar el apartamento de lujo en el que vivía su novia. Fue declarado culpable de los dos cargos de homicidio con premeditación o en primer grado presentados en su contra. El 23 de agosto de 1974 fue condenado a cadena perpetua. l
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